Lo Último

1743. Un discurso de José Antonio Agirre

Discurso pronunciado por el Excelentísimo Señor Presidente del Gobierno de Euzkadi, ante el micrófono de Radio Euzkadi, el día 22 de diciembre de 1936.


Un Gobierno joven del viejo pueblo de los vascos

A todos cuantos a través de estas ondas escuchan mi palabra, tanto aquí, en Euzkadi, como en el resto de la República y en el mundo, llegue el saludo preñado de esperanzas del Presidente de un Gobierno joven, representante del viejo pueblo de los vascos. Hace dos meses y medio fué proclamada la autonomía vasca, después de ser aprobada solemnemente como Ley por las Cortes de la República en su sesión del día primero de octubre. Una campaña persistente y tenaz, llevada a cabo por el pueblo vasco para la recuperación de su libertad conculcada hace cien años por la Monarquía española, ha dado como resultado en medio de días trágicos, que la personalidad vasca haya sido reconocida mediante una forma estatal autonómica; y de la Ley en que era reconodia surgió el primer Gobierno de Euzkadi, el primer Gobierno autonómo. Sumido nuestro viejo pueblo en los azares desgraciados de una guerra cruenta, que no ha querido jamás, que le has dio traída por la invasión de los militares sublevados, desde el día en que tuvo su Gobierno autónomo, sintió una gran satisfacción, la de sentirse gobernado, defendido por los hombres que contaban y cuentan con el asentimiento popular.


Cuando la labor comienza a dar sus frutos

Ha trabajado el Gobierno Vasco en silencio; no ha querido que su labor difícil y abundosa haya ido acompañada del ruido que perturba el trabajo fecundo. Han callado los miembros del Gobierno y he callado yo. Hemos trabajado todos. Y cuando la labor comienza a dar sus frutos, cuando hemos organizado un pueblo, cuando contando con el heroísmo de nuestras juventudes hemos formado un ejército, cuando sentimos de cerca el calor de la asistencia popular, cuando merced a ello disfruta nuestro pueblo de un orden envidiable, cuando el optimismo se esparce entre la ciudadanía y cuando podemos mostrar orgullosos la satisfacción del deber cumplido, aprovechando estos días en los que la Humanidad celebra acontecimientos y recuerda palabras que fueron heraldo de paz y de amor, el Presidente del Gobierno Vasco que os dirige la palabra, ha querido romper el silencio, levantar la cabeza del trabajo y dirigirse al pueblo para decirle: contempla nuestra obra en tu propia satisfacción y seguridad, en nuestra fe en la victoria, ya preparada, y recibe nuestro ferviente deseo de paz para vosotros y para el mundo entero.


El programa que nos une en el designio y en el trabajo

Nada mejor para justificar nuestra obra que examinar, remozando de nuevo los conceptos del programa que une a hombres de tan diversas ideologías en un empeño común, programa que nos une en el designio y en el trabajo, programa que ha sido norte y guía de nuestra actuación y que ha sido cumplido en muchas de sus partes. Sus puntos fundamentales constituyen, como su texto literal dice, el sentir de coincidencia de todas las fuerzas políticas que forman el Gobierno y que tienen por finalidad inmediata el supremo designio de conseguir la victoria y establecer y organizar definitivamente la paz como Gabinete de guerra que es en toda la significación que este vocablo encierra. En su virtud, decía, respetará y garantizará los derechos individuales y sociales de todos los ciudadanos vascos y en consecuencia la libre práctica de las confesiones y de las asociaciones religiosas, la seguridad de sus componentes y de sus bienes, dentro de las prescripciones constitucionales; y se añadía, que el carácter religioso no podría eximir de las responsabilidades derivadas de actuaciones políticas contrarias a la ley. Y en este marco ha encerrado el Gobierno Vasco toda su actuación, respetando al sacerdote que, afortunadamente, ha estado y se ha mantenido al lado del pueblo; respetando el culto, abiertas las iglesias, se ha producido en el pueblo vasco sujeto a la jurisdicción de su Gobierno un fenómeno delicado de tolerancia exquisita, de gran comprensión en las masas populares y de los organismos sociales; fenómeno tangible, real, a la luz de todos, porque en medio de los fragores de esta lucha, un pueblo culto y civilizado ha sabido separar, respetando las creencias y prácticas de muchísimos ciudadanos, aquellos otros problemas que uniéndolos en el designio de la victoria han hecho de este Gobierno un conjunto de hombres respetuosos entre sí e inflexibles cumplidores de la ley y de la finalidad suprema que los mueve.


El respeto a los valores espirituales

Sólo este hecho real es el mentís más reacio a las campañas indignas e interesadas de Prensa tendenciosa, mucha de ella engañada, que no ha tenido siquiera la precaución de visitar este viejo pueblo vasco, en el cual, pese a las conmociones sociales y a los avances que una justicia social exigen, se sigue la norma invariable de ser respetuosos con aquellos valores espirituales que, hondamente sentidos, constituyen base doctrinal de una inmensa masa de sus ciudadanos.


