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267. Unas palabras de Carmen Negrín





El pasado 17 de junio, fue publicada en este blog una entrada sobre Manuel Azaña y Juan Negrín en la que se trascribía parte de la conversación que Azaña plasmó en su diario sobre una charla que mantuvo con Negrín el 22 de abril de 1938 sobre el fín de la guerra civil española.

Sobre este tema, hay una persona especialmente vinculada con Juan Negrín, su nieta Carmen, a la que agradezco de corazón que me permita publicar sus palabras. 


"La verdad es que ni Azaña, ni mi abuelo, pensaban que se podía ganar la guerra militarmente. La diferencia entre ellos es que uno, Azaña ya no aguantaba tanto bombardeo, tanta sangre, tanta brutalidad; mi abuelo sin embargo sabía que no había otra salida (honorable) si se querían conservar los valores republicanos; sabía (tenía la convicción) que resistir a más o menos corto plazo (que no es lo mismo que vencer) hasta la segunda guerra mundial (que no podía tardar en  estallar) era la única forma de eventualmente ganar a más largo plazo, de allí el lema "resistir es vencer".

Se puede comparar estas dos actitudes a las de Pétain (Azaña) y la resistencia francesa (mi abuelo): uno se rinde para "preservar" el país (y además en el caso de Pétain ,no le disgustaba fundamentalmente los que invadían el país) y los otros se pelean por preservarlo.

Para ser completos, deberían también haber dicho que mi abuelo ofreció varias veces su demisión a Azaña, pero que Azaña no la aceptó. Nada obligaba a Azaña a conservarlo como presidente del consejo de ministros.

El deber de mi abuelo era resistir; por lo menos, él no dimitió antes del final de la guerra como lo hizo Azaña y después de haberlo acompañado a Francia, regresó al frente, regresó a Madrid donde Casado estaba ya iniciando su golpe de estado con Besteiro.

A mi modo de ver, mi abuelo conservó hasta el final una actitud coherente y honorable, además obligando a los exiliados a formarse en gobierno en el exilio, un tal 1° de abril del 39!

Nada que ver con la imagen que quieren dar de alguien que no sabe lo que está pasando y sobre todo lo que está pasando en el frente que él si iba a vistar, contrariamente a Azaña que le costaba ir y ver la realidad de frente y del frente.

Habiendo dicho todo esto, respeto mucho a Azaña, pero no era el buen hombre para el momento; era un político de tiempos de paz no de guerra".

"Tal vez soy un poco severa con Azaña, pero en tiempos de guerra hay poco tiempo para sentimientos y Azaña no supo guardar la cabeza fría (lo cual también se entiende). Mi abuelo lo acompaño para cruzar la frontera; meses después cuando Alemania ocupó Francia, fue a buscarlo para llevárselo a Inglaterra y alejarlo de las garras de los ocupantes alemanes. Azaña se rehuso a ir con él porque ¿como iba a ir al país que los había tratado tan mal? sin dar prioridad al hecho que la resistencia se organizaría desde Inglaterra. Años después, y según informes de la policía petinista y perseguida por ella, mi abuelo, antes de la liberación total de Francia y del final de la guerra, fue a depositar unas flores sobre la tumba de Azaña en Montauban. En otras palabras sus divergencias no eran tal fundamentales".



Mi agradecimiento a Carmen Negrín y a Jordi Grau.


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