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486. Entrada de la CEDA en el Gobierno. Preparación de la revuelta en Barcelona



Lluis Companys y en Gobierno de la Generalitat, 1934



Consejillo en la Generalidad. A mediodía el Presidente, señor Companys, reunió en su despacho a los consejeros señores Lluhí, Dencás, Esteve y Gassol, con los que conferenció respecto a las últimas noticias que le habían sido transmitidas de Madrid, relacionadas con el curso de la crisis.

Los consejeros se negaron a hacer manifestación alguna a los periodistas, pero éstos creyeron observar en los consejeros muestras de contrariedad por la forma como iba desarrollándose la situación política.

Manifestación prohibida. Al recibir ayer tarde a los informadores, el consejero de Gobernación les dijo que nadie había solicitado permiso para celebrar la manifestación acordada por la Alianza Obrera, manifestación que, por otro lado, no sería en modo alguno permitida. - No son los momentos actuales -agregó el señor Dencás- propios para gritar, sino para esperar tranquilamente, dispuestos a obrar como proceda. No hay que dar espectáculos, ni originar perturbaciones. Si quieren entregar algunas conclusiones o formular protestas pueden hacerlo ante el Presidente de la Generalidad o ante mí; pero, repito, no de modo espectacular, sino particularmente.

Incidentes en las Ramblas. A pesar de la prohibición gubernativa, los elementos de Alianza Obrera intentaron anoche, a las siete, celebrar la anunciada manifestación contra el fascismo.

Desde las seis de la tarde, en la plaza de Cataluña y rambla de Canaletas la animación y expectación del público, enterado de los propósitos de los elementos de Alianza Obrera, era notable. La autoridad había dispuesto algunas medidas de vigilancia, viéndose una sección de guardias de Asalto, con su camioneta, y varias parejas de guardias del mismo cuerpo prestando servicio de vigilancia. En la rambla de Canaletas los guardias procuraban disolver los grupos que se iban formando. A las siete y media, como quiera que los esfuerzos de los guardias de Asalto resultaban inútiles para hacer circular al público, formando en su mayor parte por curiosos, la fuerza pública hizo un movimiento de conjunto, lo que originó alguna alarma entre los grupos que se desbordaron refugiándose muchos en los establecimientos abiertos a ambos lados de la rambla de Canaletas, y a la entrada de la calle de Pelayo.

Pasada la primera impresión, el público volvió a ocupar sus posiciones, y como en aquel momento un grupo enarbolase una pequeña pancarta, se dió un toque de atención y se produjo una desbandada general con los consiguientes sustos y alguna que otra caída. Inmediatamente, rehechos los manifestantes, alguno de los cuales fué detenido por la Policía, a la altura de la calle de Tallers se enarbolaron dos o tres banderas rojas. Entonces la fuerza pública dió una carga, repitiéndose las carreras y los sustos. No por esto, y sin duda por ser hora de mayor afluencia en las Ramblas, se logró despejar al público. La fuerza pública volvió a dar otro toque de atención. En aquel momento llegó una sección de guardias montados que a su vez dió una carga. Frente a la calle de Tallers, junto a las Ramblas de Canaletas y de los Estudios la fuerza pública tuvo que operar con energía, ya que continuamente se rehacían los grupos de manifestantes y de curiosos, oyéndose silbidos y gritos. La actividad de los guardias de Asalto duró hasta las nueve menos cuarto de la noche, en que el público y manifestantes comenzaron a abandonar las Ramblas. No obstante, quedó un retén de fuerzas de Seguridad y de Asalto en previsión de que los incidentes volvieran a repetirse más tarde.

La policía practicó algunas detenciones, entre ellas las de los portadores de la pancarta ya citada y de las banderas rojas de que hemos hecho mención. También resultaron, a consecuencia de las cargas, algunos contusos que, según nuestras averiguaciones, no requirieron asistencia en ningún centro benéfico.

Los detenidos. Los detenidos, al apoderare la fuerza pública de la "pancarta", fueron conducidos a la Comisaría general, donde manifestaron que se llamaban Joaquín y Enrique Lino y Mariano Cabrero Monclús. Los dos primeros pertenecen a la Federación sindicalista y el tercero es socialista. Los tres negaron que fueran ellos los que llevaban el cartel y la bandera. Todos ingresaron en los calabozos a disposición del comisario general.

La inscripción del cartel de que se apoderaron los guardias, dice: "Las juventudes comunistas ibéricas (B.O.C.), amenazan con destruir por su cuenta las organizaciones fascistas si el Gobierno no lo hace."

Medida de precaución. A primeras horas de la noche se dió orden de que fueran retiradas las pizarras que algunos periódicos tenían expuestas en las Ramblas para dar cuenta al público de los incidentes de la tramitación de la crisis.

Esta medida tenía por objeto evitar que con motivo de leer noticias se aglomerase el público.

Detenciones en un bar. Anoche la Policía, por sospechas de que un grupo de individuos que se hallaban en el bar "La Tranquilidad" estuvieran celebrando una reunión clandestina, procedieron a la detención de doce de las personas que se hallaban en dicho bar, trasladándolas en una camioneta a la Comisaría general donde se les tomó la filiación y quedaron a disposición del jefe de la brigada social para examinar si tienen o no antecedentes.

Grupos sospechosos. A última hora de la tarde de ayer fué avisada la Comisaría general de que por las inmediaciones del edificio de la Casa del Marino rondaba un grupo de individuos en actitud sospechosa. Acudieron prontamente varios guardias de Asalto, que no pudieron detener a nadie por haberse dispersado el grupo al llegar la fuerza pública.

Declaraciones del señor Dencás. Como de costumbre, el consejero de Gobernación recibió nuevamente a los reporteros a las ocho de la noche de ayer, cuando acababa de celebrar una larga entrevista con el ex-jefe de servicios de la Comisaría e Orden Público, señor Badía.

El señor Dencás dijo a los periodistas que todo se hallaba en plan de normalidad, pendiente, sin embargo, de los acontecimientos políticos de Madrid, los cuales, naturalmente, podrían tener repercusión en Cataluña.

-Estamos, pues, en un compás de espera -agregó el consejero de Gobernación.



La Vanguardia, 9 de diciembre de 1934



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