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26. Josefina Manresa Mahuenda





“Tus señas particulares son: pelo largo, hecho un puro anillo y negro, negro como un rincón de noche, su piel pálida y graciosa, su boca demuestra una mujer de mucha voluntad y es fina y bien recortada, su nariz copiada de Venus y sus ojos profundos y pensativos y guapos en medio de dos cejas como dos puñaladas de carbón fino”.



María Torres /Septiembre 2011

Esta es la descripción física que hizo Miguel Hernández de Josefina, la persona que inspiró sus poemas más hermosos, su novia, su mujer, su musa, su compañera.

Josefina sufrió la guerra, la pérdida de sus padres, el fallecimiento de sus hijos, el encarcelamiento de su marido y su muerte, permaneció fiel al poeta y a los principios morales que tanto podían llegar a desesperar a poeta, pero el trabajo más importante de Josefina fue cuidar del legado de la obra de Miguel Hernández. Gracias a su celo han llegado hasta nuestros días poemas originales, cartas y escritos que podían haber desaparecido en el caos de la posguerra. Además nos obsequió con “Recuerdos de la viuda de Miguel Hernández”, donde nos relata su vida junto al poeta y su vida propia. Esta es la historia de vida de una mujer que nunca dejó que Miguel Hernández quedase perdido en el olvido.

Nació en Quesada, Jaén, el 2 de enero de 1916. Su padre era guardia civil y fue destinado a Orihuela en 1927, donde nacieron sus cuatro hermanos, a los que tuvo que cuidar durante su niñez. Con once años entró a trabajar de aprendiza en un taller de costura. A ella le gustaba coser, pero en el taller la única ocupación que le dieron fue la de chica de los recados, por lo que lo deja y durante un año asiste a un colegio de monjas de la beneficencia, por el que había que pagar cinco pesetas al mes. Según ella cuenta en sus memorias, por las mañanas aprendían la cartilla y por las tardes realizaban labores. A los trece años comienza a trabajar en una fábrica de seda, donde permanece dos años, tras los cuales entra en un taller de costura situado en la misma calle donde nació Miguel Hernández.

Animada por una compañera del taller, Josefina entra a formar parte de la congregación de las Hijas de María de la Iglesia de Santo Domingo de Orihuela. Cumple con misas, confesiones, rosarios, procesiones y novenas. Incluso intentan convencerla para que tome los hábitos. Aunque todo esto nos parezca de una beatitud exagerada, Josefina relata en sus memorias que tiene su explicación en el ambiente que se vivía en Orihuela en aquellos años y como hija de guardia civil su moral estaba acostumbrada al conservacionismo de la época.

Con 17 años conoce a Miguel Hernández y empieza a pretenderla. Éste muchas veces le preguntó su nombre y muchas veces se lo negó, hasta que un día la entregó un papel doblado con las letras “Para ti” que contenían la poesía Ser onda oficio niña es de tu pelo. En 1933 formalizaron la relación y el noviazgo lo vivirán lleno de recato y lejanía. Poco después, Miguel se marcha a Madrid y tiene que distanciarse de su novia. Josefina recibe constantemente correspondencia de él. Sin embargo, en 1935, la relación se enfría y se abre un periodo de dudas y silencio entre ambos. Madrid ha deslumbrado a Miguel y le descubre nuevas amistades relegando, en cierto modo, a su novia y amigos de Orihuela. Esta crisis sirve para que renazca un nuevo amor mucho más intenso. Como fruto de esa lucha interior entre el amor y desamor surge uno de los libros más representativos de la poesía amorosa española: “El rayo que no cesa” (1936). La dedicatoria anuncia ya el contenido del libro, así como la destinataria de estos poemas: “A ti sola, en cumplimiento de una promesa que habrás olvidado como si fuera tuya”.

Se inicia la Guerra Civil y el padre de Josefina es fusilado por un error. La familia Manresa se ve abocada a la miseria, ya que su única fuente de ingresos había dejado de existir. Josefina, consciente de la responsabilidad hacia su familia, cosía de día y de noche y ya nunca dejaría de coser. La guerra supone una gran transformación en el noviazgo de la pareja. La atracción física y sentimental del comienzo se transforma en un anhelo de convivencia: “Yo necesito tu persona y con tu persona, la vida sencilla de Orihuela... No quiero vivir solo”, le escribirá Miguel. La situación convulsa en que se encontraba España había ido retrasando la boda que finalmente tiene lugar civilmente el 9 de marzo de 1937 en Orihuela. Son escasas las personas que asisten a esta ceremonia, celebrada ante el alcalde de la ciudad. Un mes después fallece la madre de Josefina y se queda a cargo de sus hermanos pequeños. Se encontraba ya embarazada de su primer hijo, Manuel Ramón, que murió antes de cumplir un año de vida. En enero de 1939, nació su segundo hijo, Manuel Miguel, que tan poco pudo disfrutar de su padre. Josefina debe afrontar esta situación sola. Miguel conoce a su hijo cuando éste tenía tres meses de edad.

