Lo Último

Tarde mayor

Jorge Guillén Álvarez
(Valladolid, 18 de enero de 1893 - Málaga, 6 de febrero de 1984)


Libre nací y en libertad me fundo
Cervantes


Tostada cima de una madurez,
Esplendiendo la tarde con su espíritu
Visible nos envuelve en mocedad.

Así te yergues tú, para mis ojos
Forma en sosiego de ese resplandor,
Trasluz seguro de la luz versátil.

Si aquellas nubes tiemblan a merced,
Un día, de un estrépito enemigo,
Mescolanza de súbito voraz,

Oscurecidos y desordenados
Penaremos también. Y no habrá alud
Que nos alcance en la ternura nuestra.

Esos árboles próceres se ahíncan
Dedicando sus troncos al cénit,
A un cielo sin crepúsculos de crimen.

Si tal fronda perece fulminada,
Rumoroso otra vez igual verdor
Se alzará en el olvido del tirano.

Y pasará el camión de los feroces.
Castaños sin Historia arrojarán
Su florecilla al suelo —blanquecino.

Un ámbito de tarde en perfección
Tan desarmada humildemente opone,
Por fin venciendo, su fragilidad

A ese desbarajuste sólo humano
Que a golpes lucha contra el mismo azul
Impasible, feroz también, profundo.

Fugaz la Historia, vano el destructor.
Resplandece la tarde. Yo contigo.
Eterna al sol la brisa juvenil.


Jorge Guillén
Cántico, 1942-1943







El violeta

Conversamos con Juan Sepúlveda y Marina Cochet, dos de los autores de El violeta. un cómic sobre la persecución que sufrieron los homosexuales durante el franquismo y la convivencia de las mujeres que se casaron con ellos. 


¿Cómo surgió la idea de hacer un cómic?

Juan: La idea me surgió en los años noventa cuando se emitió el documental «Condenados sin juicio» producido por Eliseu Blay y Paco Ballester. El documental narra, a través del testimonio de expresos sociales, las vejaciones que sufrieron los homosexuales en la cárcel modelo de Valencia durante el franquismo. Me impactó mucho la historia porque los testimonios eran terroríficos y me resultaba algo desconocido para el público y que de alguna forma estaba olvidado u escondido.

Pero en aquel momento tenía como quince años y no sabía cómo contar la historia ni cuáles iban a ser los personajes. Años después, en 2013, publiqué un libro de cuentos titulado «Las seis caras de un dado». En uno de los relatos hablaba sobre un personaje llamado Braulio, un joven con la tentación de ocultar su homosexualidad para integrarse más fácilmente en la sociedad. Braulio pasó a ser Bruno en «El Violeta» y empecé a crear personajes a su alrededor.

Cuando busqué documentación al respecto descubrí miles de historias de españoles que fueron encarcelados, vejados, desterrados y estigmatizados durante toda su vida por el simple hecho de ser homosexuales. Y la existencia de campos de concentración, un hecho que es desconocido para muchas personas de mi generación.

¿La historia de Bruno es una historia real?

Juan: A excepción del personaje de mi tía Julia que sí regentaba una fábrica de turrón en aquellos años todos los personajes son ficticios. Pero sí que es cierto que Bruno corre la misma suerte que el valenciano Antonio Ruiz. Es denunciado por una monja y acaba siendo violado en los calabozos de la comisaría.

También creé personajes de ficción basándome en características de personajes reales recogidos de los testimonios de Octavio García, uno de los supervivientes del campo de concentración de Tefía en Fuerteventura. Como el sacerdote castrense que dirigía la colonia penitenciaria o guardias como «La Viga» cuyo trabajo era dar palos a los internos.

Por lo que la novela gráfica está basada en muchas historias de homosexuales que no pudieron vivir su sexualidad libremente y en la historia de las mujeres con las que algunos se casaron para poder encajar en la sociedad.

¿Es cierto que se hacían redadas y se les perseguía activamente?

Juan: Se hacían “redadas de violetas” y se les coaccionaba para que denunciaran a otros homosexuales. En el cómic se narra como la policía de Valencia conocía los lugares donde se reunían y cómo los chantajeaban. También ilustra la actitud de la Brigada Criminal de la Policía Nacional y la hipocresía de muchos agentes que a pesar de ser homosexuales los perseguían y se ensañaban con ellos. Fue un momento muy difícil para el colectivo ya que estaban muy desprotegidos por la ley y cualquier denuncia podía acabar en arresto y cárcel.

¿Cómo se ilustra una obra así? En qué se inspiró para crear a los personajes? ¿Hubo alguna indicación? ¿Cómo se reconstruyen los ambientes?

