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1985. Allan Craig, brigadista escocés

Memorial Allan Craig y brigadistas escoceses en el cementerio de Tarancón (Cuenca)
(Fotografía: María Torres)


María Torres / 25 mayo 2016

Allan Craig, nacido en Dundee (Glasgow), Escocia, el 11 de diciembre de 1904, formó parte de un acontecimiento único en el mundo. Fue uno de los 35.000 voluntarios de 53 países que vinieron a España para luchar a favor del gobierno republicano. De ellos, cerca de quinientos fueron escoceses. 134 nunca regresaron.

No era fácil llegar a España desde Glasgow. Un autobús hasta Londres, un tren hasta París y una vez allí había que apañárselas para cruzar la frontera franco-española y alcanzar Barcelona. Allan no llegó sólo, lo hizo con su hermano Charles, en diciembre de 1936. Charles, cuatro años menor que Allan, era miembro del partido comunista. Allan no era militante, pero ambos pensaban que el fascismo era una amenaza mundial para la libertad de los pueblos.

Allan formó parte del Batallón Británico dentro de la XV Brigada Internacional de la 35 División del Ejercito de la República Española. Resultó herido en combate en la Batalla del Jarama el 17 de febrero de 1937 y en un intento de salvar su vida fue trasladado Tarancón (Cuenca), una localidad clave en sanidad, logística militar, nudo ferroviario de la retaguardia republicana y punto importante de comunicación con Valencia.

Ingresado en "El Hospitalillo", antiguo hospital de Santa Emilia, uno de los tres centros sanitarios emplazados en Tarancón que acogían heridos de guerra, falleció el 22 de febrero de 1937, cinco días después. Tenía 36 años y una mujer y dos hijos esperándole.

Fue enterrado junto con otros brigadistas en el Cementerio de Tarancón, lugar donde permanecieron discretamente sus restos hasta los años setenta en que se acometió la remodelación del cementerio y alguien sin ningún escrúpulo decidió deshacerse de ellos y echarlos en una escombrera, junto con los de otras víctimas de la represión franquista.

Sus restos ya no están, pero permanece su recuerdo. Nada más acceder al cementerio, a la derecha, nos encontramos con tres placas a modo de tríptico. En la placa central, una imagen de Allan Craig, junto a los nombres de todos sus compañeros escoceses fallecidos en la Batalla del Jarama y la leyenda: To the memory of the Scottish members of the British Battalion, International Brigade, who fell at Jarama, 1937.

Dos placas situadas a ambos lados recuerdan los nombres de las víctimas del franquismo en Tarancón.

Detrás del memorial, un olivo plantado por el hijo de Allan Craig el 7 de octubre de 2011 en memoria de su padre "recordada con dignidad, la que merecen todos aquellos que lucharon por un mundo más justo para todos", de los 39 brigadistas escoceses caídos en la Batalla del Jarama y de todos los que defendieron la Répública Española.


Foto: María Torres

Foto: María Torres

Foto: María Torres









733. La última carta de Samuel Levinger

«Compañeros
larga es la guerra, sangrante la batalla.
Pero carguemos de nuevo nuestras armas
y ascendamos por la pendiente
empujando con fuerza
bayoneta calada
hacia la lejana colina.
Los que nos sobrevivan
verán la yerba verde
un país reluciente
un resplandor de estrellas
y aquellos
que cargaban firmemente sus armas 
serán para siempre recordados
y de la roja sangre
emergerán pináculos blancos.»


Samuel Levinger, un idealista joven de Ohio, llegó a España en enero de 1937 para luchar contra el fascismo y en auxilio de la República española. Fue brigadista en la compañía de ametralladoras Tom Mooney del Batallón Abraham Lincoln, que agrupaba a los dos mil ochocientos estadounidenses. Murió en la Batalla de Belchite, tras resultar herido en una pierna. Solo tenía veinte años.


Reproducimos a continuación su última carta escrita cuando luchaba en el Frente del Jarama, entre febrero y abril de 1937.


Solo en caso de muerte, por favor,
Envía la presente a Mrs. Lee J. Levinger
2257 Indianola Ave. Columbus, Ohio, USA
No enviar en caso de resultar herido.
Gracias, camarada.
Samuel Levinger


Queridos Padre y Madre:

Supongo que cuando os llegue esta carta llevaré varias semanas muerto. La guerra es muy confusa, desde luego, he visto bastantes cadáveres certificados dando vueltas por aquí como para sentirme un poco escéptico. Pero si recibís esto y también un anuncio oficial, consideradlo definitivo.

Este es el último día de descanso. Mañana vamos hacia el frente a echar a los fascistas. No tengo dudas de que conseguiremos que se larguen de aquí, aunque será a un precio considerable; y dado lo bueno que es el Batallón Lincoln, estaremos en mitad de todo ello.

