Lo Último

El fuego cruel

Evacuación de la calle San Roque de Madrid, 1936


Aquella guerra! El tiempo
un año y otro y otro
deja caer como si fueran tierra
para enterrar
aquello
que no quiere morir: claveles,
agua,
cielo,
la España, a cuya puerta
toqué, para que abrieran,
entonces, allá lejos,
y una rama cristalina
me acogió en el estío
dándome sombra y claridad,
frescura
de antigua luz que corre
desgranada
en el canto:
de antiguo canto fresco
que solicita
nueva
boca para cantarlo.
Y allí llegué para cumplir mi canto.
Ya he cantado y contado
lo que con manos llenas me dio España,
y lo que me robó con agonía,
lo que de un rato a otro
me quitó de la vida
sin dejar en el hueco
más que llanto,
llanto del viento en una cueva amarga,
llanto de sangre sobre la memoria.

Aquella guerra! No faltó la luz
ni la verdad,
no hizo falta la dicha sino el pan,
estuvo allí el amor, pero no los carbones:
había hombre, frente, ojos, valor
para la más acribillada gesta
y caían las manos como espigas cortadas
sin que se conociera la derrota,
esto es, había poder de hombre y de alma,
pero no había fusiles
y ahora les pregunto
después de tanto olvido:
qué hacer? qué hacer? qué hacer?

Respóndanme, callados,
ebrios de aquel silencio, soñadores
de aquella falsa paz y falso sueño,
qué hacer con sólo cólera en las cejas?
con sólo puños, poesía, pájaros,
razon, dolor, qué hacer con las palomas?
qué hacer con la pureza y con la ira
si delante de ti se te desgrana
el racimo del mundo
y ya la muerte
ocupa
la mesa
el lecho
la plaza
el teatro
la casa vecina
y blindada se acerca desde Albacete y Soria,
por costa y páramo, por ciudad y río,
calle por calle,
y llega,
y no hay sino la piel para pelearle,
no hay sino las banderas y los puños
y el triste honor ensangrentado
con los pies rotos,
entre polvo y piedra,
por el duro camino catalán
bajo las balas últimas
caminando
ay! hermanos valientes, al destierro!


Pablo Neruda
Memorial de Isla Negra, 1964







3103. El chiquitín que nació bajo las bombas en la carretera de Málaga a Almería

Es inolvidable esa dramática estampa de los evacuados de Málaga, huyendo carretera adelante, con los chiquillos a cuestas, con los restos de los hogares que en la precipitada marcha pudieron recoger... Entre aquel tropel de gentes doloridas marchaba una mujer,  Antonia López. A su lado, taciturno, prietos los puños y los dientes, su marido, Antonio Muñoz. Este llevaba en brazos a un pequeñuelo que escasamente tenía dos años y que había enfermado durante las últimas horas tristes vividas en Málaga. Los bombardeos de la aviación y la escasez de alimentos de los últimos días habían tenido a los malagueños dentro de un verdadero infierno. 

A las tres de la madrugada había salido de Málaga este matrimonio. Durante el resto de la noche estuvieron oyendo constantemente los cañonazos. Después, los aviones sobre la carretera... 


iNo pudo nacer en Málaga!

Antonia López, joven aún, pero envejecida por las últimas horribles horas vividas en la capital, y aumentado el dolor por la obligada evacuación y penosa marcha, estaba embarazada. Horribles dolores le obligaron a detenerse a poca distancia del pueblecito llamado Almuñecar. Allí mismo, en plena carretera de Málaga a Almería, nació el pequeño Juan. 

En el pueblecito próximo tuvo que quedarse unas horas, y más tarde se la trasladó a Almería. Por pocas horas el pequeñuelo no pudo nacer en Málaga. 


Refugicados

En los magníficos pabellones de la Casa de Maternidad de Barcelona han ido a juntarse bajo el mismo techo pobres mujeres refugiadas de Madrid y de Málaga. Esta guerra cruel les ha llevado allí, juntándolas, después de tener que abandonar sus casas, de tener que separarse de los familiares y hasta de sus propios maridos. Les queda como único consuelo el que han podido continuar al lado de sus queridos pequeñuelos. 