Marina: El estilo o formato de las páginas es un reflejo de la intensidad de la historia. Para los personajes, tiré mucho de recuerdos de pelis españolas de toda clase, sobre todo de los años 70. Salvo para el personaje de Julia, tuve libertad total, aparte de los rasgos de personalidad  explícitos del guión.

Cuando pienso en un chico español de hace cincuenta años, me lo imagino  flaco, porque en la posguerra no había abundancia precisamente, moreno, como la mayoría de los españoles, y cara de buen chico, como lo era una juventud más bien cándida en esa época. Para Julián, decidí hacer lo opuesto que Bruno: desenvuelto, fuerte y hermoso. Es también la representación de la belleza  destruida. El padre es el estereotipo, casi cliché, de un español de la época como yo me lo imagino, con bigotillo, medio calvo y con cara de mala leche. Maricruz tenía que ser de belleza discreta y mirada triste y tímida, como su personalidad. 

Y Julia está basada en una persona real, la tía de Juan, del mismo nombre, así que me basé en un par de fotos que me dio y la dibujé lo mejor que pude.

En cuanto al ambiente, no hay mucha documentación sobre ello, al menos no a mi alcance. Siempre es un reto recrear algo que no has visto nunca, así que tiras de imaginación y recuerdos personales y de imágenes que has visto o que recopilas en internet, aunque pude inspirarme en algunas fotos que me mandó Juan para Tefía y la tienda de turrones de su tía. Y con esos elementos creé los escenarios.








2767. Mensaje del gobierno republicano en el exilio

Los jerarcas del régimen franquista exultan de seguridad y de esperanza desde el día que lograron la designación de un sucesor por el Caudillo. El pueblo no les ha acompañado en su entusiasmo: ha permanecido frío, indiferente o irritado, y burlón. Nosotros los republicanos hemos sonreído al saber arrodillado ante Franco al nieto de Carlos V, Fernando el Católico, Alfonso XI... La institución monárquica no ha podido mostrarse más indigna de su remoto ayer.

Es innecesario decir que damos por inválido lo acordado en la farsa representada en el viejo palacio de Las Cortes, otrora ilustrado por grandes tribunos amantes de la democracia. y de la libertad. Somos los legítimos representantes del pueblo español y nunca reconoceremos ninguna fórmula política que no sea el resultado de la voluntad nacional libremente expresada.

No nos interesa, empero, aquí, alzarnos en protesta contra lo decidido por el Caudillo y sus corifeos. El intento de embalsamamiento del régimen que detenta el poder en España, no nos merece sino desdén. Por la historia sabernos de la caducidad de todas las maniobras análogas. La Monarquía instaurada por el franquismo no tendrá la fuerza monolítica que ha tenido éste, y no logrará sino aplazar durante algunos años el planteamiento integral de la crisis definitiva. Pero al mostrar sin rebozo el propósito de mantener las viejas estructuras políticas establecidas por el llamado por ellos Glorioso Movimiento, han planteado a todos los españoles un clarísimo dilema, un elijan sin distingos entre una realeza dictatorial y una República democrática. Una Monarquía pseudo-constitucional habría podido engañar a los liberales tímidos y vacilantes. Ante la realidad del dilema perentorio, los millones de españoles que no han sido envenenados por el régimen no tienen libertad de opción. A ellos nos dirigimos.

Lo hemos dicho muchas veces; la República implica el respeto a la libertad de cada uno dentro de un régimen común de libertad. Puede organizarse conforme a muy varias fórmulas políticas. Sólo los necios pueden rechazar todas como inoperantes en España.

España no había conocido hasta 1931 ninguna de las tres revoluciones que habían hecho los pueblos europeos: la revolución religiosa, la revolución política y la revolución socio-económica. Experimentamos todas ellas durante los años de gobierno republicano y en el curso de la lucha fraterna. Estamos ya en condiciones de mirar al mañana con optimismo. La monarquía que se disponen a instaurar será flor de un día. Debemos preparar el pasado mañana. La República es la única solución permanente del problema institucional que está abierto en España desde hace muchos años.

Mensaje a todos los españoles

La República no es nuestro patrimonio, sino el de todos los españoles. Toca a ellos moldearla. Nuestros adversarios no tienen fe en España ni en los españoles; nosotros, sí. Creemos a éstos capaces de hacer cuanto hayan hecho y hagan los otros pueblos de Europa y del mundo. Les invitamos a poner en tensión los resortes de la conciencia y de la voluntad nacionales, a superar la terrible bipolarización de las fuerzas políticas que han desgarrado a España durante siglo y medio y a crear una síntesis dialéctica pareja de la que han conseguido otros pueblos hermanos de Occidente. Tenemos fe en España y en los españoles a quienes los jerarcas del régimen quieren mantener en tutela por suponerlos incapaces.