Un ejército numeroso, disciplinado y entusiasta

La sublevación encontró desarmado al pueblo vasco y contra la rebelión militar alzose nuestro pueblo en masa. Hubo, sin embargo, que organizar aquel entusiasmo popular, desbordante, en unidades orgánicas, constituyendo un ejército regular; y el Gobierno, en su programa, acordó que a través de su Presidente, asumiendo la cartera de Defensa, se estableciera el Mando único del ejército que militarizara rápidamente todas las milicias, así terrestres como marítimas, y se constituyeran unidades de tipo regular. Y al cabo de dos meses largos de actuación, el Gobierno Vasco ha podido presentar ante su pueblo un ejército numeroso, disciplinado y entusiasta, que, dotado de medios modernos, hoy constituye la garantía y la seguridad de nuestro viejo pueblo y tiene poder suficiente para iniciar, como lo ha hecho ya, en estos días, la reconquista del territorio vasco, en el que penetraron los facciosos validos de nuestra indefensión y de la sorpresa; fenómeno digno de ser tenido en cuenta, porque ha indicado tal compenetración entre el pueblo y su Gobierno, que la voz de éste, interpretando los ideales comunes de los hijos de esta raza, ha hecho que en poco tiempo el País Vasco, Euzkadi, puede sentirse seguro de su propia fortaleza; y si en los siglos en que la Historia narra la heroicidad de nuestros padres, impidiendo que jamás invasor alguno, así godo como mahometano, invadiera nuestros lares patrios, hoy en que la traición y la cobardía han osado llamar en su ayuda a aquellos que fueron sus seculares enemigos, el pueblo vasco, erguido y en pie, ha dictado su voluntad suprema de impedir y lanzar fuera de su territorio, repitiendo aquel gesto que registra nuestra Historia.


Mantenimiento inexorable del orden público

El tercer postulado del programa del Gobierno Vasco fué el mantenimiento inexorable del orden público, vigilando cuidadosamente la retaguardia y extirpando el espionaje. Testigo es nuestro pueblo y testigos son los extranjeros que con nosotros viven, del orden ciertamente envidiable de que disfrutan nuestras ciudades y nuestros pueblos; testigo es también nuestro pueblo y testigos son quienes con nosotros conviven de con cuánto celo y diligencia las autoridades vascas han extirpado el espionaje, que incluso había llegado a enquistarse en organismos del tipo diplomático, muy pocos, por fortuna, que pagaron con sus vidas un delito de tamaña traición y falto de correspondencia a la generosidad y hospitalidad vascas; delitos todos ellos juzgados por tribunales competentes, con todas las garantías procesales marcadas en la ley, con la asistencia de defensa letrada para los procesados y con las consideraciones de tipo humano que en los países civilizados son corrientes. Testigo es de ello la representación diplomática, conducta muy contraria a la de el faccioso, que ha matado, ha asesinado sin formación de causa, a tantos hombres beneméritos por el terrible delito de sentir su corazón al lado de la causa del pueblo.


Política de acusado avance social

Otro punto del programa del Gobierno Vasco constituye el desarrollo de una política de acusado avance social, fundada en aquel principio de que todo ciudadano tiene obligación de contribuir con su trabajo, su capital y su actividad intelectual al bienestar general del país, y recíprocamente tiene derecho a participar en los bienes sociales según el progreso social. Promoverá, dice el programa, el Gobierno Vasco el acceso del trabajador al capital, a los beneficios y a la coadministración de las empresas, pudiendo llegar a la incautación y socialización de los elementos de producción que estime necesarios para organizar rápidamente la victoria. Y así lo ha hecho, aun cuando la vieja concepción egoísta y rutinariamente conservadora se resista; un pensamiento social de avance, común al pensamiento cristiano y al pensamiento de los partidos sociales más avanzados, ha hecho que en el País Vasco se comience a instaurar el sistema de coadministración, dando participación al trabajo en aquellos lugares de donde estaba arrojado con tanto quebranto para la causa de la paz y de la justicia.

Se presentan proyectos, y el Gobierno los aprueba, de intervención ordenada y justa del brazo productor en la alta dirección y consejos de las empresas, con la esperanza de que ello ha de redundar en breve tiempo en una mayor armonía entre todos los elementos de la riqueza, dentro siempre de un orden y de una legalidad inexorablemente exigida e impuesta por el Gobierno. Sobran a éste medios, y sobre todo cuenta con la adhesión popular, que en ayuda creciente hará que las reformas sociales, que venían siempre precedidas de tumultuosas manifestaciones, sean aquí implantadas en medio de la comprensión general de un pueblo que ha sabido en su pensamiento armonizar el interés público supremo de la colectividad con la menor lesión posible a los intereses privados, máxime cuando éstos han sido, como en nuestro pueblo sucede corrientísimamente, fruto de un trabajo de muchos años.

