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2039. Un traje nuevo para el abuelo

De Pablo Aguayo de Hoyos, autor de Un traje nuevo para el abuelo para Búscame en el ciclo de la vida


Sinopsis

Feliciano es un investigador privado, aburrido de la vida, que encuentra su sentido escudriñando en el pasado familiar. La historia de vida de su abuelo, republicano, masón y exiliado en Méjico, duerme olvidada en el cajón del silencio. Y él se siente llamado a despertarla.

Presentación

Esta es mi modesta aportación a algo en lo que creo: para mirar adelante con esperanza hay que asumir lo que se deja atrás.

España tiene aún pendiente un elemental ejercicio de reparación y justicia de lo ocurrido durante los 40 años del franquismo. La herencia de aquel siniestro régimen ha sido un secuestro sistemático de la verdad y el olvido deliberado de aquellas personas convertidas en criminales por defender la libertad.

Rechazo tal legado, y, aunque sea a través de esta novela, reivindico la memoria contra la impunidad del franquismo y la amnesia complaciente en la que vivimos.

Un traje nuevo para el abuelo es una novela en la que se habla de la memoria y del reconocimiento a la dignidad por los vencidos en la Guerra Civil:

¿No te das cuenta? Esto es mucho más rico, es frágil porque es singular, pero debes tener en cuenta que la memoria es amplia y diversa. Yo he llegado a la conclusión de que no hay una única memoria del exilio: hay 500.000. La singularidad de cada una ha dado lugar a una memoria colectiva, que aún sigue viva. Y ésa es la gran fortaleza del exilio. Franco se esforzó en invisibilizar a los vencidos y no podemos permitir que predominen las mentiras y los cuentitos con los que reescribieron la historia: hay que trasmitir esta memoria y dignificar a los exiliados. ¿No crees que tu abuelo se lo merece?”

… Del exilio de los republicanos españoles en Méjico:

Pues así vivieron ellos el exilio, como una gran pérdida... ¿Sabes?, hay algo que se les quedó adentro para siempre y que no pudieron resolver...”

… Y del largo exilio interior:

Sobrevivir emboscados entre el miedo, el rencor y el disimulo: eso era lo que había. Una vida amarga, sin duda

… Con especial enfoque en el colectivo de los masones masacrados por Franco y la Falange en los primeros días de la contienda:

La logia acordó disolverse tras tener noticias de los fusilamientos sin contemplaciones que habían sufrido nuestros hermanos en Sevilla, Jerez, Antequera, Algeciras... Por las ciudades por donde habían pasado los rebeldes había habido una cacería de masones: todos asesinados.”

Quiero compartir con vosotros esta breve novela sobe las consecuencias del franquismo: las ausencias y los vacíos que dejaron en los que se exiliaron y en los que se quedaron; un paso más en mi aventura como escritor en la que pretendo hacer de la literatura un ejercicio de responsabilidad y denuncia.

Un traje nuevo para el abuelo” es mi segundo trabajo tras la novela negra “El crimen de Fani” (Editorial UNO, 2015).




*

Abriendo puertas

La doctora Isabel Menta es una psicóloga reputada. Trabaja una terapia de moda: una mezcla de gestalt con psicología holística y un puntito de prácticas naturópatas. Y no le va mal porque en la sala de espera nunca faltan los clientes.

Feliciano acude durante cerca de un año a la consulta de la doctora. Allí aprende a relativizar sus problemas, a mirarlos con perspectiva, a entender lo que es la empatía. Dibuja docenas de arbolitos que Menta disecciona con sus gafas emocionales y le enseña ejercicios para calmar la ansiedad y sanarle. Al cabo de ése tiempo, Feliciano es optimista. Cree que ha madurado lo suficiente para retomar su relación con Salma con un compromiso sincero. Le pide a la doctora Menta que le de el alta:

- De acuerdo. Ya no tienes que venir más por aquí, si no quieres. Veo por lo que me cuentas, que las cosas con Salma están en una fase distinta y quizá puedan arreglarse.  -Feliciano siente elevarse del silloncito, se le ilumina la cara de alegría. -¿Quieres una infusión? -le ofrece Menta.

- Sí, gracias.

La Doctora Menta se levanta y acerca una bandeja con una jarra de agua, un servicio de té y una cesta con varias bolsitas.

- En cualquier caso, no te precipites... -dice la Doctora y tras servir el agua hirviendo en las tazas añade- Yo te aconsejaría que des el paso cuando estés completamente seguro de lo que quieres. Y antes de darte el alta, voy a proponerte un ejercicio de meditación como despedida. ¿Te apetece?

- Sí, me parece bien. ¿Me tumbo?

- No, esta vez lo haremos sentado... No hay prisa, tómate la infusión tranquilo.

La doctora pone en marcha un pequeño altavoz y comienza a oírse una melodía que evoca un lugar con altos árboles y pájaros que parecen conversar al son de la música.

- ¿Estás preparado?

- Sí.

- Vale. Siéntate cómodamente, reposa tus manos sobre las piernas y concéntrate en tu respiración. Cierra los ojos y visualiza cómo tu ombligo avanza al tomar aire y cómo retrocede al soltarlo... Despacio, respira con normalidad y obsérvala.

