Lo Último

Los niños de la Guerra






Más de 130.000 niños españoles murieron durante la Guerra española a consecuencia de combates, bombardeos, por la marcha al frente, el encarcelamiento o la muerte de los padres, por el exilio, las malas condiciones higiénicas o la falta de alimentos.

Miles de hogares deshechos. Bombardeos, ciudades en ruinas, batallas hambre y trenes llenos de evacuados. 

Miles de niños españoles sufrieron los bombardeos y las privaciones. Perdieron a su familia y sus hogares.

Cerca de 34.000 niños en edades comprendidas entre los cinco y los quince años fueron evacuados a Francia, Inglaterra, Bélgica, Rusia, México, Suiza, Noruega, Dinamarca, y Suecia. Pequeños ciudadanos sin patria. Muchos jamás regresaron.

Una infancia robada, destrozada, una generación marcada de forma indeleble por la Guerra que tuvieron que vivir con el estigma de ser hijos de «rojos»





1473. Recordando a Tomás Segovia

Tomás Segovia
(Valencia, 21 de mayo de 1927 - México DF, 7 de noviembre de 2011)



«La pérdida es más nuestra que lo perdido»


«Mi padre era socialista de la época en la que el socialismo era una moral. Mi familia tenía esa tradición, de un socialismo puritano. Se contaba en mi familia que mi abuelo, que era muy amigo de Pablo Iglesias, tenía el número dos del PSOE. No sé si es verdad o leyenda, pero lo que significa sí es verdad. Luego siempre me tocó ser marginal y anómalo. Nací en Valencia, por casualidad, ya digo, y cuando vinimos a Madrid me llamaban pataqueta, que era un panecillo valenciano. Luego, durante la guerra, nos marchamos otra vez a Valencia para huir de los bombardeos. Fue el primer lugar en el que me llamaron refugiado. Nos lo llamaban los niños valencianos a los que veníamos de Madrid. Y nos tiraban piedras. Luego, en Francia, petit réfugié. Y en México, refugachos. Con una educación así, o se pasa uno del todo y te rindes y te esclavizas o te vuelves incorruptible. Ante el menor acomodo no puedes dejar de darte cuenta de lo que es. A esa educación hay que añadir la de los maestros del exilio. Aunque yo me desmarco del gueto del exilio español, como dicen en México: lo que sea, de cada quien. Fue gente que nunca tuvo tiempo de ganar, en nada. Fueron siempre las víctimas».


«En el 39 había un ambiente angustioso porque se palpaba la guerra mundial, y eso hasta un niño de 11 años lo notaba. Con todo, para mí era el paraíso, porque salía de aquella guardería de París, que era el infierno: la habían organizado precariamente para 50 niños y habían metido 350. Nos pegaban, nos robaban... Cuando me sacan de ahí y me llevan a un pueblecito de los Pirineos voy al paraíso. Eso sí, vimos pasar a Francia a la gente que huía. Nos poníamos al lado de la carretera con peroles de café o de caldo que había hecho mi abuela, pero dabas caldo a 20 personas y pasaban miles».




1472. Amayor Villarroya Sanz

Amador Villarroya Sanz



El texto que vais a leer a continuación de éste, fue escrito por Beatriz Villarroya, biznieta de Amador Villarroya, cuando se cumplían 75 años de la ejecucción de su bisabuelo y para un homenaje realizado a los represaliados de Torrent, un acto público al márgen de las autoridades locales.

Beatriz lleva tres años investigando el gran silencio con que su familia ha tratado de mantener la muerte de Amador, que junto a la de otras siete personas fusiladas en el mismo lugar, conforman un secreto negado que ella se ha propuesto romper.

Los nietos y los biznietos de las víctimas estamos dispuestos a rasgar los silencios, pues somos conscientes de que dentro de poco tiempo no habrá nadie que recuerde el festín que Tánatos se dio en el franquismo. 

Lo que le ocurrió a nuestros abuelos o bisabuelos no fue fruto de la mala suerte. Fueron víctimas de la represión franquista institucionalizada y sus mecanismos de humillación y aniquilación física y psíquica impuesto por los vencedores.