El Consejero de Trabajo del Gobierno Vasco prepara interesantes proyectos de sentido social que han de ser seguramente, cuando la paz alboree en nuestras montañas, un índice interesantísimo en el que habrán de mirarse los pueblos que quieran vivir a tenor con el hondo sentido de justicia social que late en las muchedumbres trabajadoras.

Siguiendo el programa del Gobierno, por el Consejero titular del Departamento de Obras Públicas se desarrolla un plan que, unido a la labor interesante que realizan las indusrias movilizadas para la guerra, ha conseguido que del País Vasco, sujeto a la jurisdicción de este Gobierno, desaparezca el paro obrero, al mismo tiempo que se preparan, para cuando llegue el día venturoso de la paz, aquellas ocupaciones necesarias para que los brazos que actualmente empuñan el fusil puedan manejar las herramientas y útiles de trabajo más acordes con los principios de civilización que nuestro pueblo sostiene.

Habla el programa y prevé con acierto la regulación de la producción y del consumo, fijando los precios de las mercancías dentro del País; y a eso se va, con objeto de evitar que en estos momentos, en los que por la anormalidad de las circunstancias no existe aquella regulación comercial que la propia actividad impone en tiempo de paz, exista ningún abuso por el cual pueda sufrir la población civil y pacífica, que con tanto heroísmo soporta los riesgos naturales de una campaña prolongada y tan criminalmente provocada.

Se estudia, cumpliendo el programa del Gobierno, la función social del contrato de arrendamiento y el traspaso de la propiedad de las tierras y caseríos a sus cultivadores, con las normas de indemnización que fueron fijadas anteriormente por las Diputaciones vascas, tan celosas siempre del fomento de la propiedad rústica, fraccionándola en millares y millares de famlias propietarias y libres cívicamente.

Asigna el programa del Gobierno una función social al impuesto, que será regulado de un modo progresivo. El Consejero de Hacienda del Gobierno Vasco tiene ya preparados los proyectos que harán viable el cumplimiento de estas disposiciones, y siguiendo todos los puntos contenidos en el programa, ha resuelto rápidamente la situación de los presos políticos y militares, sometiéndolos a los Tribunales creados por la ley, como antes decimos, con todas aquellas garantías precisas para la sustanciación procesal de estos juicios.


La Universidad Vasca

En plena guerra, cuando lo más granado de la juventud vasca se encuentra en los frentes rechazando victoriosamente la invasión facciosa y reconquistando el territorio patrio, el Gobierno Vasco ha creado la Universidad. Nuestro centro de cultura superior, fruto de tantas y tantas campañas, ha tenido que ver su luz primera en medio de los fragores de una lucha fratricida y cruel; pero ha sido inaugurada la Universidad Vasca en su facultad de medicina con toda sencillez, mas con toda solemnidad, funcionando desde hace casi un mes con perfecta regularidad.

Cumpliendo un deber de pueblo, de raza, y llenando asimismo el programa del Gobierno, el euzkera, nuestro viejo idioma racial, tiene asiento en la Universidad, y su uso se irá regulando en los centros docentes, siguiendo en esta acción los métodos hoy vigentes en los pueblos cultos que compaginan los idiomas vernáculos con aquellos otros idiomas de civilización que son precisos para las relaciones con todos los pueblos. Conducta que contrasta con la terrible obstinación de los tiempos monárquicos y dictatoriales, en los que se persiguió todo vestigio de la personalidad vasca, con persecución a su idioma, a su cultura, a sus componentes espirituales. Petición constante la de la Universidad Vasca, no satisfecha hasta que la República, con sentido profundo de justicia, reconoció la autonomía del pueblo vasco, y éste ha podido crear su institución de cultura superior. Por eso el Gobierno Vasco, en razón natural contra aquella obstinación, tiene en su programa textualmente expresado que ha de salvaguardar las características nacionales del pueblo vasco, prestando al fomento de las mismas toda la consideración y adhesión a que le obliga el reconocimiento de la personalidad vasca, viniendo por ello obligado a la defensa de los valores espirituales y sociales reconocidos por la ley y sellados por la sangre.


Estrechar vínculos con los pueblos

Compromiso fundamental del Gobierno Vasco ha sido el cuidado celoso de que los extranjeros, sus representantes y agentes sean respetados en sus derechos y libertad en todo aquello que no fuera obstáculo a las operaciones militares. Especialmente hizo constar en su programa su deseo de estrechar vínculos con aquellos pueblos que mantienen las formas democráticas de Gobierno, y singularmente con aquellos otros en los que, como los pueblos americanos, viven importantes colectividades vascas. Y así ha cumplido el Gobierno con su programa, ante la complacecnia de las representaciones extranjeras en contacto y relación constante con los organismos de este Gobierno.

