Lo Último

El falso catolicismo de los facciosos




El sacrificio del sacerdote vasco D. Jacinto Aguirre Suárez es uno de los múltiples episodios significativos.


En la apacible tierra invadida

Muchos habitantes de aquellos caseríos cercanos a Sestao presenciaron los hechos, y los relatan con la prolijidad de detalles con que se recuerdan los sucesos insólitos.

Habían transcurrido unos veinte días desde que las tropas italianas, con la cooperación de la aviación alemana, habían invadido aquella zona del país vasco. Aquellas viviendas campesinas, diseminadas unas en los valles y semiocultas otras en las rugosidades de los montes, habían sufrido una ruda transformación en su existencia apacible. El paso de aquel ejército extranjero —como un rugiente huracán materializado en miles de rostros ceñudos, de expresión feroz, uniformes desvaídos por la lluvia, bosques de bayonetas de siniestro centelleo, fragoroso trepidar de la oleada férrea de los tractores, camiones y pesados armatostes de la artillería— había trastornado todos los parajes como en una mutación de catástrofe, apisonado los prados verdeantes, tronchado las débiles plantaciones de los huertos, removido la tierra y borrado las veredas.

Luego que se alejó aquella balumba, todo presentaba un aspecto de desolación silenciosa y fúnebre. La pavorosa inundación bélica había hecho desaparecer los ganados; había despoblado los corrales; habíase llevado hasta las cargas de leña, enseres caseros y los comestibles.

En las casas desmanteladas, gemían mujeres y ancianos, y temblaban de pavor los niños, con la mirada atónita, desamparados de los hombres jóvenes, que habían muerto en los combates pasados, o habían tenido que escapar ante la amenaza del fusilamiento.


La obra de represión

Una noche, llegaron dos coches de turismo proyectando la poderosa luz de sus faros sobre aquellos tristes caseríos. Varios hombres, pistola en mano, descendieron de los vehículos y se dirigieron resueltamente a aporrear una puerta. Los vecinos atisbaron desde las rendijas de las edificaciones cercanas, y se extrañaron al pensar en la persona que vivía en aquella casa ante la que los recién llegados se manifestaban con llamadas apremiantes. Era la morada de don Jacinto Aguirre, el anciano sacerdote, respetado en toda la comarca por aquellas buenas gentes, para las que el pobre eclesiástico era como un símbolo del bienhechor humilde. Años y años de recorrer aquellos contornos, de decir misa en la pequeña iglesia de la ermita, de unir en matrimonio a los enamorados, de ayudar a los desvalidos y de inculcar las primeras letras a los pequeñuelos, habían rodeado de una popularidad sentimental a aquella débil figura, revestida con la raída sotana del mísero cura rural.

¿Qué querrían del señor Aguirre aquellos nocturnos visitantes, que se presentaban armados como si llamasen ante la guarida de un facineroso?


Dos requetés ante el hombre que los había librado del analfabetismo

La puerta se abrió, y ante ella, a la luz de un trozo de cirio sostenido por una mano temblorosa, se iluminó un rostro demacrado, cuyos ojos miopes miraron con alarma al grupo, pero que de pronto, se animaron con súbita expresión de alegría.

—¡Ah! Pero, ¿sois vosotros?

Y se dirigía hacia dos de aquellos individuos, a los que en este instante, reconocieron también los vecinos que contemplaban la escena desde sus casas.

Eran Eladio Arana y José María Urquiola, dos mozalbetes de unos caseríos próximos. ¡Verlos ahora, con aquellas boinas rojas y aquellos correajes de militar, sobre sus camisas campesinas! Lo inaudito para aquellas gentes era que también esos dos empuñaban pistola ante don Jacinto Aguirre, a quien debían querer y respetar, porque, como a tantos otros, los había bautizado y, años después, los había enseñado a leer y a escribir.

El señor Aguirre, como si no hubiera reparado en las armas, invitaba a los dos muchachos a que penetrasen en la casa en unión de sus compañeros; pero ellos lo repelieron bruscamente: no venían de visita, sino a llevárselo y a darle su merecido, porque era un "rojo" aborrecible.

