Lo Último

El niño yuntero





Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.

Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.

Empieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.

Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra,
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.

Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.

Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.

A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.

Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepultura.

Y como raíz se hunde
en la tierra lentamente
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.

Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
revuelve mi alma de encina.

Lo veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo,
y declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo.

Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.

¿Quién salvará este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

Que salga del corazón
de los hombre jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.


Miguel Hernández
Viento del Pueblo, 1937



Yo era caperucita

Gloria Fuertes García
(Madrid, 28 de julio de 1917 - 27 de noviembre de 1998)




Un día que tenga tiempo
os contaré la aventura de mi infancia 
con el lobo Franco.

Yo era una caperucita roja en zona roja.
El lobo Franco se enteró que en mi cestita
no llevaba solomillo y queso para mi abuelita
y al ver que llevaba libros y poesía,
mandó su jauría
y me detuvo en la Gran Vía.

Los criados del lobo
me metieron en prisión,
me mordisquearon a gusto,
por poco me muero del susto.

En el bosque de cemento
pasé un miedo atroz.
Yo era una caperucita roja
y “el Franco” un lobo feroz.


Gloria Fuertes





Mi Moscú de 1937




Mi tercera visita a Moscú. Mi tercera despedida. Esta vez, más que nunca, me siento como si fuera un viajero que se marchara sin irse, que pudiera verse a sí mismo de camino y a la vez quedándose entre vosotros. Me vuelvo a España, a Madrid. En 1934, cuando vine como delegado al Congreso de escritores soviéticos, embarqué en Odessa. Era el mes de octubre. Embarcaba entonces hacia la España de la revolución de Asturias; luego, la de Gil Robles y la represión más violenta. En 1937, ahora, salgo de Leningrado hacia la misma España que dejé hace dos meses: la heroica de la guerra civil, de los defensores de Madrid, de los más bravos antifascistas del mundo. Siempre que vine a la Unión Soviética encontré algo de mi país entre vosotros. Esta última vez, desde que atravesé la frontera, me encontré con él por entero. Desde Belosostrov, el nombre de España empezó a llenarme los oídos, a hacerme la respiración más profunda.

Los camaradas Apletin, Kelyin y Mirzov, que fueron de Moscú a Leningrado para recibirme, eran la primera muestra de esa España que luego había de hallar en todos los corazones soviéticos. ¿Cuál es mi visión de Moscú, de este Moscú de mi tercera visita? Como en las fotografías superpuestas, no lo puedo mirar sin ver que España se me transparenta debajo. ¿Qué veo? Siempre el mapa de mi país en todas partes. La casa más inesperada me recibe abriéndomelo sobre sus muros, marcados con exactitud sobre su bella forma (de abierta piel de toro, hoy martirizada, todos los frentes de combate, seguidos con emocionada atención). Su presencia ya no ha de abandonarme nunca durante mi estancia. He de verlo continuamente ante mí, de manera real, o he de seguirlo en el recuerdo a través de las conversaciones, de los mítines, de los discursos, de las reprepresentaciones de teatro. Antes, los otros años, cuando visitaba, por ejemplo, una fábrica, el principal interés de los obreros era el de demostrarme el aumento de la producción, la mejora de la calidad de los productos, etc. Ahora, esta vez...

Nos invitaron una tarde, a mi compañera y a mí, los trabajadores de la fábrica Thaelmann, de encajes. En el salón de actos, la camarada Kaganovich, con motivo del día de la mujer, leía un detallado informe a un extenso auditorio, compuesto en su mayoría de trabajadoras. En primera fila, las más viejas obreras de la fábrica vestían los antiguos trajes populares.

Cuando aparecimos, estalló una inmensa ovación, coronada de vivas a España, de calurosas manifestaciones de simpatía y amor hacia nuestra lucha y sus héroes. Tocando una trompeta plateada, aparecieron formados los pioneros. Después de saludarnos, se destacaron dos, subiendo a la tribuna. La ceremonia fue sencilla, llena de ingenuidad y gracia. Empinándose y alzando los brazos, mientras nosotros curvábamos el cuerpo, nos rodearon el cuello con la roja corbata que les distingue, anudada por un pequeño broche plateado, haciéndonos el honor de nombrarnos pioneros, rejuveneciéndonos con esto hasta la más primera adolescencia. Las viejas trabajadoras, con una agilidad imprevista, cimbreándose y cantando a la vez, bailaron al son de una antigua melodía que recordaba los villancicos españoles. Los saludos, los discursos, las más pequeñas intervenciones, todos los aplausos fueron para España. Aquel Moscú, aquellos ciudadanos soviéticos que tenía ante mis ojos se exaltaban por mi país, me llevaban a él, dejándomelo clavado ya toda la noche en la memoria. Y así, por todos los sitios, esa misma sensación de España transparentándose a través de Moscú, fundiéndose en un solo entusiasmo, en una sola cosa.

– No te vayas, quédate con nosotros --me suplicaron los niños de ya no sé qué escuela.

– María Teresa, ven al Asia Central --le dijo en el Mostorg a mi compañera, reconociéndola de pronto, un soldado rojo.