Me aferro todavía a mi convicción original, según la cual seguiré con vida mucho después de que un montón de dictadores hayan muerto intoxicados por el plomo o con las arterias colapsadas; aunque me he equivocado antes en otras materias. Así que decidí escribir esta carta.

Ciertamente, no me entusiasma la idea de morir. Me lo he pasado muy bien en mis primeros veinte años a pesar de que, salvo los seis últimos meses, han sido bastante inútiles. Supongo que habría disfrutado igual de los veinte siguientes. De todas formas, quería escribir esta carta para dejar claro que no hay absolutamente nada de lo que arrepentirme.

Si volviera a vivir creo que me uniría de nuevo a esta lucha, en este lugar crucial. Había una tarea extremadamente importante que hacer aquí y fui uno de los hombres que decidieron llevarla a cabo. Es una lástima que al hacerlo una buena cantidad de nosotros resultáramos muertos, y el hecho de que yo muriese es todavía más lamentable desde nuestra perspectiva. Sin embargo, eso carece de relevancia respecto a la necesidad de emprender esta tarea. La diferencia entre el fascismo internacional y el socialismo internacional es demasiado grande para permitir que nuestra seguridad sea un factor a considerar.

Lo siguiente que quiero pediros es que no veáis esto fuera de contexto. Cambiar el mundo es un asunto muy serio. Ha matado y seguirá matando a miles de muchachos tan queridos para alguien como yo para vosotros. Los fascistas quieren guerra, y les daremos guerra a muerte.

Sois más afortunados que la mayoría de los padres, porque todavía tenéis dos niños con futuros muy brillantes. Tenéis oficios realmente valiosos. No estoy tan capacitado como para valorar el trabajo de Padre, aunque soy consciente de que es de gran valía, pero en mi terreno, el de un autor, puedo decir que Madre se convertirá en una de las mejores escritoras de su generación. Y todavía tenéis que lograr la emancipación de América.

Creo que mis ideas sobre la inmortalidad coinciden ampliamente con las vuestras. Escribí una vez un pésimo poema: “Si lo que aguarda es oscuridad dormiré, si es luz despertaré”. Así que, si volvemos a encontrarnos será genial; si no, hemos disfrutado de muchas alegrías juntos mientras duraron.

En cuanto a mis amigos, hacedles llegar mi cariño si os encontráis con ellos. Contadles que os dije que sólo hay una cosa que merezca recordarse: que hay un camarada menos para hacer el trabajo del soldado insatisfecho. Algo tendrán que hacer todos ellos para compensar mi baja. A ver si eso hace que algunos de ellos dejen de ser tan independientes y pasen a la acción.

Ha sido una carta torpe. Solo quería decir que os quiero muchísimo a los dos, y todo eso. Y también que esto no es tan grave.

Amor y saludos revolucionarios.


Alegría para el mundo.









561. Jarama Valley






El 6 de febrero de 1937, comenzó la Batalla del Jarama. Fue iniciada por los malos, como siempre, con la intención de cortar las comunicaciones de Madrid.


¿Cómo llegó una canción irlandesa a ser himno del Batallón norteamericano Abraham Lincoln y por extensión de la XV brigada a la que éste pertenecía?

A finales de 1936 la XIV Brigada había sufrido un fuerte revés en Córdoba contra las tropas de Queipo de Llano. El 27 y 28 de Diciembre en Lopera (Jaén) decidieron contraatacar, lo que resultó todo un desastre. Entre los supervivientes de la XIV Brigada Internacional había un grupo irlandés de 67 hombres que estaban bajo el mando de Frank Ryan (que había participado en la revolución de 1918 y era miembro del IRA). Estos habían sido incluidos dentro del batallón británico «Saklatvala" que se estaba creando de las cenizas de Lopera, lo cual era motivo de disputas entre estos 67 hombres que estaban realmente divididos frente al tema. Ryan cansado de la polémica determinó que cada voluntario era libre para seguir con los ingleses o entrar a formar parte del Batallón Abraham Lincoln que también estaba en vías de creación. Así nació la Compañía irlandesa "James Connoly" que dentro del Batallón Lincoln se incorporó a la XV Brigada Internacional y entró en combate en el Valle del Jarama.

La batalla fue de una extremada dureza y las bajas fueron significativas. Alex Mac Dade, irlandés y ayudante del comisario del Batallón Abraham Lincoln, puso letra a la canción tradicional irlandesa "Red River Valley" que no tardó en convertirse en el himno de toda la brigada (pese a hacer referencia al batallón americano).


Jarama Valley.

