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2471. Madrid, ciudad eterna






Noviembre 1936. Noviembre 1937

Aunque mi cuerpo, ausente de tu tacto,
se agite con dolor por no pisarte;
hoy, que tan fuertemente te deseo,
no estás lejos, Madrid, que de continuo
cada español te vive y acompaña.
Mira, mi canto mismo al derramarse
y sentirse en mi mano conducido
hasta el blanco distrito en que se expresa,
como por ti nació, vivo te cruza,
y estás tan cerca en él, que confundido
mi pensamiento olvida tu distancia.

No estás lejos, ciudad, que el tiempo pierde
su costumbre y acción junto a tu orilla,
como el espacio mismo inútilmente
trata de deshacer tu noble entraña.
Doce meses seguidos te han buscado
los enemigos crueles de tu frente;
doce meses seguidos te atacaron
los que te admiran ya sin poseerte,
hoy a tus pies contemplan tu grandeza
y, aunque vencidos, cantan tu homenaje.

Doce meses, ciudad, tus doce hojas,
el almanaque de tu valentía...
Mientras tu flor creció, tu fuerte tallo
un pueblo entero alzaba embravecido,
salvándote en sus manos de la hoguera.
Sus mismos fuertes brazos hoy sostienen,
en medio de una tierra ensangrentada,
tu corola, que el tiempo cambia en fruto.
Doce meses, Madrid, te dan eterno.
Gloria, gloria a este pueblo que hoy te aclama
hecho carne real de su heroismo.

No estás lejos, ciudad, vives presente.
Ya ves: el mundo entero a ti se inclina.


Emilio Prados
Valencia, noviembre de 1937



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