¿Qué veo? ¿Cuál es mi Moscú de 1937? Ticiano Tabizde, el gran poeta georgiano, me ofrece en una reunión de escritores un precioso album de poesías dedicadas a la guerra de España por los poetas de su país, cuya escritura y columnas de versos recuerdan la Alhambra de Granada. El Instituto del Petróleo nos entrega una carta, llena de fe en la victoria, dirigida a 'Pasionaria', al camarada Largo Caballero, al general Miaja y José Díaz. Los ferroviarios, los alumnos de una escuela de aviación, los ingenieros del Ejército Rojo, los redactores de Izvestia, los actores, los directores y el público de los cines y teatros, todo el mundo se pone de pie y nos aclama como homenaje al esfuerzo heroico, sobrehumano de los defensores de Madrid, de la valiente España popular y republicana que se bate contra las naciones más potentes y reaccionarias de Europa. Y, al final, como corona de toda esta devoción y cariño, el camarada Stalin, durante dos horas de charla familiar con nosotros, resumiendo el claro sentimiento de su pueblo hacia el nuestro; demostrándonos el conocimiento profundo de los más difíciles problemas planteados actualmente en nuestro país; sencillo, paternal, entusiasta de nuestra juventud, interesado por los campesinos, intelectuales y jefes de nuestro ejército popular; el camarada Stalin, digo, corona nuestra estancia en Moscú, dejándonos de la Unión Soviética, como recuerdo, las dos horas más agudas de emoción por España.

¿Qué queréis, camaradas y amigos? Mi Moscú de este año es el de la fraternidad y el entusiasmo por mi patria. Parece como si nuestro mapa se hubiese prolongado hasta el vuestro y mis pies siguieran pisando su propia tierra. He visto las nuevas construcciones de vuestra capital, la aparición de nuevos cafés, tiendas, almacenes. También he recorrido el Metro. Moscú se ensancha, crece, se perfecciona. Estáis alegres. Vivís cada vez mejor. Llega la primavera... Pero, cuando regrese a Madrid, permitidme que diga a sus defensores, a todos mis compañeros, que el Moscú de 1937, el mío, el que yo he visto y sentido, es el que, emocionado y con un solo pensamiento, abre todas las mañanas los periódicos para leer las crónicas de Kolzov o Ehrenburg y los telegramas venidos de allá lejos: de los frentes heroicos de la Libertad.


Rafael Alberti
Moscú, 22 de marzo de 1937



2294. Lo que se habló de España en Potsdam




Entre el 17 de julio y el 2 de agosto de 1945 se celebró en Potsdam un encuentro entre los líderes de las tres grandes potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial: Unión Soviética, Reino Unido y Estados Unidos. Apenas habían transcurrido nueve semanas desde la rendición incondicional de Alemania, pero la guerra aún no había finalizado. Dos bombas atómicas apuntaban a Japón, que no se rendiría hasta el 15 de agosto.

Los tres líderes no sólo se repartieron el mundo y reordenaron el mapa del continente europeo. También sentenciaron el destino de España y el de los españoles que se encontraban dentro y fuera de su territorio.

Una de las propuestas de Stalin era la necesidad de debatir qué hacer con España: «Es necesario examinar la cuestión del régimen de España. Nosotros los soviéticos consideramos que el presente régimen de Franco en España fue impuesto por Alemania e Italia y que entraña grave peligro para las naciones unidas amantes de la libertad. Opinamos que será bueno crear condiciones tales que el pueblo español pueda establecer el régimen que elija».

En la tercera sesión plenaria del 19 de julio Iósif Stalin planteó la viabilidad de eliminar el régimen impuesto por el general Franco. Truman tibiamente y Churchill de forma enérgica, rechazaron cualquier intervención contra el dictador.

Truman: ¿Desea el generalíssimo hablar sobre la cuestión? 

StalinSe han distribuido copias de la propuesta. No tengo nada que añadir a lo que allí se expresa. 

Churchill: Señor presidente, el gobierno británico siente odio contra Franco y su gobierno. Donde veo alguna dificultad en adoptar el borrador propuesto por el Generalísimo es su punto primero que trata de la ruptura de toda relación con el gobierno de Franco, que es el gobierno de España. Creo que, considerando que los españoles son orgullosos y más bien sensibles, semejante medida causaría el efecto de unir a los españoles en torno de Franco, en vez de apartarlos de él. […] Por lo que toca a los países que han sido liberados en el curso de la guerra, no podemos permitir que se establezca en ellos un régimen fascista o tipo Franco. Pero aquí tenemos un país que no tomó parte en la guerra, y por eso es por lo que soy contrario a interferir en sus asuntos internos. El gobierno de su Majestad necesitará debatir muy detenidamente esta cuestión antes de decidir romper relaciones con España. 

Truman: No tengo ninguna simpatía al régimen de Franco, pero no deseo tomar parte en una guerra civil española. Ya estoy harto de guerra en Europa. Nos alegraríamos mucho de reconocer otro gobierno en España en vez del gobierno de Franco, pero pienso que es una cuestión que ha de resolver la propia España.