Menta habla pausada, deja las palabras en el aire armoniosamente, siguiendo las subidas y bajadas de la música hipnótica que flota en el ambiente.

- Ahora imagina que estás en una espaciosa sala, con techos altos y unos grandes ventanales desde los que se ven plantas afuera. Sales al exterior, hay muchas plantas y árboles... No alcanzas a ver sus copas, son altos, magníficos. Paseas y encuentras una regadera. Está llena pero no te pesa. Te entretienes en echar agua a cada planta que encuentras.

(…)

- Hay una planta que te atrae especialmente. Te acercas a ella y te sientes bien contemplándola. Te acomodas junto a ella: estás relajado y notas que de la planta emana una luz... Es una luz brillante que entra en ti, te traspasa y te llena poco a poco. Te hace sentir cada vez mejor... En paz contigo mismo y con los demás... Conectado. Respira profundamente y quédate en ése bienestar unos minutos.

Feliciano acaba por abandonarse y se deja llevar por los sonidos de la jungla imaginada. Al cabo, la música calla y Menta rompe el silencio con su cálida voz:

- ¿Qué tal, cómo estás?

- Bien... Muy bien.

- ¿Qué has visto en la meditación? Cuéntame...

- He imaginado que estaba en una casa que me resultaba familiar, me sentía pequeño... Creo que me recuerda al chalé de mi abuela, sí. Había una galería con grandes ventanales y mucha luz, pero había algo que me impedía ver el exterior: una especie de muro, me parece. Luego estaba en un porche y he visto un jardín o un lugar parecido. Estaba todo lleno de plantas y macetas. Había un cerezo precioso...

- ¿Y qué planta has elegido?

- Una glicinia o algo así. Estaba emparrada y llena de racimos en flor colgando. Me he metido debajo y he sentido el calor de los rayos del Sol a través de sus flores violetas.

- Es curioso... Dices que has visto un muro delante de las ventanas, ¿no? Eso puede ser una pista de algo que te bloquea, que te impide ver más allá... Por otro lado, dices que has visto flores moradas; ése color se relaciona con la sanación y algo más: con un mensaje.

- ¿Un mensaje?

- Sí, puede ser algo que portas tú y que lo está esperando alguien.

Feliciano, incrédulo, sigue las interpretaciones de Menta. Las encuentra muy vagas pero no fuera de lugar.

- Dices que has visto el chalé de tu abuela... ¿Recuerdas alguna mala experiencia en ésa casa?

Feliciano piensa un instante y responde:

- No tengo buenas vibraciones con su recuerdo, pero no veo nada en especial que me provoque rechazo.

- Luego está lo de la planta. La glicinia, la sanación. Quizá nos indique que en esa casa se necesite una limpieza... Quizá algún suceso relacionado con la casa que no esté resuelto. No sé, ¿le ves algún sentido?

- Puede, creo que algo sucedió en mi familia materna pero no he sido nunca capaz de enterarme qué pasó.

- Y luego está lo del color violeta: el mensaje. Y el bloqueo... Feliciano, -Menta hace una pausa meditada y juntando las yemas de los dedos desde el fondo de su butaca, le dice:- te propongo que indagues en los recuerdos acerca de ése lugar y que abras las puertas o derribes los muros que has visto allí.

- Me vas a perdonar Isabel, pero es que a mí eso de abrir puertas... Me parece un tanto abstracto, no sé...

- De acuerdo -la doctora deja de tocarse las puntas de los dedos, se incorpora en su butaca y mira fijamente a su paciente-. Voy a ser concreta y creo que esta tarea es fácil para ti. Te invito a que hagas un viaje a la memoria de tu familia.

- ¿Un viaje dices?

- Sí, pero simbólico, hombre. No creo que necesites ninguna maleta... Tienes que encontrar tus raíces. ¿Y cómo? Pues documéntate sobre tu familia: tus padres, tus tíos, tus abuelos... Y trata de encontrar si hay algún secreto familiar. Eso sabes hacerlo de sobra, ¿verdad?

-Bueno, sí. No creo que eso sea problema, aunque la familia, no sé... Ha pasado mucho tiempo...

- El tiempo no lo cura todo, Feliciano. Sólo lo tapa. Quizá tú eres un mensajero y tu destino está ligado a ése mensaje que debes entregar a alguien para sanarlo o para sanarte a ti mismo.

Feliciano percibe ahora por completo el sentido de una de las frases que Menta tiene enmarcadas en su consulta y que no acababa de saber qué pintaban allá:

Lo que se calla en la primera generación,
la segunda lo lleva en el cuerpo.” 


Pablo Aguayo de Hoyos
Un traje nuevo para el abuelo - Capítulo 3, fragmento.
Editorial UNO, Junio 2016.
141 pags.







1742. La memoria (histórica) del Yayo José

Como José Salmerón, fusilado defendiendo el orden constitucional, otros doscientos republicanos españoles yacen 
en los cementerios de Tetuán y Larache, en Marruecos


Francisco Sánchez Montoya / 21 diciembre 2015 / redmarruecos.com

Cuando Rubén, nieto de José Salmerón, se encuentra delante de la fosa de republicanos fusilados en Tetuán en su cabeza se agolpan las preguntas: ¿Por qué?, ¿cómo ocurrió?, ¿cómo fueron esas últimas horas del Yayo en el campo de concentración? Y entonces, en apenas unos segundos, ve pasar los escasos recuerdos que un día su madre le contó...