Invitamos a todos: intelectuales, sacerdotes, profesionales, estudiantes, obreros, industriales, comerciantes y a las gentes de los más variarlos credos e ideales a disponerse para el momento propicio de la mudanza inevitable. En la República, como en todo régimen, cuentan los hombres, claro está; pero son más fácil de sustituir. Nosotros caeremos un día en la batalla, pero nuestros ideales —la vida en fecunda libertad democrática que constituye la República— serán recogidos —lo van siendo ya— por las nuevas generaciones de españoles que sueñan, esperan y trabajan por una patria libre. Les transmitiremos la bandera que hemos mantenido con manos firmes y limpias, y con ella el ejemplo de nuestras vidas, sin fanfarronadas, pero sin claudicaciones, con la esperanza puesta en el alborear de una España nueva, en la que caben quienes no quieran vivir en perpetua tutela. En una tercera República a la que llamamos a todos, cualquiera sea su pasado. Les invitamos a pensar en que si no cerramos filas el día favorable, en lugar de una República liberal, democrática y social, habrán de soportar una dictadura comunista. El único antídoto contra ésta, que tanto asusta a muchos españoles es una firme e inteligente democracia.

Aún es tiempo. Pero el plazo es breve. No debemos esperar nada del mundo. El porvenir está en nuestras manos. Pende la decisión de quienes no tengan vocación para seguir perteneciendo al rebaño post-franquista. Urge la aglutinación de todas las fuerzas acordes con la organización de una democracia en que sea posible el libre juego de las ideas y de los partidos. Llamamos incluso a los monárquicos decepcionados, a los posibilistas, a los demócratas cristianos. Tenemos fe en España y en la República —repetimos— e invitamos a tenerla también a todos los españoles.


Luis Jiménez de Asúa
Claudio Sánchez-Albornoz

En el destierro, a 9 de diciembre de 1969

Publicado en Ibérica por la libertad, 15 de enero de 1970



Luis Jiménez de Asúa fue presidente de la República española en el exilio de 1962 a 1970.

Claudio Sánchez-Albornoz fue presidente del Consejo de Ministros de la República española en el exilio de 1962 a 1971.






2766. Hechos

Juan Gelman
(Buenos Aires, 3 de mayo de 1930 - México, 14 de enero de 2014)


mientras el dictador o burócrata de turno hablaba
en defensa del desorden constituido del régimen
él tomó un endecasílabo o verso nacido del encuentro
entre una piedra y un fulgor de otoño

afuera seguía la lucha de clases/el
capitalismo brutal/el duro trabajo/la estupidez/
la represión/la muerte/las sirenas policiales cortando
la noche/él tomó el endecasílabo y

con mano hábil lo abrió en dos cargando
de un lado más belleza y más
belleza del otro/cerró el endecasílabo/puso
el dedo en la palabra inicial/apretó

la palabra inicial apuntando al dictador o burócrata
salió el endecasílabo/siguió el discurso/siguió
la lucha de clases/el
capitalismo brutal/el duro trabajo/la estupidez/la represión/
/la muerte/las sirenas policiales cortando la noche

este hecho explica que ningún endecasílabo derribó hasta ahora
a ningún dictador o burócrata aunque
sea un pequeño dictador o un pequeño burócrata/y también
explica que
un verso puede nacer del encuentro entre una piedra y un fulgor
de otoño o

del encuentro entre la lluvia y un barco y de
otros encuentros que nadie sabría predecir/o sea
los nacimientos/ casamientos/ los
disparos de la belleza incesante


Juan Gelman 
Hechos, 1974-1978









2765. Instrucciones del Presidente Cárdenas

Condecoración del Gobierno Republicano Español en el exilio al Presidente de México, Lázaro Cárdenas


Instrucciones del Presidente Cárdenas a Isidro Fabela - Enero de 1937


I) México es y deberá seguir siendo un Estado fiel a la Sociedad de Naciones.

II) México cumplirá estricta y puntualmente el pacto de la Liga.

III) México ha reconocido y reconoce como inalienable el principio de no intervención.

IV) Como consecuencia de lo anterior, México se constituirá, en todo momento que sea necesario, en defender de cualquier país que sufra una agresión exterior de cualquier importancia.

