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Víctimas y victimarios

 

Arturo Torres Barranco en tiempos de la República

Me enteré de que mi abuelo había estado en la cárcel cuando tenía siete años. Por aquella época yo no sabía nada de la Guerra, la represión, ni del infame que meció ambas por el camino del desamparo y la tragedia.

 

Soy nieta de un republicano español, un represaliado por el franquismo. Tal vez por ello la lucha de tantas víctimas y familiares de éstas en cualquier lugar del mundo me resulta tan dolorosa y cercana.

 

Yo también soy una víctima, repleta de cicatrices en la piel de la memoria, porque los nietos nos hemos encontrado con un silencio heredado y con la falta de información necesaria a nivel institucional y familiar para asimilar y digerir el trauma. Mi padre también fue una víctima que aprendió del suyo los silencios, a no hacer preguntas, a reprimir emociones y padeció la desgraciada infancia y el sufrimiento de un niño de la Guerra y de la posterior dictadura.

 

Existe un denominador común inherente a todos los golpes militares: terror y muerte, desaparecidos, ausencia de derechos humanos, ausencia de Justicia. La dramática historia del Estado español y de sus ciudadanos desde el golpe de estado de 1936 es tan contundente que no puede ni debe ignorarse. Quienes perdieron la vida sufrieron todas las negaciones por parte del sistema represivo. Negaron su detención, su tortura, su asesinato. Ya advirtió el poeta visionario León Felipe que "detrás de Franco llegarían los enterradores y los arqueólogos".

 

Pero como en gran parte de las familias de “este país de todos los demonios”, cuento entre mis ancestros con un victimario y cuando fui conocedora de ello quise saber y recordé las palabras de Jean Jaurès: "El coraje es buscar la verdad y decirla."

 

 

Arturo

 

Mi abuelo Arturo nació en Torrubia del Campo, un pequeño pueblo de Cuenca. Era labrador, propietario de unas tierras, una galera y una pareja de mulas. Trabajaba de sol a sol y tenía muchas inquietudes políticas. Con la llegada de la República ocupó el cargo de Recaudador del Impuesto de Utilidades y Consumos. En las elecciones de febrero de 1936 apoyó al Frente Popular y tras la victoria de éste fundó en su municipio el partido de Izquierda Republicana.

 

Por testimonios que he podido leer en su expediente judicial, mi abuelo pasó los años de Guerra ayudando tanto a personas de derechas como de izquierdas y haciendo cuanto pudo para favorecer, amparar y aliviar la situación en que se encontraban unos y otros. Pero hay un hecho que marca su futuro. El 7 de diciembre de 1937 fueron detenidas tres personas en el pueblo por la Brigada Roja. Parece ser que desde Madrid se pidieron informes de estas personas a Izquierda Republicana y que mi abuelo firmó los mismos, como así lo ratifica en su declaración posterior al Auditor de Guerra, manifestando que no se arrepentía de haberlo hecho.


En la mañana del viernes 1 de septiembre de 1939, a la misma hora que Alemania invadía Polonia dando comienzo a la Segunda Guerra Mundial, fue detenido por falangistas de la localidad. Ese día cumplía 44 años y como tantos otros defensores de la República pasaba a engrosar el catálogo franquista de destrucción humana.

 

Cinco días después se cursa denuncia  contra mi abuelo por parte de Eugenio Espada, Ceferino Martínez e Isidro Barranco. Este último tío de mi abuelo, que posteriormente se desdice de la misma. El 9 de febrero de 1940, Eugenio Espada, conocido como “El Cojo Tramillones”, vuelve a ejecutar la denuncia esta vez en el marco de la Causa General, el gran sumario franquista para depurar responsabilidades políticas por las actuaciones de personas e instituciones republicanas durante la Guerra. Este individuo era un delator ejemplar que llenó la Causa General de denuncias hacia sus vecinos. Posiblemente esto le sirvió para conseguir dos puestos del Ayuntamiento, el de cartero y el de guarda del término municipal.