Visitamos la Casa. Nos acompaña una de las simpáticas y abnegadas enfermeras, llamada Dolores Busquets. Tiene a su cargo esta joven la sección destinada a niños en observación. La dependencia, instalada con todo el confort que exige la Medicina moderna, tiene varios departamentos, separados unos de otros con vallas de cristalerías. En cada uno de ellos hay dos camitas de hierro esmaltadas. 

En algunos de los departamentos observamos que hay mujeres que tienen a los «peques». 

—Son sus madres —nos explica la enfermera Busquets—. Todas ellas son refugiadas de Málaga y Madrid, y al ingresar aquí sus pequeños ha sido necesario que pasaran por esta sala de observación. Alguno llegó enfermito de las jornadas de viaje... 


Allí estaba aquella buena mujer 

En uno de los departamentos está Antonia López, aquella buena mujer que dio a luz en el camino de Almería. La encontramos arropando a su pequeño, que duerme en una de las camitas. Al otro lado está el mayor: un rubito de mirar triste. Parece que se haya dado cuenta de todo el drama que viven él y sus familiares. 

—En Málaga vivíamos en el Paseo de los Tilos —dice Antonia López, contestando a nuestra pregunta—. Cuando llegó la orden de evacuar la capital, Antoñito estaba ya enfermo y asustado de los continuos bombardeos que sufríamos. 

—¿Su marido quedó en Andalucía? 

—No. Siguió con nosotros. Nos llevaron a Almería, de donde nos sacaron pronto, trasladándonos hacia Alicante, y de paso por Valencia, a Tortosa, donde estuvimos dos días; después, a Tarragona, y de allí nos trasladaron a Barcelona. El Sindicato de la Metalurgia había encontrado trabajo para mi marido. Desde que llegamos a Barcelona no lo he vuelto a ver. 

—¿Trabajará fuera de la capital? 

—No. Pero lo colocaron en una industria de guerra, y como trabajan los días festivos inclusive, no puede venir. El nene nota mucho su falta. 

—¿En Málaga estuvo su marido en el frente? 

—Allí trabajaba también en otra fábrica, que seguramente estará ya destruida.


Aquel pequeño será catalán 

Juan, que es el pequeño nacido camino de Almería, ha despertado. Su madre va junto a su cunita. Este pequeño, que no pudo nacer en su tierra y que lo primero que oyó al venir al mundo fueron los cañonazos y la aviación facciosa, va a ser catalán. Está sin inscribir y lo vamos a hacer en Barcelona. 

En aquel momento apareció una de las sirvientas de la sección llevando la comida para los pequeñuelos. Se originó tal griterío, que decidimos salir corriendo, sin entretenerles un solo momento en su esperada hora de la papilla. 

Antonia López y sus compañeras de Málaga y de Madrid me han dicho que están muy bien tratadas y satisfechas del acogimiento que se les da; pero... 

Es inevitable. Por muy bien que se encuentren, es imposible borrar de su mente aquellas horas trágicas y el triste recuerdo de la familia deshecha y del hogar perdido. 


J. Aymami-Serra
Mundo Gráfico, 31 de marzo de 1937






3102. María Sanz Soria, alcaldesa de Espinosa de Villagonzalo (Palencia)

—En Espinosa de Villagonzalo— nos habla modestamente doña María Sanz Soria— tenemos  la Casa-Ayuntamiento peor de España... Y como usted comprenderá, desde un edificio vetusto y destartalado, no es fácil concebir grandes proyectos. Por otra parte, las Comisiones gestoras no pueden resolver más que asuntos de trámite, y como han de ajustar su actuación a un presupuesto ya aprobado por la anterior Corporación municipal, apenas si caben iniciativas. 

De todos modos —prosigue— he de poner en el sincero empeño de hacer por este pueblo algo interesante, toda mi buena voluntad, y ojalá pueda conseguirlo, porque ello constituiría la mayor satisfacción de mi vida... 