El anciano aun tuvo la creencia de que todo aquello no era otra cosa que una broma de aquellos dos chicarrones, de desmesurada rudeza hasta en sus juegos, y les habló sonriente, como si, al tiempo de reconvenirles, los disculpara lo mismo que a dos niños que se excedían en sus travesuras.

—¡Que no hayáis de tener modales ni para divertiros!

Pero el acento iracundo con que le contestaron aquellos sujetos, le hizo fruncir el ceño.

—Usted es de los nacionalistas vascos y hemos de darle el castigo que se merece por eso.

Y le conminaron rotundamente:

—Conque, venga usted con nosotros.

Don Jacinto reaccionó con serenidad: 

—Pues si es así, no voy.

Ya no hubo otras palabras, sino un forcejeo violento, en el que Eladio Arana y José María Urquiola, ayudados por otros de la patrulla, abalanzados todos contra el cura, trataron de reducir la resistencia de éste. Rápidamente, uno de aquéllos golpeó con fuerza la cabeza de don Jacinto Aguirre, haciendo florecer una mancha roja sobre las canas. El agredido se tambaleó, indefenso, y fue arrastrado hasta el interior de uno de los coches. En seguida, trepidaron los motores y los dos vehículos se alejaron veloces.

Al día siguiente, el cadáver del sacerdote apareció ensangrentado en el fondo de una barrancada próxima.

Así relatan los vascos cómo el cura don Jacinto Aguirre Suárez, de una feligresía de Sestao, fué muerto por un grupo de esos requetés que se titulan "católicos" y que, para escarnio de la religión, van a la lucha con un escapulario en el pecho y el nombre de Cristo profanado en sus labios, entre gritos de odio y estímulos de crueldad homicida.


Facetas de la actualidad españolaLa Habana, mayo de 1938





La Guerra




La guerra tiene labios azulados,
ojos de soledad, carne de frío,
campos de noche eterna, gesto airado,
inviernos sin otoño y sin estío,
la guerra...
tiene niños asombrados,
manitas de miseria y extravío,
cierzos que cortan vidas y sembrados,
grises atardeceres, sol sombrío,
la guerra...
tiene dientes afilados,
cuchillos de acerado desafío,
boquitas de hambre triste y rostro helado,
inmensa podredumbre hacia el vacío,
la guerra...
tiene el ceño ensangrentado,
harapos y negrura de atavío,
alaridos sin nombre y sin soldado,
desbordadas las venas, turbios ríos.

La guerra...,
sal en la herida abierta de la tierra


Antonia Álvarez Álvarez




Manuel D. Benavides a los intelectuales del mundo

Vosotros, intelectules y artistas, habéis abandonado España; vuestra sensibilidad no ha podido resistir, sin duda, la sacudida horrenda de la guerra civil. Pero la guerra civil sólo ha sido una etapa, la primera, de la lucha. España se defiende de los agresores que invaden sus tierras, nos despojan de nuestros bienes y nos asesinan de una manera fría y metódica, sin pretexto ni excusa algunas. Contra esa agresión el silencio no se justifica. Los españoles que no residen en España tienen la obligación moral y el deber ineludible de derramar por el mundo su palabra, erigiéndose en acusadores de las matanzas organizadas por los Estados fascistas en nuestros campos y en nuestras ciudades.

El mundo nos ignora o nos conoce apenas. El mundo presume que la paz de las naciones está ligada a la suerte de nuestras armas y siente una curiosidad patética por averiguar por que combaten los españoles y por que las democracias mundiales toleran el bárbaro atentado que nos desangra y nos arruina.

No esperéis, intelectuales expatriados, la hora de la muerte para arrepentiros de vuestro silencio. Ese subterfugio papal sería una habilidad indigna de vosotros. El ejemplo os viene del desventurado rector de Salamanca, con su tardía confesión de que en las provincias subyugadas por el fascismo se vive en un infierno y en la locura colectiva. El ejemplo vivo os lo da Pablo Casáis, cuya excursión artística por Europa sirve de propaganda a la democracia española, Pero: ¿y vosotros qué le decís al mundo inquieto, al mundo atormentado por el miedo a la guerra?

Habladle al mundo. Decidle nuestra verdad conmovedora. Y si aún no habéis comprendido la significación de nuestra lucha, haced un esfuerzo y adivinadla. Convertios en propagandistas ardientes de la causa española, que es la noble causa de la paz, de la libertad y de la prosperidad de los pueblos.