Stalin: ¿Es decir que no habrá cambios en España? […] No estoy proponiendo ninguna intervención militar, ni que desencadenemos una guerra civil en España. Deseo solamente que el pueblo español sepa que nosotros, los dirigentes de la Europa democrática, adoptamos una actitud negativa respecto al régimen de Franco. A menos que lo declaremos así, el pueblo español tendrá motivo para pensar que no somos contrarios al régimen de Franco. Podrán decir que, dado que hemos dejado en paz al régimen de Franco, esto significa que lo apoyamos. La gente entenderá que hemos aprobado, o dado nuestra bendición tácita, al régimen de Franco. Esto constituye un grave cargo contra nosotros. No me agrada estar entre los acusados. 

Churchill: Ustedes ya no tiene relaciones diplomáticas con el gobierno español y nadie podrá acusarle de lo que dice. 

Stalin: Pero lo que si tengo es el derecho y la posibilidad de plantear la cuestión y resolverla. Todo el mundo cree que los tres grandes pueden resolver estas cuestiones. Yo soy uno de los tres grandes ¿Es que no tengo derecho a decir nada sobre lo que está pasando en España acerca del régimen de Franco y el grave peligro que representa para el conjunto de Europa? Cometeríamos una grave falta si ignorásemos esta cuestión y no dijéramos nada sobre ella. 

Churchill: Todo gobierno es dueño de expresar sus ideas por su cuenta. Nosotros tenemos antiguas relaciones comerciales con España, que nos proporciona naranjas, vino y otros productos a cambio de nuestras propias mercancías. Si nuestra intervención no diera los frutos deseados, yo no querría que este comercio padeciera daño. Pero, al propio tiempo, comprendo totalmente la actitud adoptada por el Generalissimo Stalin. Franco tuvo el valor de enviar su división azul a Rusia, y entiendo muy bien la posición rusa. España, empero, no nos ha hecho nada a nosotros, ni siquiera cuando podía hacerlo en la bahía de Algeciras. Nadie duda que el Generalissimo Stalin odia a Franco y opino que la mayoría de los británicos comparte su pensar. Sólo deseo subrayar que nosotros no hemos sido perjudicados por él por ningún concepto. 

Stalin: No es cuestión de perjuicios. Por lo demás, creo que Inglaterra también ha sido perjudicada por el régimen de Franco. Durante mucho tiempo, España puso su costa a la disposición de Hitler para que la usasen sus submarinos. Puede usted decir, por tanto, ha sufrido daños causados por el régimen de Franco en una forma u otra. Pero no deseo que este asunto se valore desde el punto de vista de algún perjuicio. Lo que importa no es la división azul, sino el hecho de que el régimen de Franco es una amenza grave para Europa. Por eso es por lo que creo que se debe hacer algo contra ese régimen. Si no es adecuada la rotura de relaciones diplomáticas, no insistiré en ella. Pueden encontrarse otros medios. Sólo tenemos que decir que no simpatizamos con el régimen de Franco y que consideramos justa la exigencia de democracia por parte del pueblo español; sólo tenemos que indicarlo y no quedará nada del régimen de Franco. Yo se lo aseguro. Propongo que los ministros de asuntos exteriores debatan si se puede encontrar otra forma más suave o flexible para hacer patente que las grandes potencias no apoyan al régimen de Franco. 

Truman: Me parece bien. Convengo en pasar el asunto a los ministros de asuntos exteriores. 

Churchill: Debo oponerme a esto. Creo que este es un asunto que debe ser resuelto en esta reunión. 

Stalin: Claro que lo resolveremos aquí, pero que los ministros puedan examinarlo antes. 

Truman: Yo tampoco me opongo a pasar el tema a los ministros para su examen preliminar. 

Churchill: No lo considero conveniente, porque es un asunto de principios, es decir, de interferencia en los asuntos internos de otros países. 

Stalin: Esto no es un asunto interno. El régimen de Franco es una amenaza internacional. 

Churchill: Todo el mundo puede decir esto del régimen de cualquier otro país. 

Stalin: No, no hay ningún régimen en país alguno como el de España. No queda régimen como ése en país alguno de Europa.

Churchill: Portugal también podría ser condenado por tener un régimen dictatorial. 

Stalin: El régimen de Franco fue instaurado desde el exterior, por medio de la intervención de Hitler. Franco se comporta de manera provocadora y da asilo a nazis. Yo no planteo ningún problema acerca de Portugal (..)

El asunto se zanjaría con la oposición a la entrada de España en la O.N.U, acuerdo recogido en la declaración final de la Conferencia de Potsdam, en la que se especificaba la imposibilidad de admitir en las Naciones Unidas a un gobierno como el español.

En febrero de 1946 la Asamblea General de Naciones Unidas a través de la resolución núm. 32 condenó al régimen franquista y el 12 de diciembre de 1946, la resolución núm. 39 establecía: «La Asamblea hace constar que en la Conferencia de Potsdam, los Gobiernos del Reino Unido, de los Estados Unidos de América y de la Unión Soviética declararon que no apoyarían una solicitud de admisión como Miembro de las Naciones Unidas hecha por el actual gobierno español, el cual, habiendo sido establecido con ayuda de las potencias del Eje, no reúne por razón de su origen, de su naturaleza, de su historia y de su íntima asociación con los Estados agresores, las cualidades necesarias para justificar su adhesión».