V) Especialmente en el conflicto español, el Gobierno mexicano reconoce que España, Estado miembro de la Sociedad de Naciones, agredido por las potencias totalitarias, Alemania e Italia, tiene derecho a la protección moral, política y diplomática, y a la ayuda material de los demás Estados miembros, de acuerdo con las disposiciones expresas y terminantes del pacto.

VI) El Gobierno mexicano no reconoce ni puede reconocer otro representante legal del Estado español que el Gobierno republicano.

VII) En el caso de Abisinia, México reconoce que ese Estado ha sido víctima de una agresión a su autonomía interna y a su independencia de Estado soberano por parte de una potencia interventora. En consecuencia, la delegación de México defenderá los derechos etíopes en cualesquiera circunstancias en que se pretendan ser conculcados.

VIII) En términos generales, México ha sido y debe seguir siendo un país de principios cuya fuerza consiste en su derecho y en el respeto a los derechos ajenos. Consecuentemente, la representación de México en Ginebra deberá ser intransigente en el cumplimiento de los pactos suscritos, en el respeto a la moral y al derecho internacional y específicamente en el estricto cumplimiento del Pacto de la Sociedad de Naciones.









2764. Años de los castigos

Niños españoles en la estación de Toulouse, febrero de 1939 - (Germanine Chaumel, Archivos Municipales de Toulouse) 



¡Años de los castigos!
¡Años de las prisiones!
¡Años que se comieron las arañas!
No tuve paz,
ni dónde reclinar la cabeza.
Los trenes me llevaban,
entraban a las tumbas,
cruzaban los infiernos,
mas mi corazón salía
de los hornos tiritando.

¡Años de los perseguidos!
¡Años de los flagelados!
¡Años como ratas echadas a morir!
Como piedra atravesé la vida,
las miserias, las prisiones,
anduve por los pueblos,
llegué a la comarca
donde el pan sólo se viste de fantasma.

Desde casas vacías,
desde catres solteros,
desde trajes gastados y pálidos deudores,
desde domingos sin nadie con quien pasear,
vengo diciendo que los hombres sufren,
las aguas sufren, las camas sufren.

A verme vienen quejándose las tardes,
las piedras quieren que cuente las pisadas,
el túnel tiene hinchado su único ojo,
toca el gallo su corneta lastimera.
¡Oscura es la vida,
la tierra sólo sirve para enterrarnos!


Manuel Scorza
Las imprecaciones, 1955










2763. Los irlandeses que lucharon contra Franco




Turtle Bunbury / Daily Mail (Irlanda), 15.03.2014

Los voluntarios irlandeses estaban subiendo a una colina cuando de pronto los aviones Junker volvieron a aparecer. Echaron a correr para ponerse a cubierto bajo un olivar, pero una bala desgarró el brazo de Gerry Doran. Momentos después, un trozo de metralla se estrelló contra su casco de trinchera impactando en su cráneo. El electricista de Belfast cayó al suelo. A pocos metros de distancia, Johnny Meehan, de 24 años de edad, nacido en el condado de Galway, también fue herido y cayó.

Era el 28 de diciembre 1936 en Lopera [Jaén, cerca de Andújar]. La sección irlandesa de la 15ª [exactamente la XIV] Brigada Internacional estaba siendo aniquilada en las colinas españolas del frente de Córdoba. Dos camilleros salieron corriendo de la línea republicana para acercarse a Doran y a Meehan. Solo podían llevar a uno de ellos. Johnny Meehan, todavía consciente, les gritó: Llevad a Gerry, su herida es peor que la mía’. Se las arreglaron para llevarse Doran  a la retaguardia, pero no hubo tiempo para ir a por Meehan. El ejército de Franco se había hecho con el control del campo de batalla y los republicanos supervivientes se vieron obligados a retirarse.

Johnny Meehan fue uno de los 61 irlandeses, hombres y mujeres, que murieron en defensa de la República Española durante la Guerra Civil Española. Ocho, incluido Meehan, murieron en Lopera, una de las batallas menos conocidas. No se pudo encontrar su cuerpo. Es uno de los aproximadamente 150.000 cuerpos que todavía yacen enterrados en fosas comunes. Durante los últimos 14 años, la Asociación Española para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha exhumado más de 150 fosas que contenían unas 1.400 personas.

A principios de este mes, el Departamento de Asuntos Exteriores - a instancias de Derek Nolan, diputado laborista por el distrito de Galway West – preguntó a la embajada de Irlanda en Madrid para averiguar si la ARMH tiene alguna competencia en las colinas de Lopera donde murió Johnny Meehan. Tal vez no sea demasiado tarde para que el hombre de Galway que se adopten formalmente a descansar.

