Lo Último

2887. Ramón Muñiz Hermida, deportado de Dena/Meaño


María Torres / 29 de agosto de 2019

Ramón Muñiz Hermida nació el 14 de marzo de 1907 en el Lugar de Ameiró de Dena, parroquia de Meaño (Pontevedra). Era hijo de Ramón y Juana, padres de una numerosa familia de trece hijos.

Ingresa en el servicio militar en noviembre de 1928 destinado en el Batallón de Cazadores de África núm. 9, 5ª compañía con sede en Larache. En agosto de 1929 es nombrado corneta de plaza y en marzo de 1930 le es concedida la licencia ilimitada y regresa a Dena. De su expediente militar se desprende que era labrador, que no sabía leer ni escribir, que su estatura era de 1,58 cms, pelo rubio,  cejas pobladas, ojos castaños, la nariz recta, boca regular y aire marcial.

Ese mismo año de su regreso se casa con Hermosinda Martínez en Xil y comienzan a llegar los hijos: Ramiro (1931), Rosa (1933 y José (1935).

Ramón compartía ideología de izquierdas, era profundamente republicano y estaba afiliado a la U.G.T.

En 1934 había recibido autorización para navegar por aguas españolas y extranjeras, por lo que se embarca en 1935 como cocinero y abandona su trabajo de fragueiro en los montes. Jamás volvería a encontrarse con su familia.

Según el relato familiar el 17 de julio de 1936 Ramón y su hermano Manuel se encuentran en Sevilla cuando se produce el golpe de estado. Intentan conseguir armas y llegan a ser detenidos en la cárcel nueva de Sevilla. Ramón se hace pasar por un marinero que no sabe lo que está ocurriendo y le ponen en libertad. Marcha a Huelva y se embarca hasta Burdeos, Rotterdam y tiempo después rumbo a Escocia, donde permanece desde enero a abril de 1939. La familia cree que trabajaba en un ferri que hacía el trayecto de Escocia a Bergen.

Algunos testimonios aseguran que llegó a Bergen, junto con otros compañeros, a instancias del gobierno republicano para tomar unos barcos mercantes españoles que había que llevar a Inglaterra y que no pudo conseguirlo por la presencia de submarinos alemanes.

Sin embargo en un informe de la Prefectura de Policía de París, de fecha 10 de febrero de 1946, elaborado a instancias de Ramón, pues manifiesta su deseo de quedarse en Francia, declara que entró en el país el 8 de febrero de 1939, sin pasaporte, por el puerto de Nantes, a bordo del mercante DEWA. Que se alojó en una colonia española a pocos kilómetros hasta el 18 de septiembre de 1940, fecha en que fue arrestado por la Gestapo y obligado a formar parte de la tripulación de un barco mercante con destino a Noruega. A la llegada a Bergen intentó escapar sin éxito y fue enviado al campo de concentración de Ulven, donde permaneció 7 semanas.

Los documentos acreditan que después fue trasladado a Oslo y encarcelado como prisionero político en Møllergata 19, sede de la Gestapo y la cárcel de la ciudad. A partir de agosto de 1940 la prisión fue utilizada únicamente para los prisioneros arrestados por las autoridades nazis. Allí fue donde el periodista y resistente noruego Petter Moen escribió su famoso diario perforando las palabras en pliegos de papel higiénico con un clavo al que le había fabricado un mango de madera. Cuando tenía cinco pliegos los arrojaba por la trampilla de ventilación de la celda. Nunca pudo revisar lo que escribió. Tras siete meses de cautiverio, junto a otros cuatrocientos detenidos, fue deportado en el Westfalen rumbo a Alemania. El barco naufragó el 8 de septiembre de 1944 y sólo cinco personas lograron sobrevivir. El diario de Petter Moen fue publicado en 1949.

En 1941 Ramón fue hospitalizado. Para evitar salir del hospital y ser deportado, los compañeros resistentes le inyectaban junto al suero leche sin pasteurizar, al objeto de que tuviera fiebre y así poder alargar lo máximo posible su estancia allí.

En febrero de 1942 fue internado en el campo de Grini, en las proximidades de Oslo, con el número de prisionero 1523.

En Noruega se establecieron varios campos durante los cinco años de ocupación alemana. Grini fue el más grande. Utilizado inicialmente por la Wermacht para prisioneros de guerra, más tarde fueron recluidos en él presos políticos y miembros de la Resistencia. El 14 de junio de 1941 se convirtió en un campo de concentración administrado por SS y se usó como un campo de tránsito para los prisioneros que debían ser enviados a Alemania. 