Unidad y autoridad del Gobierno

Finalmente, el Gobierno programó como misión principal la organización y encuadramiento de las milicias del país, obligándose a prodigar atenciones y cuidados al soldado del frente, considerándole como ciudadano privilegiado; y puede decir con satisfacción que lo ha cumplido. Ha prestado asistenca especial al avituallamiento del soldado, a su alimentación, a su vestido, y ha prodigado toda la asistencia precisa a las familias de los heroicos muchachos que encontraron su muerte en defensa de su pueblo. Y todo este programa, cumplido mucho de él, en vías de cumplimiento lo que resta, va verificándose en medio de una unidad ejemplar de gobierno, fortalecido con una autoridad quizá pocas veces conocida; unidad y autoridad que puede reflejarse en el hecho de que los acuerdos adoptados en el Gobierno lo han sido siempre por unanimidad, y que ninguno de los asuntos que constituyen el programa que acabo de comentar ha sido objeto de una sola votación.

Ante este hecho, elocuente por sí, sólo cabe preguntar: ¿Cómo se compagina la propaganda internacional que ha presentado hasta ahora a los pueblos que integran la República como asiento de indisciplina, siendo así que, como en el pueblo vasco, el orden más perfecto ha presidido toda la actuación del Gobierno?

No hemos de ocultar que en algunos puntos hayan podido producirse excesos que no están previstos en la mente de los gobernantes. No ciertamente en el Pueblo Vasco; pero ante una sublevación militar que traidoramente se aprovecha de la fuerza que el pueblo puso en sus manos, confiado en su juramento de fidelidad, cuán fácil es comprender los actos violentos ante la sola consideración de la medida en que había de producirse la irritación popular.


La cómoda disyuntiva de un dilema falso

Y ligando la presentación de lo que en el pueblo vasco ha programado y está verificando el Gobierno de Euzkadi con el problema general de la República española, conviene meditar un momento la situación en que ésta se encontró al advenimiento de la rebelión militar. Europa entera, o por lo menos sus órganos de expresión más importantes, se colocaron enfrente de la República, y al lado espiritualmente, y más tarde con todo descaro, materialmente –por lo menos varios países- al lado, repito, de la sublevación militar; y con la cómoda disyuntiva de, o comunismo u orden, se han esparcido las más siniestras noticias, las informaciones más aterradoras, sin mirar que el dilema es falso en su base y que era un Gobierno democrático, legítimamente constituído, quien se defendía de una agresión violenta de parte de los órganos armados del propio país, que habían prometido fidelidad a la ley.


En el mundo luchan dos concepciones

No; yo invierto los términos; en el mundo luchan en estos momentos dos concepciones: la vieja concepción capitalista, aferrada al abuso y al privilegio, y un hondo sentido de justicia social, latente en las muchedumbres que trabajan y sufren. El progreso de los tiempos marca necesariamente una variante en las relaciones sociales, y aquéllos que quieren cerrar el paso a la justicia social, latente en el ala popular, para seguir disfrutando de una posición que muchas veces no fué su mérito ni el trabajo personal el que la creó, ven en todas partes el espectro de una revolución sangrienta que ellos llaman comunismo, y que si su corazón estuviera desposeído de la ambición y despegado de los bienes materiales, no les sería tan difícil conjurarla, encontrando soluciones que encauzaran las ansias reivindicativas fundadas en innegable justicia.


“¿Teníais derecho a la protesta?”

Protestan, en general, aquéllos a quienes todo sobra, contra las peticiones del pueblo, dentro del cual a millares de familias todo falta. Quiero concretar un poco estas ideas, con una realidad práctica que la palpan muchos de mis compatriotas, porque como Presidente de todos los vascos, me dirijo a las clases conservadoras de mi país y quiero preguntarles: ¿Qué mal os hizo la República? Conservasteis vuestras fortunas, vuestros negocios, disfrutasteis de sueldos espléndidos en Consejos, muchas veces repetidos y acumulados en pocas personas, y os fué respetado todo. Os habla un católico, quien combatió en las Cortes Constituyentes de la República lo que conforme al pensamiento católico era excesivo y no podía sostenerse. ¡Ah! pero en lo social, en lo económico, que es lo único que ha interesado a las gentes de posición, en eso no hubo por nuestra parte oposición. Nuestro ánimo estuvo abierto a la generosidad y al renunciamiento si era preciso; el bien común de la doctrina clásica ha de imponerse siempre sobre el bien privado de pocos. Vivíais con hartura, y a fin de año os sobraba mucho, mientras faltaba también mucho en tantos millares de hogares. ¿Teníais derecho a la protesta? ¿Creíais que con denominar comunismo a la conmoción social hondamente justa que se levantaba contra tanta injusticia habías de conseguir otra cosa que exacerbar las masas sedientas de un régimen más justo? Vivías bien; sólo ahora, en medio de este desastre, destrozada la economía consumida por los gastos de la guerra, comprendéis cuán insensata fué vuestra conducta, y a pesar de todo os alzasteis, unos, con las armas en la mano; otros, apoyando financieramente el movimiento, secundando la rebelión de quienes, desleales con la palabra empeñada, sirven a lo que ya es caduco, guiados únicamente por su afán de mando, de predominio y de soberbia. E impotentes para avasallar al pueblo, en vuestra alocada carrera, roto el timón de la continencia, al ver que las fuerzas que sublevasteis no eran capaces de llevaros a la consecución de vuestros deseos, aplaudís con gesto trágico la traída de tropas mercenarias negras, que ahora veis aumentadas con extranjeros alemanes e italianos, sin que nada os importe, aunque caiga rota la dignidad por los suelos, con tal de que negros, blancos, de cualquier color o raza salven vuestra situación económica, que fué de privilegio, y que la perdisteis porque quiso Dios que la ambición y vuestro orgullo os cegaran para siempre; tropas negras infieles, traídas por quienes por quienes insensatamente han levantado a Cristo en son de guerra, el Cristo cuyo nacimiento celebra la humanidad creyente durante estos días, con aquellas sublimes palabras de bienvenida : “Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”. Contradicción monstruosa con una conducta provocadora de sangre y de tanto dolor en millares de familias.


