Lo Último

1936 - 1939 (Recordando a José García Nieto)

José García Nieto
(Oviedo, 6 de julio de 1914 - Madrid, 27 de febrero de 2001)




Como quien desatara un paquete de cartas para decir al nuevo amante «quiero que sepas que no me importa nada el otro tiempo, que ya no hay huella alguna, que ya no reconozco lo que me hizo sufrir».

Abro la ventana de la cárcel donde ni quiera «la mentira y la envidia» me tuvieron encerrado.

Yo sé lo que es el miedo, y el hambre, y el hambre de mi madre y el miedo de mi madre; yo sé lo que es temer la muerte, porque la muerte era cualquier cosa, cualquier equivocación o una sospecha; porque la muerte era un accidente en la primavera, una pared contra la ternura, un día con boca de muerte, y dientes de muerte y esperanza mortuoria.

Yo sé lo que es enfermar en una celda, y defecar entre ratas que luego pasaban junto a tu cabeza por la noche... ¿qué me decís ahora los que creíais que sólo me han movido a cantar los lirios de un campo imaginario, y la rosa de papel, y la novia como Dios manda...?¿qué me decís los que pronto me visteis limpio y peinado, como un niño que quiere llegar con puntualidad al colegio sin que nadie adivine el estrago de su corazón familiar?

Aunque también os digo que todo era hermoso cerca de la muerte menos la muerte misma.

Respirar, y amar de lejos, y morder un pedazo de pan era hermoso.

Y era hermoso que me prepararan un hato de ropa limpia, y que me hiciera llorar el olor que traían las sábanas.

Y todo era como nacer cada día, y cada día era más bello que la propia esperanza, y reír tenía un valor más profundo que el profundo pozo de la inquietud, que la oscura caverna de la impotencia...

Gracias, Señor, por haberme dejado sin heridas en el alma, y en el cuerpo, por haberme dado la salida sin odio, por no tener lista de enemigos, ni lugares donde llorar por el propio desamparo... 

Yo sé lo que es el amor; de lo demás no sé.

Quito el balduque porque ahora es tiempo.

He leído en un periódico: «Voici enfin les lettres de Víctor Hugo á Juliette Drouet».

Se abren ahora porque ya no importa.

Así yo quiero abrir mi corazón, desatando la cuidada cinta que le rodeaba sin herirle, y quiero que leáis estas cartas antiguas que el mar violento de mi patria trajo hasta el arenal de mi juventud absorta e invadida.

Os juro que no hay una sola gota de sangre que haya querido conservar fresca sobre el tiempo; que quisiera haberme dolido más para ofrecer ahora reparación con mi olvido, o mejor, con mi memoria reclinada en la triste memoria de mi hermano, como aquel que en la noche del invierno se junta al caminante, y no pregunta, y une su frío al frío como alivio...

¿No oís cuánto he callado?

¿Qué piedra iba yo a arrojar contra los añicos de vuestros cristales? ¿qué cuenta podía pasar a los muertos o a los hijos de los muertos?

Ahora quito la cinta de las cartas.

Leed; leamos. Son amor vencido.

Tiempo del corazón. Males del hombre. 

Golpes de España...

Quemo lo que es mío. 

Yo, solo, me he quitado «el dolorido sentir».


José García Nieto
"Memorias y compromisos", 1966



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