La condena fue efectiva en un primer momento con el aislamiento político, económico y diplomático. La fuerza a la que se alude en la resolución para «remediar tal situación» nunca se produjo. La resolución en el último apartado apuesta por una España de «libertad de expresión, de religión y de reunión» y aspira a «celebrar cuanto antes elecciones en las que el pueblo español pueda expresar su voluntad, libre de coacción y de intimidaciones».

Diez años después, España ingresaría la Organización de Naciones Unidas. Franco seguía gobernando con mano de hierro los destinos del pueblo español, que habría de esperar casi treinta años para la celebración de las primeras elecciones democráticas.






2293. La mejor escuela







Desconfía de aquellos que te enseñan
listas de nombres, números y fechas
y que siempre repiten modelos de cultura
que son la triste herencia que aborreces.

No aprendas sólo cosas, piensa en ellas,
y construye a tu antojo situaciones e imágenes
que rompan la barrera que aseguran existe
entre la realidad y la utopía:
vive en un mundo cóncavo y vacío,
juzga cómo sería una selva quemada,
detén el oleaje de las rompientes,
tiñe de rojo el mar,
sigue unas paralelas hasta que te devuelvan
el punto de partida,
haz aullar a un desierto,
familiarízate con la locura

Después sal a la calle y observa,
es la mejor escuela de tu vida.


José Agustín Goytisolo



2292. Decreto de Supresión de los símbolos comunistas del uniforme republicano




Decreto de Supresión de los Símbolos Comunistas del Uniforme Republicano


De acuerdo con el Consejo Nacional de Defensa y a propuesta del consejero de Defensa,

Vengo a decretar lo siguiente:

Queda suprimida la estrella roja de cinco puntas en el uniforme y prenda de cabeza de todo el personal militar y de los Comisariados de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire por considerar innecesario su uso, toda vez que no tiene significación jerárquica.

Dado en Madrid, a 17 de marzo de 1939
José Miaja Menant

El Consejero de Defensa,
Segismundo Casado López


Publicado en el Diario Oficial núm. 3
18 de marzo de 1939



2291. ¡Levántate jornalero!

Campesino dirigiéndose a Zaragoza con las tropas, 25 de julio de 1936 (Foto Alfonso)


Levántate, jornalero,
que es tu día, que es tu hora.
Lleva un ademán guerrero
al ademán de la aurora.

No permitas que un ocaso
que desplomarse no quiere
se apodere de tu paso,
de tus hijos se apodere.

Tu pan del aire pendía.
¡Que tu alborada destruya
el ocaso! ¡Es tuyo el día:
España, la tierra es tuya!


Miguel Hernández






2290. Amarás a tu prójimo

―La niña se criaba de maravilla, a pesar de las duras condiciones de la prisión. Nos ayudábamos mucho entre las reclusas del pabellón de lactantes, cuando alguna niña estaba enferma tratábamos de curarlas por nuestros medios sin recurrir a las monjas, nos daba asco que tocaran a nuestros hijos. Una noche la nena empezó a llorar, acababa de cumplir cuatro mesecitos, traté de silenciarla por todos los medios; paseándola, dándola el pecho, pero nada, no paraba de llorar y se retorcía como si algo la incomodara. Comenzó a subirla la fiebre, la pusimos paños húmedos para que la bajara, pero la niña no se calmaba con nada. Durante cinco largas horas me resistí a avisar a las monjas, pero el estado de mi hija me asustó y finalmente accedí a llamarlas. La funcionaria de guardia las avisó, éstas tardaron un buen rato en llegar. Una vez en la galería me preguntaron por el tiempo que llevaba la niña en ese estado, contesté que lo desconocía, que me habían despojado hasta del reloj que llevaba al ser detenida. La monja se ofendió y me cruzó la cara de una bofetada, llamándome soberbia y llevándose a la niña. Quedé rota, las compañeras se pasaron toda la noche consolándome. A la mañana siguiente nos trasladaron a los servicios religiosos, pregunté a varias monjas por mi hija, y la única respuesta que recibí fue que no me preocupase; pronto estaría de vuelta. Pasó una semana y seguía sin saber nada de mi hija, ya no pude más y me rebelé. Partí la cabeza a una cuchara y limándola con la aspereza del suelo conseguí que cortara como una navaja. Cuando la monja vino a darnos el servicio religioso la agarré del cuello y puse el filo de la cuchara apretando con fuerza sobre su garganta. Llamé a la funcionaria, cuando ésta entró, dio un grito y la voz de alarma. Amenacé con rajar el cuello a la monja si no traían pronto a mi hija. El pabellón se llenó de guardias, obligaron a salir a empujones de la galería a todas mis compañeras quedándome sola con la jauría uniformada. Hizo su aparición la monja que se llevó a mi hija, me comunicó que estaba enferma de meningitis y que luchaban y rezaban por su vida. La dije que quería verla, no les creía, me contestó que eso no podía ser, estaba en cuidados intensivos y que cualquier contacto con el exterior podía matarla. Me juró que si soltaba al rehén, no habría represalias contra mi porque entendían mi desesperación, y que en el momento que lo autorizara el médico me dejarían ver a la niña. Caí en su trampa; me chantajeó emocionalmente y accedí. Solté a la monja y a continuación cuatro guardias se abalanzaron sobre mi, moliéndome a garrotazos y patadas hasta que perdí el conocimiento. Pasé un mes en aislamiento creyendo que me volvía loca, lo único que me mantenía con vida era la esperanza de ver a mi hija de nuevo. Salí del hoyo, las compañeras me esperaban con impaciencia, a mi regreso me dieron un muñeco de trapo que habían realizado a mano entre todas, aún lo conservo con mucho cariño. Una semana después, vino una monja a comunicarme que mi hija había fallecido, habían hecho todo lo que habían podido pero que al ser tan pequeña no resistió. No me hundí, el fondo de mi corazón me decía que estaban mintiendo, y que mi hija vivía en alguna parte. 


