Lo Último

23. El Winnipeg y Pablo Neruda





“Me gustó desde un comienzo la palabra Winnipeg. Las palabras tienen alas o no las tienen. La palabra Winnipeg es alada. La vi volar por primera vez en un atracadero de vapores, cerca de Burdeos. Era un hermoso barco viejo, con esa dignidad que dan los siete mares a lo largo del tiempo. Lo cierto es que nunca llevó aquel barco más de setenta u ochenta personas a bordo. Lo demás fue cacao, copra, sacos de café y de arroz, minerales. Ahora le estaba destinado un cargamento más importante: la esperanza".


María Torres / Septiembre 2011 

El 4 de agosto de 1939, dos mil setenta y ocho personas (1200 hombres, 418 mujeres y 460 niños) todos refugiados republicanos, se embarcaron en un viejo carguero de bandera canadiense de apenas cinco mil toneladas en el puerto francés de Trompeloup-Pauillac. Sólo contaba con mil quinientas plazas, por lo que el barco fue acondicionado especialmente para el viaje. Las bodegas de convirtieron en dormitorios y en la cubierta se improvisaron baños para hombres y mujeres. Los botes salvavidas y las hamacas se transformaron en camarotes.

A los pasajeros se les entregó una colchoneta, una manta, dos sábanas, una almohada y una bolsa con productos para la higiene personal, junto a una tarjeta de colores para racionar los turnos de comida durante la interminable travesía. Los niños recibieron material y un folleto en el que se contaba la historia de Chile, junto con un saludo de bienvenida, redactado por el propio Neruda, donde les hacía saber el afecto con que serían recibidos.

El Gobierno Republicano en el exilio, a instancias de Neruda y a través del Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles (SERE), fue quien contrató el vapor Winnipeg a la compañía France-Navigation para el traslado de los refugiados.

El viejo vapor francés sería hundido años más tarde de su llegada a Valparaíso por un submarino alemán en aguas del Atlántico Norte. La noche que el Winnipeg levó anclas e inició la travesía, Pablo Neruda escribió: “Que la crítica borre toda mi poesía, si le parece. Pero este poema, que hoy recuerdo, no podrá borrarlo nadie.”

Muchas fueron las dificultades con que se encontró Neruda, por entonces Cónsul Especial para la Inmigración Española con sede en París. y Delia del Carril, su compañera, los artífices de esta aventura. Contaron con la ayuda de Pedro Aguirre Cerda, presidente de Chile, y la oposición de los sectores reaccionarios que siempre son los mismos. La iglesia chilena no veía con buenos ojos que aquellos peligrosos revolucionarios arribaran a las costas del país.

A finales del mes de Julio de 1939, Pablo Neruda, Delia del Carril y el doctor José M. Calvo, se desplazaron a los campos de concentración de los demócratas franceses donde se encontraban los españoles que habían logrado huir de la dictadura, para reclutar obreros, carpinteros y artesanos en general con destino a Chile, dónde era necesaria su mano de obra.

El criterio de selección de Neruda sólo tuvo un parámetro: sacar de allí a la mayor cantidad de personas posibles, pues a pesar de las exigencias de conocer un oficio, muchos de los que embarcaron en el Winnipeg eran intelectuales y artistas como José Balmes y Roser Bru (pintores), Mauricio Amster (profesor y artista), Leopoldo Castedo (historiador), Isidro Corbinos (periodista deportivo), José Ferrater Mora (Filósofo), Margarita Xirgu (actriz), Victor Pey (ingeniero) y José Gómez de la Serna, Francisco Galán, Agustín Cano, Arturo Lorenzo, Dolores Piera, José Ricardo Morales y Vicente Mengod.

Neruda con la ayuda del Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles (SERE), hicieron lo posible y lo imposible para poder reunificar a las familias y embarcarlas en el viejo barco, con destino a Chile. El milagro se logra para las mayorías de las familias sólo horas antes del embarque. Los refugiados llegaban al puerto en trenes provenientes de distintos campos de concentración y de pueblos de Francia.

“Los trenes llegaban de continuo hasta el embarcadero. Las mujeres reconocían a sus maridos por las ventanillas de los vagones. Habían estado separados desde el fin de la guerra civil. Y allí se veían por primera vez frente al barco que los esperaba. Nunca me tocó presenciar abrazos, sollozos, besos, apretones, carcajadas, de dramatismo tan delirante" (Pablo Neruda, "Para nacer he nacido").

Lo que hizo Neruda, sin duda, se trataba de un acto de amor. Se dirigió a Francia a cumplir “la más noble misión que he ejercido en mi vida: la de sacar españoles de sus prisiones y enviarlos a mi patria. Así podría mi poesía desparramarse como una luz radiante venida desde América entre esos montones de hombres cargados como nadie de sufrimiento y heroísmo. Así mi poesía llegaría a confundirse con la ayuda material de América que, al recibir a los españoles, pagaba una deuda inmemorial”.

El Winnipeg arribó a Valparaíso el 3 de septiembre de 1939 con un valioso cargamento compuesto por 2078 vidas para las que no todo estaba perdido …






Para saber más:
Memoria chilena. Los refugiados españoles en Chile, 1939.



4 comentarios:

  1. genial compañera, todos los homenajes ke se hagan siempre serán pocos, un abrazote¡¡

    ResponderEliminar
  2. Gracias por tu trabajo.
    Necesito subirlo a www.nerudavive.cl ,puedes autorizar esta propuesta?

    Te invito que conozcas sobre el Plagio/Hurto/Peculado que se le hace a la obra de Neruda por parte de inescrupulosos españoles fascistas.
    Viva la Vida
    Raoul Dalev
    Productor/Editor

    ResponderEliminar
  3. Gracias por recordar en nombre de mi tío abuelo, José Gómez de la Serna, de su mujer y de su hijita Beatriz

    ResponderEliminar
  4. Gracias a ti Fabiola.
    Tenemos que recordar, siempre, para que el silencio no absuelva a los verdugos.
    Te invitamos a que nos cuentes la historia de tu familia.
    (martorcel@gmail.com)
    Un abrazo.

    ResponderEliminar