Con el fin de la guerra, Miguel es encarcelado. El único contacto entre ambos son unas desgarradoras cartas de Hernández, aunque Josefina permanece próxima: Madrid, Palencia, Ocaña, Alicante. A cada uno de estos destinos se traslada a petición de Miguel. Unas veces vive en casa de amigos o de los parientes de los presos compañeros del poeta. Con el tiempo ella supo que él le pedía esos traslados porque sabía que estaba sentenciado a pena de muerte, algo que nunca la contó para evitar el sufrimiento. Alicante fue su destino final. Allí se traslada Josefina a casa de la hermana de Miguel, y allí permanece hasta la mañana del 28 de marzo de 1942 en la que cuando llegó a la prisión a entregarle el caldo que le llevaba a primera hora se lo rechazaron. Ese día supo que se habían acabado las visitas.

Veinticuatro horas antes de la muerte del poeta, tiene lugar su boda religiosa. En el “Acta de esponsales” aparece la firma temblorosa del Miguel Hernández. La ceremonia fue oficiada por el capellán del Reformatorio de Adultos de Alicante, Salvador Pérez Lledó. Como testigos del enlace, firmaron en el acta matrimonial unos compañeros de la cárcel. Josefina, movida por su antigua formación religiosa, decide confesarse el día antes de la boda. Acude a la iglesia de San Nicolás y, según ella misma relata, “ya arrodillada en el confesionario, no me decidí a confesarme porque, en la situación en que nos encontrábamos, de tanta injusticia y sufrimientos, lo consideraba más bien pecar. El padre Vendrell, que era el confesor, al rato de estar esperando el “padre me acuso”, me insistió y yo le dije: “Lo único que puedo decirle es que mi marido se me está muriendo en la cárcel y yo estoy sufriendo mucho”. Él me contestó, con tono jesuita: “Hija, la Iglesia no tiene la culpa de eso, la culpa la tienen los hombres”. Yo me marché sin contestarle”.

Josefina, a la muerte de su marido, continúa en Cox junto a su hijo, al que tendrá que sacar adelante ella sola. En 1950 se traslada a Elche con su hijo de once años. Recién llegada, sufre un primer ataque de glaucoma que le obliga a pasar por el quirófano en 1962. En esos años trabajó duramente, llevándose de Cox a Elche todo el trabajo de costura pendiente y confeccionando también todo lo que las vecinas y amigas de sus hermanas le encargaban. Algunos amigos de Miguel proporcionaron dinero a la viuda, e incluso más tarde un trabajo para su hijo en la capital.

Carmen Conde fue una de las personas que más influyó en Josefina para que recogiera en un libro todos los recuerdos sobre Miguel. Vicente Aleixandre también jugó un papel fundamental a la hora de reunir y, sobre todo, publicar todo el material del poeta. Hizo borradores para varias editoriales pero fue finalmente la editorial Aguilar la que publicó en 1952 la “Obra Escogida”, con bastante material inédito, que proporcionó Josefina. Entre ella, Vicente Aleixandre, Leopoldo de Luis, José Luis Cano y dos mecanógrafas prepararon el texto. La propia Josefina Manresa escribió y publicó en 1976 la enfermedad y muerte de su marido en la revista “Posible” y bajo el título de “Recuerdos de la viuda de Miguel Hernández” (Ediciones de la Torre, 1980) Josefina recoge parte de su vida y la relación que mantuvo con Miguel, con fragmentos de cartas y fotografías inéditas hasta esa fecha.

Cuando Miguel falleció a Josefina se le hundió el mundo, pero aprendió a revivirle en sus textos y en sus recuerdos. La vida después fue una lucha constante por mantener viva su memoria. En un baúl que heredó de su madre, donde guardaba la ropa de cama, fue depositando los manuscritos que le entregaron algunos compañeros de la cárcel, el retrato que le hizo Antonio Buero Vallejo, las cartas que le escribió a ella, otros documentos que le entregó su suegro, otros que le pidió a la hermana de Miguel. Los registros en el domicilio eran continuos y Josefina tenía miedo de perder todo aquello. Algunos familiares y amigos que estaban a salvo de sospechas la ayudaron guardándolos. Después de un tiempo volvían al arcón, para salir de nuevo hacía otro destino. Incluso llegaron a estar enterrados dentro de un saco en el patio de su casa. Así logró que la obra de Miguel Hernández no se perdiera en el fuego de la injusticia y la incomprensión.

Su vida fue transcurriendo entre los recuerdos y la lucha contra el olvido y el destino le asestó el nuevo golpe: la muerte de su segundo hijo.

Josefina murió el 19 de febrero de 1987 en Elche. Tenía 71 años. Fue enterrada, según su deseo, en el panteón de hijos ilustres de la ciudad de Alicante junto a su marido y su hijo Miguel, desaparecido tres años antes.



Libro recomendado:
“Recuerdos de la Viuda de Miguel Hernández”,
Josefina Manresa Marhuenda,
Ediciones de La Torre, 1980






Miguel Hernández ha representado desde su fallecimiento la figura del poeta comprometido, ya no sólo con la época que le toco vivir sino con todas las utopías de carácter universal que trascienden al tiempo. La belleza de su poesía es sólo comparable a la de las causas a las que sirvió.



2 comentarios:

  1. Gran mujer, gran hombre, vidas plenas, vidas duras , sufridas
    compañeros de viaje , su viaje

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  2. Yo le debo a Serrat el haber conocido los textos de Hernandez y he sufrido como propios sus dolores y alegrías , no me pregunten porque, no lo sé, pero creo que es tan universal que se debería difundir mas su obra y su poesía , en estos tiempos mediáticos y banales.

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