Rubén se sintió reconfortado al pisar la tierra que le da sepultura. Al llegar a la fosa se detuvo lentamente, delante una sencilla lápida de mármol, con la mirada recorre apresurado el listado de los que allí están sepultados. ¡Aquí está! Al pasar su mano por el nombre del abuelo, se sintió reconformado, como diciendo: "¡Yayo, aquí estoy!". José Salmerón Céspedes, nació el 30 de mayo de 1895 en Berja (Almería). Muy joven aprobó unas oposiciones para policía y se casó con Elena, que también era de Berja. Enseguida se fueron para Marruecos. Tuvieron seis hijos, pero dos murieron muy pequeñitos. Crecieron cuatro: Elena, Mercedes, José y Guadalupe, la madre de Rubén. En 1936, Elena, la mayor, era adolescente, y Guadalupe, la menor, apenas tenía cinco años. Era un gran conocedor de las últimas tecnologías, y estaba al tanto de los adelantos, sabía cómo funcionaba en su interior la radio con sus componentes, se había buscado la manera de ir aprendiendo en sus ratos libres. Quería que todas sus hijas estudiaran, que se desarrollaran, que fueran a la universidad. Y él también quería estudiar, derecho, para ser juez, porque le indignaban las injusticias.

La historia de José Salmerón era como la de tantos otros españoles que luchaban por cambiar una sociedad de clases para vivir con su familia en paz, en libertad y en democracia. Pero aquel viernes del 36 no sería igual a otros. Una parte del ejercito, junto a las milicias de Falange, no les gustaba el panorama que presentaba de igualdad y progreso la Segunda República. José Salmerón se encontraba en el Cine-Teatro Español con la familia, como otros muchos días. En mitad de la proyección el rumor no le deja ver la proyección, al tener conocimiento de la sublevación se llevó a la familia a casa, y con rapidez se marchó a comisaría, a cumplir con su obligación, besó a su mujer e hijas y les dijo: “No preocuparos, en unas horas estoy de vuelta”. Pero ya nunca más regresó. La dramática confusión de los primeros momentos hace que la familia nunca sepa que pasó con él, las escasas noticias les llegaban gracias al amigo de la familia Vicente Bartual, que incluso intentó, años después, que le entregaran el cuerpo, pero se lo denegaron. Su nieto Rubén nos comenta: “Nunca supe qué más fue de él, no he podido hallar ninguna referencia y mira que estaría para agradecerle su ayuda a la familia en esos trágicos momentos, en Tetuán”.


Fusilado en Tetuán

Por otra parte, los sublevados tan sólo le decían a su mujer que había muerto en el frente, pero sin aportarle documentos, ni explicación. Ella nunca se lo creyó. No sabia donde recurrir en busca de información. Estaba marcada como "mujer de un republicano”. Lo había estado buscando de arriba para abajo, siguiendo su pista por diversas cárceles; contaron que en algún momento le habían dicho: “Salmerón, váyase”, pero que no había querido irse por lealtad a sus otros compañeros detenidos. Después de muchos años en voz baja alguien le contó que sus restos estaban al parecer en una fosa común al pie de la valla del cementerio de Tetuán, pero que nunca se había podido rescatar el cuerpo, que nadie quiso dar nunca la localización exacta, por miedo. Y que no se pudo, ni se podía ya, saber o hacer nada más. En la documentación consultada actualmente se detalla que fue fusilado junto otros cien republicanos en el Campo de concentración “El Mogote", en Tetuán.

En marzo de 2010, viendo la familia unas noticias en la televisión que hablaban de la apertura de una fosa común de víctimas del franquismo, en Valencia, su nieto, Rubén, preguntó nuevamente a su madre sobre el Yayo. Y ésta nuevamente le dijo que no sabía más de lo que ya habían hablado en numerosas ocasiones: que sus hermanas habían intentado saber en su día y que nunca se había podido obtener mayor resultado; que durante su niñez y juventud había sido siempre un tema del que no se podía ni hablar, porque la abuela se subía por las paredes del enfado; que así se habían pasado los años, y que a ella muy poco le habían contado y ya de mayor, y que ya todo se lo había contado. Esa noche Rubén llegó a su casa frustrado y enfadado por tal estado de cosas. Estuvo toda la madrugada buscando por las redes e Internet, y piensa que en algún lugar tiene que existir alguna referencia...

La primera señal la encuentra en la web Todos los nombres, una iniciativa desarrollada en Andalucía para la recuperación de la memoria histórica que ofrece una base de datos de represaliados por el franquismo para su consulta. Nos relata Rubén: “Puse su nombre en el formulario, sin muchas esperanzas y me aparece un registro, ¡El nombre exacto, José Salmerón Céspedes, Jefe de Policía, fusilado en Tetuán, el 20 de agosto de 1936! ¡Era él, efectivamente, qué impresión, se me puso la piel de gallina! Cambiaba la primera palabra, y cambiaba toda la historia. No es lo mismo “morir” que “ser fusilado”. De la mala suerte en la confusión y el fragor de la guerra a acontecimientos concretos con agentes, intencionalidades, causas, responsabilidades, y el Yayo como víctima de la represión franquista”.