Ponerse un buey encima de la lengua cuando España muere, ni España os lo perdonará, ni vosotros podríais tampoco perdonároslo.

El silencio es la iniquidad.


Manuel D. Benavides
Facetas de la actualidad española, La Habana, agosto de 1937





2457. Recuerdo y Dignidad, asociación memorialista de Soria, opta a los Premios Derechos Humanos 2017

La APDHE (Asociación  Pro Derechos Humanos de España), organización creada en 1976, convoca los Premios Derechos Humanos 2017, con los que pretende reconocer y estimular a aquellas personas, colectivos y organizaciones, que hayan destacado en la difusión y defensa de los Derechos Humanos, la Paz, la Solidaridad y la Justicia.

En la categoría Premio Nacional DDHH 2017 ha sido seleccionada la Asociación soriana Recuerdo y Dignidad, (ASRG), fundada en el año 2005, compuesta por voluntarios y familiares de desaparecidos­, cuyo objetivo es la recuperación de la memoria histórica desde la perspectiva de los derechos humanos en relación con el levantamiento de parte de la cúpula del Ejército español en 1936 contra la democracia y el pueblo y la inmediatamente posterior dictadura fascista del general Franco.

En doce años de trabajo, Recuerdo y Dignidad ha conseguido logros únicos en su trabajo memorialista trasladándolo al ámbito jurídico y de los derechos humanos, logrando abrir dos causas de las 11 que no se han archivado y la presunción en una tercera de desaparición forzada en el contexto de crímenes contra la humanidad.

Están muy ilusionados con haber sido seleccionados por la APDHE como finalistas y nos dicen que:

"Llevamos 12 años trabajando la Memoria Histórica como un asunto de derechos humanos y estableciendo sinergias con organizaciones de derechos humanos, memoria histórica, antifascismo, cultura... y dedicando un esfuerzo importante a la didáctica. El problema principal con el que nos encontramos (salvando lo obvio: un sistema de impunidad de los crímenes del fascismo español) es el franquismo sociológico que arrastramos como sociedad. Contra él la mejor vacuna es la información.

Los derechos humanos que defendemos son la herremienta para que nadie utilice medios condenables por toda la humanidad para conseguir sus objetivos. Y en el caso del franquismo y los horrores ya cometidos en otros conflictos, establecer unas medidas para que se garantice que jamás se pueda repetir. La manera de hacerlo es la aplicación del derecho internacional y sus pilares de Verdad, Justicia y Reparación.

La sociedad actual está alejándose cada vez más de la Europa posterior a la 2ª Guerra Mundial donde nace la declaración Universal de los DDHH. Aunque el reconocimiento de los derechos  universales, es anterior. La tendencia actual conlleva un peligro que no se debe permitir. Con cada avance de los derechos humanos (en Memoria Histórica lo sabemos bien) laten cientos de miles de personas. Con cada retroceso, mueren."


Desde Búscame en el ciclo de la vida creemos que son motivos más que justificados para apoyar la candidatura de Recuerdo y Dignidad al Premio Nacional DDHH 2017. Un premio que, como dicen desde esta Asociación soriana, "está compuesto por pedacitos que pertenecen a todas las personas que luchamos por ello".

Este es el enlace para votar la candidatura de Recuerdo y Dignidad. El plazo finaliza el 16 de noviembre de 2017.


Más información:







2456. Himno guerrillero de la operación "Reconquista de España"

Grupo de la 21ª Brigada antes de cruzar a España en la operación "Reconquista de España"




Guerrillero, guerrillero ya te llama,
El clarín de la Patria a pelear.
Ten cuidado que tu pecho no decaiga,
En la lucha por nuestra libertad.

Con la unión de nuestro pueblo en la batalla,
Venceremos al franquismo traidor,
Somos hijos de la indomable España,
Y luchamos por su liberación.

¡Viva la unión, todos en pie!
Soy guerrillero
Y doy mi vida con gran placer.
Es mi deber
Nunca cesar en el combate,
Hasta que triunfe la libertad.

Nada pueden los verdugos falangistas,
Somatenes ni la guardia civil,
Con sus bárbaras crueldades terroristas,
Frente a un pueblo que sabe combatir.