“No es una guerra religiosa”

La guerra que se desenvuelve en la República española, sépalo el mundo entero, no es una guerra religiosa, como ha querido hacerse ver; es una guerra de tipo económico, y de tipo económico arcaico y de un contenido social. Y digo arcaico, porque si la República se hubiera dispuesto a imponer a las clases adineradas de la sociedad española los impuestos que pagan las clases conservadoras inglesas, por ejemplo, la protesta contra lo que estimarían ellas un abuso hubiera surgido espléndida. Es que falta la preparación suficiente en el terreno social. Las clases conservadoras españolas han demostrado una pobre preparación; no han sabido acondiconarse, previendo con espíritu limpio y generoso los progresos sociales de los tiempos. No es guerra religiosa, ni es la doctrina cristiana la que puede invocarse, porque la doctrina cristiana es doctrina de amor, de paz y de renunciamiento a favor de los semejantes; la doctrina cristiana es una e inflexible y no puede ser esgrimida como medio cuando conviene y pisotearla cuando conviene así también. Díganlo los sacerdotes asesinados por los facciosos y aquellos otros tantos beneméritos sacerdotes que han sido desterrados a lejanas tierras por el enorme terrible delito de amar al pueblo en que vieron su primera luz. No compagina con las ideas cristianas el paganismo de los escritos de los periódicos fascistas. No nos encontramos ante una guerra religiosa.


¿Por qué el silencio de la jerarquía?

Esto me lleva a tratar un punto delicadísimo, y lo he de hacer como católico práctico dentro de las normas de mi fe; pero ello no obstará a que con ruda y sincera libertad exponga con nitidez el sentir de la gran masa cristiana vasca, evitando toda veladura en bien de los principios. Afirmo, como es notorio, que los sublevados han asesinado a numerosos sacerdotes y beneméritos religiosos por el mero hecho de ser amantes de su pueblo vasco. Triste testigo de estos hechos es Guipúzcoa. Ante la Sede Pontificia han llegado estas noticias. Y aquí, el Presidente del Gobierno de Euzkadi, católico, pregunta con el corazón dolorido: ¿por qué el silencio de la jerarquía?

Cuando es notorio y de público conocimiento que son desterrados violentamente sacerdotes vascos, llevándoles a tierras alejadas de la suya natal, y hasta los boletines eclesiásticos de las Diócesis vascas son obligados a disimular el destierro estampando en sus columnas que los interesados han dimitido, ¿por qué el silencio de la jerarquía? Y cuando numerosos católicos en la República española han preguntado si está obligado el católico a defender el régimen legítimamente constituido, ¿por qué silencia su respuesta la jerarquía? Y cuando la juventud vasca, interpretando rectamente la doctrina cristiana clásica del derecho de defensa, e incluso con las armas en la mano, contra la agresión injusta, y siendo esta juventud cristiana en buena parte, quiere encontrar, allá donde la justicia tiene su asiento, una voz que apruebe una conducta ajustada al derecho, ¿por qué calla la jerarquía?

¡Sacerdotes asesinados en tierra vasca ocupada por los facciosos, mientras los sacerdotes y religiosos son respetados en la jurisdicción ocupada por el Gobierno Vasco! ¡Sacerdotes desterrados del territorio vasco invadido por los facciosos, mientras en el territorio ocupado por el Gobierno de Euzkadi se celebra el culto, permaneciendo abiertos sus edificios. Es que el pueblo es siempre más comprensivo con aquellos que, siendo también hijos del pueblo, supieron cumplir con su deber, no siendo beligerantes, sino permaneciendo al lado del dolor de su propio pueblo.

Persecución antinatural y antihumana de parte de los facciosos, que han llegado, en su odio a todo lo vasco, a perseguir todo signo de cultura vasca, llegando a prohibir hasta el uso del idioma indígena, pretendiendo con ello borrar los signos de nuestra nacionalidad, mientras lo mejor de nuestra juventud defiende con heroísmo la vida y la libertad de su pueblo, dispuestos, como ya han comenzado, a reconquistar su territorio invadido en parte contra toda norma jurídica. Por eso, cuando ante tanto atropello, ante tanta infamia, ante la conculcación sistemática de las normas clásicas del derecho, no se alzan las voces de quienes con su autoridad pudieran restaurar lo perturbado, cabe preguntar : ¿No es trágica la situación de conciencia del pueblo, que llevando un sentido de justicia en su corazón, se le perturba, se le desorienta y hasta descristianiza con silencios mortales?