Y volvió a sonar Mozart

Desde que Rubén tuvo los datos del Yayo José le rondaba la idea de volver a los lugares donde había pasado sus últimas horas con vida y sobre todo realizar una visita a la fosa de Tetuán, donde fue arrojado junto a sus compañeros. Hace unos días se cumplió, en el solitario y abandonado cementerio. Su nieto plantó una sencilla planta, con tres semillas en la tierra que lo cobija. Más tarde, acomodó encima de la lápida una grabación y volvieron a sonar los acordes de Mozart, del que su abuelo era un apasionado. Incluso cuando formó parte de la Logia masónica Oriente en Tetuán adquirió el nombre simbólico de “Mozart”. Seguro que su pertenencia a esta Orden, fue una de las causas de su detención. Recordemos que desde el mismo momento del golpe persiguieron a los que habían pertenecido a la masonería. Emitiendo edictos por el que se declaraba que era considerada asociación clandestina contraria a la ley y que a todo aquel que hubiera pertenecido a ella, se le acusaría de cometer un “crimen de rebelión”. Se registraron sus casas, si encontraban documentos, se les acusaba de que éstos debían haber sido destruidos, en los tres días siguientes a la publicación del edicto, una cuestión difícil de cumplir, ya que una gran mayoría de los masones, como fue el caso de José Salmerón Céspedes, fue detenido en la noche del 17 de julio de 1936.


José Salmerón, memoria en la historia

Como José Salmerón Céspedes, otros doscientos republicanos españoles están en las fosas de los cementerios de Tetuán y Larache, en Marruecos. Aquel caluroso 17 de julio, tras tener conocimiento de la sublevación, él se posiciona claramente junto al gobierno constitucional. Como jefe de policía se dirige a la Alta Comisaría para estar junto a Álvarez-Buylla, e ir recibiendo noticias desde Madrid para detener el golpe. También recibe noticias del centro obrero republicano, situado en la céntrica calle La Luneta. Su presidente, el maestro nacional Elíseo del Caz, organiza patrullas para que recorran la ciudad e informen de los movimientos de las tropas, y estos a su vez lo comunican al Alto Comisario.

Pero esta comunicación se cortó cuando tropas de Regulares asaltan el Centro Obrero. En su interior se encontraban unas trescientas personas. No los dejan salir y allí permanecieron hasta que por la mañana comenzaron a tomarle declaración. La mayoría fueron enviados, primero, a la cárcel europea, pero al comprobar los sublevados el volumen tan grande de detenidos construyeron un campo de concentración, “El Mogote”, en las afueras de Tetuán, junto a las ruinas romanas de Tamuda, donde la mayoría son fusilados.

José Salmerón, junto al Alto Comisario, seguía manteniendo, en la tarde del 17 de julio, constantes comunicaciones con Madrid y se las trasladaba al comandante De la Puente Bahamonde, jefe del aeródromo en las afueras de Tetuán. A media tarde y con tan solo una línea con el exterior, habló Álvarez-Buylla con el aeródromo de Sania Ramel, dándole las últimas consignas recibidas desde Madrid: “Dentro de unas horas vendrán aviones enviados por el Gobierno con soldados, tal y como me lo ha prometido el Ministro de la Guerra y Presidente del Gobierno de la República Casares Quiroga y aterrizaran en Tetuán”. Aviones que no llegaron.

El teniente coronel sublevado Sáenz de Buruaga, a medianoche, se puso en contacto con el Alto Comisario, instándole a la entrega del edificio. Respondiendo Álvarez-Buylla, que no lo reconocía como autoridad. A los pocos minutos tropas de la Legión rodearon la Alta Comisaría, tras un forcejeo, se entregó. Es traslado a Ceuta y recluido en la fortaleza del monte Hacho, donde fue fusilado en la mañana del 16 de marzo de 1937.

Mientras tanto el aeródromo en las afueras de Tetuán seguía fiel a la República. Sobre las 4h30 de la madrugada comenzó el ataque por parte de los sublevados. El comandante De la Puente Bahamonde, a las 5,15 minutos, enarboló un pañuelo blanco, pidiendo con ello el cese de las hostilidades, cruzó por la pista de aterrizaje y se detuvo en el ramal de la carretera de Rio Mártil a Ceuta. Ordenando a sus compañeros salir y formaran de uno en uno y sin armas, en la pista. Se les acercó el comandante de Regulares Serrano Muntaner a quien le entregó su pistola.

Todos fueron detenidos, un oficial, llamó a la Alta Comisaría para comunicar al teniente coronel Buruaga, la rendición y toma del Aeródromo, el Alto Comisario Álvarez-Buylla, que se encuentra detenido en el despacho ruega le transmita un mensaje a De la Puente: ”Un abrazo y enhorabuena por su comportamiento con la tropa, porque como buen militar no ha hecho más que cumplir estrictamente las órdenes recibidas, demostrando en todo momento unos buenos sentimientos, al rendirse cuando vio las bajas que tenia y que prolongar la defensa, conduciría a sensibles perdidas, por ambos bandos”.