 

La Auditoria de Guerra franquista procede a instruir un sumarísimo de urgencia. Ser republicano, tener ideología de izquierdas y haber fundado I.R. en una pequeña localidad era más que suficiente para que a mi abuelo le imputaran un delito de auxilio a la rebelión, siendo condenado a la pena de doce años y un día de reclusión.

 

Fue encarcelado, sometido a tortura psicológica y física, convivió cada día con el miedo y cuando salió de prisión, lo que obtuvo fue una libertad precaria, pues a todos los efectos seguía siendo un preso de Franco. Su libertad estaba condicionada al comportamiento que tuviera fuera de la cárcel, por lo que vivió con la constante amenaza del retorno. Los salvadores de la patria no le dejaron levantar la cabeza. Regresó a casa repleto de dignidad y silencio.

 

Falleció en mayo de 1975, unos meses antes de que el dictador abandonara la vida que nunca debió acogerle.

 

 

Antonio

 

Antonio era el hermano pequeño de mi abuelo. Residía en Rozalén del Monte (Cuenca) desde su casamiento. No recuerdo si llegué a conocerlo, pero de lo que tengo certeza es que la impunidad le acompañó hasta su muerte.

 

La noche del 29 de marzo de 1939 cuando las esperanzas republicanas ya estaban muertas, cargó su fusil, se encaminó al encuentro de Francisco Quintero, dirigente de la CNT local, amigo y camarada, y le asestó un disparo que acabó con su vida. Alguien escucho la frase "Ya ha caído el pájaro" salir de los labios de Antonio que unas horas había sido nombrado Alcalde y Delegado de Orden Público de la nueva corporación "nacional".

 

Se da la circunstancia de que Antonio estaba afiliado a la CNT desde el año 1917. En un informe de Falange emitido posteriormente se hace constar que se afilió a la CNT como salvaguarda de derechas. Actuó como secretario de la misma hasta su incorporación forzosa al Ejército republicano. Volvió del frente el 27 de marzo de 1939, dos días antes de asesinar a Francisco Quintero.

 

A partir de la entrada de los franquistas en Cuenca, desde la Alcaldía del municipio se prohíbe expresamente realizar declaraciones contra Antonio con el apercibimiento de ingresar en prisión en caso de hacerlas. Cuando esto sucede, el ya se había afiliado a FET de las JONS. Al constituirse la corporación franquista además de Alcalde es designado como Delegado de Información e Investigación y comienza su tarea en la nueva España vestido de impecable azul con una arañita roja a la altura del pecho. El hábito no hace al monje, pero él ya estaba dentro del entramado de impunidad franquista y nada había que temer.

 

Pero un día de diciembre de 1940 desde la Prisión del Monasterio de Uclés se recibe denuncia de uno de los reos, Pedro Quintero, (Archivo Histórico de Defensa, fondo Madrid, sumario 19164, legajo  889) hijo de Francisco Quintero, el hombre que había sido asesinado por Antonio, quien a partir de ese momento comprueba que el silencio no es para siempre. Se le incoa un expediente sumarísimo de urgencia con fecha 24 de diciembre de 1940, pero la realidad es que nunca fue encarcelado ni pagó por el crimen cometido. Nunca llegó a celebrarse el Consejo de Guerra y en septiembre de 1943 se decreta su absolución.

 

Continuó siendo cartero hasta su jubilación y se dedicó a la cría de cerdos para su posterior despiece y venta.

 

 

María Torres

Artículo publicado el 24 de enero de 2026 en El Salto

 



3501. Memorial a las víctimas de la represión franquista en Torrubia del Campo (Cuenca)

El pasado sábado 8 de julio de 2023 se inauguró en el cementerio de Torrubia del Campo la placa conmemorativa a las víctimas de la represión franquista tras 61 años de sus asesinatos. La financiación ha estado a cargo de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Historia de Cuenca con su sede en Tarancón y se ha realizado con el permiso y colocación por parte del Ayuntamiento de Torrubia del Campo. Todo ello hizo posible que nuestros torrubianos tuvieran su merecido recuerdo en su tierra natal.