¡Señora alcaldesa!... Lleváis la humildad y la modestia retratadas en el semblante, y así, con modestia y humildad, habéis contestado a nuestras preguntas. 

No disponéis de grandes medios —es verdad—, pero os sirve de estímulo y de aliento vuestra juventud, y ella hará que el pueblo de Espinosa de Villagonzalo se rejuvenezca a impulsos de vuestro generoso esfuerzo... 


  
Eusterio B. Alario
Estampa, 4 de marzo de 1933






3101. En un comedor colectivo de Barcelona




Cuando se llega hoy al comedor colectivo, echa una de menos a muchos compañeros. A medida que las fuerzas invasoras se aproximan a Barcelona, las fábricas y los sindicatos van quedando vacíos. Los obreros y los dirigentes políticos y sindicales cambian los instrumentos de trabajo y los puestos de dirección por el fusil. Millares de mujeres son incorporadas al trabajo por el Gobierno Negrín. Ante las oficinas de la Comisión de Auxilio Femenino del Ministerio de Defensa Nacional, que realiza activamente el reclutamiento femenino para las tareas de la retaguardia, se alinean constantemente centenares de mujeres. Todas quieren ser útiles a su patria. Mujeres de todas las edades; mujeres de todas las regiones de España; mujeres con niños en los brazos («Si me colocan al niño en algún sitio, podré trabajar»). Esto permitirá poner en pie de guerra nuevos refuerzos masculinos.

Mientras, se siguen con creciente ansiedad los partes de guerra, bajo las bombas. Porque, según se acercan los fascistas, aumentan los bombardeos sobre la población. Las sirenas alargan constantemente sus aullidos trágicos de extremo a extremo de la ciudad. Las explosiones se suceden a cortos intervalos, y el ambiente se llena de polvo brillante. Las sirenas de las ambulancias cortan el tráfico. Penachos de humo espeso se disuelven en algunos puntos de la ciudad.

Se mira casi con odio a las nubes blancas, que corren transparentes bajo el espacio azul, que ilumina un sol claro. Se sueña en esas lluvias que nos han acariciado algunas noches un reposo sin zozobras; en ese dulce estrépito del agua quebrándose en un terrazo de cinc, mientras se piensa: «Esta noche no vendrán». Y en esas noches se recuerdan tiempos, que la guerra ha hundido en un pasado, que se antoja ya casi lejano: la familia, el trabajo tranquilo, la lectura reposada, los paseos sencillos. «Todo perdido». (¿Para siempre?). Cada cual iba con su destino a cuestas; con sus ilusiones. De pronto hemos sido arrastrados a una existencia de pesadilla; llevamos dos años y medio atenazados por un enemigo cruel que opone a nuestras ansias de libertad millones de toneladas de metralla. Constantemente nuestras mujeres y nuestros niños caen ensangrentados bajo las bombas italianas y alemanas. Restos humanos son recogidos, en inmundas espuertas, en las calles céntricas de la España republicana. Los ancianos españoles perecen de hambre y las criaturas que no caen bajo las bombas contraen tuberculosis en los hogares de Madrid y Barcelona. Las colonias infantiles están llenas de niños sin padres, y los refugios para adultos de Cataluña albergan a mujeres, medio locas por el dolor, que perdieron a sus hijos en las evacuaciones del norte y de Andalucía; acunan historias repetidas de miseria y espanto. Y en todos los campos de España se desangra en anhelos de independencia la juventud más brava del mundo.

