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138. Neus Catalá Pallejá

María Torres / 28 Enero 2011

Las mejoras sociales conquistadas por la II República Española para las mujeres, se acabaron en 1939. Miles de españoles y españolas se vieron abocados a un exilio forzoso en Francia, en su huida de las represalias de las tropas franquistas. Mal recibidos en Francia, a la mayoría de los refugiados españoles sólo les quedó la opción de unirse a la Resistencia francesa.

Muchas mujeres fueron detenidas, torturadas y enviadas al campo de concentración de Ravensbrück. La mayoría no salió con vida de aquel infierno. Neus Catalá consiguió regresar y comenzar una lucha para que el terrible sufrimiento de sus compañeras no callera en el olvido.


Neus nació el 7 de octubre de 1915 en Els Guiamets (Tarragona). Sus padres, Baltasar y Rosa eran campesinos. Neus ayudaba a sus padres y asistió a la escuela. Adoraba a su padre, con quien compartió su pasión por el teatro.

Organizó las Juventudes Socialistas Unificadas de Cataluña (JSUC) y fue miembro fundador del PSUC. Al producirse el intento de golpe de estado que desembocó en la Guerra española, Neus se convirtió en delegada comarcal de las JSUC. Al año siguiente se trasladó a Barcelona donde realizó estudios para diplomarse en enfermería.

Al final de la Guerra, el 8 de febrero de 1938 cruzó la frontera con Francia con 180 niños huérfanos de la colonia Las Acacias de Premiá de Dal. Los franceses acogieron con total desgana al medio millón de refugiados de la República y los encerró en diversos campos (Argellès, Barcarés, Saint Cyprien, Agde, Colliure, Gurs, Septfonds). Esta situación se mantuvo hasta la invasión de Francia por parte de las tropas alemanas.

Neus se unió a la Resistencia y como a la mayor parte de las mujeres, se le encomendaron funciones de enlace. Junto con su primer marido, Albert Roger, fallecido durante la deportación, participó en actividades de la Resistencia Francesa y llegó a ser enlace interregional con seis provincias a su cargo. Su casa era un punto clave donde escondía a guerrilleros españoles y franceses y antiguos combatientes de las Brigadas Internacionales. Centralizaba la transmisión de mensajes, documentación y armas, hasta que fueron denunciados a los nazis el 11 de noviembre de 1943 por un farmacéutico de Sarlat. Acabaron detenidos por la Gestapo junto con tres guerrilleros más. Sufrió su primer interrogatorio a punta de pistola en cada sien y fue conducida a la cárcel de Limoges, en cuya komandatur recibió una gran paliza. Fueron dos largos meses y la última vez que vio a su marido. Albert Roger nunca regresó de Bergen-Belsen.

Pasó meses detenida en cárceles francesas (Dordonya, Limoges y Compiège) donde fue interrogada y torturada y más tarde, trasladada al campo de concentración de Ravensbrück, a bordo de un tren de ganado en condiciones infectas, donde llegó el 3 de febrero de 1944 junto con otras mil mujeres. (El convoy de las 27.000).

El recuerdo de aquellos vagones quedó imborrable en todos, hombres y mujeres. En su interior la situación era insostenible. "Mil mujeres, muchos vagones y cuatro días de viaje sin parar, sin higiene, sin aire para respirar, sin saber qué sería de nosotras. No teníamos sitio para sentarnos. Nos apañábamos, poníamos espalda contra espalda como podíamos. Éramos 90 o más en cada vagón con un cubo de basura en medio para hacer nuestras necesidades y que con el traqueteo se volcaba. Olía muy mal. Algunas salieron muertas ese 3 de febrero de 1944, cuando desembarcamos en Ravensbrück".

Allí comenzó el ritual de terror que todas recuerdan. Duchas de "desinfección", pelo rapado al cero, inspección de todos los rincones del cuerpo, el traje de rayas y un número. El de Neus: 27.532. Antes qe nada eran encerradas para pasar la cuarentena, momento en que vio morir a varias compañeras. Una de las situaciones más humillantes para las mujeres era el exhaustivo control ginecológico, efectuado en condiciones vergonzosas y antihigiénicas. Con el mismo utensilio eran inspeccionadas todas las presas. "A todo mi grupo nos pusieron una inyección para eliminarnos la menstruación con la excusa de que seríamos más productivas. Ocurrió en 1944; no la volví a tener hasta 1951".

Las embarazadas tenían pocas o ninguna esperanza de sobrevivir. "Se salvaron muy pocas: los bebés nacidos eran automáticamente exterminados, ahogados en un cubo de agua, o los tiraban contra un muro o los descoyuntaban. Ellas agonizaban por las malas condiciones higiénicas del parto o se volvían locas por la impotencia de presenciar tales asesinatos".

