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2367. Dinamiteros

Dinamitero en Carabanchel, Madrid, Junio 1937



En la historia de la lucha heroica del pueblo español, de entre los héroes esforzados, valientes y valiosos, hay que destacar el dinamitero. Pero no el dinamitero a quien la prensa fascista del mundo llenó de oprobio desde 1934, en que Asturias llegó como un eco a la conciencia del pueblo. Los dinamiteros de esta lucha épica, son otros: son los despanzurradores de tanques. ¿Quién hubiese imaginado que los criminales invasores de España, con sus potentes tanques, no hubiese entrado en Madrid, no hubiesen acabado, exterminado al pueblo español?

El éxito de los dinamiteros, comenzó inmediatamente de comenzada la campaña. Ya hay un Batallón de Dinamiteros. Frente a la gran industria de guerra mecanizada, el hombre ha encontrado que es un elemento que no puede ser sustituido. Los hombres que se juegan la vida con unas bombas frente a un tanque, son imposibles de improvisar. La contienda española—hecha a gritos de rabia y pelladas de barro de todos los pueblos de España—es algo épico, emocionante. Hablar con esos dinamiteros, observarlos, verlos cómo se juegan la vida, es algo que solo puede concebirse en un pueblo dispuesto a perecer antes que sucumbir.

Mirad al comandante del Batallón de Dinamiteros, Emiliano Tejada. Hay en su rostro, en su perfil, en su aspecto, las nobles características inconfundibles del pueblo español. Tejada dice: "Los primeros dinamiteros, surgieron en Córdoba, frente a los ejércitos facciosos, cuando empezaban a querer penetrar en Jaén. Las milicias integradas por mineros de Linares, La Carolina, El Centenillo, Peñarroya y Almadén, no disponían de apenas más armas que su arma de trabajo: la dinamita. Y de ella hicieron su arma favorita. Los hombres indisciplinados, incapaces de manejar las armas potentes y complicadas, eran, sin embargo, asombro individualmente, entrando en combates frente a fren te con el enemigo, con solo las bombas de dinamita. Fué entonces cuando aterrorizados los enemigos huyeron y pudimos conquistar Montero, El Carpió, Villaíranca de los Berros y Pedro Abad, cortando el avance hacia Jaén".

Viendo esa eficacia individual, ¿cómo no iba a pensarse en organizarla? El 5° Regimiento —ese que desde un principio en la contienda ha sido como un guía del pueblo— llamó a Tejeda, encomendándole la constitución de un batallón de mineros. En los últimos días de Octubre, pudo incorporarse con sus hombres, con sus dinamiteros a Madrid. Fué en Madrid donde los anti-tanquistas, empezaron a asombrar al mundo: desafiando a los mastodontes de acero, los hombres, con sus bombas los inutilizaron. Los nombres se agolpan a la historia: Antonio Coll, Hermenegildo Gálvez Redondo, Andrés Díaz, Nicolás Acero López El teniente Diego Segura, el capitán Agustín Filip. Entre todos ellos fueron dejando inválidos los tanques que el enemigo pensó serían los que abrirían la marcha triunfal sobre la heroica capital española.

Esos anti-tanquistas, han ido perfeccionándose, aumentándose, extendiéndose. Los mineros asturianos, los que han podido llegar a Madrid, han hecho trabajos que no es conveniente aun describir, tanto en la Casa de Campo como en la Ciudad Universitaria. Y se han extendido a casi todos los frentes de Madrid. Tan es así que ya incluso los enemigos han querido imitarlos. Pero para ello les falta lo principal: esos atributos que distinguen a los hombres resueltos y el ideal por el cual el hombre, sea éste campesino, minero, trabajador o intelectual, multiplica sus esfuerzos para luchar. Los mercenarios que luchan por mísera jornada, por imposición o por aventura, no pueden enfrentarse con los hombres libres, conscientes, dispuestos a morir porque saben que el ideal perdurará.

La mayoría o mejor dicho, casi todos estos hombres, ellos mismos preparan sus petardos de dinamita. Con ella juegan como si fuese entre sus dedos el tabaco para hacer un cigarrillo. Llevan a la cintura una carga mortal, que cualquier accidente, cualquier imprudencia puede hacerles saltar hechos añicos. Y cuando nó, llevan la dinamita y los medios de prepararla, encendiendo sus mechas con los propios cigarrillos que fuman. Pero las palabras siempre serían demasiado pobres para dar una idea de la acción de estos hombres. Habría que irlos a ver "trabajar". Y eso, es lo más difícil, porque por lo regular, su "trabajo" son muy pocos los que pueden "verlo", pero son muchos los que pueden sentirlo. Y son muchos más los que nos admiramos, asombramos y celebramos que el pueblo español haya enseñado al mundo, como se lucha, como se defiende una causa cuando es justa.


Facetas de la actualidad española
La Habana, agosto de 1937




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