Agustín Romero Encinas
















2289. Paz para sempre

Perseguironos con saña.
Detivéronos con sevicia.
Torturáronos con sadismo.
Encarceráronos sen causa.
Xulgáronos sen xustiza.
Paseáronos sen piedade.

Así os mataron.

E impuxeron o terror.
E impuxeron a calumnia.
E impuxeron a falsificación.
E impuxeron a censura.
E impuxeron o silencio.
E impuxeron o esquecemento.

E así trataron de rematalos.

Contra o exterminio atroz
Das súas vidas desfeitas
E contra o esquecemento inxusto
Do silencio cómplice
queremos manter viva para sempre
a memoria galega
das vítimas do fascismo,
en solidariedade
con todas as comunidades do mundo
que padecesen calquera ditadura do terror.



Porque como aquelas vítimas
Queremos liberdade para sempre.
Porque por aquelas vítimas
Para sempre queremos xustiza.

Porque a realidade é o desexo,
PAZ PARA SEMPRE


Claudio Rodríguez Fer


Fotografía: Monumento a los represalidos de A Coruña. Se trata de un conjunto de menhires en forma de estrella, obra del escultor Valdi, donde se encuentran grabados los nombres de las 600 víctimas de la comarca. En el centro, y sobre otro menhir el poema Paz para sempre de Claudio Rodríguez Fer



2288. Memoria y justicia

En la pancarta: "Sobre las ruinas del marxismo edificaremos la nueva España. ¡Arriba España!"



La simple exposición de estos ejemplos ofrecidos desordenadamente, basta para mostrar, también en la esfera de la vida pública, que no todos los recuerdos del pasado son igualmente admirables; cualquiera que alimente el espíritu de venganza o de desquite suscita, en todos los casos, ciertas reservas. Es legítimo preferir el gesto del presidente polaco Lech Walesa de invitar a los representantes de los gobiernos alemán y ruso para conmemorar el aniversario cincuenta de la insurrección de Varsovia: «El tiempo de la división y de la confrontación ha llegado a su fin». Por tanto, la pregunta que debemos hacernos es: ¿existe un modo para distinguir de antemano los buenos y los malos usos del pasado? O, si nos remitimos a la constitución de la memoria a través de la conservación y, al mismo tiempo, la selección de informaciones, ¿cómo definir los criterios que nos permitan hacer una buena selección? ¿O tenemos que afirmar que tales cuestiones no pueden recibir una respuesta racional, debiendo contentarnos con suspirar por la desaparición de una tradición colectiva que nos somete y que se encarga de seleccionar unos hechos y rechazar otros, y resignándonos por consiguiente a la infinita diversidad de los casos particulares?

Una manera —que practicamos cotidianamente— de distinguir los buenos usos de los abusos consiste en preguntarnos sobre sus resultados y sopesar el bien y el mal de los actos que se pretenden fundados sobre la memoria del pasado: prefiriendo, por ejemplo, la paz a la guerra. Pero también se puede, y es la hipótesis que yo quisiera explorar ahora, fundar la crítica de los usos de la memoria en una distinción entre diversas formas de reminiscencia. El acontecimiento recuperado puede ser leído de manera literal o de manera ejemplar. Por un lado, ese suceso —supongamos que un segmento doloroso de mi pasado o del grupo al que pertenezco— es preservado en su literalidad (lo que no significa su verdad), permaneciendo intransitivo y no conduciendo más allá de sí mismo. En tal caso, las asociaciones que se implantan sobre él se sitúan en directa contigüedad: subrayo las causas y las consecuencias de ese acto, descubro a todas las personas que puedan estar vinculadas al autor inicial de mi sufrimiento y las acoso a su vez, estableciendo además una continuidad entre el ser que fui y el que soy ahora, o el pasado y el presente de mi pueblo, y extiendo las consecuencias del trauma inicial a todos los instantes de la existencia.