De Tetuán a Melilla

La mujer de José Salmerón, supo salir adelante junto a sus cuatro hijos, luchó lo imposible para educar sola a Elena, Mercedes, José y Guadalupe. Comenzó a coser con una modesta máquina. Antiguos amigos, gente a las que él había ayudado, le negaban ahora el saludo, fingían no conocerla o la miraban con desdén. Eran gentes que habían sacado provecho del golpe. Guadalupe, madre de Rubén, recuerda que un día, una vez ya en Melilla, al regresar a la casa tras uno de esos incidentes en el autobús, estalló la abuela en llanto de pura impotencia: “Si tu padre hubiera vivido, ese sinvergüenza no hubiera actuado así”. Guadalupe recuerda que cuando pasaron la frontera en un autobús de La Valenciana, se aferraba muy fuerte una muñeca de trapo, que era lo único que le había quedado. La mujer de José Salmerón, pese a tener la intuición de su muerte en Tetuán, se agarraba a la última esperanza, le comentaron que tal vez su marido estaba en una prisión cercana a Melilla y para allí se fue, siguiéndolo. No sabemos por qué ni hasta cuándo le mintieron. Pero cuando lo supo, decía que de haberlo sabido antes se hubiera quedado en Tetuán. En Melilla se quedaron en una casa alquilada que les ayudó a conseguir un familiar, en un edificio que era propiedad de un conocido falangista local. Conservaron un aparato de radio y por las noches la madre de Rubén recuerda que los mandaban pronto a la cama y que venían algunos vecinos, a escondidas, para escuchar muy bajito una emisora que estaba prohibido escuchar. “La tortilla se está quemando demasiado, y tiene que dar la vuelta”, decía la abuela Elena.











1344. Ley de 1 de marzo de 1940 sobre represión de la masonería y el comunismo

Ley de 1 de marzo de 1940 sobre represión de la masonería y el comunismo. (Publicada en el BOE núm. 62, de 2 de marzo de 1940).


"Acaso ningún factor, entre los muchos que han contribuido a la decadencia de España, influyó tan perniciosamente en la misma y frustró con tanta frecuencia las saludables reacciones populares y el heroísmo de nuestras Armas, como las sociedades secretas de todo orden y las fuerzas internacionales de índole clandestina.

Entre las primeras, ocupa el puesto más principal la masonería, y entre las que, sin constituir una sociedad secreta propiamente, se relacionan con la masonería y adoptan sus métodos al margen de la vida social, figuran las múltiples organizaciones subversivas en su mayor parte asimiladas y unificadas por el comunismo. 

En la pérdida del imperio colonial español, en la cruenta guerra de la Independencia, en las guerras civiles que asolaron a España durante el pasado siglo, y en las perturbaciones que aceleraron la caída de la Monarquía constitucional y minaron la etapa de la Dictadura, así como en los numerosos crímenes de Estado, se descubre siempre la acción conjunta de la masonería y de las fuerzas anarquizantes movidas a su vez por ocultos resortes internacionales. 

Estos graves daños inferidos a la grandeza y bienestar de la Patria se agudizan durante el postrer decenio y culminan en la terrible campaña atea, materialista, antimilitarista y antiespañola que se propuso hacer de nuestra España satélite y esclava de la criminal tiranía soviética. 

Al levantarse en armas el pueblo español contra aquella tiranía, no cejan la masonería y el comunismo en su esfuerzo. Proporcionan armas, simpatías y medios económicos a los opresores de la Patria, difunden, so capa de falso humanitarismo, las más atroces calumnias contra la verdadera España, callan y escuchan los crímenes perpetrados por los rojos, cuando no son cómplices en su ejecución y, valiéndose de toda suerte de ardides y propagandas, demoraron nuestra victoria final y prolongaron el cautiverio de nuestros compatriotas. 

Son muy escasas y de reducido alcance las Órdenes y disposiciones legales adecuadas para castigar y vencer estas maquinaciones. El Decreto de 19 de Julio de 1934, resultó ineficaz por su vaguedad al enunciar el delito o por circunscribirse a un determinado sector. 

Sin que por ahora se pretenda establecer la normativa definitiva y total sobre esta materia, se hace ya indispensable  determinar la calificación jurídica y sanciones que merecen los que todavía secundan la masonería o el comunismo y demás sociedades secretas y organizaciones contrarias al orden social. 

Con ello se pone un valladar más firme a los últimos estertores de las fuerzas secretas extranjeras en nuestra Patria y se inicia la condenación social de las organizaciones más perniciosas para la unidad, grandeza y libertad de España. 

Más en estas disposiciones no se debe olvidar la conducta de los que, habiendo pertenecido ocasionalmente a dichas entidades, reaccionaron a tiempo y rompieron con ellas para entregarse denodadamente al servicio de la Patria, lavando a veces con sangre heroica los yerros cometidos. 

Acogiendo tales postulados, no hacemos sino mantenernos fieles a los principios cristianos y a la generosidad del Movimiento Nacional.

En su consecuencia DISPONGO:

Artículo primero. Constituye figura de delito, castigado conforme a las disposiciones de la presente Ley, el pertenecer a la masonería, al comunismo y demás sociedades clandestinas a que se refieren los artículos siguientes: 

El Gobierno podrá añadir a dichas organizaciones las ramas o núcleos auxiliares que juzgue necesario y aplicarles entonces las mismas disposiciones de esta Ley debidamente adaptadas. 