Tal y como hizo mención el presidente de la asociación, Máximo Molina, llegamos tarde en el reconocimiento: pocos fueron los familiares asistentes al evento puesto que ya no viven para verlo, y los muchos de los parientes que pudieran quedar han perdido los vínculos con el pueblo, siendo imposible localizarles.

17 son los vecinos de Torrubia del Campo que aparecen en la placa, diferenciado por la cárcel que fueron asesinados.

Fusilados en la Cárcel de Uclés: Julián Amores Gómez, Pedro Aragonés Rubio, Miguel Carabaña Jiménez, Eustasio Crespo Riquelme, Francisco Díaz Carabaña, Manuel Guillermo Fernández Tornero, Juan Vicente García Cézar, Julián Rubio González, Gregorio Sánchez Fraile, Ramón Sánchez Zamarra, Juan de la Torre del Saz, Félix de la Torre Gómez.

Muertos en la Cárcel de Cuenca: Guillermo Amores Sánchez, Cipriano Carabaña Sánchez, Lupicinio Carabaña Sánchez.

Muertos Campo de Concentración Gusen: Ángel Espada Zamarra, Indalecio González Gabriel.

Pero en la investigación también nos topamos con otros nacidos en Torrubia que también tuvieron la mala suerte de haber caído en esas cárceles torturadoras de los años 40 y que tienen su representación en los memoriales de los lugares donde ocurrió.

Muertos en la Cárcel de Ocaña: Lorenzo Martínez Mateo

Fusilados en la Cárcel de Huete: Desiderio Martínez Gómez

Muertos en la Cárcel de Porlier, Madrid: Pedro Garrido Martínez

Muertos en la Cárcel de Yeserías, Madrid: Venancio de la Torre García

Fusilado en la Cárcel de Jaén: Carlos Cuerda Gutiérrez

No se quedó nadie en el olvido, puesto que se procedió a la lectura pública, en el espacio público, como reconocimiento los aproximadamente 130 torrubianos documentados hasta ahora, que también fueron represaliados por el fascismo entre detenidos, condenados, exiliados, desterrados o acusados de cualquier delito, y que aunque sobrevivieron, marco toda su vida.

No se quiso dejar sin nombrar los familiares que hicieron que la memoria siguiera viva, especialmente vaya un recuerdo para Hilario de la Torre al que tantas veces se consultó para recopilar información de este y otros temas relacionados con Torrubia y que por unos pocos meses no ha podido presenciar la creación de este monumento en el que está su abuelo.

En el evento se guardó un minuto de silencio en honor a nuestros paisanos fallecidos y se acabó con los asistentes dejando claveles en el monumento.

Agradecer a la ARMH de Cuenca y al alcalde de Torrubia del Campo Pedro Romeral, su interés y colaboración para la realización de este memorial, y a los asistentes el apoyo mostrado, que da fuerzas para seguir investigando y rescatando nuestros paisanos del olvido. Para toda la gente que no se atrevió a asistir por miedo al qué dirán, o a verse señalados, solo decirles que somos libres y que no hay que tener miedo ni vergüenza a la hora de hacer justicia y reparar la memoria. La historia hay que contarla como fue, no como se nos dijo que fue.

Gracias a María Torres por su apoyo y dejar un hueco en su blog para dar visibilidad a este importante hecho para la historia de nuestro pueblo.

 

Daniel Garrido



3497. Exequias de Federico García Lorca

Federico García Lorca en Radio Stentor de Buenos Aires. Marzo de 1934


No importa que hayan sido éstos
quienes de plomo llenaron tu boca,
quienes sellaron para siempre tus labios
con latigazo de blasfemia y pólvora:
Tus labios por los que la patria
nos amanecía en frescor y aurora
en todas tus mañanas estrenadas de versos,
Federico García Lorca.