O bien, sin negar la propia singularidad del suceso, decido utilizarlo, una vez recuperado, como una manifestación entre otras de una categoría más general, y me sirvo de él como de un modelo para comprender situaciones nuevas, con agentes diferentes. La operación es doble: por una parte, como en un trabajo de psicoanálisis o un duelo, neutralizo el dolor causado por el recuerdo, controlándolo y marginándolo; pero, por otra parte —y es entonces cuando nuestra conducta deja de ser privada y entra en la esfera pública—, abro ese recuerdo a la analogía y a la generalización, construyo un exemplun y extraigo una lección. El pasado se convierte por tanto en principio de acción para el presente. En este caso, las asociaciones que acuden a mi mente dependen de la semejanza y no de la contigüedad, y más que asegurar mi propia identidad, intento buscar explicación a mis analogías. Se podrá decir entonces, en una primera aproximación, que la memoria literal, sobre todo si es llevada al extremo, es portadora de riesgos, mientras que la memoria ejemplar es potencialmente liberadora. Cualquier lección no es, por supuesto, buena; sin embargo, todas ellas pueden ser evaluadas con ayuda de los criterios universales y racionales que sostienen el diálogo entre personas, lo que no es el caso de los recuerdos literales e intransitivos, incomparables entre sí. El uso literal, que convierte en insuperable el viejo acontecimiento, desemboca a fin de cuentas en el sometimiento del presente al pasado. El uso ejemplar, por el contrario, permite utilizar el pasado con vistas al presente, aprovechar las lecciones de las injusticias sufridas para luchar contra las que se producen hoy día, y separarse del yo para ir hacia el otro. He hablado de dos formas de memoria porque en todo momento conservamos una parte del pasado. Pero la costumbre general tendería más bien a denominarlas con dos términos distintos que serían, para la memoria literal, memoria a secas, y, para la memoria ejemplar, justicia. La justicia nace ciertamente de la generalización de la acusación particular, y es por ello que se encarna en la ley impersonal, administrada por un juez anónimo y llevada a la práctica por unos jurados que desconocen tanto a la persona del acusado como a la del acusador. Por supuesto que las víctimas sufren al verse reducidas a no ser más que una manifestación entre otras del mismo signo, mientras que la historia que les ha ocurrido es absolutamente única, y pueden, como a menudo hacen los padres de niños violados o asesinados, lamentar que los criminales escapen la pena capital, la pena de muerte. Pero la justicia tiene ese precio, y no es por casualidad que no puede ser administrada por quienes hayan sufrido el daño: es la «desindividuación», si así se puede llamar, lo que permite el advenimiento de la ley.

El individuo que no consigue completar el llamado período de duelo, que no logra admitir la realidad de su pérdida desligándose del doloroso impacto emocional que ha sufrido, que sigue viviendo su pasado en vez de integrarlo en el presente, y que está dominado por el recuerdo sin poder controlarlo (y es, con distintos grados, el caso de todos aquellos que han vivido en los campos de la muerte) es un individuo al que evidentemente hay que compadecer y ayudar: involuntariamente, se condena a sí mismo a la angustia sin remedio, cuando no a la locura. El grupo que no consigue desligarse de la conmemoración obsesiva del pasado, tanto más difícil de olvidar cuanto más doloroso, o aquellos que, en el seno de su grupo, incitan a éste a vivir de ese modo, merecen menos consideración: en este caso, el pasado sirve para reprimir el presente, y esta represión no es menos peligrosa que la anterior. Sin duda, todos tienen derecho a recuperar su pasado, pero no hay razón para erigir un culto a la memoria por la memoria; sacralizar la memoria es otro modo de hacerla estéril. Una vez restablecido el pasado, la pregunta debe ser: ¿para qué puede servir, y con qué fin?


Tzvetan Todorov
Los abusos de la memoria, 1995





2287. La muerte del niño herido





Otra vez en la noche… Es el martillo
de la fiebre en las sienes bien vendadas
del niño. —Madre, ¡el pájaro amarillo!
¡Las mariposas negras y moradas!


—Duerme, hijo mío. —Y la manita oprime
la madre, junto al lecho. —¡Oh, flor de fuego!
¿Quién ha de helarte, flor de sangre, dime?
Hay en la pobre alcoba olor de espliego;
fuera, la oronda luna que blanquea
cúpula y torre a la ciudad sombría.
Invisible avión moscardonea.

—¿Duermes, oh dulce flor de sangre mía?
El cristal del balcón repiquetea.
—¡Oh, fría, fría, fría, fría, fría!


Antonio Machado
Poemas de la guerra, 1936-37





2286. Reorganización política y sindical del exilio republicano

Dos niñas en el campo de concentración de Argeles sur Mer, febrero 1939



La presión de las tropas franquistas en las primeras semanas de 1939 hizo que los días 5 y 6 de febrero el presidente de la República, Manuel Azaña, el presidente de las Cortes, Diego Martínez Barrio y el presidente del Gobierno, Juan Negrín, así como los presidentes de los Gobiernos autónomos vasco y catalán, José Antonio Aguirre y Lluís Companys, se trasladasen a Francia.