Nuestros padres fueron víctimas. Formaron parte de una generación que creció con el trauma de la Guerra. Aprendieron de los suyos los silencios, la prohibición de hacer preguntas, el sufrimiento y a reprimir las emociones. Así que el Golpe de julio de 1936, la Guerra y la represión familiar formaron parte de un trauma sin resolver.

Los nietos y los biznietos también somos víctimas que nos hemos encontrado con un silencio heredado y con la falta de información necesaria a nivel familiar e institucional para asimilar y digerir el trauma.

Tenemos el deber y la obligación moral de no olvidar, de reconstruir sus historias de lucha y muerte, de impedir que el silencio absuelva a los verdugos. De recordar a todas las víctimas con la dignidad que merecen.

Recordar: Del latín re-cordis, volver a pasar por el corazón.


María Torres
Nieta de un republicano español



*



«Una mañana como la del 8 de mayo de hace 76 años, en las tapias del cementerio de Torrent, fusilaron a Amador Villarroya Sanz junto a otros dos vecinos y tres hombres de Aldaia. Amador era mi bisabuelo, tenía 47 años recién cumplidos y su cuerpo, igual que el del resto, fue expuesto allí mismo, en las tapias del cementerio de Torrent (Valencia), durante más de 12 horas para que sirviera de lección. Este hecho, junto con el fusilamiento que tuvo lugar en este mismo municipio el día 22 de mayo del 39 en el que murieron otras dos personas, constituye uno de los secretos mejor guardados de mi pueblo. Tanto que, hasta hace unos años, era un hecho desconocido para mí.

Desde hace ya casi cinco años busco respuestas, busco saber, busco que el nombre de Amador no desaparezca como querían sus verdugos. Trabas, silencios, cuestionamientos... eso es mi día a día. Sólo por querer comprender. Este periplo me llevó este año al Cementerio de Paterna donde conocí al nieto e hija de Bautista Cuallado Domenech.

Bautista Cuallado Domenech fue fusilado en Paterna el 25 de octubre del 39. Su hija, Isabel Cuallado, tenía 18 meses. Cuando la conocí estaba sentada en una lápida dentro del cementerio al lado de la fosa donde supuestamente metieron a su padre. Inevitablemente me acordé de mi tía Marina que tenía 6 meses cuando mataron a Amador y reconocí en su mirada el dolor familiar de los míos. Ella y su hijo, Eduardo, también buscan las respuestas necesarias que sanen sus heridas. Buscan los restos de Bautista. Les gustaría enterrarlo junto con su mujer en Benifaió. Por eso se pusieron en contacto con el GRMHV.

Infelizmente para nuestro país el gobierno ya no financia la exhumación de fosas y búsqueda de restos realcionados con la dictadura. No le interesa que los silencios dejen de serlo. En el 2011, cuando se buscaron los restos de los fusilados en Torrent, aún era posible. En la fosa donde se buscaron dentro del cementerio no encontraron nada. Lo que pasó tanto con mi bisabuelo como con el resto, es una maraña de historias diferentes. No se tuvo suerte.

Pero tal vez Isabel y Eduardo sí la tengan. Ellos y las otras 9 familias de Benifaió que buscan a los suyos en la fosa nº 82 del cementerio de Paterna. El GRMHV está recaudando fondos a través de diversos medios para ello. No se me ocurre un mejor tributo a Amador Villarroya, que creyó en un mundo más justo, que intentar ayudar a estas familias. A Isabel y Eduardo.

Os dejo los datos por si queréis poner vuestro granito de arena. Necesitan aproximadamente 500 euros por cuerpo, más unos 12.000 para el estudio antropológico. Como diría mi abuela..."Tota pedra fa camí"... Si queréis más información poneros en contacto con el GRMHV, están en Facebook... La cuenta que tienen para recaudar fondos es: ING Direct: 1465 0300 66 1719107034. El titular es Alejandro Calpe Vicente y el asunto puede ser "Causa Benifaió"

Y ya para acabar...el año pasado, se hizo un pequeño acto organizado por Torrent Plataforma en el que se sacó del silencio a los nombres propios de los represaliados por el franquismo en Torrent. Aquí está el vídeo que habla de Amador y de lo que ocurrió aquel 8 de mayo del 39.

