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2482. El heroísmo de Madrid





A nadie le puede sorprender el heroísmo de Madrid: la capital de España tenía dadas sus pruebas y no está entre sus cualidades la de ser voluble. Lo que sí sorprenderá mucho su estilo, su estilo propio de heroísmo. Sabemos ver el heroísmo a distancia y todo él toma para nosotros un solo color. No ya color de sangre, sino resplandeciente pulcritud de mármol eterno. Al mirarlo de cerca advertimos su profunda naturaleza humana, y de aquí, en cada caso, si lo hubiésemos contemplado de igual modo, su aspecto peculiar. El heroísmo de Madrid no es más que la suma de sus virtudes llevadas al máximo rendimiento, por el destino, o, si se prefiere, por el azar. Madrid había de ser lo que es, ante la acometida de los extraños, por pura fidelidad a su íntima naturaleza. No es lo de "morir sonriendo", que el morir es seriedad absoluta. Es el heroísmo de luchar, como si no se pudiera morir, es la negación misma de la muerte, y con ella, de esa paradoja que llamamos inmortalidad. Es todo lo contrario: afirmación de vida, no para un mañana eterno, sino para hoy, para un mañana efímero como el de hoy, para todos los días, para todos los días por venir. Es, en suma, la expresión más fecunda de la España nueva, segura de vivir, sin luchar a la desesperada, antes al contrario, sostenida por la esperanza más noble, tanto que se ha convertido en fe ciega, como la que pintan, en la certeza clarividente de un futuro que es el de la humanidad toda. En Madrid ha habido siempre algo de toda España. En toda la España leal hay ahora, tiene que haber, es imposible que no haya, algo de nuestro eterno Madrid. 


Enrique Díaz Canedo
Noviembre de 1937
Publicado en Facetas de la actualidad española núm. 9
La Habana, enero de 1938





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