¿Qué hemos hecho para merecer este martirio? «¿Qué hemos hecho?». Cada mujer sin hombre y sin hogar se hace esta pregunta: «¿Qué hemos hecho?». Una ola de invasión nos aplasta, tritura nuestros huesos y nuestros alientos, hora a hora, desde hace cerca de tres años. Una avalancha de muerte empuja a los españoles hacia las más altas cumbres del heroísmo y al fondo de la más dramática y desoladora miseria. «¿Qué hemos hecho?». Negarnos a ser pisoteados en nuestras libertades, en nuestras aspiraciones democráticas. Amar entrañablemente nuestras tierras y nuestros mares libres; nuestra montañas y nuestros valles; nuestros ríos inmortalizados por el esfuerzo viril de los buenos hijos de España. Este es nuestro único de lito: «querer seguir siendo españoles». Y por serlo, por sentir hondamente la patria, vivimos acosados como fieras; se nos asesina en el trabajo y en el descanso; se envenena con hierro y fuego el aire que respiramos. Y por serlo, por querer seguir siendo españoles; por querer seguir pisando libremente la tierra donde hemos nacido, la tierra que es nuestra; cantan día y noche nuestras máquinas; mueren los hombres, cara a las trincheras de los invasores, con canciones de vida en los labios; se endurecen y deforman las manos de las mujeres españolas en los tornos de las fábricas. Por eso somos refugiados, ayer en Madrid y Valencia, y hoy, en Barcelona; por eso proseguimos templados, firmes, nuestra marcha a través de toda esta corteza de tierra española, que no queremos perder.

Y por esto las calles de Barcelona aparecen agujereadas de dolor y empenachadas por las banderas del heroísmo y el martirio. Y vibrantes letreros se lo gritan al pueblo catalán: «¡Catalans: lluiten per nostra terra!».

Y por esto mismo el comedor colectivo que reúne cada día a decenas de personas, que se afana por lo que es la aspiración de todo el pueblo, el triunfo de la República, que es el triunfo de la democracia, que es la independencia de España, se va quedando día a día vacío.

Varias mesas están hoy desocupadas. Alguien pregunta:

—¿Y los compañeros que se sentaban ahí?

Y alguien contesta:

—Esta mañana salieron para el frente.

Preside el comedor un cartel con letras azules, editado por las Brigadas Internacionales, recién disueltas espontáneamente por el Gobierno de la República, que dice: «Compañeros españoles: nos llevamos al marchar la promesa de que seguiréis luchando, con el heroísmo que lo venís haciendo hasta aquí, por conservar y reconquistar la tierra que cubre a nuestros héroes caídos». 

Lo firma otro héroe. Luigi Gallo.


Luisa Carnés
De Barcelona a Bretaña, 1939







3100. Dos tiempos de llanto





1

Como un terrón que escapa del surco hacia los cielos,
cargado de asperezas y fragancias,
apareciste, hermano.
Contigo se elevaron la espiga y la paloma,
el íntimo perfume del romero,
el balido inocente de la oveja más tierna. 

Te recuerdo invadido de rumores
como un olivar triste,
con la frente combada hacia la aurora
y un clavel horadándote las manos.
Te recuerdo de miel y espino seco.

En tus abarcas de pastor llevabas
todo el rocío virgen, todo el fuego
increado del alba;
en tu zamarra un áspero rumor de encinas graves
y más adentro,
sobre tu corazón, la voz del río
donde, embriagado ruiseñor, creciste.

Oh, cantor milagroso de la ternura agreste,
un mastín te guardaba la osamenta
y a la puerta encrespada de tus venas
suspiraba una alondra.
Eras una raíz tan amorosa, erguida con tal furia entre los hombres,
que se te oía correr la sangre hermosa
como un galope de caballos jóvenes
sujetos por un freno de alhelíes.

Un temblor de amapolas y trigales maduros
se asomaba a tus ojos
y una violenta sed te rodeaba,
una sed escondida en los siglos de llanto,
en el hombre, en la piedra, en las retamas
que a nuestros campos dieron.
su inmemorial tristeza.
Tierra tú mismo te nombraste, tierra,
y de la tierra fuiste a despertar al pueblo,
a ceñirle coronas,
a restañarle heridas
cuando la soledad y la agonía
como rosas de espanto a su sien se asomaban.
Ay, tu gloria fue entonces,
tus matinales nupcias con lo eterno.
Nadie puede decir cuándo morimos
para nacer al alba perdurable,
pero en aquella unión de sangre y tierra
te brotaron entrañas en la entraña,
alas crecieron de la pana honrada
que tu cuerpo vestía,
y tu canción se alzó sobre la muerte,
heroica, deslumbrante,
porque a la muerte misma se ofrendaba.
Solitario cabrero del verbo apasionado,
allí sigues viviendo, en ese instante
conmovido respiras,
sueñas,
cantas.
No has muerto, no pudieron
matarle los que a golpes de rencor te mataron.
La tierra no perece, y tú eres tierra,
toda la noble tierra de España que ahora cubre
tantos sueños tronchados.
Tú eres, niño de fuego, la esperanza.

