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289. El Pozu Funeres.


Una de las mayores atrocidades de la represión franquista en Asturies se produjo, el 13 de Abril de 1948, en el Pozu Funeres (Laviana). Allí fueron fusilados veintidós militantes obreros y arrojados, aún vivos, al interior de la fosa. Algunos sobrevivieron al amortiguar el impacto de la caída, de más de veinte metros, con los cuerpos destrozados de sus compañeros de infortunio. Los gritos de dolor de los moribundos aterrorizaron durante varios días a los habitantes de la comarca minera, supervivientes de una doble represión histórica; la de la Comuna de 1934 y la de la Guerra Civil, en 1938. Aquella masacre fue perpetrada por los cuerpos represivos franquistas, bajo la impunidad legal de un régimen impuesto al ganar la guerra.


En los años cuarenta pasaban cosas en Asturies que ya nadie cuenta.

A principios de abril de 1.948, la guardia civil junto a militares y somatenes de la zona de Laviana, iniciaron la captura de trabajadores de dicha comarca. Las detenciones se realizaron en sus respectivos domicilios y lugares de trabajo, principalmente por la noche, llegando a detener a veintidós obreros. El número no se puede precisar con exactitud, porque las "Desapariciones" eran frecuentes en aquella época, sin que hubiera otra información que la del boca a boca.

Durante cuatro días los sicarios recorrieron la montaña, descendiendo por la noche al valle. Apresaban a sindicalistas y los conducían al monte, donde los encerraban en cabañas de pastores. A algunos los sacaban de sus casas. A otro lo detuvieron a la puerta de la suya cuando salía para ir a la mina, su mujer le escuchó maldecir y no volvió a saber de él. Así se fue formando una lúgubre cuerda de presos. Por la noche, los somatenes bajaban a la Hueria, El Entrego, Sotrondio y Barredos y regresaban con sus detenidos. Durante el día, los mantenían encerrados en las cabañas y por la noche caminaban en dirección a la zona del Pozu Funeres. Reunidos en una cabaña, el 13 de abril de 1948 fueron conducidos al pozo, dónde fueron torturados hasta casi morir. Ante la sima, los veintidós fueron asesinados a tiros y arrojados a su interior. Algunos quedaron malheridos, por lo que sus voces se escucharon durante varios días llenando de espanto las campas. Los asesinos arrojaron cal al interior aumentando el sufrimiento, por abrasión en las heridas, de los que aún no habían muerto. Un pastor que escuchó los gritos, cada vez más débiles, convertidos finalmente en gemidos, se volvió loco. Enterados de las voces, los de la brigadilla volvieron al pozo, arrojaron a su interior gasolina, arbustos encendidos y dinamita; suponiendo el asunto zanjado. Durante algún tiempo, no permitieron el paso por aquellos parajes a ningún visitante, ni siquiera a los habituales pastores de la zona. 


Renacerán otras manos proletarias.

Desde la clandestinidad se elaboró un informe donde figuraban datos personales de las víctimas que se le hizo llegar a Indalecio Prieto, el cual lo denunció ante las Naciones Unidas. Probablemente fue después de la matanza del Pozu Funeres, que Prieto consideró que había llegado el momento de evacuar a la guerrilla socialista de Asturias.

Poco más de un mes después de la matanza de Funeres, el 9 de mayo, fue muerto a tiros un conocido somatén, Juan Felechosa, en El Entrego. Días más tarde repitieron la acción con el falangista Fueyo, en su casa de Las Revengas, que murió empuñando dos pistolas. 

Cerca del Pozu Funeres se encontraba la cabaña de Adenso, en la que se guardaba todo el aparato del PSOE en la clandestinidad y se hacía el periódico «Avance». Para dar cobertura legal a esta cabaña, se había creado el “Grupo de Montaña de Barredos”, que presidía Paulino García, lo mismo que la “Peña de Bolos”. Todas las actividades políticas clandestinas de la comarca, tenían como centro su minúsculo taller de remendar zapatos. 