Muchas gracias a todas/os...»


Beatríz Villarroya.



video

Video elaborado por Beatriz Villarroya




1471. ¡Peleamos, peleamos!

¡Peleamos, peleamos!”, poema del salmantino Pedro Garfías escrito en Valencia en 1938, fue musicado por Carlos Palacio, compositor que trabajaba para el Ministerio de Instrucción Pública del gobierno republicano y que en  1939 recibió el encargo de éste de elaborar un recopilatorio de los himnos de los combatientes republicanos durante la Guerra, que fueron recogidos en “Colección de canciones de lucha”.

De Garfías y del poema contaba Carlos Palacio:

“Una vez me lo encontré en la calle de la Paz. Apena sus miopes ojos de posaron en mi me cogió bruscamente del brazo y me hizo entrar en una horchatería, hoy desaparecida. Era una tarde de Valencia límpida, con un cielo transparente que parecía que podía romperse como un purísimo cristal. Deseaba transmitirme un poema inédito y comenzó a dictarme unos versos que nacían de un sopor lento de coñac con retazos de música, que complicaba el difícil parto. Así nació "Peleamos, peleamos", poema con una patética y grave melodía no del todo mía, creada tardíamente y casi desconocida en España, pero que se cantaría mucho después de la guerra en otros países. Para celebrar el cincuentenario de la revolución de octubre, "Peleamos, peleamos" sonó con otras canciones en la plaza roja de Moscú.


Peleamos, peleamos

Por los viejos que lloran nuestra ausencia,
por la esposa que añora nuestros brazos,
por los hijos que esperan nuestra vuelta,
¡peleamos!, ¡peleamos!

Por el torno que cuenta nuestras horas,
por la tierra que labran nuestras manos,
por el limpio sudor de nuestra frente,
¡peleamos!, ¡peleamos!

Por el sol y el azul de nuestro cielo,
por las piedras sagradas que heredamos,
por el suelo cansado de dar flores,
¡peleamos!, ¡peleamos!

Peleamos por todo lo que es noble,
por la paz, la justicia y el trabajo,
por la libre república del pueblo,
¡peleamos!, peleamos!

Y también por vosotros, compañeros,
que lucháis obligados y engañados,
porque sois nuestra carne y nuestra sangre,
¡peleamos!, ¡peleamos!

Contra falsos, traidores y perjuros,
alemanes y moros e italianos,
por España feliz tres veces libre,
¡peleamos!, ¡peleamos!


Pedro Garfías
Valencia, 1938. 
(Carlos Palacio, "Colección de Canciones de Lucha", 1939. Recopilatorio de canciones e himnos de la guerra.)

“Esta canción, en la que el poeta ha querido expresar el hondo sentido humano de nuestra guerra, presenta un detalle curioso: el tema musical, de carácter litúrgico, es de Pedro Garfias, limitándose el compositor a anotarla cuando la cantaba el poeta y a armonizarla después. Se escribió en Valencia a mediados de 1938”.


Fotografía: Marinero sobre el cañón del acorazado Jaime I al servicio de la República. (Agustí Centelles)



1470. Tierras del Sur III

Photo: Robert Capa. © Magnum Photos




Villanueva de Córdoba. Un pueblo de Andalucía. Los señoritos sublevados, con fuerzas de la guardia civil. Julio. En la torre de la iglesia, una defensa y un ataque. En ella, además de armas, botellas y salchichones que partían en rajas diciendo a los leales con ademanes graciosos: esto vamos a hacer con vosotros (referencia).

Pero aconteció que fueron vencidos.

Y a los pocos días comía yo en el hospital de dicho pueblo, servido por las monjas, que siempre cuidaron allí a los enfermos, vestidas con sus hábitos de siempre. 

Se portaron bien y cuidan bien a enfermos y heridos— me dijeron.

El terror rojo.


*


Y en Montoro un miliciano de otro pueblo cordobés, me decía, también por el pasado agosto :

 —Nos vencieron los fascistas. No teníamos armas. Algunas escopetas cargadas por la boca en su mayoría.

