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400. Pau Casals, in memoriam





"La paz ha sido siempre mi mayor preocupación. Ya en mi infancia aprendí a amarla. Mi madre —una mujer excepcional, genial—, cuando yo era chico, ya me hablaba de la paz, porque en aquellos tiempos también había muchas guerras. Además, soy catalán. Cataluña tuvo el primer Parlamento democrático mucho antes que Inglaterra. Y fue en mi país donde hubo las primeras naciones unidas. En aquel tiempo —siglo XI— se reunieron en Tolouges —hoy Francia— para hablar de la paz, porque los catalanes de aquel tiempo ya estaban en contra de, EN CONTRA DE la guerra. Por ello, las Naciones Unidas, que trabajan únicamente por el ideal de la paz, están en mi corazón, porque todo lo referente a la paz le llega directamente". (Pau Casals. Discurso al recibir la Medalla de la Paz, otorgada en octubre de 1971 por Naciones Unidas)


María Torres / Octubre 2012

El 22 de octubre de 1973, dos años antes que el dictador,  fallecía Pau Casals en el exilio. El desenlace de la Guerra Civil Española lo obligó a emprender el camino de tantos transterrados y a residir primero en Prades (Francia) y después en San Juan de Puerto Rico. Aunque durante muchos años mantuvo la esperanza de regresar a su amada Cataluña, solo lo consiguió muerto en el año 1979, cuando su esposa Marta Canals, dio autorización para que su cadáver fuera trasladado a El Vendrell.

Casals fue uno de los mejores músicos del siglo XX, pero por encima de su calidad musical, estaba el ser humano comprometido que luchó por la paz, la justicia y la libertad, que colaboró en la resistencia de Barcelona, que dedicó su esfuerzo y su dinero en ayudar a otros exiliados, que luchó contra el fascismo haciendo pública su voluntad de no tocar en ningún país que tuviese relaciones con el gobierno franquista, que juró no regresar a España hasta que la democracia fuera establecida.

En una carta al compositor ruso Dmitri Shostákovich, fechada en 1947, escribía: "La injusticia que se lleva a cabo con mi país después de la guerra, confirmada por la reunión de la ONU, me ha hecho tomar la decisión de no tocar más mientras España continúe bajo un régimen que debería considerarse la vergüenza del mundo".

Una tarde de marzo de 1937, Pau Casals participaba en un concierto en el Palau de la Música de Barcelona a favor de heridos de guerra y la población de la retaguardia. De repente las sirenas anunciaron que se aproximaba un bombardeo. Se apagaron las luces en el Palau y la gente comenzó a abandonar el edificio entre gritos. El violonchelo de Pau Casals comenzó a sonar y cuando se encendieron las luces, en el centro del escenario se vió como el maestro lloraba como un niño ante los heridos soldados de la República, que saludaban con el puño en alto al hombre que quiso acallar las bombas con su música.

El músico que extendió su vocación a todas las clases sociales a través de la Associació Obrera de Concerts, creada por él en 1925 y formada, mantenida y dirigida por obreros.

El hombre que decidió permanecer al lado del pueblo y al que cuando en 1954 le propusieron la presidencia de la Generalitat de Catalunya en el exilio no aceptó y siguió clamando por el fin del régimen franquista.

Y todo comenzó un día de julio de 1936: el de la sublevación militar contra el legítimo gobierno de la República. Pau Casals se encontraba ensayando la Novena de Beethoven para interpretarla en el “Semana contra la Guerra” cuando recibió la noticia. Casals dio por finalizado el ensayo prometiendo que volvería a interpretar la Sinfonía en Madrid y Barcelona cuando todo acabara.

Nunca pudo cumplir su promesa.  




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