En nombre del pueblo vasco, guardador del orden, de la justicia y del derecho; en nombre de la conciencia cristiana de tantos compatriotas míos, apelo al Padre de la cristiandad para que haga cesar este silencio.


El silencio ante la conculcación del derecho

De la misma manera silencia el mundo civilizado su protesta ante la conculcación del derecho verificada, si bien ya las naciones comienzan a preocuparse de las consecuencias terribles que de la lucha peninsular pudieran derivarse para el mundo entero. La preocupación se está concretando en una intervención de las potencias en los asuntos interiores de la República española, y una de sus expresiones es la Comisión del control de no intervención que funciona en Londres. Mas si se quiere de veras una intervención eficaz, evitadora de la guerra, el Comité de control debe excluir de la lucha armada que ensangrienta los campos de la República a todas aquellas unidades y personas ajenas a los ámbitos peninsulares. Una razón de decoro obliga, sin entrar en el detalle de la violación de tratados con tal hecho realizada. Privadas las tropas facciosas de los hombres de color y de la asistencia alemana e italiana, la guerra no podría durar quince días más. El arranque del pueblo, organizado ya, sería incontenible, no encontraría nada delante.


¿No es el nuestro un problema de valor universal?

Apelo a la conciencia universal ante el hecho monstruoso de que los generales traidores sublevados necesiten de las tropas mercenarias negras para combatir, vejar y asesinar a sus propios compatriotas. ¿Cuál no sería la indignación del mundo británico, si por generales ingleses que hubieren dado su palabra de honor, pagados por el pueblo inglés, se llevaran a tierras de Inglaterra tropas negras coloniales, y lanzándolas contra sus compatriotas que democráticamente se dieron un Gobierno dentro de la ley, hicieran llegar el eco de sus cañones y el fuego de su fusilería hasta las cercanías del Picadilly Street? ¡Vibraría la ciudadanía inglesa! Pero ¿no es el caso de la República, no es el caso de nuestro pueblo vasco un problema de valor universal?; ¿hasta cuándo va a seguir el silencio de las voces autorizadas que representan la conciencia universal?

¿Esperará Europa, esperará el mundo a que el pueblo en armas aplaste la rebelión, como inexorablemente habrá de suceder? ¡Ah!, pero será conveniente hacer una advertencia; es, a saber: Que el pueblo no será vencido jamás, y concretamente el pueblo vasco es invencible; pero si la ayuda extranjera subsiste y ella persiste, complicará en tal forma la situación de Europa, que el choque no se hará esperar.


La liberación de las mujeres

En un dilema sencillo y simple está encerrado el gigantesco problema de la paz mundial: O triunfan los poderes legítimos que el pueblo se ha dado a sí mismo, o es inevitable la guerra europea. Yo abrigo la esperanza, atisbos latentes existen, de que el ambiente internacional, enrarecido por una propaganda tendenciosa, caiga en cuenta de que se encuentra ante un caso de ambición y de orgullo, que ha provocado una sublevación militar. Herido el pueblo en sus fibras más sensibles, por lo odioso que resulta que quienes contando con su confianza se hayan aprovechado de ello para alzarse con las armas que son para la defensa del pueblo, sin embargo, la generosidad popular es tan grande, que el Gobierno Vasco, representante de un sentir clamoroso y unánime del pueblo vasco, se inclinó siempre por la humanización de la guerra, y velando los instintos lógicos de venganza que pudiera albergar en su corazón, acordó, a instancias de un organismo de tipo internacional, nada más comenzadas sus funciones de Gobierno, la liberación de ciento sesenta y tantas mujeres que estaban detenidas, algunas de ellas con complicaciones graves, en las cárceles vascas.


Cómo procedió el Gobierno Vasco

No ha sido correspondido en la misma forma, porque cuando el Gobierno entregó las mujeres, lo hizo ante representación diplomática internacional, como es la del Embajador de la Argentina y el Cónsul de Inglaterra, ante el Delegado de la Cruz Roja internacional, firmando un documento en el cual constaba que las referidas representaciones diplomáticas internacionales habían visitado las cárceles, habían conversado con las mujeres, habían preguntado si querían salir o no del territorio sujeto a la jurisdicción del Gobierno Vasco, y libérrimamente optaron ellas por lo que más les convino.