Hay un valle en Espańa llamado Jarama
Es un lugar que todos conocemos tan bien
Fue allí que lucharon contra los fascistas

Vimos una vez peacful Valey al infierno

A partir de este valle que decimos que vamos
Sin embargo, no se apresuran a darnos la adue
A pesar de que perdió la batalla en el Jarama
Vamos a configurar este valle libres antes de que terminemos

Éramos hombres de un battelion Laken
Estamos orgullosos de la lucha que hemos hecho
Sabemos que la gente le encanta el valle
Nos recuerda un vrigade Laken

A partir de este valle que decimos que vamos
Sin embargo, no se apresuran a darnos la adue
A pesar de que perdió la batalla en el Jarama
Vamos a configurar este valle
libres antes de que terminemos

Usted nunca encontrará la paz con los fascistas 
Nunca vas a encontrar amigos como nosotros
Así que recuerda que la IOF valle del Jarama
Y la gente que va a establecer que el libre valle

A partir de este valle que decimos que vamos
Sin embargo, no se apresuran a darnos la adue
A pesar de que perdió la batalla en el Jarama
Vamos a configurar este valle
libres antes de que terminemos

Todo este mundo es como este valle llamado Jarama
Tan verde y tan brillante y justo para
 que los fascistas
no puedan habitar en nuestro valle
Ni respirar en el aire nuevas libertades

A partir de este valle que decimos que vamos
Sin embargo, no se apresuran a darnos la adue
A pesar de que perdió la batalla en el Jarama
Vamos a configurar este valle libres antes de que terminemos.











68. Ametralladora






Sentado tras la “Hotchkiss” de 7 milímetros frente a la anchura del paisaje del Jarama, contempla un cielo gris de plomo que oprime la tarde. En el primer año de guerra toda la tierra tiene matices cenicientos augurando la saña cruda y cruel de la batalla. 

Madrid en la conciencia, Madrid que bien resiste! El físico bastión de la legalidad de la República. De un gobierno exilado a la fuerza confiando la capital sitiada al valor de la Junta de Defensa del General Miaja.

Tienta la culata ladeada de la Hotchkiss, donde apoyar el hombro magullado por la vibración y el retroceso de la potente, presta ametralladora. El afuste en forma de “u”, fortísimo en el trípode; los paralelos discos transversales del cañón, el fuerte acero gris y el brillante latón de los remates de la máquina. Y no falla la Hotchkiss, barriendo con su fuego las posiciones enemigas; anda jaleo!, suena la ametralladora, vigilando constante, guardando la ladera donde aguanta firme la brigada. Ni la “Maksim” soviética, ni mucho menos la italiana “Fiat”, capturada en alguna ocasión al enemigo, pueden compararse a la Hotchkiss; tan sólida, tan bella, tan potente y precisa.

Lejos Polonia; los campamentos franceses, los campos de fugaz instrucción en Albacete. Solamente unas horas en Vicálvaro a primeros de Noviembre. Y después todo el frío del invierno ya en el frente, agrupados todos los batallones de la 11 Brigada, los belgas, los franceses , los compatriotas de la Drombrowsky; muchos supervivientes ya fogueados en Aragón o el Tajo, intacto el ideal antifascista de libertad y de justicia, generosa la sangre, enfangados, heridos, ateridos en las trincheras ( si me quieres escribir, ya sabes mi paradero) , bajo la lluvia y las balas enemigas. Apenas unas pocas palabras en inteligible castellano: tabaco, camarada, libertad, España y muerte.

Pero la Hotchkiss. La Hotchkiss que contiene el reiterado asalto de moros e italianos. La Hotchkiss que no falla, que tabletea segura y letal entre la bruma y el frío de Febrero.

Saltan los milicianos fuera de las defensas, el mauser en la mano. Hay abajo un fotógrafo yanqui que dispara su cámara cuando caen los soldados, detenido su salto por el fuego enemigo, detenido el momento de su muerte heroica para la historia. Y la Hotchkiss, que , aun pesada, se carga y se transporta para avanzar el puesto, hasta el embudo de algún obús de artillería y se emplaza de nuevo para barrer y batir al contrario y apoyar la ofensiva.

Y suben por la ladera los fascistas al repetido asalto, a escasos 20 metros. Aherroja la Hotchkiss, introduce el camarada el peine de balas mientras sujeta con una mano el trípode. Se oye un tiro cercano y se desploma al lado el compañero. Presiona el gatillo de la ametralladora sin dudar un instante pero un silencio extraño y una perplejidad inesperada sobrevienen de súbito. Una vaina vacía de latón abollado impide el paso de los sucesivos proyectiles. La Hotchkiss no dispara. Hay una pistola austriaca que le apunta.


© Alfredo Piquer,  5/6/2002