Lo Último

2192. Feminismo vivo

María Telo (en la escalera, y Goya y Pilar Aonso. Cantalpino, 1 de mayo de 1936



Concepto que las mujeres del porvenir tienen de sí mismas, de los hombres y de la vida en general.

Hace unos cuantos años una maestra de las escuelas de Madrid, curiosa del corazón  humano, tuvo el que pudiéramos llamar capricho psicológico de preguntar á sus discípulas: "¿Estáis contentas de ser mujeres ó preferiríais ser hombres? ¿Por qué?» Sabía la maestra que en otros países de Europa, en Inglaterra y Alemania por ejemplo, se habían hecho preguntas análogas: sabía que casi todas las niñas, con precoz descontento de la vida y de su condición de mujeres, habían respondido con el ansia de trocar su condición femenina por la suerte del hombre libre y feliz: harto feminista, esperaba y temía en la menuda humanidad femenina una respuesta análoga: pero su sorpresa fué grande y grata: de ciento veinte criaturas, más de ciento respondieron orgullosamente: ¡Prefiero ser mujer! Repetido el experimento en otras varias escuelas, el resultado general fué el mismo; es de advertir que la orgullosa afirmación de feminidad adquiría carácter de convencimiento apasionado en las hijas del pueblo, y que todas las mujeres futuras que anhelaban ser hombres, pertenecían a la angustiada clase media consumida de tedio y de mal disimulada miseria.

Los motivos de la preferencia son curiosos y dejan harto mal parada la soberbia masculina: tengo á la vista multitud de “planas” en las cuales con letra vacilante y ortografía caprichosa, las muñecas de siete a catorce años hacen su profesión de fé. Copiaré a continuación unas cuantas, no precisamente de las más pintorescas, sino de las que reflejan con más fidelidad el sentir general. Dicen así.

 «A mí me gusta ser mujer, porque es la que manda en una casa, y el oficio que más me gusta es el de sombrerera. A mí no me gusta ser hombre, porque se va por la mañana y no vuelve hasta por la noche, y muchos se van á la taberna. Me llamo Ángela y tengo nueve años».

 «A mí me gusta ser mujer, porque la mujer es más útil que el hombre. La mujer  es la que cuida la casa y  avía á los niños, y porque la mujer siempre es más instruida que el hombre y porque una mujer vale más que un hombre, y además porque me gusta más ser mujer. No me gusta ser hombre, porque los hombres son muy malos. A mí me gustaría ser profesora de piano. — Josefina. —Tengo diez años».

 «A mí me gusta ser mejor mujer que hombre, y si fuera hombre aprendería la carrera de médico, y la carrera que me gusta mejor es la de maestra de niñas.  Me gusta ser mujer porque es la que cuida toda la familia. No me gusta ser hombre porque no me gusta la cara que tienen, y si yo fuera hombre tenía que ser  marido ¡y eso no! — Dolores. — Tengo trece años».

«Me gusta más ser mujer que hombre, porque me gustan más los oficios de las mujeres, y hombre no me gusta, porque no me gustan los oficios de hombre como carpintero y pintor, que van todos sucios de la pintura. Me gusta ser modista. — María.— Nueve años».

«Yo prefiero ser mujer porque así juego con la muñeca, y haré de mayor las cosas de la casa; yo, para ser mayor, escogería ser maestra ó modista de sombreros. Yo no quiero ser hombre, porque no son tan buenos como las  mujeres y tienen mucho que trabajar. — Natividad. — Tengo doce años».

«Estoy muy contenta de ser mujer para ser mujer de mi casa. Cuando sea mujer quisiera tener el oficio de sombrerera. No me gusta ser hombre, porque no me gustan los pantalones ni los oficios de los hombres, como el ser empleado. — Emilia. —Trece años».  «A mí me gusta más ser mujer, porque las mujeres hacen las cosas de su casa, pero me gustan más las mujeres que se dedican al estudio: aunque los hombres también estudian, me gustan más las mujeres y estoy muy contenta de ser mujer. Siendo mujer, la profesión que más me gusta es la de maestra, para cuando tenga mi título, tener una clase en la Normal ó un colegio; estas son todas mis  aspiraciones siendo mujer. Si fuera hombre seguiría la carrera de médico porque es la mejor: me gustaría ir á San Carlos, practicar, y cuando fuera doctor, tener una cátedra en la Universidad de Madrid; pero á pesar de todo, me gusta doble ser mujer. — Pilar. — Catorce años».

«Me gustan más las mujeres porque trabajan. — Amelia. —Doce años».

«A mí me gusta ser mujer por los quehaceres de la casa y por ser modista. A mí no me gusta ser hombre, porque siempre andan por la calle. — Manuela. —Trece años. »

«A mí me gusta ser mujer por ser la que cuida á la familia y hace la ropa, y porque me gustan más las faldas que los pantalones, y el oficio que más me gusta es la carrera de comercio. ¿Que por qué no me gusta ser hombre? Porque llevan pantalones, y son muy feos, y porque no tienen pelo largo y porque el hombre es el amo en una casa, y siempre está riñendo y eso á mí no me gusta, La carrera que tendría yo siendo hombre es la de  médico.  — Margarita. —Doce años. »

«Yo prefiero ser mujer, porque la mujer siempre está cosiendo o haciendo algo. La carrera que me gustará seguir es la de tenedora de libros, por saber el francés y otros idiomas. ¿Por qué no me gusta ser hombre? Porque los hombres no pueden ser buenos aunque quieran. — Antonia. — Ocho años.»

¿Qué les parece á ustedes? Estas muñecas que empiezan á vivir, desdeñan á los hombres desde lo alto de su feminidad, y les consideran moralmente inferiores, vagos, callejeros,  inútiles, de mal carácter... y feos por añadidura. Huelgan comentarios. Y no es capricho de imaginación: estas chiquillas hablan aleccionadas por lo que ven en su casa, por lo que oyen decir á la madre. Terribles han de ser las feministas que han de darnos batalla dentro de media docena de años; terribles, porque son muy mujeres, porque están orgullosas de serlo, porque no quieren dejarlo de ser, porque nos desdeñan compasivamente, considerándonos como artículo de lujo ó ser decorativo, aunque perjudicial: «Tendría que ser marido, ¡y eso no!» es un grito del alma; y porque muy resueltas á seguirnos cosiendo los calcetines y arreglando la casa, parecen decididas también á ganarse la vida con un oficio. Maestras por esencia y constructoras de nacimiento, sueñan con la escuela o con el taller: si piensan en carrera de hombre, se fijan en la Medicina, porque es de utilidad evidente, caritativa y  práctica; enamoradas de lo eficaz y lo posible, se burlan por adelantado de los que nos burlamos de sus sueños locos. Las mujeres de hoy, como Argos, si cierran cincuenta ojos para dormir, abren otros cincuenta para vigilar. Mucho tenemos que apretar, amigos, si no queremos llegar á ser en breve para ellas un «mero objeto de placer». A defenderse, pues, con buenas obras, que ellas ya no se fían de palabras bonitas.


María Lejárraga
Publicado en Nuevo Mundo con la firma de Gregorio Martínez Sierra





2 comentarios:

  1. ¿Podríais dar algún detalle de la foto?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Las mujeres se llamaban María Telo (la que está subida en la escalera), Goya y Pilar Alonso, y colocaron ese cartel el 1 de mayo de 1936 en Cantalpino.

      Eliminar