La conducta en el campo faccioso

En el campo faccioso no existió tal documento. De aquí que la reciprocidad no se llevó a cabo. La libertad no fué de una vez, sino a fuerza de muchas reclamaciones de los familiares interesados. El Gobierno puso inmediatamente a disposición de sus padres los niños de las colonias escolares ajenos al territorio vasco que en él se encontraban. Hubo de ver el Gobierno que los facciosos llegaban hasta coaccionar a los niños de las colonias escolares en territorio por ellos ocupado, haciéndoles firmar documento que obra en mi poder, por el cual los citados niños, el mayor de ellos de doce años, manifestaban que no querían volver a tierras ocupadas por el Gobierno Vasco porque se encontraban muy bien atendidos y la situación en nuestro territorio era desastrosa, si bien no ocultaban sus deseos de estar con sus padres. Tres días más tarde, estos niños, a pesar de la carta, venían a territorio vasco, y manifestaban sus guardadores que la coacción espiritual fué tan grande, que firmaron si voluntad de clase alguna la carta que obra en mi poder. Idéntico caso con las mujeres de las cuales hemos visto tristemente estos días algunas con el cabello rapado en forma indigna y vergonzante. Estos hechos debe conocerlos la conciencia internacional.


El canje de prisioneros

En estos mismos momentos el Gobierno Vasco acaba de aprobar el canje de prisioneros. Es generoso, amplio, sin restricciones; ha sido verificado a instancias de organizaciones internacionales, en su afán de humanizar la guerra. Jamás se ha opuesto el Gobierno Vasco a tal designio. Y ahora llega el momento interesante, para que el mundo entero pueda ver la conducta de unos y otros; porque las reclamaciones de gente desaparecida no se harán esperar, y el Gobierno Vasco, con la frente alta y la conciencia tranquila, espera el fallo, porque los crímenes cometidos por los sublevados han sido tantos, que solamente en Guipúzcoa, por propia confesión de persona autorizada del campo faccioso, se acercan a mil las personas fusiladas, teniendo en cuenta que esto se produce después que lo más distinguido de las organizaciones políticas de Guipúzcoa y sus familias están en Vizcaya, donde, como es sabido, existen más de cien mil refugiados.


Los pueblos han de forjarse en la generosidad

Y enfrente de todo esto, yo quiero dirigirme a mis compatriotas para expresarles y reiterarles aquellas palabras que el señor Prieto, en elocuente discurso, pronunció hace un par de meses : “Piedad para el vencido, mucha piedad; pecho de hierro en el combate; no pensar jamás en la venganza con el hombre indenfenso, porque esto es propio de cobardes”. Los pueblos han de forjarse siempre en la generosidad. Si en los pueblos entra el espíritu de venganza, nos parecemos más a una tribu de caníbales que no un pueblo civilizado. Seguid vuestra conducta ejemplar de respetar al prisionero, como estáis haciéndolo. El Gobierno, solícitamente, ha recogido todos los hombres que vosotros traéis del campo de batalla; los ha recluido en campo de concentración de condiciones higiénicas, que serán indudablemente alabadas por quienes, autorizados, quieran visitarlos. Condición higiénica y humana, como bien expresaba nuestro Consejero de Obras Públicas días pasados; porque son hombres los que vienen a nosotros, entregados ante el empuje de nuestras tropas, que merecen la consideración y el respeto que todo ser humano debe merecer. Seguid con la compostura hasta ahora observada, dando esa sensación de orden envidiable que dan nuestras calles y plazas en nuestros pueblos, que ha sido alabada en reiteradas visitas que yo he tenido de representaciones extranjeras. Cultivad vuestro espíritu en el heroísmo, en el sacrifico, en el dolor; porque cuanto más valientes seáis ante el enemigo en los campos de batalla, tanto más generosos seréis en la retaguardia con los vencidos, que no solamente son aquellos otros convecinos nuestros que discrepando ideológicamente de nosotros, estando espiritualmente con el enemigo, tienen sobre su ánimo la pesadumbre de la derrota, y merecen, mientras que no cometan delito, la consideración que vosotros, hasta ahora, ejemplarmente, guardáis con ellos.


Por qué se lucha

Ante todos estos hechos despertará el mundo de su letargo, produciéndose resultados beneficiosos para la causa legítima que defendemos. En el pueblo vasco puede resumirse esta causa en estos conceptos: se lucha por la liberación nacional y se lucha por la liberacion social. He aquí encerrado todo el clamor de la juventud vasca que pelea en los campos de batalla; y por eso quiero dirigirme a vosotros, gudaris, que con espíritu encomiable de sacrificio, integráis las legiones numerosas y aguerridas que constituyen nuestros cuadros de lucha.


Nuestra ayuda ha sido generosa

Como vuestro Consejero de Defensa, al mismo tiempo que vuestro Presidente, yo me siento orgulloso de vosotros. Erais hombres de paz, y os han arrojado a la guerra, y dentro de ella habéis sabido forjar vuestro espíritu para el dolor, para la lucha, para el sacrificio. Vuestro empuje vigoroso, arrancando al enemigo tierra invadida, ha atraído delante de nuestras fronteras cuanto ha podido acumular el enemigo, descongestionando, entre otros, el frente de Madrid; pedían nuestra ayuda, y esta ayuda ha sido generosa, porque somos leales a la palabra empeñada, y ha sido eficaz, porque la ofensiva en otros sectores se detiene para contener el ímpetu de nuestras tropas en el frente vasco. Prometimos lealtad en la lucha antifascista, y en esa lealtad nos mantenemos y nos mantendremos hasta el final. La República tiene en Euzkadi el compañero más fiel, la ayuda más leal. Lo serán todos, pero nadie nos superará en el cumplimiento de la promesa dada. Dijimos que defendíamos una República democrática, y en esta promesa nos mantenemos y nos mantendremos hasta el fin.


