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2024. María Lejárraga, in memoriam

«Las mujeres socialistas debemos enseñar, enseñar sobre todo una asignatura única: La solidaridad humana»

María Lejárraga


Recordamos a María Lejárraga en el aniversario de su muerte el 28 de junio de 1974 en el exilio.


Es necesario hablar a todas las mujeres, sean o no de nuestra clase. la mujer obrera necesita menos que nadie de estos actos de propaganda, porque sabrá cumplir con su deber, como lo ha cumplido siempre, ayudando a su compañero en lucha porque con él comparte las alegrías y las fatigas. Voy a habalr, por tanto, más que en solicialista, en mujer, para todas las que me escuchan, sean de la clase que sean, sean de la clase media (a veces más triste que la clase pobre), sean de la clase elevada, que alguna puede haber en este local. Voy a hablar de este modo para destacar unas cuantas verdades que exigirán a la mujer votar la candidatura.

La situación de España, como la situación de todo el mundo, es realmente temerosa. El sistema capitalista, la economía del siglo, se derrumba… Hay en el mundo millones de seres humanos que no pueden satisfacer las necesidades más importantes de su vida. Y esto ¿tal vez es porque la humanidad se ha multiplicado más que los medios de la vida? De ningún modo. La humanidad tiene medios de producir tan eficientes que existe una superabundancia de productos. Hay demasiado de todo, pero lo producido se halla acumulado, cerrado en un solo almacén, del que se ha perdido la llave. La llave que abre este almacén es el dinero. El dinero se gana trabajando. Pero como hay más productos que necesidades no hace falta que todos trabajen. Hay parados. Y el que está parado, al no trabajar, no compra y no consume. El que tiene el dinero, el poderoso, el privilegiado, puede usar todos los bienes necesanes.  El resto de la Humanidad, la Mayoría, carece casi absolutamente, o absolutamente, de lo necesario para peder vivir.

En esta situación, llegamos las mujeres a intervenir en la vida pública del mismo que una ama de casa que al llegar a su habitación por vez primera se encontrase con que estaba cási destruída por un temblor de tierra. Lo mismo que haría esta mujer ante tal espectáculo, procurar remediarlo, es lo que vemos a hacer las mujeres en la vida política, a la que llegamos por vez primera: remediar el desarreglo en lo posible, para poder vivir un poco mejor.

Hay que peeecindir de personalismos, de achacar la culpa de esto a las personas. El sistema economico, desarreglado, sufre esté desarreglo porque la Humanidad toda se equivocó. Y, con buena fé, debemos correr todos a remediarlo. Ahora, con nuestro voto, que e slo necesario, para llegar prestas a un porvenir mejor.

Hemos de unirnos todas las mujeres, principalmente las trabajadoras, con las de la clase media. La mujer de esta clase sufre una obcecación no dándose cuenta de que su lugar está entre los trabajadores. De nada servirá que pretenda acercarse a los de arriba, porque los de arriba siempte la mirarán mal. Si se acerca a los de abájo, a nosotros, encontrará una organización que la proteja y la defienda. Porque el partido político de los de abajo, el Partido Socialista, tiene en su programa la transformación del sistema económico capaz de resolver su actual estado de cosas.

Es necesario transformar la economía. La Humanidad, hoy, exige una economía dirigida. Como se produce más de lo necesario para el consume, hay que dirigir el empleo de este producto de forma que la libre contratacion, el trabajo libre, no haga que los hombres se dividan en dos clases como están dividisos hoy: los que no trabajan y consumen, y los que no trabajan pero no consumen. El desarrollo de la Himanidad exije esta dirección para su normal funcionamiento.

Por ello, es preciso que la mujer acuda al partido que tiene en su programa esta solución económica: al partido Socialista, en beneficio del cual todas las mujeres que sufran las angustias de esta mala distribucción deben deporsitar su voto en las próximas elecciones.

Quizá las esposos de la mujer de la clase media se vean obligados a votar por el capitalista. Ye digo a está mujer lo mismo que en la iglesia le dicen: «Salvad su alma, a pesar suyo», ahora puede decírsele: «Salvadle, a pesar suyo.»

Votad por el Partido Socialista sin temor a nada, tque el voto ee secreto  y puede votarse callando, son disimulo, nosotras que somos maestras en el arte de disimular. 


María Lejárraga
Mitin Feminista organizado por la Agrupación Socialista Madrileña en la Casa del Pueblo, el 27 de octubre de 1933
Recogido en El Socialista, de 28 de octubre de 1933, Pág. 3



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