No importa si han sido éstos
quienes condecoraron tu gloria
con laureadas de injuria y muerte
Federico García Lorca.

Que tú ya estabas asesinado
desde que Ignacio militó en Loyola.
Ya tu grito se alzó con los niños de Flandes
en las mismas hogueras y en idénticas horcas
(el Duque se atusaba rosarios y perillas
mientras el Santo Oficio quemaba tus estrofas).
Ya te han matado los encomenderos,
los golilas y corchetes, las caspas y las costras,
los memoriales y letras procesales,
los autos de fe y las sopas bobas.
Ya has muerto cuando otros miserables
firmaban otra muerte de España en Bayona;
y otra vez cuando la carlistada
soltó sus lobos, como ahora;
y otra con los fusilados de Torrijos,
y con las milicias decimononas;
y cuando te pusiste en el camino de las balas
que de Martí y Rizal buscaban la vena generosa;
y otra vez con los tísicos repatriados
que vomitaba Cuba. Y aún otra
en los barrancos de Marruecos,
donde un rey putrefacto y muy mala persona
jugaba un ajedrez de áulicas estrategias
con lo mejor de nuestra sangre moza.

¡Ya ves si has tenido muertes
Federico García Lorca!

Que a ti no te mataron un balazo aparente
sino con silogismos y jaculatorias,
con “ordeno y mando”, pragmáticas y mitras,
con inciensos y hieles, espuelas y coronas,
con olor a colillas de los cuartos banderas,
con caderas renunciantes de madres superioras,
con los entorchados de los rijosos coroneles,
con los furores de las reinas chulonas
con las hemofilias y los cánceres de oído
de la purulencia borbónica,
con los resecos tufos de conventos,
con novenas, trisagios y 40 horas,
con las majaderías enlevitadas
de las academias marañonas,
con mariconadas de los señoritos,
con hipocondrías provincianas y beatonas,
con las dispepsias de las clases pasivas,
con las letras de “El Debate” y de “Patria Española”...
Ya habían asfixiado tu aliento de malvas
todas las solfataras de las antiguas roñas
y ya te habían lapidado otras cien veces
con todos los vetustos cascotes de la Historia

¡Ya ves si estabas muerto antes de haber nacido
Federico García Lorca!

¡Qué piquetes de fusilamiento
qué ¡apunten! ni qué hostias!

¿Desde cuándo acá los fusiles
matan el aroma de las rosas?

¿Desde cuándo los generales verdugos
ametrallan el color de las amapolas?

¿Cómo podrían frailes, beatas y señoritos
sacarle al rubio Dauro tu nombre de la boca?

¿Y con qué flotilla de aviones nazis
van a matar en nuestra carne tu eucaristía portentosa?

Porque es ahí donde siempre has vivido
Federico García Lorca
y donde siempre seguirás viviendo,
hasta que empiecen y se acaben todas las horas
de esta España que arranca y se inaugura de tu sangre
por ti, para ti, de ti, hacia ti,
nuestro Federico García Lorca.


Eduardo Blanco Amor, 1937
(Fragmento)

(Poesía de Blanco-Amor, para el Recital poético de Mony Hermelo, en el Homenaje de Escritores y Artistas a García Lorca, Buenos Aires-Montevideo, 1937).

consellodacultura.gal









3493. La historia y ejecución de José Daniel Miranda Lara, ejemplo de compromiso

Imagen de José Daniel Miranda Lara y de un ramo de flores, junto a su nombre en el Memorial en la tapia del Cementerio de San José

 

Pepa Miranda, activista de la Memoria Histórica y Democrática, nos ofrece el relato de la vida ejemplar de compromiso y asesinato de su abuelo, José Daniel Miranda Lara, que por dignidad y para mantener viva su memoria merecía ser difundida para que se conozca, cuando se aproxima el 85 aniversario de su ejecución por los fascistas, un trágico final que siguió su bisabuelo y otras tres mujeres de la familia, en otra tapia, la del cementerio de Loja. Para que nunca se olvide, para que nunca se repita.