(Para continuar necesito hacer este paréntesis: En muchos pueblos andaluces, el sábado de Gloria se hacía en cada barrio un Judas: un muñeco de trapo, de tamaño natural, que se colgaba con una cuerda de balcón a balcón. Al repicar gloria las campanas del pueblo, los mozoa disparaban contra el Judas sus escopetas cargadas por la boca, y con las cargas de mala pólvora humosa, prendían al Judas fuego y caía ardiendo deshecho.)

—A los que cogieron los fusilaron con sus propias escopetas, que como tenían mala carga, porque no había otra, no mataban de pronto, sino como a los judas de semana santa.

(Malheridos y ardiendo, brincando de dolor, corriendo despavoridos mientras ardían y sangraban. Zarabanda de llamas y sangre y gritos.)

Yo no quiero creerlo. Y si me paro a pensar en ello, es que no puedo, no puedo creerlo. 


Antonio Porras
Hora de España IV
Valencia, abril 1937



1469. Recordando a Valentín Paz Andrade

Valentín Paz Andrade en el centro de la imagen, el 25 de  julio de 1931
(Pontevedra, 23 de abril de 1898 - Vigo, 19 de mayo de 1987)




Recordamos a Valentín Paz Andrade, con el artículo "Castelao, el hombre y el artísta", publicado en La Noche el 14 de enero de 1950, tras la muerte de Castelao. La Noche fué expedientada y cerrada dos semanas después por incumplir las normas dictadas por la censura franquista que había indicado que la noticia de la muerte de Castelao se debía dar en páginas interiores, a una sola columna, y solo se podían elogiar sus cualidades de humorista, caricaturista y escritor.



Castelao, el hombre y el artista.

Durante la séptima noche del año naciente -vértebra dorsal del siglo- han debido doblar a muerto las campanas de todas las iglesias de Galicia. Campañas marineras de Rianxo, graves campanas de Compostela. Líricas campanas de Bastabales, de Allóns... Sólo el llanto unánime de las torres románicas, lágrimas de bronce sobre faz de piedra, habría expresado con digno acorde y proporcionado acento, en esta ocasión el dolor de la tierra.

Lejos de ella moría, por filo de las veintitrés horas, el hombre que sólo para amarla vivió. En el ardor espeso de la gran urbe, asilo inmenso del mundo, se apagaba irremediablemente el brío de una vida gloriosa, llagada por el mal de la ausencia, aun más que por la impiedad del desgarramiento físico. Se quebraron, al fin, tras lucha exhaustiva hasta las raíces sutiles del sentimiento, que a través de la mar y del tiempo, aun fundían al hombre con la entraña natal y aliviaban la sed del retorno.

Sin la mutilación moral del extrañamiento, y a pesar de advenir prematuramente, la muerte no hubiera parecido tan desoladora. Y Galicia habría tenido la oportunidad de ejercer la santidad de sus virtudes de madre, de cuerpo que ansiosamente lo buscaba, y de corresponder, con generosidad emocionada, a la ofrenda impagable del hijo, que se fué por la senda de Dios.

Como unidad étnica, Galicia nunca había cuajado espécimen más puro y directo. Castelao era la condensación del alma gallega. A través de su lápiz, de su palabra o de su pluma, de su aire o de su gesto, el espíritu del pueblo adquiría la plasticidad de la carne viviente y sensible.

Señala Alexis Carrel en su testamento, como una de las leyes de la existencia humana, l'ascensión de l'esprit. Este fenómeno se producía en Castelao con maravillosa nitidez, y sin las limitaciones que pudieran derivarse, de la singularidad de su genio personal. Vida y obra se nutren del vivero popular, pero sin convertir al hombre ni al artista en dócil intérprete de la masa.

Comenzó por revelar, incluso dentro del círculo de su origen, zonas inéditas del ser gallego. Valores latentes en el trasfondo de la raza se hicieron en Castelao vivencias imprescriptibles. Renovó el menguado repertorio de imágenes que nos legara el romanticismo, enriqueciéndolo y ennobleciéndolo con la aportación más caudalosa y varia, sin duda, que la cultura gallega recibió de un hombre sólo.