2

Como un lucero herido que a la tierra desciende
después de dar su luz al mundo ciego,
partiste hacia las sombras.
Mírame aquí cantando con mis lágrimas
tu ausencia irreparable,
los enlutados ecos de tu canto.
Entre mis manos guardo su fulgor que no cesa :
España, tu gemido de fruto desangrado.


Juan Rejano
1942. Al morir el poeta Miguel Hernández , en Libro de los homenajes, 1961









3099. Lo que piensa hacer la República con los palacios de la monarquía




El Patrimonio de la República representa un tesoro incalculable 

Desaparecida la Monarquía española, los que fueron bienes de la Corona, o mejor dicho, Patrimonio Real, han pasado a ser Patrimonio de la República. Primero se hizo cargo de ellos una Comisión incautadora, hasta que en abril último ha quedado constituido el "Consejo de Administración del Patrimonio de la República", que depende también de la Dirección General de Propiedades. 

Son de muy diversa condición los bienes de la República y constituyen un tesoro tan fabuloso, que nadie se ha atrevido a valorar. Hay encerrados en los palacios objetos de valor inapreciable, que, sin duda, no tienen igual en el mundo. 


¿Cuáles son los bienes de la República? 

En lo que fue Real Sitio de El Pardo posee la República, además del Palacio Real, que contiene una valiosísima colección de tapices y muebles de la época, otros cuatro palacetes, que fueron en otro tiempo recreo de príncipes. Los nombres de La Quinta, El Chalet, La Casita y La Zarzuela, están ya incorporados a la Historia de España.La iglesia de El Pardo es también propiedad de la República y una considerable cantidad de casas, alquiladas en su mayor parte a los empleados del citado ex Real Sitio. 

En Aranjuez posee, además del Palacio, la llamada Casita del Labrador y los jardines famosos, una considerable extensión de terreno convertida en huerta y varias casas. 

En El Escorial, el Palacio de Felipe II, a más del Monasterio, Panteones y también algunas casas repartidas por la población.

En La Granja posee el Palacio y jardines en los que culmina el máximo afrancesamiento que representó el reinado de Felipe V.

Los pinares de San Ildefonso constituyen también para la República una considerable riqueza forestal.

En Sevilla disponían los reyes del Alcazar, los jardines y varias casas alquiladas a particulares. Como al implantarse la República el Gobierno provisional cedió el Alcázar al Ayuntamiento de aquella población, sólo han quedado incorporados al Patrimonio los jardines y las casas.

En Baleares cuenta con un Palacio y el famoso castillo de Bellver.

La parte del patrimonio sita en Madrid, que ya había sido disminuida durante la monarquía en beneficio del Estado y del Municipio, lo ha sido aún más al proclamarse la República, puesto que la Casa de Campo fue cedida al Ayuntamiento para recreo y expansión del pueblo de Madrid.

El palacio y el coto de Riofrío también son propiedad de la República, y aún no sabe el Consejo de Administración qué destino ha de darse a estas fincas. El verano anterior, por disposición del Gobierno se alojaron en el citado palacio varias colonias escolares.

En cuanto al coto de Gredos, en el que no existe palacio, sino simplemente un refugio, que servía de alojamiento al rey y a su séquito, parece seguro que se encargará de él el Patronato Nacional de Turismo a fin de que sea conocida aquella sierra que es uno de los lugares más pintorescos del mundo. 

El palacio de Oriente completa el cuadro de joyas artísticas patrimonio de la República española. 