¡A la lucha, guerrillas justicieras!
No dejemos descansar el fusil,
Mientras queden en esta noble tierra,
Criminales sin derecho a vivir.

De los bosques, montañas y praderas,
Llega un aire que alegra el corazón
Tras viriles canciones guerrilleras,
Que proclaman nuestra liberación.

Vienen hijos de nuestra tierra íbera,
Abrazados en unión fraternal,
Aprendieron a quererse en la refriega
Y a morir por un bello ideal.




2455. La mosca





Una pared de sacos terreros densa y sucia. Ha llovido ya muchas veces sobre el parapeto y la humedad ha chorreado mugre que ha cristalizado en manchones a lo largo. En la pared, un agujero, escasamente diez centímetros de ancho por veinte de alto; allí asoma constantemente la boca de un fusil.

Está de tal manera orientado el agujero que el sol penetra durante algún tiempo a través de él y dibuja en la pared de enfrente de la trinchera un rectángulo de luz viva. Parece el objetivo de una máquina fotográfica. Agrandado por la distancia del foco, forma una pequeña explanada luminosa donde se pasean las moscas. Viene una, revolotea y se para a recibir el baño de sol. Recorre el perímetro, se lava la cabeza con sus patas delanteras, se alisa las alas, da una carrerita, levanta el vuelo y vuelve. 

Pedro es un patán y un soldado de la República. Le arrastró la ola de entusiasmo del 18 de julio. En su cerebro no hay complejidades políticas. No entiende de esto. Siente la causa, sintió aquel día el latir de la multitud y se marchó a la Casa del Pueblo. Desde entonces está en primera línea. No quiere saber nada de nada. Su única idea, la idea fija, es matar fascistas, más aún desde que supo que su casita del Puente de la Princesa era un montón de escombros. Su gramófono y sus discos de Angelillo y del Pena. La máquina de coser de su compañera. Ambas cosas las había pagado a plazos. Semana tras semana pagó. Llegó una huelga (él era carpintero) y para no perder sus dos compras recurrió al dueño de la casa de préstamos vecina que le conocía hacía años y que le garantizó para que le esperaran.

Su compañera está en un pueblecito de Valencia. Él, en la trinchera. Él, sin gramófono (con lo que le gustaba el flamenco), y ella, sin máquina. 

Una idea fija: matar fascistas. 

Todo lo demás lo amaba. Lo amaba sanamente, como aquel San Francisco de Asís —que él no conocía— que llamaba hermanos al lobo, al pájaro y a la piedra. 

Pedro contemplaba muchas veces la mosca solitaria que revoloteaba en el rectángulo de luz que producía el sol al pasar por la tronera. Nunca la espantó. Como entretenimiento, alguna vez, pasó su dedo untado en azúcar por el trozo de pared iluminado para que la mosca pudiera chupetear con su trompa el dulzor y no perdiera la querencia. En las largas horas de tedio feroz de los días de calma del frente, la mosca era para él un consuelo y una diversión. Si hubiera podido comunicarla sus ideas rudimentarias, la hubiera cogido cuidadosamente entre sus dedos y la hubiera acariciado. 

Recordaba que una vez cayó en su plato de sopa una mosca. ¡Qué asco! No comió la sopa. Se puso de mala leche. Pero aquella mosca era distinta. La consideraba incapaz de meterse en el plato de sopa que le llevaban todos los días. Era una mosca alegre que amaba el sol y el dulzor del azúcar que Pedro untaba cuidadosamente. 

Cantan las balas su silbido siniestro en el aire. Canto de todas las horas del día y de la noche que llega a ser tan habitual que nadie hace caso. Las explosivas estallan y dan un grito, porque no suenan a explosión sino a rotura, a alarido. Parece que el primer miembro roto es el de la bala, no el tocado por ella. 

He encontrado a Pedro detrás del parapeto indiferente y mudo, con un rictus salvaje en su cara. Las mandíbulas apretadas, la mirada hosca. 

—¿Qué te pasa? 

No quiere contestarme. Y a mis apremios, me dice casi llorando: 

—Si te lo cuento te ríes y de esto no dejo reírse a nadie, ni a mi padre —afirma enérgico. 

—Pero ¿qué te pasa, hombre? 