Aún así y aunque parezca imposible, consiguió robar algunas risas a sus compañeras. El domingo era el día destinado al despioje y por la tarde al ocio. Neus procuraba distraer a las demás, contar chistes, leer, ·lo que fuera, con tal de no dejarse llevar por el abatimiento". "También recuerdo que al principio me dieron unos zapatos del 43 cuando yo calzo un 36 y claro, al ser tan largos, hacía la broma de ser Charlot. Así que le imitaba y nos reíamos un poco".

Una noche irrumpió de repente en su barracón un grupo de Aufsenherinen con su perros ladrando. Llamaron a gritos varias mujeres, siempre por su número; entre ellas a Neus. Las presas se despidieron con nerviosismo pensando que era su último adiós, que se trataba de una selección para la cámara de gas. Sin embargo, fueron introducidas en un tren y tras varios días de viaje llegaron a Holleischen, en Checoslovaquia, un pequeño campo de otro central de hombres, Flossenbürg. Allí fue destinada a trabajar en la industria armamentística nazi.

Día y noche se fabricaban armas, obuses y balas sin parar. "Mientras podías producir, te perdonaban la vida". En este lugar recibieron un peculiar nombre: el comando Faul de las holgazanas, denominadas así por su baja producción de armas. Cada equipo debía fabricar series de 10.000 piezas cuyo funcionamiento correcto se probaba. "En las balas escupíamos o poníamos aceite, porque cualquier cosa mezclada con la pólvora las inutilizaba. No parábamos de escupir. Escupir y ¡sabotear, sabotear, sabotear! En nueve meses en nuestro comando la producción bajo a la mitad de 10.000 piezas a la mitad. Dejamos diez millones de balas inutilizadas".

El día de la liberación las encerraron en el barracón y minaron el campo para hacerlo saltar en pedazos a las doce en punto. "Bloquearon las puertas con barras de hierro y vimos que se escapaban las SS. Por la ventana observamos un frente de fuego enorme y supimos que algo pasaba. Están entrando los rusos en Praga. ¡Estamos salvadas!".

Dos años más tarde conoció al que fue su segundo esposo en una casa de reposo, con el que tuvo a sus dos hijos. Natural de un pueblo de Segovia, Juarros del Río Moros, fue comisario general de las guerrillas españolas.

Años después de la liberación, Neus tuvo el coraje y casi atrevimiento de llamar a la puerta de antiguas compañeras deportadas para entrevistarlas, escribir su testimonio y darlo a conocer a la humanidad. Algunas no quisieron hablar, pero ella no se dio por vencida y persistió, Así consiguió editar el libro "De la resistencia a la deportación. 50 testimonios de mujeres españolas", que publicó casi cuarenta años después. La herida aún estaba muy abierta.

En 1962, a raíz del peregrinaje al campo de Ravensbrück para conmemorar el 60º aniversario de la liberación, se constituyó "Amical de Ravensbrück" con el objetivo de continuar la gran tarea realizada por Neus y para mantener vivo el recuerdo de las 92.000 mujeres asesinadas en el Campo. Tuvieron que transcurrir diez años hasta que las mujeres, hombres y niños que murieron y sufrieron en ese campo, tuvieran el reconocimiento oficial de su país encarnado en la figura de Neus Catalá, única superviviente del mismo.

Como premio a su labor, en el año 2005 la Generalitat de Catalunya le concedió la CREU DE SANT JORDI y al año siguiente fue elegida "Catalana del Año".

En la actualidad, a sus 96 años, reside en Rubí, Barcelona. Es una mujer fuerte, de carácter enérgico y rebelde, que sobrevivió por su dureza y su buen humor. Ella asegura que fue una cuestión de suerte y por tener un espíritu fuerte.







4 comentarios:

  1. Hace unos meses hable con la Sra. Neus. No sabría decirles si me impresionó mas la conversación que mantuvimos o la fortaleza y coraje que transmite.

    Casualmente comentamos la fotografia que aparece al inicio de esta entrada. ¿Sabían que el pañuelo en la cabeza que llevaba anudado era para sujetar la mandíbula que le habían destrozado los nazis en una paliza?

    Seguro que a partir de ahora comprenderán mejor la foto.

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  2. Muchas gracias por la aportación.
    Salud!

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  3. Buenos días, me gustaría saber cómo contactar con la Sra. Neus si puede ser posible, si tiene algún correo electrónico de contacto...
    Muchas gracias.

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    1. Hola Lauira,
      Puedes ponerte en contacto con la Amical de Ravensbrück a través del siguiente enlace: http://www.amicalravensbruck.org/frmContacto.asp?id_rep=2

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