 


Los caminos que seguiste,
 hoy me señalan el mío,
 aunque jamás sabrás que te llevo
 conmigo
 como una lámpara de oro para
 alumbrarme el camino

 Marguerite Yourcenar

 

 

Eran las dos de la madrugada cuando los golpes en la puerta de la vivienda rompía el silencio de la calurosa noche del 28 de julio del 36, dos energúmenos, a las ordenes de los sanguinarios mandos de Falange, apodados el "Rascas o Cortezas" y "la Paquita”, sacaban de la cama a mi abuelo Pepe Miranda Lara y se lo llevaban detenido a la cárcel del pueblo, situada en los bajos del Ayuntamiento de Padul en lo que sería el principio de una tragedia que marcaría la vida de mi familia, generación tras generación, hasta nuestros días. 

 

Nunca conseguí que alguno de los testigos de la terrible madrugada, hiciera un relato completo y coherente de aquella trágica noche, solo frases sueltas, un suspiro que, acompañado de un recuerdo, se quedaba suspendido en el aire sin terminar la frase, palabras sueltas, inconexas dichas más para sí mismas que como respuesta a alguna pregunta. Palabras carentes de sentido, fuera de su contexto, que, en aquellos momentos, me generaban irritación, solo muchos años después he entendido que les aliviaban, les servía de pequeñas válvulas de escape, para librarse del dolor, la locura y el espeso silencio que les rodeo toda la vida.

 

No sería una detención muy diferente de la del resto de sus compañeros y de todos, los que como ellos se habían convertido para los golpistas, en los instrumentos necesarios para emprender una acción rápida y violenta a modo de ejemplo y escarmiento para el resto de la población. No se trataba de una actuación aislada de unos extremistas pendencieros y borrachines, hábilmente utilizados, por su carácter violento. Todo estaba planificado, organizado y dirigido hacia colectivos muy concretos, alcaldes, concejales, médicos, maestros, miembros de Partidos Políticos y Asociaciones Obreras. Todos los detenidos aquella noche no lo fueron por casualidad. 

 

Ya en la primavera anterior, uno de los artífices del golpe de estado el General Mola, había distribuido instrucciones reservadas, en las que se indicaba que “se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo, que es fuerte y bien organizado”.

 

A los golpes en la puerta debieron seguir los gritos, los insultos, las palabras soeces y humillantes, en presencia de unos niños, asustados y desconcertados, despertados en mitad de la noche sin saber qué está ocurriendo, para encontrar a su padre empujado e insultado por unos desconocidos, con el miedo que produce desconocer los motivos de esa situación.

 

 

¡Qué miedo el azul del cielo!
¡Negro! * 

 

Los dos adultos, mi bisabuelo y abuela, en ese momento serían conscientes de que estaba ocurriendo, lo que desde hacía 10 días estaban temiendo y esperando. De hecho, en la sede de la Agrupación Socialista habían preparado la salida del pueblo de varios compañeros, escondidos en el doble fondo de un carro, tal como lo hizo el compañero de mi abuelo el doctor Rejón Delgado, otro de los que estaba en la lista junto a los detenidos esa madrugada.

 

Mi abuela, ya muy mayor, recordaba cómo lo animaba a que se marchara, y cómo él siempre le respondía que: “no tenía nada que temer, porque nada había hecho”, además de no estar dispuesto a dejarla sola con cinco niños, y el abuelo mayor y enfermo. Cuando ella hablaba de esos trágicos momentos, lo hacía con una mezcla de tristeza y melancolía, pero sobre todo con el orgullo de haber compartido los mejores años de su vida con un hombre excepcional y el brillo de sus los ojos, era el de una adolescente hablando de su héroe, del hombre al que admiró y sobre todo amó profundamente durante toda su larga vida.