El 24 de julio de 1944 fue encarcelado en el Akershus Fortress, una fortaleza militar situada en el centro de Oslo, utilizada por los nazis como campamento militar, prisión y lugar de ejecución y pocos días después fue deportado a Alemania e internado en Chemnitz, campo satélite de Flossenbürg. Tras la liberación pesaba tan sólo 35 kilos. Tras recuperarse de una operación de hernia realizada sin anestesia en un hospital de Marienberg, en el sur de Sajonia, fue repatriado a Francia. Vivió durante un tiempo en Paris, viajó a Checoslovaquia y Rusia y regresó a Noruega.

En el periódico Halden arbeiderblad, un compañero de Grini, Olay Borchgrevink, publicó un artículo en 1945 en el que indicaba desconocer el paradero de Ramón Muñiz. Pensaba que había muerto. Ambos trabajaban en el taller de carpintería del campo.

«Empezábamos con cucharas de madera que iban a suplir a las cucharas metálicas. Terminábamos como ”constructores de buques”. Muñiz era marinero, y sabia construir veleros de tres palos en miniatura. Muñiz era el mejor camarada del mundo. Siempre compartía con los demás. Hablaba un noruego chapurreado, y tenía un refrán corto que usaba en buenos y malos tiempos: ¡Aguantar! Con esta palabra nos saludaba por la mañana en la placeta del campo. Con esta palabra decía “buenas noches”. Enfrente de los alemanes también la usaba. Cuando le hablaban en alemán él movía la cabeza con una apariencia de inocencia y les respondía: ¡Aguantar!

Le pregunte una vez:

 ¿Porque nunca respondes? Como él hablaba mejor alemán que muchos de nosotros.

—¡Duele la garganta! respondía Muñiz.

Un día apareció en nuestra mesa un español. Había vivido en España 15 años, empleado en un comercio de madera. Los dos conversaban en español sobre España. Un día el nuevo amigo le dijo a Ramón: “Franco no lo ha hecho todo mal para España”. Muñiz se puso pálido como un cadáver, golpeaba el cuchillo en la mesa. Cogió su gorra de preso de la pared y salió por la puerta. No vimos a Muñiz en muchos días, hasta que el nuevo amigo fue trasladado a otro lugar. Cuando regresó le pregunté sobre lo ocurrido y me contó:

Yo tuve un muy buen amigo en España. Era recién casado. La Falange de Franco le buscaba. Tuvo que huir y esconderse. Su mujer esperaba un bebe y la Falange lo sabía. Ellos adivinaron que él iba a acercarse a la casa cuando se aproximara el tiempo del  nacimiento, y así fue. Ellos rodearon la casa, pero mi amigo se escapo con tiros. El jefe de la Falange se puso histérico, entró en la casa y se llevó al niño recién nacido. Le rompió la cabeza contra el muro de la casa y tiró el cadáver a la calle. Tengo muchos amigos que lo han vivido aun peor. ¿Quieres escuchar más?”.

La cara de Ramón se ensombreció y tenía los ojos acuosos, a punto de llorar. Un día vinieron a buscar a Ramón, tenían órdenes de llevárselo. La Gestapo se lo llevó. No sabíamos dónde. Se rumoreaba que a Alemania, ¿Auschwitz? ¿Bergen Belsen? ¿A la cámara de gas...? Las últimas palabras de Ramón Muñiz fueron: ¡Aguantar!»

Después de su estancia en París, Ramón Muñiz se estableció en Florø, municipio situado en la provincia de Sogn og Fjordane, Noruega. Allí trabajó como pintor hasta 1968 y creó una nueva familia junto a otra mujer con la que tuvo dos hijos varones.

Comprometido políticamente, se ocupó y preocupó de la situación de España escribiendo diversos artículos en la prensa Noruega. Le importaba la lucha de las libertades en todo el mundo. Se alegró mucho cuando Allende ganó las elecciones en Chile y sufrió por Vietnan y el terror de los bombardeos americanos.

Cuando murió el dictador colocó un alto mástil en la entrada de su casa, con la bandera republicana y en  1976,  escribió una carta a su familia de España, dirigida a su hermano Román:

«Quiera Dios que al recibo de la presente te encuentres bien de salud en compañía de toda la familia. La mía es buena. Hace largo tiempo que no tengo contacto con vosotros y por esta razón te escribo esta para que me cuentes algo del resto de la familia. Te pido por favor que me contestes lo más pronto posible. Perdona la mala letra, pues como no escribo cada día es más difícil escribir en nuestra lengua natal. Tu sabes que la juventud se va terminando. Da saludos a todos de nuestra familia. Mi dirección es la siguiente... Te saluda tu hermano Moncho, Ramón!»

Falleció el 3 de octubre de 1978 sin regresar jamás a la tierra gallega. Sobre su féretro, la bandera de la República española.










2 comentarios:

  1. Ramón era mi tío abuelo, y Manuel el hermano que iba con él era mi abuelo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si tienes alguna información que enriquezca esta historia, no dudes en contactar con nosotros. Te dejamos una dirección de correo: buscameenelciclodelavida@gmail.com

      Eliminar