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252. El Cristo Rojo



 

El domingo 7 de octubre de 1934, a las once de la mañana, 2000 mineros de la cuenca del Sil bajaron como un alud de sus altas montañas y se apoderaron de Bembribe. Iban formados militarmente, en filas de a dos, con ocho jefes de escuadra y otros dos jefes supremos, un socialista y un comunista.

A la pacífica gente de Bembibre, poco acostumbrada a estos espectáculos bélicos, el desfile de los mineros del Sil, con sus duros rostros negros, con sus pistolas amartilladas y sus voces de mando, no les causó ninguna satisfacción, pero parlamentaron con ellos.

- Queremos armas dijeron los mineros.

Se les fueron dando y entonces los revoltosos se dirigieron al Ayuntamiento destrozaron toda la documentación que allí había y proclamaron la República Socialista. Luego rociaron la iglesia con gasolina y le prendieron fuego. Antes habían sacado la imagen de un Sagrado Corazón y la dejaron en medio de la plaza con un letrero en el pecho que decía: “Cristo Rojo, a ti respetamos por ser de los nuestros.”

- Estaban convencidos de que en Madrid y en Barcelona había triunfado la revolución social – me dice el comerciante don Bernardo Alonso-. Procuraban los jefes no cometer ningún desmán. Yo fui testigo de una escena pintoresca. Entraron en una taberna unos mineros y empezaron a beber. Pero de pronto, apareció en la puerta uno de los jefes y les dijo ¿A que habéis venido a beber vino o a hacer la revolución social? Inmediatamente todos salieron de la taberna.

Los mineros se marcharon a las once de la noche cuando llegaron las tropas procedentes de Astorga. Después de una dura batalla en la oscuridad se retiraron a sus montañas. Murieron tres soldados, un sargento, dos guardias civiles y dos revolucionarios. Fue la República socialista de más breve vida: diez horas.


“La Estampa”,  20 de octubre de 1934





1 comentario:

  1. Quizás falta el dato que el manto de ese cristo es de color rojo, de ahi que le consideraran "Cristo Rojo"

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