El pueblo, con sus rasgos insobornables, en su doble destinación campesina y marinera, invade su obra. Pero no la aplebeya, como en tantos ,como en casi todos antes que él. Catador de la línea auténtica, del matiz definidor. Los extrae limpios y recios, sin pérdida de la sustancia humana, así de la mente como del cuerpo de sus paisanos, para plasmarlos con trazo sobrio y feliz. Nunca el pergenio céltico adquiriera en los dominios del arte una caracterización tan enérgica y tan legítima.

Pocas veces el hombre y el artista, se habrán mostrado en tan equilibrada alianza. La excepcional dimensión de Castelao, como valor humano, se transparentó día a día en las páginas, a menudo dramáticas, de su vida. La misma ecuación que entre el hombre y el artista, se daba entre el corazón y el cerebro.

¡Ese corazón que alguien dibujó liberado del tórax, condecorando el pecho, y sangrando por los que emigran! Conoció más horas de inquietud que de sosiego, de amargura que de triunfo, y sin embargo, fue el motor poderosos que le sostuvo en la brecha, por el bien de los demás por la suerte de su pueblo, por la ascensión del espíritu”.

Bastaría recordar la triste tara de su parcial ceguera. Y como la progresión del déficit visual, sensibilizaba su mano, para pintar esos ciegos, rústicos juglares del harapo, víctimas resignadas del abandono social, peregrinos del mendrugo por “corredoiras” y romerías, que en Galicia “aínda viven da caridade”. ¡Admirable retablo, en cuyas figuras el artista anticipaba la visión temida de su propio fin!

Castelao no logra su encendida ilusión de padre. La acariciaba en la intimidad de su hogar pontevedrés, como una compensación providencial. Cuando en el hijo apuntaba la adolescencia y precozmente comenzaba a perfilarse la promesa de una digna sucesión, la muerte se lo arrancó de los brazos.

Después, tras difícil cicatrización del alma, otra vez lucha irguiendo aquella su amplia arquitectura corporal, vertiendo a raudales su humor y su bondad, llenando el ámbito con su fluida y contagiosa simpatía.

Engranó con la generación de los Precursores, en el movimiento deshabilitador de la cultura gallega, mucho más consistente que su proyección política. Lo que hace cincuenta años eran destellos aislados, que cancelaron gloriosamente varios siglos de oscuridad, en el campo de la poesía y la historia principalmente, adquirió después estructura, profundidad y magnitud.

La contribución de Castelao a esta gesta del espíritu, asume medidas excepcionales. Comienza como humorista caricaturas, “Memorias de un ollo de vidrio”-, y se extiende pronto al dibujo coloreado, a la pintura mural y al campo literario.

Si el dibujante, con evidentes dotes nativas para el oficio, alcanzó el censo máximo de popularidad sin mengua el rango artístico, algo extraordinario latía en sus producciones. Bastaría, a veces, que las animara el soplo de las inquietudes colectivamente padecidas, pero el artista, aun en parte malogrado por la creciente claudicación de sus ojos, comportaba méritos mucho más altos.

Una densidad filosófica, una tensión trágica, un realismo ennoblecido o un humorismo revelador acertadamente dosificados, aseguraban a sus trabajos la captación inmediata del lector o del contemplador.

Todo servido, en su copiosa producción literaria -crónicas, cuentos, novela, discursos, teatro, monografías...-, por una dicción transparente prieta y jugosa, de la mejor solera idiomática. No hace falta añadir que sus libros, además de una gama de excepcional riqueza -desde el álbum “Nos” a “Cincuenta homes por dez reás”, desde “Os dous de sempre”, “As cruces de pedra na Galiza”-, serán siempre criaturas vivas del espíritu, animadas por una profunda emoción humana; iluminadas por el fulgor del genio.

Se ha extinguido una de esas vidas extraordinarias, que debieran celebrarse como el mejor tesoro del país. “Un hombre que jamás haya intentado hacerse semejante a los dioses – escribió Paul Valery-, es menos que un hombre” Castelao naciera con esta gran lección aprendida pero nunca le impidió hacer de la generosidad un culto y de la sencillez un rito.

