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2858. Telmo Comesaña Pampillón. La Memoria de Vigo




«Lo único que quisiera es que me diera tiempo antes de morirme, porque tengo 85 años, que esto se acabase, que se cerrara el capítulo, que el Estado se hiciera cargo de poner fin a esto, porque esto es una tortura más...»


María Torres / 3 de julio de 2019

Telmo Comesaña Pampillón, hijo de José y de Eusebia, nació el 15 de abril de 1934 en el barrio de La Garita de Alcabre, al borde de la zona norte de la playa de Samil, cuando ésta era un paraíso repleto de dunas.

Tiene 85 años, atesora muchos recuerdos y una vida que se ha sido una constante búsqueda de la verdad en relación con el asesinato de su padre: José Comesaña Pérez.

Militante férreo en la Memoria, referente de la Memoria Histórica en Galicia, fundador y presidente de la Asociación Viguesa Pola Memoria Histórica do 36, activista vecinal, se jubiló un año y medio antes para tener tiempo de buscar respuesta a muchas preguntas. Ateo, «gracias a la Iglesia», en 1969 no dudó en señalar la complicidad de ésta en el asesinato de su padre cuando le espetó al cura de la parroquia: «Acúsolle de ser convivente do asasinato do meu pai

José Comesaña era albañil y secretario de la Sociedad de Labradores y Ganaderos de Alcabre (Vigo). En abril de 1936 se celebró en Gondomar el Congreso de Sociedades Agro-Ganaderas, al que acudió junto a Emilio Comesaña Sobreira (presidente), su hermano Antonino Comesaña (contador) y Fernando Costas Iglesias (vocal). Unos meses después, tras el golpe de estado perpetrado por los generales traidores, José Comesaña y sus compañeros acudieron al cuartel de la Guardia Civil de Bouzas en busca de armas para defender a la República. Y este acto, según cuenta Telmo, es el que los «sentenció».

Días después fueron detenidos. El mayor de los hermanos Comesaña se entrevistó con el general Cuervo para pedir que fueran liberados. La respuesta que obtuvo fue que el problema tenía una fácil solución: sólo necesitaban un escrito o aval de buena conducta firmado por el cura de la parroquia. El sacerdote se negó a firmar el aval alegando que «eran socialistas y que no iban a misa.

La madrugada del 6 de octubre de 1936, sacaron a seis hombres del frontón habilitado como cárcel y los transportaron hasta Vincios en dos vehículos. En el lugar de A Pasaxe mataron a José Comesaña y a su hermano Antonino, así como a Emilio Giraldez Rodríguez, ferroviario de Nigrán. En Bichicans fueron asesinados Emilio Comesaña Sobreira, Fernando Costas Iglesias y Manuel Villar Cimadevilla.

En 1979 Telmo Comesaña obtuvo del Juzgado de Gondomar un informe en el que figuraba el testimonio de un vecino de Vincios que relataba lo ocurrido tras los asesinatos. El 6 de octubre de 1936, el testigo tenía doce años y su abuelo, propietario de una taberna, recibió la orden de la Guardia Civil de recoger con su carro de bueyes, los cadáveres que se encontraban arrojados al borde de la carretera desde las cuatro de la madrugada. El tabernero los recogió a las cinco de la tarde y los llevo hasta el cementerio de Mañufe donde debían ser enterrados en una fosa común, pero hubo una persona que no consintió aquello: Don Rogelio de la Granja, un noble maestro, presidente de la comisión del cementerio, que consiguió que cada uno de los cadáveres tuviese su fosa y tomó información de su vestimenta y objetos personales para que pudiesen ser identificados más adelante.

El 6 de octubre de 1936 cambió la vida de la familia Comesaña. Telmo, de dos años y medio perdió a su padre y a su tío Antonino, que dejó viuda y dos hijos de 5 y 7 años. Cecilia Comesaña, hermana de los asesinados, embarazada y madre de seis hijos, se quedó sola, pues su marido tuvo que huir por miedo a la represión. Fue acosada repetidamente por los falangistas para que confesara dónde se escondía su esposo. Una noche, cuando estaba embarazada de ocho meses, fue sacada de su domicilio, conducida a un camino y la raparon la cabeza.