La Guerra Civil española fue uno de los más brutales enfrentamientos entre ideologías de izquierda y derecha en la historia europea. Fue provocada por un levantamiento militar en julio de 1936, dirigido por el futuro dictador fascista Francisco Franco, y con el amplio apoyo de la Iglesia católica y las clases terratenientes. Los partidarios del gobierno del Frente Popular, elegido democráticamente, se opusieron al ejército. A medida que la batalla entre socialismo y fascismo se encrespaba  por toda España, sus efectos se extendieron rápidamente a otros lugares. En Irlanda, Eoin O'Duffy, el ex Comisionado de la Garda, reunió una fuerza de 700 hombres y mujeres irlandeses dispuestos a luchar con Franco.

Mientras tanto, la izquierda irlandesa también comenzó a movilizarse. Los iniciales planes de enviar dinero y un cuerpo de ambulancias evolucionaron rápidamente en cuanto se supo que voluntarios extranjeros comenzaba a llegar a España a defender la República. Los comunistas irlandeses interpretaron esto como una expresión de la solidaridad internacional.

80 irlandeses -todos socialistas y republicanos - dejaron Irlanda en diciembre de 1936 para  irse a un centro de entrenamiento militar cerca de Albacete. La mayoría de los hombres tenían alguna experiencia militar por su paso por el IRA. Se integraron rápidamente en una unidad disciplinada, dentro de la 15ª Brigada Internacional, bajo el mando de Frank Ryan. Este hombre de 34 años, nacido en Knocklong, Co. Limerick, y ex editor de An Phoblacht, había sido cofundador del Congreso Republicano, una escisión del IRA por su ala izquierda. Se había convertido en un líder militar tras haber pasado varios años luchando tanto contra los Blacks&Tans [fuerzas británicas en la guerra de independencia] como después contra las fuerzas favorables al Tratado con Inglaterra.

En las filas de estos voluntarios estaban, entre otros, Donal O'Reilly, un albañil de profesión, que tenía sólo 13 años cuando a través de los escombros de Dublín durante el Alzamiento de Pascua se introdujo en el GPO [Oficina Central de Correos de Dublín, cuartel general de los rebeldes irlandeses]. Los hombres de Pearse lo enviaron a casa, pero seis años más tarde ya estaba entre los voluntarios que ocuparon la Corte Suprema en vísperas de la Guerra Civil. Junto a O'Reilly estaba su amigo Jack Nalty, hijo de un oficial de la Policía Real Irlandesa en Ballygar, Co. Galway. Nalty, un brillante atleta de fondo, luchó junto a Cathal Brugha durante la Guerra Civil.

Gerry Doran, de 25 años, había nacido en Belfast y, cuando todavía era un niño, se había trasladado a Dublín donde conoció a Frank Ryan través del Fianna Eireann, el Movimiento Scout republicano. Uno de esos Scouts fue Mick May, que se unió a Tony Fox y a otros cuatro compañeros que trabajaban en los talleres ferroviarios de Inchicore, en Dublín. Su amigo Frank Conroy vino de Fairgreen, en la ciudad de Kildare. El perspicaz Tommy Wood, un joven de 17 años de Buckingham Place, Dublín, era todavía un niño cuando los británicos ahorcaron a su tío. Otro tío más murió durante la guerra de Independencia. Antes de ir a España, escribió a su madre: "Vamos a luchar por la clase obrera”.

El 22 de diciembre, un nuevo recluta de Galway llegó a Albacete. Es un misterio la vida de Johnny Meehan, nacido en 1912, antes de su marcha a España. Los datos que dio al ingresar en el batallón, fueron  que su  familiar más próximo  era una tal señora de John Loughlin de Carramana, Dunmore, Condado de Galway. Había viajado de Dover a París nueve días antes y se había desplazado lentamente hacia el sur. Sin apenas haber tenido tiempo para conocer a sus compañeros de lo que después fue la Columna Connolly, Meehan se vio sumergido en el fragor de la guerra. En la Nochebuena de 1936, los nacionalistas del ejército de Franco rompieron el frente republicano de Córdoba. Los irlandeses formaban parte de una fuerza de 3.000 hombres casi sin formación y apresuradamente enviados a los olivares de Andújar para defender el frente.

Mientras se preparaban para su primera acción, Frank Conroy, Tony Fox y el joven boy scout Mick May comenzaron a limpiar su ametralladora 'Betsy'. En otro lugar Donal O'Reilly y Jack Nalty encontraban un rebaño de cabras y ordeñaban  algo de leche para sus bocas resecas. La orden de avanzar llegó antes de poder calentarla.