Artículo segundo. Disueltas las indicadas organizaciones, quedan prohibidas y fuera de la Ley, sus bienes se declaran confiscados y se entienden puestos a disposición de la jurisdicción de responsabilidades políticas.  

Artículo tercero. Toda propaganda que exalte los principios o los pretendidos beneficios de la masonería o del comunismo o siembre ideas disolventes contra la Religión, la Patria y sus instituciones fundamentales y contra la armonía social, será castigada con la supresión de los periódicos o entidades que  la patrocinasen e incautación de sus bienes, y con pena de reclusión mayor para el principal o principales culpables, y de reclusión menor para los cooperadores. 

Artículo cuarto. Son masones todos los que han ingresado en la masonería y no han sido expulsados o no se han dado de baja en la misma o no han roto explícitamente toda relación con ella, y no dejan de serlo aquellos a quienes la secta ha concedido autorización, anuencia o conformidad, bajo cualquier forma o expediente, para aparentar alejamiento de la misma. 

A los efectos de esta Ley se consideran comunistas los inductores, dirigentes y activos colaboradores de la tarea o propaganda soviética, trotskistas o similares. 

Artículo quinto. A partir de la publicación de esta Ley, los delitos de masonería y comunismo definidos en el artículo cuarto, serán castigados con la pena de reclusión menor. Si concurriera alguna de las circunstancias agravantes expresadas en el artículo sexto, la pena será de reclusión mayor.

Artículo sexto. Son circunstancias agravantes dentro de la calificación masónica, el haber obtenido alguno de los grados del 18 al 33, ambos inclusive, o el haber tomado parte en las asambleas de la asociación masónica internacional y similares o en las asambleas nacionales del gran oriente español (sic), de la gran logia española o de otras cualesquiera organizaciones masónicas residentes en España, o el haber desempeñado otro cargo o comisión que acredite una especial confianza de la secta hacia la persona que la recibió. 

Son circunstancias agravantes, dentro del comunismo, el figurar en los cuadros de agitación, en las jefaturas y en los núcleos de enlace con las organizaciones extranjeras y el haber participado activamente en los congresos comunistas nacionales o extranjeros. 

Artículo séptimo. Quienes en tiempo anterior a la publicación de esta Ley hayan pertenecido a la masonería o al comunismo, en los términos definidos por el artículo cuarto, vienen  obligados a formular ante el Gobierno una declaración retractación en el plazo de dos meses y conforme al modelo que las disposiciones reglamentarias establezcan, en la cual se haga constar aquel hecho así como las circunstancias que estimen pertinentes y, señaladamente, si concurriese alguna de ellas, las determinadas en los artículos sexto y décimo. 

Artículo octavo.  Sin perjuicio de la persecución de otros delitos que hubieran cometido las personas comprendidas en el artículo anterior, aquéllas en que no se reconozca alguna excusa absolutoria, quedarán separadas definitivamente de cualquier cargo del Estado, Corporaciones pública u oficiales, entidades subvencionadas y empresas concesionarias, gerencias y consejos de administración de empresas privadas, así como cargos de confianza, mando o dirección en las mismas, decretándose, además, su inhabilitación perpetua para los referidos empleos y su confinamiento o expulsión.

Asimismo, serán sometidos a procedimiento para imposición de sanción económica, conforme a la Ley de 9 de febrero de 1939. 

Se considerará circunstancia atenuante el suministrar información o datos interesantes sobre actividades de la secta, sobre los que iniciaron o fueron jefes o compañeros en ella del declarante y, en general, sobre otros extremos que puedan servir con eficacia al propósito de la presente Ley. 

Artículo noveno. Si no presentasen declaración retractación a que se refiere el artículo séptimo, dentro del plazo indicado, o facilitasen datos falsos u ocultasen aquellos otros que, conocidos por el interesado, tuviese éste obligación de declarar, quedarán sujetos a las sanciones previstas en el artículo quinto, sin que puedan beneficiarse de las excusas absolutorias a que se refiere el artículo siguiente.

Artículo décimo. Sin perjuicio de la obligación de presentar la declaración retractaría prevenida en el artículo séptimo, podrán considerarse excusas absolutorias que eximan de las medidas y sanciones del artículo octavo, las siguientes:

a) Haber servido como voluntario desde los primeros momentos en que hubiera sido posible en los frentes de guerra, durante más de un año, ya en los Ejércitos nacionales, ya en las Milicias, y con cualquier grado, observando, además conducta ejemplar en todos los órdenes, a juicio de sus jefes, y, en su caso, de sus compañeros de armas. El caso de que se trate de personal en quien haya concurrido esta circunstancia, con carácter distinto del voluntario, como profesionales o movilizados, se podrá apreciar la excusa absolutoria si, además, se hubieran distinguido especialmente en el frente ajuicio también, de los jefes y de los compañeros de armas, en su caso. 

b) Haberse sumado a la preparación o realización del Movimiento Nacional con riesgo grave y perfectamente comprobado. 

c) Haber prestado servicios a la Patria que, por salirse de lo normal, merezcan dicho título de excusa. 

