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298. A pegada dos avós

Momento del rodaje del documental «A pegada dos avós», en el Campo da Rata. (Fotografía: María Torres)

 


Doscientos figurantes toman el Campo da Rata. Grabaron una escena del documental «A pegada dos avós», sobre las víctimas del franquismo.


Marina Estarque / La Voz de Galicia /22 de julio de 2012

Siete adolescentes caminan por el Campo da Rata observando a los menhires. Parecen estar solos. Pero no están. Poco a poco, centenares de personas se entrecruzan y se acercan a ellos. La escena es parte del documental A pegada dos avós, que rinde un homenaje a las víctimas del franquismo.

La película habla de la trayectoria de siete jóvenes, investigando los recuerdos de la Guerra Civil. Lo hacen por medio de entrevistas a los «avós», no los de su propia familia, sino a represaliados escogidos por ellos para contarles su historia.

La idea del documental fue de la Comisión pola Recuperación da Memoria Histórica da Coruña, que contó con el director Xosé Abad para el proyecto. Para el presidente de la Comisión, Fernando Souto, el objetivo es usar el medio audiovisual para llegar a las generaciones que no vivieron aquel período. «¿Pode existir unha vida sen memoria? O futuro non o coñecemos, pero os erros do pasado si podemos coñecelos para no repetilos», explicó.

La Comisión consiguió financiamiento para la primera parte del largometraje y ahora están recaudando fondos en Internet para terminarlo a final de año. Según Abad, las imágenes grabadas ayer tienen un poder simbólico de «recordar a la gente las 600 personas asesinadas en la comarca de A Coruña». El rodaje reunió a cerca de 200 personas, a las 10 de la mañana, en el Campo da Rata, donde se fusilaban oponentes del régimen franquista y donde hoy hay un monumento de Isaac Díaz Pardo en memoria de las víctimas.

Julia González, de 55 años, fue una de las personas que participó de la escena. «Los perdedores están en el olvido y eso no puede ser», dijo. Iria Martínez, de 18 años, se despertó a las 8 de la mañana para estar en el rodaje: «No me importó madrugar, es por una buena razón».

Ni el fortísimo sol ni la espera prolongada desanimó a Antón Santamaría, de 83 años, hijo de un militar represaliado. «Tuve que irme de España de niño y no podía volver. Por eso me parecen muy importantes iniciativas como la de hoy», contó.


Y es que la memoria de estos hechos no están tan fresca como se puede creer. Un señor que asistía al rodaje, preguntado sobre la historia del Campo da Rata, contestó: «No hay nada, esto es solo un sitio muy bonito».






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