Los 50 hombres de la unidad irlandesa avanzaron, en marcha acelerada, a las órdenes de Kit Conway, un hombre de Tipperary que se había distinguido como guerrillero en la época de los disturbios [1918-21. Se refiere a la guerra de independencia irlandesa]. Iban junto a otras unidades francesas y británicas que tenían la orden de recuperar la localidad de Lopera ocupada por los fascistas. Aunque no fue una marcha fácil, el humor al descansar por la noche era muy bueno, sobre todo con las frecuentes bromas de Tommy Wood. Pronto coleguearon con algunos comunistas británicos, como el poeta John Cornford y el escritor Ralph Fox, una autoridad en el socialismo irlandés.

El 27 de diciembre subieron a un convoy de camiones con destino a Lopera. Mientras avanzaban por caminos polvorientos aparecieron aviones enemigos, los Junkers suministrados a Franco por la Luftwaffe de Hitler. Sin cañones antiaéreos ni comunicaciones telefónicas, los hombres se fueron hacia el refugio relativo de un olivar. Los aviones abrieron fuego y dos voluntarios británicos murieron. Cuando, tras la pasada de los aviones, algunos de los dublineses se pusieron a enterrarlos, el comandante británico les dijo que no era el momento para hacer un funeral irlandés. Los hombres marcharon con un sombrío silencio por un paisaje de caminos arenosos, campos dorados con pequeñas colinas cubiertas de olivares. Al anochecer, lanzaron un ataque a Villa del Río, un pueblo situado en la carretera general de Madrid a Cádiz. Los fascistas respondieron con un fuego ‘terrible’ que, en palabras de Donal O'Reilly, fue respondido con un ‘terrible lenguaje’ de los irlandeses.

Al anochecer, los hombres, metidos en la ladera de una colina, se apiñaron para defenderse del penetrante frío de invierno. Un grupo del que formaban parte Tommy Wood y Ralph Fox intentó una incursión nocturna que fracasó cuando sus desvencijadas ametralladoras se atascaron. Tommy Wood, el bufón de la compañía, recibió un disparo en la cabeza y la rodilla. Fox y otro compañero lo llevaron a un hospital de campaña, donde murió.

Cantando de forma desafiante, los irlandeses reanudaron su avance en la madrugada del 28 de diciembre. Iba a ser la última aurora para  siete de ellos. Inesperadamente se encontraron en medio de una emboscada de fuego cruzado de ametralladoras y morteros de los marroquíes escondidos en las crestas de los alrededores. Los irlandeses trataron de defenderse, pero sus viejos fusiles austriacos sólo podían disparar una bala a la vez y sus ametralladoras se atascaban constantemente. Fue entonces cuando, para rematar su desesperada situación, reaparecieron los aviones franquistas que ametrallaron desde el aire. Jack Nalty recibió una ráfaga directamente en el pecho. Y murieron los trabajadores dublineses Tony Fox, Mick Nolan, Jim Foley, Leo Green y Henry Bonar. También murió Mick May, sentado detrás de su Betsy, cuando trataba de ofrecer fuego de cobertura a sus camaradas. Lo mismo pasó con Frank Conroy, el hombre de Kildare que, en palabras de Frank Ryan, ‘luchó como un héroe’.  Donal O'Reilly también cayó. Johnny Meehan y Gerry Doran cayeron uno al lado del otro.

Mientras que los grupos de la columna se  iban retirando a la zona  relativamente segura de los olivos, murieron otros siete. El escritor Ralph Fox desapareció. El poeta John Cornford, que había cumplido 21 años el día anterior, fue a buscarlo. Poco más tarde sus cuerpos fueron identificados por una patrulla.

De los 42 supervivientes irlandeses, muchos resultaron gravemente heridos. Esos supervivientes se unieron en la Columna James Connolly (nombre del ejecutado líder del Alzamiento de Pascua de 1916). La columna sufrió un peor golpe cuando Kit Conway cayó en la batalla del Jarama en febrero de 1937. La columna Connolly quedó tan diezmada que fue disuelta y sus miembros transferidos a otros batallones. Donal O'Reilly sobrevivió y se convirtió en portavoz del Sindicato irlandés de escayolistas. Jack Nalty, el corredor de fondo, pudo recorrer tres millas hasta llegar al hospital de campaña con tres balas en el pecho. Sobrevivió entonces, pero murió en el Ebro.

