Lo Último

1615. Los vivos y los muertos



El inspector Alcántara sacó una llave del bolsillo de su chaqueta, abrió el escritorio y cogió un sobre de su interior. En la parte frontal, en dos líneas paralelas de cuidada caligrafía, se leía: Inspector Francisco Alcántara. Personal. Alto secreto. Contenía las instrucciones de su próximo caso y le había sido entregado por el Comisario Cabañas dos horas antes.

Cuando terminó de leer el par de folios que se alojaban en el sobre lo primero que pensó fue renunciar al encargo, pero sabía que no podía hacerlo. Era un buen policía, respetado por sus compañeros y superiores que no había dejado un caso sin resolver. Contaba con una mente lúcida y analítica y un sentido común que le hacía destacar del resto de los inspectores. Su riguroso trabajo en la Brigada de Investigación Criminal, le había hecho merecedor de la medalla de plata al mérito policial un año antes.

Pertenecía al Cuerpo General de Policía desde el final de la Guerra. Su defensa de la patria contra la barbarie roja y la influencia de su amigo Antonio Camacho, fueron los únicos méritos de los que se valió para ingresar en el Cuerpo. Pasó sin dificultad el exhaustivo informe de fidelidad.

Se alegraba de no haber dado con sus huesos en la Brigada Político-Social, pues aunque se le iba la mano de vez en cuando con algún delincuente, carecía de agallas para romper el cuerpo y el alma de nadie, por muy marxista que fuera.

Tenía dos años cuando llegó a Madrid desde Extremadura. Su padre, huyendo del hambre de jornalero, comenzó a ganarse la vida como limpiabotas. Conservaba pocos recuerdos de él ya que falleció antes de que cumpliera tres años. Su madre lavó, planchó y cosió ropa de media ciudad para sacarlo adelante. Apenas fue a la Escuela y a los ocho años ya trabajaba como chico de los recados y recogía colillas de las calles, convirtiendo la venta del tabaco que contenían en un dinero extra que llevar a casa.

Cuando estalló la guerra le llevaron a fortificar Madrid y más tarde fue llamado a filas, incorporándose al Ejército republicano donde le enseñaron a leer, a escribir y llenaron su cabeza con unas briznas de cultura. Una noche, harto de pasar hambre y frío, de convivir con piojos y miedo, salió de la trinchera para escapar de aquel infierno. Dos horas después se encontraba en posiciones franquistas, así que levantó los brazos y a gritos avisó que se pasaba voluntariamente de bando. La primera noche con el que hasta hacía pocas horas era el enemigo nunca la olvidaría. Cenó alubias con chorizo y tocino.

Francisco Alcántara nunca tuvo otro ideal que no fuera sobrevivir. Por eso, cuando no le quedó más remedio que ser soldado del ejército franquista y seguir pasando el mismo frío, la misma hambre y el mismo miedo que cuando lo era del republicano, lo aceptó como había aceptado todo en su vida. Nunca pudo elegir y tampoco se planteó la posibilidad de hacerlo, ni tan siquiera cuando le propusieron alistarse en Falange.

Guardó las instrucciones en el sobre y recordó las palabras con las que le despidió el comisario en la puerta del despacho:

-No me defraude Alcántara. No me defraude.


*


Eran las ocho de la mañana del día siguiente cuando su Excelencia el Jefe del Estado y Generalísimo Franco, Victorioso Caudillo de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire, se encontraba en su despacho privado. Acariciaba una raída pluma de ganso traída de Salamanca, donde había sido utilizada para firmar cientos de condenas a muerte. Ya no la usaba para tal menester, pero le gustaba conservarla. Ahora las firmaba con una pluma alemana regalo del Führer y escribía de su puño y letra el enterado y el método: fusilamiento o garrote. También decidía qué ejecuciones debían ser publicitadas para que sirvieran de escarnio. El General era un hombre implacable hasta la crueldad que recurría a la violencia más descarnada. La máquina de matar trabajaba sin descanso y el quinto mandamiento «No matarás» fue sustituido por «Matarás con justicia» para justificar la represión institucionalizada. 


María Torres
"Los vivos y los muertos" (extracto)
Editions Arcane 17, 2015



















No hay comentarios:

Publicar un comentario