Hombre y artista en correspondencia fecunda, podía ofrecer aun obras excepcionales a Galicia. Sobre todo, si su vida se prolongara hasta la senectud, devuelto al agarimo de la tierra, con un pié en la vida y otro en la historia, habrá plasmado en una gloriosa figura de patriarca del arte y las letras, manteniendo vivo entre nosotros el ejemplo de su egregia humanidad y radiante la llama de su espíritu.


Valentín Paz Andrade
La Noche, 14 de enero de 1950






1468. Tierras del Sur II





Religión viene de religio, religar, unir de nuevo. Se ha visto cómo los que a sí mismos se dicen nacionales, interpretan de modo estupendo y amplio la palabra cuyo contenido dicen defender.

Sin duda pensaron que no estaba mal, sino bien, unirse con alemanes que pretenden hasta que dios es alemán, y con moros, que son los únicos hombres del mundo de nuestros días que sienten el furor por causa religiosa, y aun hablan del «perro cristiano», y nos los han traído por acá a que nos descrismen y a forjar, ellos, su España. No está mal. Son hombres estos nacionales con gran espíritu constructor y proselitista y pretenden religiosamente, lo que Lerroux republicanamente: ensanchar bases, agrandar. Conformes: porque también se agranda quitando: al hoyo mientras más se le quita más grande se le hace. Y es probado.

Pero lo que quería testimoniar, es que en pechos de moros muertos, se han encontrado unas condecoraciones, que sin duda les ponen por méritos de guerra: una cinta roja con la medalla del congreso eucarístico del año siete.

El cáliz y la hostia en el pecho de un moro.

Perfecto.

¿Aprovechan un sobrante de medallas eucarísticas para religar, o para dársela con queso a los moros que no saben leer?

De cualquier modo, ¡perfecto!


Antonio Porras
Hora de España IV 
Valencia, Abril  1937




1467. Tierras del Sur





El hombre entró con pisar silencioso: alpargatas viejas, viejas; traje de pana lleno de inefables remiendos, un remiendo sobre otro puesto por las manos cariñosas y cansadas de su mujer. Venía mustio, tristísimo, arrastrando la carga de sus sesenta y tantos años. Y venía limpio:

¡El agua la dan de balde!

(Y era en tiempos monárquicos, cuyo espíritu revive hoy en la facción sublevada al amparo italogermano. Y era en mi natal Andalucía.

Le habían despedido los amos, al cabo de veintitantos años de servicios.

Era guarda de un cortijo grande, de cuatro ricos propietarios. Ganaba dos pesetas al día. Cada propietario tocaba a cincuenta céntimos diarios. Pero los tiempos estaban malos para despilfarrar dos reales cada veinticuatro horas, en pagar a un hombre que ya no podía trabajar como antes y que tenía—por virtud de su segundo matrimonio: un hombre sin mujer se arregla difícilmente en los campos y además no lo quieren de guarda, pues la mujer presta servicios de limpieza en la casa—que tenía, sigo diciendo, cinco o seis hijos pequeños que no hacían sino enredar en el cortijo.

—Enredar y lo que fuese, porque poco jornal y muchas bocas...—decía uno de los cuatro amos, que era listo).

Su mujer, al verle entrar, pensó que venía enfermo.

No era así —disimuló él—, sino que se trasladaban al pueblo, donde un mejor retribuido oficio le esperaba. Además, los chicos irían a la escuela. Y, etc. Hubo de enfadarse porque la mujer se resistía a creerlo y a abandonar la guardería del cortijo, donde tantos años habían pasado.

Y que el campo es el campo. Sol y aire, forma extraordinaria de alimento.

—Estás loco—dijo transigiendo, a la fuerza, la mujer.

—Estoy, estoy...—aquí el hombre recortó un taco que salió trasformado: —¡Andando!

Pero allá, en el pueblo, no pudo continuar su disimulo.

No encontró trabajo.

El hambre apareció en la casa.

El hombre enfermó.

Por las noches, cuando los demás dormían, se levantaba para salir a la calle. 

¿Dónde vas, hombre?

—A buscar trabajo—contestaba siempre, en el delirio de la fiebre.

Buscar trabajo, buscar trabajo.

En el pueblo había un casino (¡!) donde los señores (¿?) holgaban y se lamentaban, entre sorbo y sorbo, de lo malos que estaban los tiempos.