Un silencio y al cabo de él, yergue la cabeza y me dice: 

—Mira, tú puedes reírte, pero esto para mí es serio, muy serio. Esos cabrones han matado la mosca. 

—¿La mosca? —interrogó estupefacto. 

Y entonces, a trozos, entrecortada la voz, me cuenta esta historia del cuadrito de sol, del unte de azúcar y de la mosca, tan diminuta y tan humana que un día de abril, recibió un balazo certero que la aplastó contra el muro. 

Me enseña la bala abollada contra la pared que tiene una mancha diminuta en su punta. 

—¿Ves esto?, es lo que queda de mi mosca. 

Engarfia el fusil y dispara contra la trinchera de enfrente. ¿Contra quién? ¡Si su voluntad pudiera dirigir la bala contra el que asesinó a la mosca! 

—Daría por saberlo mi mano derecha. 

Cruza los dedos de sus manos y rabiosamente los besa. 

—¡Por éstas que son cruces!


Arturo Barea
Valor y miedo, 1938. Capítulo XII - La mosca


Valor y miedo fue el primer libro publicado por Arturo Barea. Refleja la realidad social de la ciudad de Madrid cercada por tropas franquistas.




2454. Infancia y muerte



Para buscar mi infancia, ¡Dios mío!
comí naranjas podridas, papeles viejos, palomares vacíos,
y encontré mi cuerpecito comido por las ratas,
en el fondo del aljibe y con las cabelleras de los locos.
Mi traje de marinero
no estaba empapado con el aceite de las ballenas,
pero tenía la eternidad vulnerable de las fotografías.
Ahogado, sí, bien ahogado. Duerme, hijito mío, duerme.
Niño vencido en el colegio y en el vals de la rosa herida,
asombrado con el alba oscura del vello sobre los muslos,
agonizando con su propio hombre que masticaba tabaco en su costado
siniestro.
Oigo un río seco lleno de latas de conserva
donde cantan las alcantarillas y arrojan las camisas llenas de sangre;
un río de gatos podridos que fingen corolas y anémonas
para engañar a la luna y que se apoye dulcemente en ellos.
Aquí solo con mi ahogado.
Aquí solo con la brisa de musgos fríos y tapaderas de hojalata.
Aquí sólo veo que ya me han cerrado la puerta.
Me han cerrado la puerta y hay un grupo de muertos
que juega al tiro al blanco, y otro grupo de muertos
que busca por la cocina las cáscaras de melón,
y un solitario, azul, inexplicable muerto
que me busca por las escaleras, que mete las manos en el aljibe
mientras los astros llenan de ceniza las cerraduras de las catedrales
y las gentes se quedan de pronto con todos las trajes pequeños.
Para buscar mi infancia, ¡Dios mío!,
comí limones estrujados, establos, periódicos marchitos.
Pero mi infancia era una rata que huía por un jardín oscurísimo,
una rata satisfecha mojada por el agua simple,
y que llevaba un anda de oro entre los dientes diminutos.



Federico García Lorca
Nueva York - 7 de octubre, 1929





2453. Paseo cultural homenaje a la poética de la Escuela de Vallecas

Este año se conmemora el 90 aniversario de la Escuela de Vallecas, cuando en los inicios de 1927, el escultor Alberto Sánchez, su amigo y discípulo, Pancho Lasso y a los que meses después también se unió el pintor Benjamín Palencia, comenzaron sus paseos por el pueblo de Vallecas y el cerro Almodóvar en su búsqueda de una respuesta plástica nacional al modernismo y las vanguardias artísticas europeas de aquel tiempo.

Aquella experiencia que tuvo como escenario el campo vallecano fue un movimiento que -años después- él mismo bautizó como Escuela de Vallecas y que supuso una de las expresiones plásticas de mayor relieve de la primera mitad del siglo XX.

Impregnados de su espíritu renovador, en aquellos paseos hacia los campos vallecanos, Alberto y Benjamín, fueron acompañados con mayor o menor frecuencia, por otros artistas, escritores y poetas como Luís Castellanos, José Bergamín, Luís Felipe Vivanco, E. Díaz Yepes, J.M. Díaz-Caneja, Maruja Mallo, Alberti, Neruda, Federico García Lorca o Miguel Hernández.

