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2253. Lejos de la Guerra

Puente de los Franceses, Madrid 1937



Yo diré tu heroísmo de nuevo y simplemente,
lejos de ti, ciudad, con la voz merecida
del hombre que por norma ya tiene diariamente
anochecer sin casa o amanecer sin vida.

Campos sin guerra, os traigo de las atronadoras,
desangradas orillas del pobre Manzanares,
un saludo enramado de sus libertadoras,
destrozadas encinas y partidos pinares.

Bosques tranquilos, pueblos ausentes, derramados
por la monotonía
de los mismo dulcísimos, lluviosos panoramas.
yo os contaré la pena de los rotos tejados,
la paralela suerte del cable y el tranvía,
el fin de la arboleda, la historia de sus ramas.

Puentes anchos del Sena, puentes desposeídos
de los fijos temores
que por los claros ojos sin sueño de tus puentes,
Madrid, ven entre ruedas, sombras y hombres hundidos,
al alba de los súbitos, mortales resplandores,
cuanto tienen los héroes de flores inocentes.

París, por tus tranquilas
chimeneas que exaltan un cielo sin motores,
se me angustian las venas subiendo a mis pupilas
caras desenterradas,
uñas que entrechocando con la muerte, rabiosas
buscan bajo las íntimas viviendas desventuradas
los familiares restos difuntos de las cosas.

¡Ah Madrid de la luz que se me va y enfría!
París, con tus tugurios de caspas y melenas,
pederastas, modistos, cabrones permanentes
y esta desamparada, sin alquilar, vacía
puta triste, que apenas
pasa como el recuerdo de historia sin dientes.
Viejo París, tu mano,
medio muerta en la mía,
tiene algo de gusano.
Al comprimirlo sangra, mordiendo todavía.

Que a ti, París profundo, trabajador, risueño,
te mojen las gloriosas, mínimas, ejemplares
aguas del Manzanares,
de alegría, de aurora, de libertad y sueño.


Rafael Alberti
París, febrero de 1937



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