Los palacios de Pedralbes, Miramar y La Magdalena, situados en Barcelona. San Sebastián y Santander, no han pertenecido nunca al Patrimonio Real, sino que eran propiedad particular del ex rey

El Estado español se Incautó de ellos, y en el palacio de Pedralbes, cedido a Barcelona, hay ya instalada una magnifica residencia de señoritas estudiantes.


Miles de millones en joyas de arte 

—¿Cuánto valdrán los bienes que constituyen el Patrimonio de la República? 

Pregunta es esta a la que nadie nos ha sabido contestar. Quizá pudiera llegarse a una tasación de las fincas rústicas, las casas y aun de los palacios, dejando a un lado, naturalmente, el valor moral, y ateniéndose sólo al valor intrínseco. 

¿Pero quién se atrevería a aventurar una cifra sobre lo que hay encerrado en estos palacios? ¿Qué precio se puede poner a una colección de Gobelinos, a los cuatro Stradivarius, a las quince Tablas de Juan de Flandes, al "Felipe de Borgoña" de Van der Veyden? Es de todo punto imposible, como es imposible también valorar hasta las alhajas cotizables. Repasando los inventarios se observa que figuran los objetos con diferentes tasaciones. Por ejemplo, un relicario cuajado de diamantes, aparece justipreciado el año 1910 en 124.000 pesetas; seis años después, en 262.000 pesetas, y todavía hay al margen una nota a lápiz que dice que ambos tasadores se han quedado cortos. 


El presidente del Consejo de Administración del Patrimonio de la República habla del empleo que se ha de dar a dichos bienes 

Inmediatamente después de proclamarse la República —dice el señor Bugeda— los bienes del que fue Patrimonio de la Corona pasaron a depender de la Dirección general de Propiedades, la cual nombró una Comisión incautadora, que cumplió a maravilla su cometido; pero dada la cuantía y diversidad de los bienes era menester disponer de un organismo más amplio y, a este fin, responde el recientemente nombrado Consejo de Administración del Patrimonio de la República, organismo dependiente de la Dirección general de Propiedades, compuesto de catorce consejeros, un presidente y un secretario, perteneciente al Cuerpo de Abogados del Estado.

El Consejo tiene actualmente como asesor general a don Manuel B, Cossio.

 —¿Qué labor inmediata se propone realizar este organismo? 

—Hasta ahora apenas ha tenido tiempo de otra cosa que de constituirse. De aquí en adelante acometerá la ímproba tarea de organizar en debida forma el tesoro inestimable que representa el Patrimonio de la República. 

—¿Qué piensa hacer el Consejo de los palacios reales? 

—Aun no está decidido plenamente. El Palacio Nacional, abierto ya al público, es casi seguro que se convierta en Museo. Es menester que todo el mundo, conozca el tesoro artístico encerrado en el ex regio alcázar. 

—Y el palacio de la Granja ¿Se va a convertir en residencia veraniega del Presidente?

—Sí, esto ya está decidido. Allí se instalará el Presidente de la República durante el verano y la Casa de Oficio servirá de alojamiento al personal civil y militar del Jefe del Estado. 

Hay que realizar en el citado palacio de la Granja importantes reformas, pues debido al incendio del año 18 y al estado de abandono en que lo tenían los ex reyes lo hemos encontrado, en una situación verdaderamente lamentable. 

—Y el palacio de Riofrío, ¿seguirá destinado al alojamiento de colonias escolares? 

—De eso aún no se ha tratado definitivamente. Con arreglo a la ley el Gobierno puede decidir sobre el destino que ha de darse a este palacio. Desde luego el Consejo de Administración vería con buena simpatía que se destinase como el año pasado, al alojamiento de estas colonias.

—¿Y en Aranjuez y El Pardo? 

—Lo más probable es que estos palacios se destinen al fomento del turismo. En el de El Pardo se podía crear un Museo del Tapiz; pero aún no está resuelto. Los palacetes es posible que se destinen a fines culturales. Desde luego el Consejo está decidido sostener la parte artística del Patrimonio con el rango que merece y a hacer que los tesoros de la República sean conocidos no sólo en toda España, sino en el mundo entero. 


