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1226. Román González Canella. Una historia a través del océano






Román González Canella murió en el exilio, y como muchos otros transterrados, con su marcha a América trazó un puente indestructible lleno de memoria, un canal, sin esclusas, por el que camina su recuerdo de un lado a otro del océano. Ese recuerdo que ahora yo recojo de manos de su hija Haydée, para que su historia no quede sepultada en el olvido.

Nació en Asturias, en el seno de una familia de izquierdas y tras el golpe de Estado de 1936, supo que su compromiso con la causa republicana solo podía cumplirlo combatiendo. Y eso hizo. Se alistó en el Ejército Republicano para defender con las balas lo que en aquel momento no se podía defender con la palabra. Y una bala en el rostro que le destrozó el paladar, terminó con sus días de soldado pero no de lucha.

Encarcelado en un campo de concentración de Melilla (aunque en los documento figura Rianxo) sobrevivió al caldo con gorgojos, al duro trabajo físico de sol a sol y a la represión franquista. Gracias a las gestiones de un familiar logró salir de aquel infierno. Era un hombre destruido físicamente.

Regresó a su tierra, Asturias, se casó y reanudó la lucha que jamás abandonó hasta su muerte. Cada noche, bajo la espesa niebla subía al monte. Allí le esperaban los "fugaos", a los que Román proporcionaba ropa, tabaco y alimento. Una de esas noches en que las horas de los campanarios suenan a muerto, los "fugaos" bajaron a Villamorey, cogieron el dinero de la Iglesia de San Roque y se lo entregaron a Román para que les comprara comestibles.

Román traspasó el encargo a su mujer, que cuando se encontraba en la tienda pagando los alimentos fue sorprendida por un guardia civil que comentó: "Esos duros parecen de una limosna". Y de una limosna eran, así que la mujer de Román, mujer de un "rojo", acabó encarcelada. A causa de los golpes que padeció en la cárcel perdió la audición de un oído.

Román y su mujer tal vez pensaron que el futuro que les esperaba en esa España de todos los demonios no era más que una repetición tenaz del presente que vivían, así que con su hija de apenas seis meses cruzaron el Atlántico con destino a Buenos Aires. Jamás regresaron.

Una vez en el exilio Román mantuvo contacto con otros exiliados. Cuenta su hija Haydée que en una ocasión fueron a despedir a uno de ellos que regresaba a España. Se llamaba Máximo y antes de partir les dijo palabras: "Si no sabéis más de mi es porque me mataron". Jamás volvieron a verle ni a saber de él.

Román fué fiel a la causa republicana hasta el final de sus días. Al salir del trabajo recorría media ciudad hasta la Avenida de Mayo para comprar "España Republicana", portavoz del movimiento antifranquista, una publicación quincenal editada en La Habana desde 1939.

Siempre soñó con volver a su tierra y con los montes asturianos en los que ya no había "fugaos" a los que ayudar. Los sueños raramente se cumplen cuando hay un dictador en medio del camino y una losa sobre cada cuerpo de un vencido.

Román no pudo cumplir su sueño. Su corazón, cansado de soportar el destierro, se paró una madrugada.

Ahora regresa su memoria a través del océano y de las palabras de su hija: "Me queda su recuerdo. Sus libros y un viejo cuaderno en el que transcribía los poemas de Miguel y de Marcos Ana. Y también me queda una mezcla de dolor porque lo tuve tan poco tiempo, de orgullo por reconocer hoy sus ideales y principios, y de remordimiento por no haber indagado en el pasado que me ocultaba"

Y yo Haydée, nieta de un republicano español, a través de ese puente indestructible te digo que no te culpes, tu padre formó parte de una generación que vivió el trauma de la Guerra. Aprendieron los silencios, la prohibición de hacer preguntas, el sufrimiento y a reprimir las emociones.

Tu, al igual que yo, eres una víctima que te has encontrado con un silencio heredado y con la falta de información necesaria a nivel familiar e institucional para asimilar y digerir el trauma.

Sabemos que tal vez dentro de poco tiempo no habrá nadie que recuerde el festín que Tánatos se dio en el franquismo. Que existe el riesgo de que se diluya la memoria de esa generación, como la de tu padre, que perdió la lucha contra el franquismo pero jamás dejaron de luchar.

Por eso es importante recordar.  Recordar: Del latín re-cordis, volver a pasar por el corazón.






7 comentarios:

  1. Mi padre: Maximiano González Canella, me contó la historia de su hermano, a quien fué necesario recolectarle firmas del pueblo para evitar que lo fusilaran por "rojo", el hermano salió a Argentina y mi padre a México, regresó cuando Franco murió. Se que mi tió murió en Argentina. Mi correo electrónico: afdmgg@hotmail.com

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  2. Gracias por el comentario.
    Contactaré con usted a través del correo.

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  3. Enorme emoción leer las palabras del hijo de Maximiano González Canella , hermano de Román, mi padre.
    Valioso testimonio .
    Es muy importante para mi que la historia y la memoria de mi padre no queden en el olvido.
    Gracias.
    Haydée González.

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  4. Me alegro mucho por ti Haydée de este encuentro.

    Un abrazo.

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  5. Me alegra sobremanera la respuesta, maravilloso,Estamos emocionados y a la espectativa Haideé;ojalá tengas manera de enviarme un correo: afdmgg@hotmail.com
    Un cariñoso abrazo.

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  6. Gracias a tu trabajo ya estamos en contacto con mis primos que están México. Gracias, María.
    Dora, hija de Maxi, quedó en escribirte.

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