Lo Último

1804. Algunos detalles sobre organización de un campo de exterminio

Mauthausen. Fotografía de Francesc Boix -EFE



¡Mauthausen, fatídico nombre! ¡Mauthausen, campo de la muerte! ¡Mauthausen, cuyo nombre da escalofríos sólo con pronunciarlo!

Mauthausen fue, con Auschwitz, Buchenwald, Dachau, Flossenburg, Neuengamme, Sachsenhausen y Ravensbruck —este último de mujeres—, el término final de la odisea trágica de miles de españoles republicanos, hechos prisioneros por los nazis en Francia desde 1940 a 1944.

En Auschwitz —cerca de Cracovia, en Polonia—, en Sachsensausen —junto a Berlín—, en Flossenburg —entre Nuremberg y Pilsen, en la frontera alemano-checa—, en Neuengamme —cerca de Hamburg—, fueron encerrados un número reducido de españoles. En cambio, en Dachau —cerca de Munich— y Buchenwald — cerca de Leipzig—, hubo bastantes más, procedentes casi todos de las cárceles francesas, por haber participado en acciones armadas de la Resistencia Francesa contra los invasores alemanes. Otros habían sido fusilados en Francia pues, generalmente, cuando los nazis descubrían un republicano español, lo fusilaban inmediatamente. Muchas estelas hay diseminadas por el territorio francés, con las inscripciones: «Aquí fue asesinado un republicano español anónimo.»

El campo de Ravensbruck «albergó» a varias compatriotas nuestras, todas ellas miembros también de la Resistencia Francesa. Algunas de ellas fueron trasladadas a Mauthausen, en 1945, al evacuar aquel campo los nazis. Hubo españoles aislados que fueron encerrados en otros campos, donde perecieron. Este fue el caso en Terezin, en Checoslovaquia, donde estuvo, y murió, un solo español (oficialmente inscrito; no se sabe si los hubo «extraoficiales»). Pero el núcleo más importante de españoles fue deportado a Mauthausen.

Los campos de concentración fueron clasificados por los SS en tres categorías: la I, la II y la III.

Por ejemplo: Dachau y Sachsenhausen eran de la categoría I; es decir, la de los «recuperables».

Buchenwald, Flossenburg, Neuengamme, Auschwitz I, eran de la categoría II, Mauthausen fue clasificado en la categoría III; es decir, la de los «irrecuperables». La más terrible de todas.

La clasificación en estas tres categorías fue hecha por Reinhard Heydrich, uno de los principales jefes de las SS. Y dio el visto bueno Himmler, jefe supremo de las SS.

Los presos de Mauthausen eran considerados enemigos peligrosísimos del III Reich. De ahí su etiqueta de «irrecuperables», sin ninguna posibilidad de liberación. Ningún preso entrado allí debía salir con vida, tal era el designio de las SS. Además de la clasificación mencionada, dada por los altos dignatarios nazis, Mauthausen fue considerado como Vernichtungs Lager (campo de exterminio), en el lenguaje que los SS empleaban entre sí.

Esto no quiere decir que en los otros campos no se emplearan los mismos métodos que en Mauthausen. La clasificación de Heydrich sólo fue respetada en los primeros tiempos de su promulgación (enero de 1941). Más tarde, las mismas consignas fueron dadas para Auschwitz y Buchenwald, quedado sin efecto las primeras catalogaciones, puesto que la exterminación se practicaba metódicamente en la mayoría de los campos.

Que se sepa, Mauthausen fue el único campo donde nunca pudo penetrar la Cruz Roja Internacional, ni delegación internacional alguna.

El campo de Mauthausen, situado en la cima de una colina que domina el valle del Danubio, hubiera podido ser un paraje idílico, dado su situación geográfica, si no hubiera tenido el triste privilegio de ser construido para el exterminio de miles de personas. En una de las vertientes de la colina está situada la cantera de Wienergraben. Esta cantera pertenecía al ayuntamiento de Viena antes de la anexión de Austria de 1938. Los SS la adquirieron para explotarla con la mano de obra del campo, en el verano de 1938. Un grupo de prisioneros traídos de Dachau empezó la construcción de dicho campo. La mayoría de esos detenidos eran delincuentes comunes a los que, más tarde, se agregaron detenidos políticos austríacos y alemanes, destinados a trabajar en la cantera. La empresa de explotación de la cantera de Mauthausen era de los SS, y todo el producto de la extracción de la piedra iba a la «caja particular» de los SS. Es decir, el beneficio de su producción no servía al Reich alemán, sino integralmente a los SS, sin que éstos dieran cuenta a nadie de aquel «negocio». Para comprender eso es necesario explicar, brevemente, qué eran los SS y su organización.

SS era la abreviación de «Schutz-Stafel» (Secciones de Seguridad). El cuerpo de los SS fue constituido, en 1933, con los grupos de choque del partido nazi. No estaban subordinados a ningún organismo existente en Alemania. La fidelidad a su propio partido y al Estado tenía menos importancia que la «lealtad incondicional» al Führer. Habían sido creados para defender e imponer las ideas de su jefe, Adolf Hitler, y eran la emanación de su dictadura personal, dependiendo de la voluntad absoluta del Führer. De ahí el que se considerasen como hombres superiores, como una élite, como prototipos de una raza escogida, y que, por eso, sus poderes fueran ilimitados.

Estas, y muchas otras, eran las razones que hacían posible que sus actividades fuesen ultrasecretas. Poseían un estatuto privilegiado que hacía de ellos los instrumentos de la aplicación del estado de excepción, con la supresión total de las garantías del derecho individual y colectivo.

Hitler nombró a su hombre de confianza, Himmler, jefe supremo de esta organización (Reichsführer SS).

Todos los campos de exterminio nazis en Alemania, y en los territorios ocupados, fueron administrados y vigilados por los SS. Mauthausen se contó entre los más terribles de aquellos campos.


Mariano Constante
Los años rojos - Capítulo V - Mauthausen





No hay comentarios:

Publicar un comentario