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2067. Instrucciones para destruir la moral del enemigo





Hordas salvajes

A uno de los oficiales cogidos prisioneros en las inmediaciones de Guadalajara, después de deshechas las tropas que mandaba, se le ha encontrado una hoja impresa con las siguientes

Instrucciones para destruir la moral de enemigo

El primer factor para conseguir la victoria es aniquilar la moral del enemigo. Por eso, y aunque el Gobierno Republicano carece de tropas y armas con que hacernos resistencia, es indispensable atenerse con el máximo rigor a estas instrucciones: 

1. Para asegurar la retaguardia es preciso infundir terror al enemigo. con este fin, cuando nuestras columnas ocupen un núcleo de población, deberá proceder se a ejecutar saludables y definitivos escarmientos en las autoridades que puedan ser habidas.

En el caso de que hubieran huido, se procederá del modo expresado con aquellos de sus familiares que puedan ser capturados. Al hecho se procurará revestirlo de los caracteres más públicos e impresionantes, haciendo saber que se procederá del mismo modo contra cualquiera que se rebele contra nosotros.

2. Convendrá requisar el efectivo metálico que se halle en los edificios oficiales, y en los particulares afectos al régimen. En ocasiones será de particular eficacia destruirles los edificios, las cosechas, los ganados.

3. En toda localidad será muy útil informarse del cura o párroco o de otras personas de orden sobre las opiniones de los vecinos más caracterizados. No debe haber ningún inconveniente en incorporar a las columnas con categoría de oficiales o suboficiales, según las necesidades aconsejen a los partidarios de Falange Esañola.

Estos elementos tendrán por misión, dada la actitud de las tropas, vigilarías de cerca para impedir movimientos de flaqueza.

En caso de manifestarse en alguno de la columna vacilación o resistencia a las órdenes o propósitos de fuga, tanto los jefes y oficiales como los elementos auxiliares civiles, deberán proceder en el acto con la máxima energía.

Entiéndase que será preferible incurrir en equivocación que dejar que se manifieste flojedad en las tropas. De este rigor dependerá el pronto y feliz éxito de unas operaciones cuyo inmediato fin no ofrece el menor género de duda.

Los que vacilen en cumplir esta orden serán juzgados a su vez, en la forma que queda dicha.

4. Para los efectos de quebrantar la moral de los enemigos en el caso poco probable de que nos ofrezcan resistencia seria, es ineludible considerar zona de ataque todo poblado que se halle a la retaguardia del frente enemigo.

Importante: No importa que en los lugares a que se alude no haya fuerzas combatientes. El pánico difundido por los vecinos que huyan producirá el efecto moral que necesitamos.

— Muy reservado: Está probado que lo que más desmoraliza a una fuerza combatiente es ver que se ataca a sus hospitales de sangre y sus columnas de evacuación de heridos. Convendrá tener en cuenta esta enseñanza de la Gran Guerra.

5. Si contra toda posibilidad, Madrid, nos opusiera resistencia deberá considerarse como objetivo primordial las lineas conductoras de fluido eléctrico, así como también las conducciones de agua. Esto último, en la presente época del año, será de una eficacia sorprendente.

6. Cuando entremos en Madrid, acontecimiento que ocurrirá aproximadamente el día 20, la primera medida será colocar nidos de ametralladoras en las torres de las iglesias y cualquier otro edificio que ofrezca extenso campo de tiro.

Las máquinas harán fuego sobre todo elemento enemigo, sea del sexo que sea, que entre dentro del campo de tiro. Aunque no causen bajas, contribuirán a difundir el terror y a impedir reacciones ofensivas del paisanaje.

7. Muy importante y reservado: Los elementos de mando no harán indicación alguna para que la fuerza convierta en dum—dum sus proyectiles. Se harán los desentendidos si vieran practicar dicha operación. Y para estimular a ello, deberán manifestar gran indignación contra el enemigo, protestando violentamente por los horribles destrozos de sus “pacos” que causan por el empleo de semejantes proyectiles. Con esto es de pensar que sobre.


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Hasta aquí el documento de los "caballeros de la traición", tan feroces como ruines.

Para juzgar a esos malvados basta y sobra con semejante padrón de ignominia sin preciedente en la historia militar de España ni aún en sus luchas contra tribus salvajes.


ABC Madrid,  26 de julio de 1936. Págs. 31 y 32 


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