 

En la cárcel de Padul estuvieron solo cuatro días, terribles y frenéticos días para mi abuela y bisabuelo, tratando de encontrar a alguien que pudiera ayudarles, que pudiera hacer alguna gestión para sacarle de la cárcel, en medio del miedo y la desesperación de ir tocando en puertas que no se abrían, con el tiempo que se les escapaba sin poder hacer nada para salvar su vida.

 

Solo 40 años después, escuché a mi abuela hablar de aquellos hechos, cuando trataba de convencernos, a mi padre y a mí, de que no apareciéramos en las candidaturas a las primeras elecciones municipales de abril del 79, tras la vuelta a la Democracia. Nos repetía, casi llorando: “no os señaléis más” que bastante hubo con ellos, os va a pasar como al abuelo, que cuando pasó lo que pasó, nadie lo conocía, nadie podía, o nadie quería hacer nada por salvarlo…

 

Y seguía contándonos cómo lo recordaba en el patio de la casa rodeado de sus compañeros. “El abuelo, decía, tan grande, en medio de todos ellos, que le escuchaban casi sin respirar, era la imagen de Cristo rodeado de sus discípulos. Y como a Cristo a él también lo abandonaron todos. ¡con lo que él había ayudado a todo el que pasaba por un apuro! Y tras un profundo suspiro, terminaba diciendo: “tanta lucha para nada, y tanta pena y tanto sufrimiento para toda la vida, que eso nadie sabe lo que fue…”

 


¡Negro de día en Agosto!
¡Qué miedo!* 

 

De la estancia en la cárcel de Granada, a la que fueron trasladados el día 1 de agosto poco sabemos, no hay ningún tipo de documentación, las fichas se quemaron en el patio de la prisión y si algo queda no es posible consultarlo. Solo hay un testimonio gráfico, la mitad de una foto, (desconozco quien pueda tener la otra mitad) en la que aparece mi abuelo con otras cuatro personas en el patio de la cárcel. Dos de ellos también de Padul corrieron su misma suerte, también fueron fusilados la misma madrugada. De los otros dos desconocidos no hay ningún dato, ni nombre en el reverso, ni nadie del entorno familiar que los conociera.

 

Había visto esa imagen muchas veces en la “caja de fotos” de mi abuela, pero cuando me dijeron el lugar en el que estaban, tuve la sensación de que la veía por primera vez y, desde entonces, no ha dejado de sorprenderme. Me inquieta la serenidad con la que esos hombres miran a la cámara, no hay nada que haga sospechar el lugar donde están y lo que les espera. Si tenemos en cuenta que solo estuvieron seis días en ese lugar de tortura, dolor y miedo, en esa antesala de la muerte, es posible que algunos, o todos, ya estuvieran en “capilla”. Esa foto, como casi todo, no deja de ser una incógnita más de todas las que rodean su asesinato.

 

Y no deja de ser doloroso, que casi un siglo después sigamos reclamando justicia y buscando los restos de personas que, en un momento de la historia de este país, debieron pensar que ya estaba bien de abusos y de injusticias, que había llegado el momento de actuar para conseguir una sociedad más justa, más igualitaria y más solidaria. Actuación inspirada y sustentada por los sólidos valores republicanos de los que eran firmes defensores. Se encontraron desde un primer momento con la oposición frontal de la derecha local, cuyos miembros no estaban dispuestos a perder ni uno solo de sus privilegios, para lo que no dudaron en utilizar la fuerza y el terror para lograr sus objetivos.

 


¡Qué espanto en la siesta azul!
¡Negro!* 

 

La historia de mi abuelo no difiere demasiado de la de miles de personas que aquellos primeros días, tras el Golpe de Estado, se convirtieron en instrumentos de los golpistas para implantar el terror para escarmiento de la población.

 

Mi abuelo era un empresario local, trabajador, honesto y muy respetuoso con todo el mundo. Muchos han sido los testimonios de personas que le conocieron, que me han hablado de su honestidad su seriedad y su buen hacer como empresario.