Se celebró una reunión del Consejo de Ministros en Toulouse en la que se tomó la decisión de regresar a la zona de centro-levante, todavía controlada por la República. Así lo hizo el Gobierno, pero don Manuel Azaña decidió desoír el llamamiento de Negrín. Consideraba que la guerra ya estaba perdida. El mismo día que Francia e Inglaterra reconocían oficialmente el Gobierno de Burgos, el 27 de febrero de 1939. Azaña enviaba una carta al presidente de las Cortes presentando su dimisión.

El 1 de febrero se habían reunido por última vez las Cortes de la República en los sótanos del Castillo de Figueras. Respaldaron la política del Gobierno presidido por Juan Negrín.

La siguiente reunión de las Cortes tendría lugar ya fuera del territorio nacional, en París, el 3 de marzo, para dar cuenta de la dimisión de Azaña. Le correspondía al presidente de las Cortes asumir provisionalmente la presidencia de la República, de acuerdo con las previsiones constitucionales. Sin embargo, Martínez Barrio condicionó su aceptación a una consulta previa a Negrín, que no llegó a producirse. De hecho la República quedó acéfala al dejar también Martínez Barrio la presidencia de las Cortes que pasó a manos del vicepresidente primero. De modo que cuando todavía las tropas republicanas seguían luchando en la zona centro-levante, la República quedaba huérfana de las máximas autoridades constitucionales.

Los días 31 de marzo y 1 de abril se reunió la Diputación Permanente de las Cortes en París. Tras la derrota brotaban los enfrentamientos: la Diputación se opuso a Negrín. En una nueva reunión, el 26 de julio de 1939, la Diputación Permanente decidió cesar al Gobierno Negrín y asumir sus responsabilidades. En el trasfondo latía la rivalidad entre Prieto y Negrín, de largas consecuencias. Negrín quedaría descalificado y marginado. Incluso sus antiguos aliados, los comunistas, le dieron la espalda tras la firma del pacto germano-soviético de no agresión el 27 de agosto de 1939.

La Diputación Permanente de las Cortes creó la Junta de Asistencia a los Republicanos Españoles (JARE), un organismo de auxilio a los refugiados que, simultáneamente, sirvió de plataforma política para las corrientes que en el PSOE, UGT y los tres partidos republicanos -IR, UR, PRF- seguían la línea anticomunista y antinegrinista que lideraba Indalecio Prieto. Su gran competidor fue el Servicio de Evacuación de los Republicanos Españoles (SERE), plataforma política de los negrinistas y de sus aliados comunistas.

Similar proceso de desintegración sufrieron los Gobiernos catalán y vasco.

Con la ocupación alemana de una parte de Francia, pocos dirigentes políticos permanecieron en el país vecino. Entre esos pocos estuvo Lluís Companys que permaneció en la zona ocupada. Detenido por los alemanes, fue entregado a Franco. Condenado a muerte, fue ejecutado en Barcelona el 15 de octubre de 1940. La presidencia de la Generalitat la asumió de manera interina el presidente del Parlamento catalán.

El Gobierno vasco continuó funcionando en Francia bajo la presidencia de José Antonio Aguirre, del PNV, hasta la ocupación alemana que sorprendió a Aguirre en Bélgica de donde pasó a Berlín donde permaneció un tiempo oculto hasta que en el verano de 1941 pudo salir hacia América. Terminó estableciéndose en Nueva York.

Los partidos políticos y los sindicatos experimentaron en el exilio procesos similares de división y de desvanecimiento, si bien existieron intentos de reorganización en los mismos campos de concentración, desde los primeros momentos. Los socialistas, por ejemplo, se reunían en Barcarés. En esas reuniones decidieron crear una misma Compañía de Trabajo integrada por unos 250 hombres a la que más tarde se unirá otra, también formada por socialistas, entre ellos Manuel Muiño quien será uno de los pilares de la UGT en el exilio. De ese grupo de socialistas del campo de Barcarés formó parte Paulino Barrabés Galindo, alcalde de Monzón (Huesca) hasta que la localidad fue ocupada por las tropas de Franco. Estos grupos de socialistas recogieron mensualmente entre cuatro y cinco mil francos que distribuían a los mutilados, enfermos y necesitados.

La mayoría de los dirigentes políticos emigraron a América. En líneas generales, aunque hubo excepciones, los dirigentes, los intelectuales y cuadros consiguieron partir hacia América, mientras que en el polvorín europeo permanecieron las bases obreras.

Los sindicatos, una vez perdido el referente laboral y reivindicativo, orientaron su actividad hacia el ámbito político tendiendo a identificarse con los partidos políticos de su sintonía. Fue a partir de la primavera de 1944, cuando el fin de la Guerra Mundial ya se veía próximo, cuando partidos y sindicatos recuperaron una mayor actividad reorganizativa y política.

