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1275. Marcelino Bilbao Bilbao


Recordamos a Marcelino Bilbao Bilbao, cuando se cumple el primer aniversario de su muerte en Poitiers. La imagen que podréis ver al final del texto nos la ha hecho llegar su sobrino, Axio Villegas. Nuestro agradecimiento a Marcelino, siempre.


CNT Guipuzkoa / 14 enero 2010

Abandonado por sus padres biológicos, no se conoce la fecha exacta de su nacimiento, pero se cree que Marcelino Bilbao nació el 16 de enero de 1920 en Alonsotegui, pueblo de la margen izquierda de Bilbao. Una familia numerosa y humilde lo acoge en su seno, ofreciéndole el mismo cariño que a todos sus hermanos adoptivos. Obligado por su maestro a dejar la escuela a los doce años, empieza, temporalmente, a trabajar junto a su padre en la mina “La Primitiva”. Poco después comenzará a trabajar en la fábrica de hilaturas de yute “Rica”, lugar en el que comenzará a desarrollar su activismo político. Al amparo de su hermano Jesús, a los trece años comienza a participar en las distintas manifestaciones, huelgas y sabotajes que se llevan a cabo en Bilbao durante la II República. Miembro de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU), al estallar la guerra se une a un grupo de anarquistas que se movilizan para hacer frente a la sublevación en Euzkadi.

Los primeros batallones anarquistas se forman en septiembre de 1936 y Marcelino se integra en el batallón “Isaac Puente” de la CNT. En noviembre comienza la ofensiva sobre Villarreal, el primer choque importante entre los dos bandos en Euzkadi, y Marcelino destaca en una acción de valor que le granjeará la simpatía de los oficiales anarquistas que poco antes habían desconfiado por su filiación socialista. En febrero y marzo de 1937 el “Isaac Puente”, integrado en la 1º Brigada de las Brigadas Expedicionarias Vascas, lucha por la conquista de Oviedo; pero vuelve al País Vasco para frenar la ofensiva que Mola está llevando a cabo contra Vizcaya. El 26 de abril Marcelino es testigo directo del bombardeo de Gernika, en el que ayuda a la población civil a evacuar la villa recogiendo a niños y mujeres aterrorizados. Sigue luchando junto a los efectivos asturianos en Sollube y Peñas de Lemona y es herido dos veces.

Después de la caída de Bilbao empieza a ejercer de teniente, grado con el que combatirá hasta el final de la guerra. Tras la caída de Santander en manos de los nacionales, el “Isaac Puente” es junto al “Larrañaga” y el “Zabalbide” uno de los tres batallones vascos que continúan combatiendo en el norte hasta el final de la guerra. Ya en Asturias, el “Isaac Puente” destaca en los combates del Mazuco. Por estos combates el presidente del Consejo de Asturias, Belarmino Tomas, condecorará a todo el batallón con la Medalla de la Libertad entregada al comandante Antonio Teresa de Miguel.

En la caída del frente norte, Marcelino Bilbao junto a algunos compañeros intenta evadirse por mar en Gijón, pero la presencia de la quinta columna los disuade y finalmente consiguen embarcar en Avilés rumbo a Burdeos.

Tras algún que otro incidente con los gendarmes, los supervivientes de la guerra en el norte son trasladados en tren hasta Cataluña. Después de unos días de descanso en Figueras junto a las Brigadas Internacionales, en diciembre de 1937 Marcelino Bilbao se encuadra en la “63. compañía de ametralladoras maxim” de la DECA. Como teniente es el responsable de tres ametralladoras antiaéreas que eran transportadas sobre camiones Katiuska.

En febrero de 1937 participa en la Batalla de Teruel, donde conoce a Valentín Gonzalez, “El Campesino”. Tras la fracasada ofensiva sobre Teruel, la compañía va reculando por el río Segre hasta llegar a Lerida, donde otra vez coincide con Valentín Gonzalez (“El Campesino”) y Enrique Lister. A finales de 1938 es trasladado a la Batería nº 528 Oerlikon de la DECA, y el 9 de febrero pasa la frontera por la Junquera.