La parte prosaica del Patrimonio 

—¿Qué harán ustedes con las pequeñas fincas, casas, huertas, etcétera, etcétera? 

—Desde luego explotarlas de manera racional, si es posible directamente Interesando a los obreros en la empresa y procurando sacar el mayor rendimiento posible, a fin de poder aumentar la retribución de los empleados del Patrimonio, que es en la actualidad muy escasa. 

A este fin hemos comenzado a revisar los arrendamientos de fincas rústicas y urbanas. El producto de las flores y frutos de Aranjuez también se destinará a mejorar la situación de los empleados. Nadie tiene idea de los sueldos miserables que venían cobrando los empleados de la antigua Casa Real. La República tiene intención de ser más generosa. 

—Claro — continúa el señor Bugeda— que tampoco producían antes las fincas lo que era justo. Los arrendatarios pagaban antes por huertas productivas y alquileres de casas relativamente buenas unas cantidades irrisorias. El Consejo de Administración tiende a poner en orden todo esto. 


La biblioteca 

—¿A qué piensa dedicar el Consejo la biblioteca del Palacio de Oriente? 

—Aun no está decidido; pero es posible que se dedique a altos estudios, pues evidentemente no es una biblioteca popular. Actualmente los bibliotecarios que nos ha enviado el Ministerio de Instrucción Pública se están dedicando a una intensa labor de catalogación, puesto que no estaba hecha. Es sin duda, después de la Nacional, la mejor biblioteca de España, Cuenta con más de trescientos mil volúmenes y las encuadenaciones constituyen verdaderas joyas. 

Allí se ve claramente toda la evolución de la encuadenación y hay libros que representan verdaderos tesoros. 


Un tesoro en frascos antiguos 

Otro tesoro representa la Farmacia de Palacio, además de una de las cosas más curiosas con que contará el futuro Museo de la República. 

Colocados en maravillosa anaquelería, se ven los más caprichosos tarros de transparente porcelana del Retiro, única colección que existe en España, junto a los de Talavera y otros de incalculable valor, procedentes de la antigua fábrica de cerámica de La Granja, Todos ostentan coronas, escudos de armas, leyendas y máximas.

Hay además plantas medicinales de  todas clases, y una habitación llamada "Cuarto de las quinas" ofrece al visitante curiosidades sin fin. 

De todo posee la República en este vastísimo patrimonio, que representa miles de millones. Desde palacios imperiales adornados de objetos preciosos, hasta huertas y casitas humildes repartidas por los que fueron sitios reales, y que rentan un insignificante puñado de pesetas al año. 


Desde el punto de vista turístico 

—En este respecto el Consejo aún no ha decidido nada. El señor Ramos, subsecretario de la Presidencia, que forma parte del Consejo como presidente del Patronato Nacional de Turismo, es el encargado de proponer al Consejo las Iniciativas que estime oportunas. 

El Consejo se reune con mucha frecuencia y todos sus miembros, con un desinterés y entusiasmo verdaderamente admirables, están dispuestos a laborar sin descanso por la buena administración de los bienes de la República. 


*


«La República podría preparar una ruta turística sin igual en el mundo»

Don Ramón del Valle-Inclán, nombrado conservador general del Patrimonio Artístico de España, sueña con hacer de los Reales Sitios una ruta turística sin igual en el mundo. Con su palabra cálida y maravillosa nos va descubriendo lo que él cree que debe hacer la República en el aspecto estético. 

—El Palacio de Oriente y los antiguos Sitios Reales —El Escorial, El Pardo, Aranjuez y La Granja— requieren una dirección atenta, no solo a conservarlos en su ser natural, sino a depurar y resaltar su significación histórica y artística. El Palacio de Oriente, repito, los Reales Sitios y los Alcázares de Toledo y Segovia pudieran constituir el núcleo turístico más significativo de España. ¡Y todo ello en un radio que no pasaría de 80 kilómetros!

—¿No seguirían adscritos los Alcázares de Toledo y Segovia a la función que hoy tienen? 