Aquellos paseos –casi a diario según escribió el propio Alberto- los hacían partiendo desde Atocha en la proximidad del Gran Café Social de Oriente en donde tenían lugar las tertulias de arte en las que participaban activamente, y “caminando junto a las vías del tren”, hasta llegar al pueblo de Vallecas, destino frecuente de muchos de ellos. Allí, atravesando sus campos de trigo, olivares, viñas y caminos aledaños alcanzaban el cerro Almodóvar, bautizado por ellos como “cerro Testigo” de su postulado plástico.

Recogiendo el espíritu de aquellos paseos “iniciáticos”, como homenaje a ellos y a uno de su más ilustre compañero de aquella aventura, Miguel Hernández en el 75º aniversario de su muerte, realizaremos el primer “Paseo cultural homenaje a la poética de la Escuela de Vallecas”, recuperando poéticamente noventa años después, la memoria de aquel paisaje que transitaron, por lugares simbólicos que aún sea posible reconocer y la de los caminos que conducían a su cerro Testigo y que comunicaban los pueblos vecinos de Vallecas y Vicálvaro. Este paseo cultural recordará cada año, a aquellos artistas que enraizaron en nuestro pueblo en la búsqueda del reconocimiento estético de la naturaleza y del paisaje desde las coordenadas de la más absoluta modernidad.

Al mismo tiempo, este paseo cultural tendrá una mirada hacia la vida en la ciudad en la que el sosiego del paseo y la búsqueda de un espacio abierto, permita rehumanizarla y, metafóricamente, rememorar también a Alberto Sánchez, Benjamín Palencia y su “troupe” vanguardista que buscaron en aquella naturaleza rural del extrarradio de la gran ciudad, la pureza de su propuesta plástica.

La ruta destacará los puntos más representativos cuyo valor histórico o de arraigo en las costumbres populares de los pueblos de Vallecas y Vicálvaro donde tenían lugar aquellos paseos, puedan aún hoy ser reconocidos o recordados.

Dado que transcurre por lo que hoy son tres distritos, se invita también a participar a las vecinas y vecinos de Puente de Vallecas y Vicálvaro a través de sus respectivas mesas de Cultura del Foro Local.

El desarrollo del recorrido del paseo cultural tiene su inicio en la entrada del Museo Reina Sofía, junto a la réplica de la escultura de Alberto Sánchez para el pabellón Español de la Exposición internacional de París de 1937, “El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella” y muy cerca al lugar desde ellos mismos lo hacían hace noventa años,  y tiene como punto final el cerro Almodóvar.

En el recorrido se realizarán paradas en lugares significativos en donde tendrán lugar intervenciones poéticas y musicales. Se harán lecturas de poemas y textos de Neruda, Alberti, Miguel Hernández, Picasso,etc., dedicados especialmente a Alberto Sánchez y a la Escuela de Vallecas. El recorrido será peatonal, excepto el tramo inicial desde Atocha, que se realizará en metro.

Como homenaje destacado al compañero y protagonista de aquella aventura, la primera parada será en el monumento dedicado a Miguel Hernández en Vallecas, junto a la estación de metro de su mismo nombre en la Línea 1. Allí, se realizará el encuentro con quienes inicien en ese lugar el recorrido del Paseo, teniendo lugar además, una lectura poética.

A partir de ese punto el recorrido del Paseo será peatonal y semiurbano, primero por la Avenida de la Albufera, pasando junto a lugares que tuvieron gran arraigo en las costumbres y tradiciones del pueblo de Vallecas: la ermita de San Antón ya desaparecida, La Arboleda  –una «arboleda perdida» para los vallecanos- y la fuente de Carrantona. En este último punto, que administrativamente, hoy pertenece al distrito de Vicálvaro, volveremos la mirada hacia el marco rural que aquel espacio significó para Vicálvaro y Vallecas, realizando el encuentro con los vecinos del antiguo pueblo (hasta 1951), que deseen incorporarse al paseo.

Desde Carrantona, el recorrido continúa por una zona de parque forestal que permitirá divisar con perspectiva el Cerro Almodóvar al ir aproximándose a él. El paseo subirá por las sendas tradicionales desde Vicálvaro que permiten salvar el desnivel de manera cómoda.