En las cercanías de Funeres está la cueva del Nozalín, en la que murieron varios guerrilleros hacia 1940, y otros en la cueva de la Corralina. Casi debajo del Pozu Funeres se encuentra la Peña del Cucurruchu, deformación de «coruxa» (lechuza), en la que fueron abatidos otros tres guerrilleros. Uno de ellos se reservó la última bala para él. Unos jóvenes de Barredos fueron obligados por la Guardia Civil a recoger los cadáveres de la cueva del Nozalín y uno de ellos encontró una pistola escondida debajo de una colchoneta. La guardó sin decir nada a nadie, pero a los pocos días la arrojó de noche al Nalón.

Un bombero lavianés descendió en los años setenta hasta el fondo de la sima para recuperar los restos de los revolucionarios asesinados. Los más limpios se encontraron en una entrada a la que se habría accedido gateando. El Pozu Funeres es hoy, décadas después, lugar de peregrinación para muchos habitantes del Valle, que cada año cruzan el monte para homenajear a familiares arrojados a la fosa o simplemente a camaradas que lucharon por la libertad, pagando el precio más alto. El paso de los años no ha servido para olvidar. Muchos hombres del bando perdedor, movidos por el miedo a los vencedores, tuvieran que esconderse por los montes de la región y vivir en la clandestinidad para huir de una muerte segura. 


La puerta del infierno.

El Pozu Funeres es conocido en las tierras de Laviana, desde la Edad Media, como un lugar tenebroso. Se solía arrojar a sus profundidades reses muertas, y quién sabe si a personas víctimas de oscuras venganzas. Se relacionan con él leyendas medievales de asesinatos y que por lo general, van unidas a fundaciones de capillas expiatorias en el entorno. Pero no ocurre así en el Pozu Funeres, que siempre presentó un aspecto siniestro. Visto el abismo que se abre en él, no es para menos. Podría ser una de las puertas del infierno. Acercarse al pozo y mirar hacia abajo sobrecoge. En lo alto de una montaña, un agujero se abre en dirección al centro de la Tierra. Según se decía, si se arrojaba una piedra al pozo se escuchaba su caída interminable, rebotando en las paredes rocosas y, después, se oía un chapoteo de aguas. Esta leyenda pretendía señalar que el Pozo Funeres llega hasta el mar. 

En realidad es una sima natural de unos veinte metros de profundidad, situada en la ladera oeste de Peña Mayor, cerca del valle del Nalón. En el borde mismo del pozo, negro y estrecho, como cortado a pico; hay un tejo con las raíces al aire. Inmediatamente debajo de éste, en la pared de la sima, una placa de bronce recuerda a los mártires con la inscripción:


“Pozu Funeres 1984. A quienes fueron asesinados aquí por el fascismo en 1948.
¡Viva la libertad y el socialismo!”.








Pello Erdoziain.
Junio 2012


El grupo asturiano Nuberu dedica la canción: “A los mártires republicanos arrojados vivos a la sima del Pozu FUNERES. Junto a su boca crece un tejo, símbolo protector del hogar asturiano y único testigo de todo lo que sucedió de verdad entonces.”




Por la sima donde vuestros huesos sueñan/ cien mil voces insumisas crecerán/ y con el acero encarnizado de las peñas/ quebrará su blindada soledad.// Enterraréis con todo vuestro pueblo/ a los caines de la luz y de la paz [la gusanera fascista de la paz]/ y en la esperanza acuchillada a vuestro cuerpo/ implacable brotará la libertad.// Se mecerán todas las manos proletarias/ en el verdor incesante de los prados/ y de nuevo en vuestros huesos minerales/ [y de nuevo en vuestras frentes libertarias]/ amanecerá el sol del ocaso.// Ya nadie atará el coral de vuestros brazos/ a la herencia de la muerte desatada/ y en la tristeza del tejo enamorado/ se abrirá un amanecer en la alborada [su eternidad republicana triunfará.]




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