Gerry Doran fue llevado a un hospital de campaña donde un experto cirujano francés le salvó la vida. Tras pasar seis meses en el hospital, regresó a Irlanda para hacer campaña por la República española. Consternado por el ambiente adverso en Irlanda, se estableció en Escocia, donde crecieron sus hijos. Ellos desconocían que un misterioso hombre llamado Johnny Meehan le había salvado la vida. ‘Lo más triste es que nadie sabía quién era’, dice Geraldine Abrahams, hija de Gerry Doran. ‘Debe de haber sido un hombre agradable y tranquilo que se acababa de unir a la causa y que murió por ello. Lo que hizo por mi padre es el recuerdo más importante y duradero que tenemos de aquel tiempo’.

La Guerra Civil española terminó en abril de 1939 con la victoria de Franco. Permaneció en el poder hasta su muerte en 1975. De los 145 hombres y mujeres que vinieron a defender la República Española, 61 murieron. Christy Moore les aplaudió en la canción Viva La Quince Brigada. En 1990 se puso una placa en su memoria en Liberty Hall. Hay también una placa  en el muro exterior de la librería Connolly Books en Essex Street, en la zona de Temple Bar. Johnny Meehan fue objeto de un reciente poema de salutación. Si sus restos fueran encontrados en Lopera, tal vez pudieran ser honrados con un monumento en su Galway nativa.

Los irlandeses, tanto de izquierdas como de derechas, enviaron combatientes a España. ‘Vamos a luchar por la clase obrera’. Muchos de los 42 supervivientes irlandeses resultaron gravemente heridos.













2762. Poetas en la España leal

No hace mucho publicaba esta revista unas líneas sobre nuestros poetas y su actitud durante los días que atravesamos, ante esta nueva hora de todos, como puede llamársela recordando el título quevedesco. La aparición del volumen Poetas en la España leal, con motivo del II Congreso Internacional de escritores aquí celebrado, atrae de nuevo el comentario sobre el tema que en aquellas líneas se debatía.

En el sino de nuestra poesía contemporánea juegan insistente papel las colecciones antológicas; son bastantes ya las publicadas en el idioma propio o vertidas a otros extranjeros. Pero esta breve selección está probablemente llamada llamada a tener un eco histórico, aunque no tuviese cierto el puramente literario.

No es que se trate solamente de un conjunto de poesías de guerra; no. Se trata, al mostrar la continuidad en el trabajo de cada uno de nuestros poetas en estos terribles días, de dar a conocer cómo cada uno de ellos expresa hoy la trágica realidad. El oficio del poeta es aquel donde hallan utilidad cosas desechadas como inútiles por las gentes más satisfechas de su sentido práctico. Y la realidad se nutre a veces de materia tan fantástica... Es probable que andando el tiempo el historiador que quiera dar voz expresa a la hazaña anónima del pueblo que ahora pelea, acuda a los versos de un poeta. Entonces el ciclo quedará ya completo y cerrado, unidos en un abrazo dos elementos que aunque juntos vivan parecen siempre ignorarse: la oscura fuerza tranquila y el luciente ímpetu extravagante.

Las páginas críticas que preceden los versos sitúan justamente cada nombre de poeta en el conjunto. Abre el paso la vieja generación con Antonio Machado, el andaluz dormido y castellano bien despierto. Todos lo conocen; no es necesario el comentario, y por lo demás sería deficiente, porque otros, con más lectura de su obra, pueden hablar mejor que el autor de estas líneas. Es lástima que juntamente con Machado no aparezca J.R. Jiménez. Como en el prólogo se indica, J.R. Jiménez ha estado desde el primer momento al lado de los poetas, lo cual equivale ahora a decir al lado del pueblo. Su nombre, el de uno de los más hondos y conscientes poetas españoles, está al menos visible así, ya que no esté con su poesía.

Los que a éstos siguen, Alberti, Altolaguirre, Gil-Albert, Miguel Hernández, León Felipe, Moreno Villa, Prados, Arturo Serrano Plaja y Lorenzo Várela, están allí con sus voces diversas unidas en una misma angustia y un mismo dolor. Falta tan sólo Vicente Aleixandre, enfermo en Madrid, alejado por fuerza de su trabajo de poeta, ya que no de la poesía, lo único que en definitiva puede consolamos a todos de tanta sombra acumulada sobre la luz y tierra españolas. Y pesa en cada página, como sombra impaciente, el recuerdo de Federico García Lorca. El una sombra... El, que era, más que hombre, desnuda fuerza natural nutrida de lo más sencillo y de lo más remoto del mundo. Pero silencio. Allí donde él esté, sea sombra o memoria, está también lo más hermoso de la vida.