Una vez llegado a Francia comenzará la verdadera odisea de Marcelino, en el que pasará de un calvario a otro mayor. Primeramente, es retenido en el campo de concentración de Saint-Cyprien, del que intenta evadirse sin resultado. Después se le traslada al campo de concentración de Argelés sur mer, donde entre otros horrores, ve morir a niños recién nacidos. Finalmente es trasladado al campo que el Gobierno Vasco construye en Gurs. Allí conoce a José María Agirre, compañero de fatigas durante el holocausto y futuro cuñado.

Desde Gurs es trasladado a Tarbes, donde tiene que ingresar en la “25 compañía de trabajo”. Después de una corta estancia en Septfonds (donde verá el trato inhumano al que estaban sometidos los soldados de la II República) es trasladado junto a José María a la Línea Maginot. Hecho prisionero por los nazis en Epinal en junio de 1940, es trasladado al Stalag de Estrasburgo (número de identificación 3293).

El 13 de diciembre de 1940 llega al infierno de Mauthausen. Allí se encuentra con su amigo bilbaíno Ángel Elejalde, internado seis meses antes en Mauthausen, es éste quien le avisará de las atrocidades del campo. Gracias a este aviso, en un primer momento, Marcelino se une al grupo de trabajo de los jardineros, del que será expulsado por su desconocimiento en la materia. Bajado a la cantera de Mauthausen, logra sobrevivir gracias a su picaresca y su juventud. Le abren la cabeza con la punta de un pico, enferma hasta agonizar, participa en un experimento que el doctor Aribert Heim lleva a cabo con 30 prisioneros y de los cuales solamente sobrevivirán 7...

Finalmente el 10 de abril de 1943 abandona definitivamente Mauthausen para trasladarse al campo anexo de Ebensee. Allí, gracias a la experiencia adquirida y al grupo de republicanos españoles, consigue hacerse con un puesto en la cocina del campo.

Ante la retirada de los nazis de todos los frentes, participa en el aparato de resistencia del campo creado a fin de evitar la matanza de todos los prisioneros y testigos del holocausto de Mauthausen y Ebensee. Este aparato conseguirá desbaratar los planes que tiene el mando del campo para enterrar en vida a los prisioneros en varios túneles y será el que por fin, el 5 de mayo de 1945 libere el campo de Ebensee.

Tras una última odisea por Austria junto a otros compañeros, consigue llegar a pie hasta Paris, donde será atendido por el Gobierno Francés. Ante la imposibilidad de volver a España y sin un hogar al que retornar, acude a casa de su compañero José Mari Aguirre. La familia Aguirre Salaberria, instalada en Chatellerault, le acoge en su seno como a un miembro más de la familia, y es aquí donde conoce a su futura mujer: Mercedes Aguirre.

En su nueva vida de civil Marcelino Bilbao comienza a trabajar en una pequeña lechería. Más adelante cambiará de lechería y en total trabaja diecisiete años en este ramo. También practica el fútbol en el equipo de Dissay, deporte en el que destaca desde la infancia y hasta en el infierno de Mauthausen.

Por última vez cambia de trabajo y durante los siguientes quince años trabaja en una fábrica petroquímica. En esta fábrica en la que hay trescientos empleados se afilia a la CGT y se sumerge otra vez en el mundo sindical: A consecuencia de la poca conciencia social que hay en la comarca, solamente son doce los compañeros afiliados a los distintos sindicatos, y será este grupo el que lleve la iniciativa en las distintas huelgas así como el que realiza labores de agitación y propaganda. Finalmente esta agitación sindical no será óbice para que el director de la fábrica le muestre su cariño al marcharse por su jubilación.

Actualmente Marcelino Bilbao vive en Chatullerault, es padre de dos hijas y abuelo de una nieta. Se interesa por el desarrollo de la humanidad, sigue con pasión al Athletic Club de Bilbao, no olvida el sufrimiento que padecieron y sobre todas las cosas intenta mantener vivo el recuerdo de los compañeros que perecieron en el camino.





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