La morisma y sus aliados

Es designio supremo de este Gobierno el ganar la guerra, y esta finalidad es superior en estos momentos a todo cuanto puedan albergar las distintas ideologías que se han concertado en la lucha. Que siga como hasta hoy el ejemplo de solidaridad que se está dando, que es fruto de corazones limpios en una juventud decidida y generosa. Cuanto más firmemente luchemos en estos momentos, con atisbos ya de victoria rápida, antes se producirá ésta, y entonces todos hemos de reciibir el premio, porque el merecimiento está sellado por la sangre. El pueblo vasco registra en su Historia páginas de heroísmo en las distintas invasiones peninsulares que se sucedieron. Una de ellas, la de los árabes, llegó también hasta las puertas de nuestro pueblo. Ahí se detuvo. ¡Extraño designio el de los que se titulan sucesores de aquellos caballeros cristianos, que lucharon contra la morisma, que sean ellos los que hasta las puertas de Euzkadi hayan traído en estos momentos, a través de las tierras españolas, las legiones de moros a quienes en el siglo XVI arrojaron de su suelo! Y hoy, como entonces, la afrenta la siente el pueblo vasco en lo más íntimo de su ser, y arrojará con violencia a la morisma y a sus aliados de estos tiempos que, con escarnio para la civilización occidental, se han atrevido a utilizar.

Nuestra consiga es esa: la victoria, arrojar al enemigo, a fin de que en todo el ámbito de la República pueda volver la paz tan ansiada por el pueblo.


A los vascos que viven esparcidos por el mundo

Presidente de los vascos, no sólo de los que aquí existen, sino espiritualmente de todos aquellos que viven esparcidos por el mundo, a ellos unas breves palabras con toda emoción.

Vive aquí este viejo pueblo atacado por la injusticia, como lo habéis podido observar. Vuestra solidaridad con nosotros ha de ser, de aquí en adelante, efectiva. El viejo pueblo de los vascos está en estos momentos escribiendo una nueva página en su Historia, y aunque viváis separados por los mares, sentís en estos momentos la responsabilidad que el pertenecer a esta raza os está demandando: una ayuda firme y eficaz, ayuda que en vuestras manos está el darla, ayuda que nuestro pueblo os ha de agradecer.

Quisiera tocar vuestro corazón hablandoos en el idioma de la raza. Voy a pronunciar unas palabras con las que terminaré mi intervención, pero perdonadme, vascos que estáis allende los mares, que estas palabras sean dirigidas a los heroicos jóvenes que luchan en los frentes de batalla.

Orregaitik etzan il gure errija Gudari zintzoak: Goratu izkilluak eta biotzak.

Arerijuak gure etxian sartuta daukaguz. Gure asaba zarrak beso gogorrakin bota eben beti gure Aberrira erebestetik etorrik ziran gizonak. ¡Ah! Zlako adibidiak daukagu gure kondairan. Orregaitik etzan il gure errija.

Antxiñan bai ziran erri asko. Idazki zarrak esaten daben nola erri onek makaldu ziran nastuta, gogua galduta ta jausi ziran erbeste plan.

Aztu eben bere izkuntza, bere odola, azkenian bere izakera.
Gaur gure arerijuak datorskigu gure erri maite au zapaltzera.

Ondatu dabe gure errija, gure izkuntza, il dabez ¡zenbat! gure sendijak. Gura eunke bere eskuetan egongo bazan garbitu ta kendu ludi guztitik gure izena.

¿Zelan laga sartu gure errijan? Ez gudarijak; zure izkiluak gertuz dagoz, zeure biotzak, erriko biotzak dira; zubek zerate gure antxiñako asabaren jarraitzaleak, eta euren antzera gaur Euzkaidko mutillak arerijuak etxetik kanpora botako dabez.

Errijak ez dira egiten egun batean. Errijak miñ andiarekin eta odolakin egiten dira. Olan egingo da gure Euzkadi. Eguzkija zelan agertzen da laño tartian agertuko da azkatasuna ta pakea gure errijan.

Aurera mutil zintzoak, aurrera. Bildurra izan dedila aurrian ez gure artian.

Ludi guztiko errijak gure begira dagoz. Gure erri zarra izango da antxiñan legez diña zintzua ta gogorra.

Pozik nago zurekin gudari maiteak.

Jarraitu bide ortatik, jarraitu ba, zure eskuetan lagata dago Aberri maitearen itxaropena ta zoriontasuna.

Euzkadi’ren ixenian zubei danori milla esker.

Gabon ona igaro.





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