—¡Claro! —responde don Ramón—. Pero rescatados algunos salones, para decorarlos con tapicería, armas, muebles y cerámica de la época de los trastamaras. 

—¿Un poco en forma de museo? 

—Sí; pero bien entendido que en ningún caso habían de colocarse los objetos hacinados, dando la impresión de Exposición, sino procurando una impresión emocionada de lo que fueron nuestras artes suntuarias en aquella hora singular del genio español que cifró la trina influencia: cristiana, arábiga y caldea. A esta evocación que asigno a los Alcázares se une la máxima evocación de los ámbitos de Segovia y Toledo. El Escorial, calificada prenda de aquella jactancia imperial y austera con que se agigantó el alma nacional durante los Austrias, daría constancia de otro de los más significados momentos de la Historia de España, cuando la piedra berroqueña —la materia propia y germina de la arquitectura nacional— se define colmada de eternidad y de belleza hispánica. Paralelamente, la lengua de Castilla lograba su más alta expresión en el libro de «Los nombres de Dios». 

—Y , naturalmente, ¿El Pardo…?

—Con su severa arquitectura —ataja don Ramón—, en soledades de encinar y olivar, completa la evocación de aquel período austríaco que, con sagaz conocimiento, califica el cultísimo Azaña de «larga digresión». ¡Hora cesárea, enorme y colonial, más extranjera al sentimiento hispano que el imperial Gobierno de Roma! 

—¿Y los palacios de La Granja, Oriente y Aranjuez? 

—Estos, con sus perfiles de afrancesamiento y cortesana ceremonia, tan reveladores del cambio que nos trajeron los últimos reyes extranjeros, completarían la alta lección de lo que han sido las tres dinastías: Trastamaras, Austrias y Borbones. En La Granja culmina el máximo afrancesamiento, que representa el reinado de Felipe V . En el Palacio de Oriente, la conjunción de las influencias italiana y francesa, trascendidas a unidad por las sugerencias que fatalmente impuso el medio nacional. En Aranjuez habría de procurarse colmar de sentido histórico su gracia romántica, creando un museo evocador de aquel período que corre desde la abdicación de Carlos IV hasta el destierro de la Reina Gobernadora. Pudieran llevarse a este museo los cuadros de Bayeu, de López, de Esquivel, de Villamil, de Lucas y de tantos otros, repartidos en la actualidad sin discernimiento por las oficinas de Intendencia y oscuridades de sótanos y corredores. 

—¿Le parece a usted bien que en Riofrío se disponga alojamiento para colonias escolares? 

—No, de ningún modo. Sería echar a perder el Patrimonio, sin provecho para nadie. Pues ni aun los niños se encontrarían bien, ya que esos palacios se construyeron para un fin completamente distinto. Convertir los que fueron Sitios Reales en asilos, cantinas escolares, reformatorios y hospicios constituiría una barbaridad, solo comparable con la que se cometió en tiempos de Mendizábal convirtiendolas iglesias en cuarteles. ¡Se cubriría de oprobio el régimen republicano! En Riofrío se puede y se debe hacer un museo de cacerías. Sobra material y quedaría maravilloso solo con reunir allí una colección de armas —que la hay variada y numerosa—, tapices alusivos, trajes, etc., etc. 

Don Ramón queda un momento pensativo, sin dejar de acariciarse la barba, y poco después añade: 

—Sería de un efecto magnífico que dentro de poco, con motivo del aniversario de la Constitución, por ejemplo, se invitase a venir a España a algunos representantes de los pueblos de habla española. Para entonces ya debería estar dispuesta esta gran ruta turística que yo imagino, y estos pueblos quedarían maravillados al conocer el tesoro del país que les dio su lengua, su espíritu y su civilización. Pero si los que fueron Reales Sitios están llamados a convertirse en instituciones de caridad, mi ánimo se consterna, porque esto me parece un utilitarismo más repugnante que la furia destructora de Atila. Atila, llorón y humanitario, dedicado a las obras de misericordia.


Josefina Carabias
Ahora, 5 de Junio de 1932