Los socialistas -la mayoría de cuyos dirigentes, salvo Largo Caballero y Negrín, habían emigrado a los países americanos- reconstituyeron su partido en Francia en el Congreso celebrado en Toulouse los días 24 y 25 de septiembre de 1944 en el que los delegados representaban a 5.277 afiliados. Fue elegido presidente Enrique de Francisco, vicepresidente Trifón Gómez y secretario general Rodolfo Llopis. En octubre de aquel año se reiniciaba en Toulouse la publicación de El Socialista. El segundo Congreso en el exilio tendría lugar, también en Toulouse, en la primavera de 1946. En ambos predominaron los planteamientos políticos de Prieto. La fracción negrinista quedó marginada.

La CNT había empezado también a reorganizarse en los propios campos de internamiento del sur de Francia. Sus órganos de representación los reconstituyeron en México donde a partir de 1942 empezaron a  publicar su órgano de expresión, Solidaridad Obrera.

El Movimiento Libertario Español se reconstituyó en Francia en el otoño de 1944. La diferencia de posiciones ante la colaboración o no con las otras fuerzas del exilio, produjo una escisión.

El PCE, que desde los primeros momentos del exilio contaba con el apoyo del Partido Comunista Francés y de los diplomáticos soviéticos en Francia, intentó controlar toda la actividad política de los exiliados españoles a través de una política de Unión Nacional. Su estrategia implicaba el entendimiento con las fuerzas conservadoras, a excepción de los falangistas. Pusieron en pie la UNE (Unión Nacional Española) en noviembre de 1942 y lanzaron el periódico Reconquista de España. Iniciaron contactos con grupos de la derecha española y organizaron grupos guerrilleros en el interior tras la tentativa de invasión armada en 1944 por el valle de Arán. Las restantes fuerzas políticas exiliadas rechazaron esta estrategia y la UNE fue disuelta a finales de 1945.

La mayoría de los integrantes de los partidos republicanos, gentes de clase media, emigraron a México. En la primavera de 1940 crearon allí un movimiento político, la ARE (Acción Republicana Española) en el que se integraron Izquierda Republicana, Unión Republicana y el Partido Republicano Federal. El intento de convertir ARE en un partido republicano único no tuvo éxito.

Las instituciones republicanas también se reconstituyeron en el exilio. La Diputación Permanente de las Cortes se reorganizó en México, como queda dicho más arriba, en septiembre de 1940. Su actuación de mayor trascendencia fue el acuerdo, suscrito por IR, UR, PSOE, ERC y ARC, para establecer un pacto de unidad para restaurar la República española fundamentado en el acatamiento a la Constitución de 1931 y a los Estatutos de ella derivados. Para desarrollar ese acuerdo se creó la Junta Española de Liberación (JEL), que consiguió la adhesión de numerosos partidos políticos, sindicatos e intelectuales. Su mayor éxito fue el conseguido en la Conferencia de San Francisco en la primavera de 1945 en que se aprobó, el 19 de junio, por unanimidad la condena moral del régimen de Franco y su rechazo como miembro de la ONU.

El éxito de la JEL en la Conferencia de San Francisco propició una reunión de la Cámara de Diputados de la República española en México el 17 de agosto de 1945 a la que asistieron cerca de cien diputados. Se proclamó a Martínez Barrio, presidente de la República. Ante él, Negrín presentó su dimisión como presidente del Gobierno, siendo elegido para sustituirle, José Giral, de IR quien constituyó un Gobierno en el que estaban representados además de los partidos republicanos, el PNV, PSOE, UGT y MLE-CNT, así como los independientes Ángel Ossorio Gallardo y el general Juan Hernández Saravia. Los comunistas se negaron a participar en un Gobierno que no estuviera presidido por Negrín.

El Gobierno Giral inició el proceso de reorganización institucional a pesar de los escasos recursos disponibles. La favorable acogida del Gobierno francés hizo que las instituciones republicanas se trasladaran a París donde en los primeros meses de 1946 quedaron instalados el presidente de la República y el presidente del Gobierno. Tras el fusilamiento por parte de Franco del comunista Cristino García Grandas, uno de los guerrilleros que se habían introducido en el valle de Arán en 1944, y que durante la Guerra Mundial había destacado por su heroísmo luchando en suelo francés contra los alemanes, por lo que el Gobierno francés le había concedido la más alta condecoración, el Gobierno francés se propuso llevar la cuestión española ante el Consejo de Seguridad de la ONU. Pero desistió ante la posición inglesa y norteamericana que consideraban que no debían injerirse en cuestiones internas del Estado español. Tras la «Nota Tripartita» suscrita en tal sentido por USA, Gran Bretaña y Francia, se desinflaron muchas de las esperanzas que los exiliados españoles habían tenido al término de la Segunda Guerra Mundial.

Un año después el Gobierno en el exilio haría crisis y su presidente, Giral, dimitía tras las tensiones con los sectores del exilio -entre otros el grupo de Prieto- que lo consideraban un obstáculo para las negociaciones con las instancias internacionales. La posibilidad de una alternativa republicana al régimen de Franco se desvanecía.

No obstante, la República española mantuvo en el exilio su continuidad, siquiera fuese de forma simbólica, hasta el año 1977 en que sus órganos representativos se disolvieron al comprobar que la transición democrática iniciada en España iba en serio.


Félix Santos