Artículo undécimo. Para decretar las medidas a que se refiere el artículo octavo, así como para apreciar la concurrencia de excusas absolutorias del décimo, cuando se trate de militares profesionales de categoría igual o superior al de oficial de los Ejércitos de Tierra, Mar, o Aire, serán competentes los Tribunales de Honor, constituidos y funcionando conforme a las normas de sus respectivos Institutos. 

Las actas de dichos Tribunales serán elevadas al Consejo Superior del Ejército para su aprobación a los efectos, no sólo de mantener la pureza del procedimiento, sino también la necesaria unidad de criterio en cuanto al fondo, pudiendo por este motivo someter los fallos a revisión de un Tribunal mixto compuesto por representaciones de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire.

A los fines de este artículo el Consejo Superior del Ejército funcionará ampliado con un representante del de Mar y otro del Aire. 

Artículo duodécimo. Cuando se trate de otras personas no comprendidas en el artículo anterior, el decretar las medidas indicadas y apreciar la concurrencia de excusas absolutorias corresponderá a un Tribunal Especial presidido por quien libremente designe el Jefe del Estado y constituido, además, por un General del Ejército, un jerarca de Falange Española Tradicionalista y de las JONS, y dos letrados, nombrados todos del mismo modo.  

No obstante, la apreciación de la concurrencia de las circunstancias prevenidas en los apartados b) y c) del artículo décimo, corresponderá al Consejo de Ministros a propuesta del Tribunal. 

El Tribunal podrá comisionar la instrucción de expedientes y sumarios a los jueces de la jurisdicción ordinaria y a los de Ejército, Marina y Aire que se le adscriban a dicho efecto. Y previa celebración de juicio, con audiencia de un fiscal y del interesado, dictará sentencia. 

Contra ella podrá interponerse recurso en término de diez días, ante el Consejo de Ministros, por quebrantamiento de forma, error de hecho o injusticia notoria. 

Artículo décimotercero. La persecución de los delitos comprendidos en los artículos tercero, cuarto y noveno de la presente Ley se atemperará en todo caso a las normas de competencia y procedimiento señaladas en el artículo 12.

Artículo catorce. Quedan derogadas cuantas disposiciones se opongan a los artículos que anteceden.  

Así  lo dispongo  por la presente Ley, dada en Madrid a primero de marzo de mil novecientos cuarenta".


Francisco Franco








885. La Masonería española en presidio

El 1 de marzo de 1940, el gobierno franquista aprobó la Ley sobre la represión de la masonería y el comunismo, el comunismo y demás movimientos "que siembren ideas disolventes contra la religión, la Patria y la armonía social" y constituyó el Tribunal para la Represión de la Masonería y el Comunismo que estuvo en vigor hasta la creación del Tribunal de Orden Público en 1963. Esta Ley, venía a sumarse a la lista de de las que el franquismo ya había publicado para establecer las bases de un duro sistema represivo y policial.

«Acaso ningún factor, entre los muchos que han contribuido a la decadencia de España, influyó tan perniciosamente en la misma y frustró con tanta frecuencia las saludables reacciones populares y el heroísmo de nuestras Armas, como las sociedades secretas de todo orden y las fuerzas internacionales de índole clandestina. Entre las primeras, ocupa el puesto más principal la masonería, y entre las que, sin constituir una sociedad secreta propiamente, se relacionan con la masonería y adoptan sus métodos al margen de la vida social, figuran las múltiples organizaciones subversivas en su mayor parte asimiladas y unificadas por el comunismo».

Franco tenía muchas obsesiones y una se ellas era la Masonería. La mantuvo hasta en su último mensaje público el 1 de octubre de 1975, afirmando entonces que contra España existía "una conspiración masónico-izquierdista en la clase política, en contubernio con la subversión comunista-terrorista en lo social"

Mussolini inició la persecución contra los masones en 1925, Hitler en 1933 y Franco no podía ser menos. Tras la Guerra, los masones que optaron quedarse en España fueron condenados por el Tribunal de Represión de la Masoneria. 

Uno de ellos era Eduardo Alfonso Hernán ((1894-1991), alumno de Ramón y Cajal, y uno de los primeros médicos naturistas, que estuvo recluído tres años en el penal del Puerto de Santa María y después en la Prisión Central de Burgos. Al salir de la cárcel se exilió en Chile y Puerto Rico.

Dejó el testimonio de su represión en el libro "La Masonería española en presidio". Los borradores del libro salieron de la Prisión de Burgos escritos en caracteres griegos y árabes transportados en el fondo de una maleta y con la colaboración de alguna de las monjas de la prisión.

Este es un extracto de su testimonio:

"A diario se nos hacía cantar obligada y reglamentariamente el Cara al sol, de Falange Española, en todas las cárceles por donde hemos pasado; hasta el día en que los angloamericanos desembocaron en Italia, en cuyo momento dejóse de cantar como por encanto".

"En este himno había una estrofa que decía: 'volverán banderas victoriosas al paso alegre de la paz'. Cuando entraron las banderas victoriosas de los falangistas en las distintas provincias españolas, todo el mundo supuso que harían buenas sus estrofas, trayéndonos la alegría de la paz. Pero nadie pensó que esta paz fuese la de los sepulcros". 