En esta colección hay nombres de poetas que, por ser más jóvenes o de más reciente aparición, no habían figurado en otras antologías. Y precisamente el hecho de encontrar unidas en dichas páginas tres distintas generaciones, con diferentes preocupaciones estéticas, pero con una misma intención actual, da un valor histórico al libro. Mañana, cuando, entre esos poetas, aquellos que tengan la suerte de vivir nuevamente en pacífica y libre tierra española vuelvan a sus fatales rencillas y querellas literarias, tal vez no se acuerden de este libro que los unió a pesar de todo en un haz, pero el libro seguirá fiel a su espíritu por encima de todo y de todos.

Juan Gil-Albert, Miguel Hernández, Arturo Serrano Plaja, Lorenzo Várela, esos son los poetas más jóvenes a que antes aludía. Sus nombres eran ya conocidos de quien siguiera la evolución de nuestra poesía. Gil-Albert había publicado, hace poco más de un año, un libro de bellísimos sonetos, donde un claro sentido de la naturaleza iba expresando con voz de clásico abolengo, en la que se percibía, a veces, un dejo de Góngora y de Mallarmé. El momento más seguro de su trabajo coincide precisamente con la actual inseguridad de la vida española. Los versos que figuran en la colección comentada lo demuestran de evidente manera. Quien lea los poemas A una casa de campo y A la vid, ha de reconocer allí la presencia ineludible de un poeta. Y de un poeta que no se contenta con el trabajo, quizá más halagador para muchos, de la corriente lírica que brota simplemente en un temperamento bien dotado; su instinto y su inteligencia le llevan hacia una poesía difícil, donde tal vez el éxito sea menos inmediato. Pero ¿quién puede torcer los profundos designios de la vocación?

Un temperamento opuesto es el de Arturo Serrano Plaja. El grupo que inició la revista Octubre tuvo en Serrano Plaja uno de los más firmes adeptos. Su carácter, más amigo del arrojo apasionado que de la decisión contemplativa, le predisponía ya a la lucha. Todo el movimiento social español, que desde años atrás venía encrespándose hasta estallar en la guerra civil actual, ha tenido en Arturo Serrano Plaja, según la marcha de su edad, claro está, no un interesado espectador, como en muchos de estos poetas, sino un decidido actor. En su poesía ello se traduce por un ancho afán, por una voz que llama y atrae hacia su cauce lírico las más diversas realidades. Hay allí un deseo de sentirse latir lo mismo ante una íntima efusión personal que ante el  diario trabajo de las gentes humildes; de querer desintegrarse en todo a fuerza de ávida comprensión humana. En su poema Lister palpita una viva calidad española, y esa realidad va expresada con sobria altura lírica.

Hoy faltaría espacio para seguir comentando los restantes poetas; en otra nota puede hacerse más ampliamente. A. Miguel Hernández, ya bien conocido y a quien elogió justa y públicamente J.R. Jiménez, corresponde detallado análisis. De Moreno Villa, de Alberti, de Prados, ya se ha hablado en otras ocasiones. Cierra el libro con tres poemas de ardiente vibración Lorenzo Várela, a quien muchos conocerían por unas interesantes y agudas notas crítica de El Sol.

Tal vez fuera curioso un estudio de nuestra evolución poética contemporánea, desde fines del pasado siglo hasta ahora. Cuántos cambios de expresión, cuántos nombres hundidos en el olvido y que sin embargo tuvieron éxito un día. Sería un ejemplo para nosotros. Si fuera posible distinguir el hilo mágico y perenne entre la uniforme trama gris. Ayer Villaespesa era el poeta para muchos y hoy apenas si se le recuerda. Esta es Castilla, que hace sus hombres y los deshace. Entre nosotros la literatura sólo tiene, cuando lo tiene, presente. Para el poeta muerto, por grande que fuese, no hay supervivencia posible. Hablando sólo de los más ilustres, ¿qué importan a los españoles vivos Garcilaso o Bécquer? Baudelaire o Keats viven aún en el aire, en los serenos cielos que se alzan sobre la tierra donde vivieron. Pero en el tumultuoso y terrible aire español la sombra luminosa de nuestros poetas no puede brillar y pronto se hunde en los infiernos del olvido.

Si por fatal destino no les salva su talento, a estos que hoy forman el volumen Poetas en la España leal, tal vez les salve en la memoria futura el recuerdo de la tempestad a través de la cual se alzaron sus voces, asombradas unas y otras confundidas.


Luis Cernuda
Hora de España núm. 8
Valencia, agosto 1937