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1754. La "Semana Infantil" sustituye a la arcaica fiesta de los Magos

Reparto de juguetes durante la Guerra



La ternura del Pueblo

Aquel niño añoraba la fiesta llamada de los Reyes Magos, no por la fiesta en si, ni por la teatralidad, un poco bufa, de la regia comitiva bíblica, sino por el recuerdo de los juguetes que con motivo de aquélla solía recibir.

—En ese caso -inquina el pequeñuelo- ¿es que este año no van a venir Melchor, Gaspar y Baltasar?

—No vendrán. Pero es que, además, no han venido nunca.

—Entonces, ¿es que no tendré juguetes este año?

—Claro que sí. Y más que nunca. Te los proporcionarán las mismas personas que te los compraban antes y luego te decían que quienes te los traían eran los Magos de Oriente.

El niño, con un gesto de gozo súbito en el rostro, se ha encogido de hombros, sin embargo. ¡Bien! El niño quiere juguetes, y que se los traiga quien sea; esto le es indiferente.

Y no puede comprender el chiquitín todo el caudal de ternura con que el pueblo se sobrepone por un momento al martirio de la guerra para lograr que a los pecjueñuelos inocentes no les falte el placer alborozado de su deseada juguetería.


Lo positivo para el niño

En lugar de aquella mascarada casi carnavalesca, en la que con la mejor intención surgían cada año unos «Reyes» de guardarropía, barbudos y atrabiliarios, que hubieran infundido espanto en los niños a no ser por la indemnización  de los juguetes, se ha instituido la «Semana Infantil».

Una semana en la que sin artilugios, sin tramoyas y sin fingimientos de historias casi grotescas, se derramará sobre los pequeñuelos la alegría de los juguetes, que en realidad es para los niños lo positivo, cómo lo era en la vieja fiesta que desaparece.


La industria de juguetería

—En el orden social -nos ha dicho uno de los propulsores de la «Semana Infantil»-, tiene también este asunto un fundamento para la fiesta.

—¿Y es?

—Pues que la supresión a rajatabla no sólo de la llamada fiesta de los Reyes Magos, sino también de sus efectos, hubiera ocasionado un grave daño a muchos miles de trabajadores que se ganan el pan en la industria de la construcción de juguetes.


La vieja falacia

En el orden moral, tiene importancia la instauración de la fiesta infantil en la forma en que se ha hecho.

Aquella falacia de la llegada de los Reyes Magos, con su comitiva polícroma y extraña, era -con todos los eufemismos que se quieran aducir- una de las primeras mentiras con que los niños solían ser engañados; y luego, cuando la conciencia del pequeñuelo iba despertando a la realidad, había de sentirse un poco decepcionado al constatar que sus padres, sus maestros o sus mentores eran capaces de faltar a la verdad con un aplomo que, por determinismo instintivo, hay que pensar que no tenía nada de ejemplar.

Era éste el primer embuste de la larga serie con que, a través de la educación primaria, había de ir siendo engañado el niño.


Juguetes ... juguetes

Lo importante es, pues, que el niño seguirá disfrutando su fiesta de los juguetes, y que los tendrá lo mismo el niño que vive en el calor de su hogar propio que aquel otro infeliz que ha tenido que ser acogido en la retaguardia republicana, apartándole de la ferocidad de la guerra, y se ve alejado de sus padres, que quién sabe si ya no tienen ni casa, que habrá sido destruida por los bombardeos del enemigo implacable.

Los escaparates de los bazares valencianos aparecen ya repletos de juguetes, ante los que los niños se arremolinan con expectación ilusionada. Y ríen y palmoteán los pequeñueíos, porque ya saben que, sin que se les mientan historias raras, ni esperar a unos Magos revestidos de chillona percalina, aquellos juguetes serán suyos.

Que para eso los ciudadanos de la República, en su iniciativa particular, y también por medio de organizaciones políticas y sindicales, se afanan por que esa «Semana Infantil» quede instituida para siempre como una gran fiesta pagana, que tiene la finalidad bella de colmar la bulliciosa felicidad infanlil.

Valencia. J. Fernández «Caireles»
Crónica, 27 diciembre 1936



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