"El error garrafal que en materia politiva cometieron Franco y sus engreidas huestes  fue dividir a los españoles en "rojos" y "nacionales". Estaba en su mano haber interprestado la realidad de España clasificando a los ciudadanos en "personas decentes" y "personas indeseables". Pero esto era lógico, y por eso no lo hicieron, impidiéndoles cumplir la promesa de su Caudillo de que "nada tendría que temer el que no tuviese las manos manchadas de sangre"

"La masonería pagó su triste y fatídico tributo, como todas las agrupaciones políticas liberales, a este 'paso alegre' de los que venían a salvar la patria en nombre de Cristo y con el mismo criterio de aquellos que encendieron las hogueras inquisitoriales en el siglo XV. Las hogueras de los forajidos fanáticos del siglo XX se trocaron en 'paseos'. (Se llamaba 'paseados' a los que habían sido matados sin formación de causa, sacándolos de su domicilio para asesinarlos.)"

"En los primeros momentos fueron detenidos todos los masones que eran conocidos políticamente, y en los primeros días de agosto detuvieron a casi todos, tanto activos como durmientes. Hasta los renegados terminaron por ir a la cárcel y todos ellos fueron multados. Hasta abril de 1937, todo el que comparecía ante consejo de guerra era condenado a muerte y fusilado sin excepción".

"El calvario de los masones españoles que sobrevivimos a esta persecución tuvo cuatro estaciones: Torrijos, Porlier, Puerto de Santa María y Burgos; pues tales fueron las prisiones que jalonaron nuestro 'via crucis' . La mayor parte de nosotros había pasado previamente por 'Villa Cemento', que tal era el humorístico nombre con que conocíamos al calabozo de la comisaría de distrito del Congreso, próxima al local donde actuaba el Tribunal Especial de Represión de la Masonería".

"En los primeros tiempos de actuación del tribunal (allá por el mes de septiembre de 1941) éramos conducido a la prisión de Torrijos, el nombre de este mártir de la libertad, que ahora, por una ironía del destino, daba su rótulo a esta calle donde había una cárcel repleta de hombres espiritualmente libres".

"En enero del 42 fuimos trasladados a la inmediata cárcel de Porlier, separada de la anterior por la calle Padilla. Tocóme ingresar en esta prisión, tras haber sido juzgado el 9 de febrero de 1942. Había el tribunal terminado sus labores a las 11 de la noche. De diecisiete masones juzgados habíamos sido condenados a prisión quince". 

"Estábamos 308 hermanos en aquella galeria, apretujados y respirando polvo y hedor de cárcel. Se estudiaba, se leía, se paseaba, se hablaba en animadas tertulias y se dormía tan estrechamente que era difícil andar entre las filas de petates cuando a uno se le presentaba alguna necesidad a las altas horas de la noche".

"La afluencia continua de masones que el tribunal iba condenando en proporción de un 85 por ciento, obligó a preparar una nueva y más extensa galería —la quinta—, donde llegaron a reunirse hasta quinientos veinte". 

"Un grupo de masones había sido conducido al penal del Puerto de Santa María el 15 de diciembre desde la cárcel de Porlier.  Y el día 9 de marzo fuimos trasladados otros 210 al mismo presidio. Pronto supimos que en este penal de Puerto de Santa María se nos había preparado un 'departamento especial'"

"En la represión masónica todo era especial: el tribunal, la cárcel, y hasta nosotros mismos que éramos presos sin delito. Pronto pudimos darnos cuenta de lo que se escondía tras tanta 'especialidad'

"El objeto era que estuviésemos separados de los demás reclusos. El virus masónico podía ser letal para los presos políticos. Se imponía, por consiguiente, nuestro aislamiento para evitar una epidemia de buen  sentido. El local que había de albergar nuestras personas durante el tiempo que Dios quisiera, era, nada más y nada menos, que el manicomio del establecimiento, 
¡pero con locos y todo! 

"El 'departamento especial' se componía de dos grandes naves en ángulo recto, unidas en el piso bajo por el comedor de los locos que separaba un patio grande de huerta bastante más grande. Pared por medio estaba el pabellón de las monjas que cuidaban a los dementes. Nosotros andávamos por todo el departamento a excepción de la brigada ocupada por los dementes".

"Al principio hubo bastante expectación y recelo por parte de los oficiales de la prisión. ¡Se había hecho tan absurda propaganda en contra de la masonería! ¿Quiénes eran estos hombres de la escuadra y el compás? Se nos miraba como a personas inteligentes, pero con una desconfianza sin límites. 'Todas las mañanas, desde bien temprana hora, se nos soltaba en aquella huerta, como manso rebaño. Pero no estábamos solos: parte muy principal de la población reclusa la constituían unos cientos de conejos que el director del penal criaba en jaulas metálicas. Con nosotros deambulaban por los senderos del huerto los locos, a los cuales pertenecía en derecho el disfrute de aquel recinto. Entre todos ellos ocupó el primer plano de nuestra afectividad 'Manolo', que era uno de esos locos que a veces saben decir verdades como puños". 

'Manolo' nos hizo un día el siguiente 'razonamiento': 'Yo no soy masón porque estoy aquí antes de que vinieran los masones, no soy tracoma porque tengo mis ojos bien, no soy loco porque a los locos se los llevaron a Córdoba, ¡luego soy conejo!'. Este infeliz, según supimos más tarde, fue fusilado implacablemente..."