Una vez tomado un descanso tras el recorrido efectuado (6,3 km), se realizará un recital poético, musical y lectura de algunos textos en recuerdo a los artistas de la Escuela de Vallecas y de la generación del 27 recordando además, que aquel lugar fue el elegido por Alberto para erigir una versión a gran escala de su obra Monumento a los Pájaros.


Las vistas desde el Cerro Almodóvar

Se trata del segundo punto más alto de la ciudad de Madrid (la cota más elevada está en el barrio de Pinar de Chamartín con 742 m.). Su nombre deriva del árabe que significa “el redondo”; desde su meseta superior (726 metros, en la base 670 m.) se tiene una amplísima visión circular de Madrid y todos sus alrededores, con la sierra de Guadarrama de fondo (Monte Abantos, La Maliciosa, La Cuerda Larga y el macizo granítico de La Pedriza son visibles en días claros y sin contaminación y puede divisarse también el Pico Ocejón (2049 m) de la sierra de Ayllón, y otros cerros testigos más próximos como el de los Ángeles, el de San Juan del Viso en Alcalá y el de los Batallones (Torrejón de Velasco).

Desde allí, además de Vallecas y Vicálvaro, se divisan Barajas, Paracuellos, Coslada, Torrejón y Alcalá de Henares, Mejorada del Campo, Rivas Vaciamadrid, Arganda del Rey, Campo Real, La Marañosa, los altos de Morata de Tajuña, Getafe, Villaverde, Usera, …  Y de manera espectacular el centro de la ciudad de Madrid, con su "skyline" (Torres KIO, Cuatro Torres, Pirulí, Torre Picasso, Torre del Retiro, Torre de Valencia), e incluso el edificio Telefónica de la Gran Vía, (1926-1929) “rascacielos” que sería observado desde allí también por los componentes de la Escuela de Vallecas hace noventa años, levantándose como un tótem gigante sobre todos los edificios de la ciudad hasta sus casi 90 metros de altura.

[…] «De todo esto surgió la idea de lanzar una nueva escuela, la Escuela de Vallecas. Tomamos la cosa con verdadero fanatismo. Nos dimos a coleccionar piedras, palos, arenas y todo objeto que tuviera cualidades plásticas. Hasta el extremo de que una vez encontramos en un barbecho de Vallecas un zapato viejo de mujer y sobre el hallazgo comparamos los dos mundos: el de campo abierto y el del interior de Madrid. Esto nos hizo lanzar el grito de "¡Vivan los campos libres de España!".» [1] 


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[1] Declaraciones de Alberto Sánchez, publicadas en el libro “Palabras de un Escultor” 1975



Mesa de Cultura y Deporte
Foro local Villa de Vallecas















2452. Noticias para Daniel





Tengo noticias para ti, camarada
noticias que te alegrarán
Noticias que sé las esperas
y no te van a sorprender.
La lucha continua.
Han parado las fábricas han sonado nuevos disparos han caído nuevos enemigos.
Tengo noticias para ti, camarada
noticias que te alegrarán
noticias que sé las esperas
y no te van a sorprender.
Tu sangre heroica
ha sido fértil
Y nuevos camaradas
puños cerrados y decisión han levantado tu bandera.
de lucha
En sus bocas está tu nombre
y en sus manos tu pistola.
Tengo noticias para ti, Daniel Mi camarada.

Carabanchel, Octubre 1975
Manuel Blanco Chivite.


Daniel era el alías de Xosé Humberto Baena






2451. Triste España de Caín




Un trozo de planeta por el que cruza
errante la sombra de Caín.
Antonio Machado


¡Ay, triste España de Caín, la roja
de sangre hermana y por la bilis gualda,
muerdes porque no comes, y en la espalda
llevas carga de siglos de congoja!

Medra machorra envidia en mente floja
—te enseñó a no pensar Padre Ripalda—
rezagada y vacía está tu falda
e insulto el bien ajeno se te antoja

Democracia frailuna con regüeldo
de refectorio y ojo al chafarote,
¡viva la Virgen!, no hace falta bieldo.

Gobierno de alpargata y de capote,
timba, charada, a fin de mes el sueldo,
y apedrear al loco Don Quijote.


Miguel de Unamuno
Cancionero. Diario poético, 1928-1936