A Adelina, madre de los asesinados y abuela de Telmo, el dolor le acompañó hasta su muerte en 1947.

Eusebia Pampillón, madre de Telmo, se quedó viuda con 25 años. Junto a Telmo se fue a vivir a casa de sus padres, Eusebio y Peregrina. Tuvo que dejar a su hija Margarita de ocho meses al cuidado de unos tíos hasta que cumplió los cuatro años. Trabajó sin descanso, educó a sus hijos sin rencor y procuró cumplir el deseo de su marido: «quiero que mis hijos se críen en un país laico y libre y que estudien». Se empleó en Alfajeme y se sacrificó para llevar a sus hijos a un "colegio de pago". Cuenta Telmo que en Vigo hubo dos empresas ejemplares que contrataban a las viudas de los represaliados: Alfajeme y La Artística.

A Telmo nunca le contaron que habían matado a su padre. Recuerda haber crecido en un hogar triste, rodeado de luto. Recuerda que cada domingo junto a su madre tomaba el tranvía hasta Ramallosa y enlazaba con el de Gondomar hasta llegar al cementerio de Mañufe. Después acudían a visitar al maestro Don Rogelio de la Granja y a su esposa.

Con 15 años comenzó a trabajar en una empresa, su jefe era falangista y jamás le dirigió la palabra, porque sabía que era hijo de José Comesaña.  Recuerda que el primer día de trabajo se puso un pantalón prestado por su tío Pepe y que su madre le despidió en la puerta de la casa con estas palabras: «Bo, agora xa eres un home. E pensa, o que neste mundo quere gozar, ten que oir, ver e calar». El entonces no las entendió, pero más tarde supo que el temor de su madre era que él de adulto intentara vengarse de la muerte de su padre y acabara mal. Asegura que «toda mi vida de trabajo tuve que estar en silencio. Nunca pude decir quién era.»

En un momento de la conversación Telmo desnuda su alma y su corazón, me habla del fallecimiento de su madre y de cómo el día que dejó de existir, y se encontró a solas junto a su cadáver, sintió que algo le conectaba y le acercaba al padre que lo arrebataron y que perdió la vida en una cuneta.

Se ha pasado toda su existencia luchando, queriendo saber. Le pregunto si se considera una víctima y duda en afirmar que lo es. No hay rencor en sus palabras, tampoco en sus gestos ni en su mirada. Es un hombre bueno que confiesa que «si alguien ha asesinado a mi padre, me ha agraviado, lo lógico es que confiese, que se arrepienta y que pague" (...) Estoy dispuesto a darle un abrazo.»

«Lo que de verdad me gustaría es que... la situación de España es tan distinta a la de todos los países que en el siglo XX tuvieron dictaduras, porque todos condenaron la dictadura, reconocieron a las víctimas... España es el único país que no ha condenado nada. La dictadura es legal, el franquismo es legal. Todos los demás somos enemigos de la verdad

Y yo solo puedo decirle que tiene razón y darle las gracias. Gracias Telmo, por tu nobleza, por tu sabiduría, por tu coherencia, por tu trabajo en la Memoria, por compartir conmigo tus recuerdos, por regalarme dos horas de tu tiempo, por no darte por vencido y ser un ejemplo a seguir.













8 comentarios:

  1. Pobre Telmo: morirá no sólo sin que haya condena al franquismo , sino que lo dejan resurgir sin cortapisa alguna.

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    1. Tal vez sea así Jesús, pero con la dignidad de haber hecho todo lo posible y lo imposible porque eso no suceda.

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  2. Gracias por el excelente trabajo que realizáis, este relato es muy emotivo, la historia no olvida

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    1. Gracias por seguirnos y leernos Fermin. Somos las personas los que debemos negarnos a olvidar.

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  3. María, please salute Telmo for me, another comrade in the battle for the truth.
    Ramón Sender Barayón

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  4. Telmo é unha das voces máis precisas da nosa Memoria, un bos e xenerosos, unha persoa na que co paso das estaciòns renova a rebeldía, e os valores daquela república que non chegou a desenrrolarse, pola chegada da longa noite de pedra. Grande Telmo, que a súa historia non se esqueza endexamais.

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