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2482. El heroísmo de Madrid




A nadie le puede sorprender el heroísmo de Madrid: la capital de España tenía dadas sus pruebas y no está entre sus cualidades la de ser voluble. Lo que sí sorprenderá mucho su estilo, su estilo propio de heroísmo. Sabemos ver el heroísmo a distancia y todo él toma para nosotros un solo color. No ya color de sangre, sino resplandeciente pulcritud de mármol eterno. Al mirarlo de cerca advertimos su profunda naturaleza humana, y de aquí, en cada caso, si lo hubiésemos contemplado de igual modo, su aspecto peculiar. El heroísmo de Madrid no es más que la suma de sus virtudes llevadas al máximo rendimiento, por el destino, o, si se prefiere, por el azar. Madrid había de ser lo que es, ante la acometida de los extraños, por pura fidelidad a su íntima naturaleza. No es lo de "morir sonriendo", que el morir es seriedad absoluta. Es el heroísmo de luchar, como si no se pudiera morir, es la negación misma de la muerte, y con ella, de esa paradoja que llamamos inmortalidad. Es todo lo contrario: afirmación de vida, no para un mañana eterno, sino para hoy, para un mañana efímero como el de hoy, para todos los días, para todos los días por venir. Es, en suma, la expresión más fecunda de la España nueva, segura de vivir, sin luchar a la desesperada, antes al contrario, sostenida por la esperanza más noble, tanto que se ha convertido en fe ciega, como la que pintan, en la certeza clarividente de un futuro que es el de la humanidad toda. En Madrid ha habido siempre algo de toda España. En toda la España leal hay ahora, tiene que haber, es imposible que no haya, algo de nuestro eterno Madrid. 


Enrique Díaz Canedo
Noviembre de 1937
Publicado en Facetas de la actualidad española núm. 9
La Habana, enero de 1938










1999. El desterrado

Enrique Díez Canedo falleció en el exilio mexicano el 7 de junio de 1944.

Embajador de la II República española en Buenos Aires, el golpe de estado de julio de 1936 le hace regresar a España, implicándose en la defensa de la legalidad republicana. Director de la revista Madrid, colabora en Hora de España y participa como organizador del Congreso Internacional de escritores Antifascistas. 


El desterrado

Todo lo llevas contigo,
tú, que nada tienes.
Lo que no te han de quitar
los reveses
porque es tuyo y sólo tuyo,
porque es íntimo y perenne,
y es raíz, es tallo, es hoja,
flor y fruto, aroma y jugo,
todo a la vez, para siempre.
No es recuerdo que subsiste
ni anhelo que permanece;
no es imagen que perdura,
ni ficción, ni sombra. En este


sentir tuyo y sólo tuyo,
nada se pierde:
lo pasado y lo abolido,
se halla, vivo y presente,
se hace materia en tu cuerpo,
carne en tu carne se vuelve,
carne de la carne tuya,
ser del ser que eres,
uno y todos entre tantos
que fueron, y son, y vienen,
hecho de patria y de ausencia,
tiempo eterno y hora breve,
de nativa desnudez
y adquiridos bienes.
De aquellos imperturbables
amaneceres
en que la luz de tu estancia
se adueñaba tenue
pintando vidrios y cuadros,
libros y muebles;
de aquellos días de afanes
o placeres,
de vacilación o estudio,
de tenso querer, de inerte
voluntad; de cuantos hilos
tu vida tejen,
no hay una urdimbre quebrada
ni un matiz más débil. ..
Nadie podrá desterrarte
de estos continentes
que son carne y tierra tuya:
don sin trueque,
conquista sin despojo,
prenda de vida sin muerte.
Nadie podrá desterrarte;
tierra fuiste, tierra fértil,
y serás tierra, y más tierra
cuando te entierren.
No desterrado, enterrado
serás tierra, polvo y germen.


Enrique Díez  Canedo, 1940