 

Era el Presidente de la Casa del Pueblo de Padul y actuaba como asesor de la Corporación Municipal en la que su padre era el Alcalde. Era un miembro muy activo de la Agrupación socialista siendo el fundador y Presidente de la Sociedad Obrera “La Alianza”, cuyos Estatutos son una lección de socialismo real y pragmático.

 

Los socialistas de Padul, estaban convencidos de que la acción política y la lucha eran los únicos medios a su alcance para transformar el mundo, su pequeño mundo. La autonomía económica de que gozaban muchos de sus afiliados, sus profundas convicciones republicanas, sus trayectorias vitales (algunos tenían carreras universitarias, habían vivido en países extranjeros o procedían de otros lugares del país) les hacían tener una visión distinta de la realidad social del municipio, y no aceptaban ni las condiciones laborales, ni de vida de la mayoría de la población, ni la marginación, ni el analfabetismo, ni la miseria, ni los abusos.

 

Ellos estaban dispuestos a cambiar todo lo que consideraban injusticias contra la población más indefensa, y así lo recogen también en los Estatutos de la Sociedad Obrera La Alianza. Estatutos que se presentan en el Gobierno Civil de Granada el día 15 de mayo de 1931, firmados por mi abuelo como Presidente y un señor llamado Eugenio Cueto como vocal. Esta fecha y otras noticias de la prensa local, me hace pensar, que cuando se proclama la República, ya venían de un largo recorrido de lucha y activismo político.

 

En la Casa del Pueblo hablaban de libertad, de educación y progreso, de cooperativas de trabajo y de crear mecanismos para proteger a sus familias si sufrían algún infortunio. Hablaban de futuro y de cómo afrontarlo con medidas concretas, de libertad y de cómo ejercerla, de las cuestiones que les preocupaban y afectaban a sus vidas, del escaso trabajo y de la humillante manera en que los propietarios lo distribuían, de los salarios de miseria, y frente a eso veían en la creación de cooperativas una solución para superar la miseria a que les sometían, y quizás influenciados por la Institución Libre de Enseñanza, la educación de sus hijos también era motivo de debate y preocupación. Todo este hervidero de ideas y acción les abrían una puerta a la esperanza y por primera vez tenían confianza en un futuro que seria mucho mejor para ellos y sus hijos, porque ya la resignación no era su única opción. Empezaban a no resignarse a aceptar la explotación laboral, ni la marginación, ni el analfabetismo, ni la miseria, con el fatalismo que se acepta lo inevitable.

 

Todo esto, para la derecha era una amenaza y un riesgo, eso suponía que se tambalearan los cimientos de una sociedad que había permanecido siglos inamovible, donde la riqueza estaba en manos de unos pocos que utilizaba al resto en régimen de semiesclavitud, para seguir incrementando su patrimonio.

 


¡Negro en las rosas y el rio!
¡Qué miedo!*

 

Esa derecha, no estaba dispuesta a perder ni uno solo de sus privilegios, y reaccionó de manera virulenta. Hay un informe del presidente del Sindicato Agrario local dirigido a Lerroux en el que acusa a los socialistas de generar conflictos entre los trabajadores agrícolas incitándoles a actos violentos. Dan cuenta de que la Casa del Pueblo se había convertido en un lugar de conspiración y agitación social en la que sus afiliados son manejados a su antojo por su Presidente (mi abuelo) y en la que se recibe con frecuencia a los elementos más exaltados del socialismo granadino.

 

No dudaron en impedir la celebración de un mitin organizado por mi abuelo (según algunos testimonios, era un extraordinario mitinero) en el que estaba prevista la intervención de Don Fernando de los Ríos, Ramón Lamoneda, y el Doctor Rejón, concejal y compañero, y él mismo. No solo les recibieron a tiros, si no que les tuvieron secuestrados en un corralón, donde se habían refugiado, hasta la llegada de la las Fuerzas de Seguridad. Existe un documento en el Archivo del Congreso en el que Don Fernando de los Ríos manifiesta su queja por la tardanza de las fuerzas del orden en acudir a rescatarlos.