Una noche, sin ser oído, salió el hombre a la calle a buscar trabajo.

Un labrador lo encontró, de madrugada, tendido en una acera. Lo conoció. Llamó a un amigo y lo llevaron a su casa.

El hombre estaba muerto.

(En 1936, las cuentas corrientes inmovilizadas de los pobres propietarios que no podían pagar cincuenta céntimos diarios de jornal, alojaban sumas importantes.)


Antonio Porras
Hora de España IV
Valencia, abril 1937



1466. Pequeño responso a un héroe de la República

Un libro quedó al borde de su cintura muerta,
un libro retoñaba de su cadáver muerto.
Se llevaron al héroe,
y corpórea y aciaga entró su boca en nuestro aliento;
sudamos todos, el ombligo a cuestas;
caminantes las lunas nos seguían;
también sudaba de tristeza el muerto.

Y un libro, en la batalla de Toledo,
un libro, atrás un libro, arriba un libro, retoñaba del cadáver.

Poesía del pómulo morado, entre el decirlo
y el callarlo,
poesía en la carta moral que acompañara
a su corazón.
Quedóse el libro y nada más, que no hay
insectos en la tumba,
y quedó al borde de su manga el aire remojándose
y haciéndose gaseoso, infinito.

Todos sudamos, el ombligo a cuestas,
también sudaba de tristeza el muerto
y un libro, yo lo vi sentidamente,
un libro, atrás un libro, arriba un libro
retoñó del cadáver ex abrupto.

Cesar Vallejo
“España, aparta de mí este cáliz XI”, 1937-1938




1465. Manuel Azaña y el bombardeo de Valencia del 16 de Mayo de 1937

Buscando víctimas entre los escombros de las casas destruidas tras un bombardeo sobre Valencia en 1937



La ciudad de Valencia y su puerto, fueron repetidamente bombardeados durante la Guerra. española,,a través de buques de la armada franquista, o por incursiones aéreas de la aviación italiana con base en la isla de Mallorca.


"Hablando estábamos en el horrendo despacho de la División, cuando sentí una trepidación lejana, persistente y a poco los cristales de las ventanas vibraron. 'Son aviones, Giral, deben de estar cerca'. En aquel punto sonaron los estampidos de las antiaéreas, se abrió la puerta y entró Menéndez: 'Están bombardeando. Hay que bajar al refugio'. Oímos entonces las explosiones. Se apagó la luz. Salí en busca de mi mujer que tenía de visita a la de Ureña y a la de Morla. Cuando bajábamos la escalera los estampidos hacían retumbar la techumbre de cristal. Al llegar al refugio, ya se había concluido todo, por lo menos en las inmediaciones. Estuve en el refugio un rato con las señoras y Giral. A poco apareció Casares que venía a saber de nosotros. Nos comunicaron que habían caído bombas en la plaza contigua donde hay algunos ministerios, dos de ellas muy cerca del Ministerio de Marina. El despacho de Prieto quedó averiadísimo. Casualmente en aquel momento Prieto estaba en otro aposento hablando con el Ministro inglés. Estando aún en el refugio se presentó mi sobrina Anita, deshecha en llanto. Yendo con su marido en un autobús, una bomba estalló cerca; su marido cayó herido y estaba desangrándose en la casa de Socorro, donde no había medios para atender a tantas personas como llegaban. La pobre Anita había venido como loca a pedirme auxilio. No sabía por dónde ni con quien había hecho el camino. Quiso tomar un taxi y se encontró dentro con un niño sin cabeza. El espanto la tenía medio trastornada.  Antonio, su marido, tenía una herida junto a la cadera. Tendido en el suelo entre muertos y heridos estaba en peligro de morir por falta de asistencia. Salieron inmediatamente Bolívar y un ayudante mío para la Casa de Socorro... Murió en la noche del martes al miércoles... En Valencia ha habido muchas víctimas. La indignación es grande. Ahora querrán tomar represalias, las cuales darán pretexto para otros estragos, y así hasta el infinito destrozo. '¿Pero es qué debemos aguantarnos y no responder?


Manuel Azaña