 

La celebración de elecciones era motivo de enfrentamientos y denuncias para impedir a los socialistas ejercer su derecho al voto o formar parte de mesas electorales o los pucherazos electorales que incluso dio lugar a la anulación de las últimas elecciones celebradas en abril del 36.

 

Tras años de enfrentamientos con la derecha local que, desde la proclamación de la Republica y el nombramiento de la primera Comisión Gestora, trataron de acabar con ellos de todas las formas posibles, con acusaciones, denuncias, coacciones; el Golpe de Estado les dio la oportunidad de actuar inmediatamente contra quienes trataban de arrebatarles sus privilegios. Solo 10 días después del Golpe la mayoría de los miembros, alcaldes y concejales socialistas estaban encarcelados, habían huido hacia un exilio del que nunca volverían o terminaron frente a un paredón, en un barranco o una cuneta, de los que posiblemente nunca serán recuperados.

 


¡Negro de día en mi tierra!
¡Negro!*

 

Muchas veces he pensado cómo serían las últimas horas de vida de mi abuelo:

 

¿Cómo viviría esos tensos momentos desde que el carcelero abrió la puerta de la celda y comenzó a leer los nombres, hasta que se encontró en la tapia frente a los fusiles cargados de muerte?

 

Qué sudor frío recorrería su cuerpo al oír su nombre? ¿Por qué no hay ni una nota de despedida? ¿Qué desesperación sentiría al pensar en sus niños? En su mujer tan joven y tan alegre, en su padre ya mayor…

 

Mi abuelo era un hombre fuerte y muy valiente (lo demostró en numerosas ocasiones), pero en esos momentos, no dejaba de ser un ser humano ante la muerte. Una muerte cruel e injusta, como todas las de los seres humanos, que esa y otras muchas madrugadas, vivieron tan trágicos momentos.

 

Y tendría miedo, mucho miedo y rabia y abandono y dolor…

 


¡Sobre las paredes blancas!
¡Qué miedo!*


Solo tenía 40 años y toda una vida de ilusiones y proyectos por delante.

 

Cuando se conoció su asesinato, la Guardia Civil apostó a una pareja en la puerta de su domicilio para impedir a su familia que pudieran llorarle acompañados de familiares y amigos. 

 

Mi bisabuelo, también llamado Pepe Miranda, siete días después del fusilamiento de su hijo dejó un estremecedor escrito en el que relata su detención y encarcelamiento, las personas que lo detuvieron y de las noticias que le llegaron de su asesinato. Ese día de agosto no podía sospechar que solo cuatro meses después, él con tres mujeres más de la familia, serian asesinados en otra tapia, la del cementerio de Loja.

 

Esa madrugada del 7 de agosto, como tantas otras madrugadas, a muchas personas se le rompieron de golpe sus sueños, sus proyectos, sus ilusiones, y empezó la etapa más trágica y negra de la historia de este país, y el silencio cayó como una losa sobre la vida y muerte de muchos hombres y mujeres en un intento de ocultar y olvidar a los que fueron los auténticos héroes de aquellos hechos.

 

Ellos fueron los que permanecieron leales a la Republica y los que pagaron con su vida sus ansias de libertad, su deseo de un mundo mejor, más justo, solidario y fraterno. Hoy, tantas décadas después, nos sigue hiriendo que este país siga sin saldar con ellos una deuda de gratitud y de justicia, los familiares seguimos buscando sus restos, reclamando el reconocimiento de su heroísmo y la dignificación de su memoria, y, en mi caso, cumpliendo la voluntad de mi bisabuelo, que en una libreta en medio de muchas fechas y datos de nacimientos, bautizos, casamientos, dejó camuflado el relato de la detención y asesinato de su hijo para conocimiento de los más curiosos de la familia y para que nunca lo olvidaran.  

 

 

Pepa Miranda

Publicado en El independiente de Granada, 4 de julio de 2021

 

 

*Estrofas intercaladas del poema de Juan Ramón Jiménez ‘Trascielo del cielo azul’.