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277. Entrevista a Florencio Pla Messeguer (La Pastora)


"La Pastora", el guerrillero del Maestrazgo.


Teresa Pla Messeguer (Vallibona, 1917), pastora de profesión, un día se adscribió al maquis y se convirtió en hombre. Desde ese momento, el nombre de "La Pastora" se ha visto involucrado en misterios y mitología heroica.

Aún ahora, tantos años después, el solo hecho de invocar su nombre sobresaltos todas las sierras del Maestrazgo. De aquí unos días se celebrará, posiblemente, el último juicio al personaje, en el plagio de Villar Raso sobre la obra de Marino Vinuesa, el escritor ex-funcionario de prisiones que se ha hecho cargo de Florencio, actual nombre de Teresa Pla Messeguer. Como nota curiosa, el litigio enfrenta a los abogados Josep Lluís Albinyana, por parte de Pla y Vinuesa, y Manuel Broseta, por parte de Villar Raso.


- ¿Qué recuerda usted de sus primeros años?

- ¡Uf!, A los once años, o los diez, ya estaba con el rebaño y no fui ni la escuela: sólo quince días, cuando tomé la comunión. Mi vida transcurría en el Mas de la Pallissa, a un par de horas de camino de Vallibona, unas casuchas que heredó mi abuelo, donde guardaba la paja y los animales. Allí estuvimos y nací yo y los seis hermanos que tenía: yo era el pequeño, vine tardío.

- ¿Y cómo fue que cambió el rebaño por el maquis?

- Yo, como vivía en la sierra, había hablado algunas veces con ellos. Una noche que nevaba, tres maquis se refugiaron en una casa que sólo se habita en el verano, El Cabanil, pero uno de ellos huyó, uno que era de Morella, y por donde iba pasando iba extendiendo esto. Y la guardia civil siguió la pista hasta que los encontró y quemó la casa, porque ellos se resistían. Al día siguiente detuvieron al dueño de El Cabanil y yo me puse nervioso porque trabajaba para él, y decidí huir por miedo que me mataron.

- Fue por el temor a las represalias o por las humillaciones a que sometió la Guardia Civil?

- Sí, también lo determinó. Esto fue la misma mañana del día que quemaron El Cabanil, y fue el "teniente Mangas", seis guardias y dos somatenes, uno de Torremiró y el otro de Herbesset.

- ¿Y qué le hicieron exactamente?

- Tenían curiosidad por saber cómo una pastora era mitad hombre y mitad mujer. Yo les había vendido tordos a los somatenes, y ellos contaron mi anomalía a la guardia civil. El "teniente Mangas" hizo caso omiso de todas las reglas y me hicieron desnudar, hasta que saciaron su curiosidad. Y cuando terminaron, me dijeron: "bueno, a hacer bondad". Y sentí mucha rabia, mucha impotencia.

- ¿Qué pensaba usted de su condición sexual? ¿Le causaba algún dolor de cabeza?

- Problemas...? Sobre todo, por la barba. Dicen que medio hombre y medio mujer, pero yo no me he sentido nunca mujer. Aún recuerdo la primera vez que soñé un asunto sexual con una mujer, a los trece años y, era una vieja que tenía una nieta, que era de mi tiempo, no lo olvidaré nunca, le decían la tía Rosa la Coca.

- Usted se ha sentido siempre hombre?

- Siempre, me ha gustado siempre los trabajos de hombre y figurar como hombre. De hecho, cuando iba con el ganado llevaba un zurrón, como los hombres, y no una cesta como las mujeres.

- Pero a usted lo inscribieron en el registro civil como mujer...

- Yo he oído contar en Vallibona que mi padre me puso como barón, pero después, un amigo que había hecho la guerra en Cuba le convenció para que me apuntara como mujer, ya que debido a mi anomalía sería un compromiso en el momento de hacer el servicio militar. Pero de la familia nadie me dio una explicación.

Y viene el momento en que abandonó la indumentaria femenina...

- A los treinta años.

- Fue en el momento de incorporarse al maquis.

- Sí. Yo había querido presentarme a la guerra voluntario, con los rojos, para ver si me podía hacer con la documentación de hombre, porque yo iba por la calle y todos decían: mira, si parece un hombre.

- Cuénteme un poco el proceso inicial de la guerrilla.

- Entré y me vestí de hombre, y allí era un hombre más.

- Dicen que usted mandaba...

- Creo que mi nombre no figura en la documentación de ningún partido como participante ni siquiera. Yo llegué e hice tres meses de instrucción, como en el servicio militar, y después nos leyeron unos estatutos, unas órdenes, y si no estabas contento, te preguntaban donde querías ir, y si querías estar en contacto con la guerrilla para ayudar, te ponían en contacto con el partido, en Francia.

- ¿Estuvo vinculado a algún partido?

- No, a mí me leyeron los estatutos, aunque hay libros que dicen que yo sí que fui de un partido. Estuve veinte meses con los maquis, pero veíamos la cosa muy dura y estábamos vendidos. Entonces, pusimos dirección a Francia, pero yo no llegué nunca.

- Se quedó en Andorra, ¿no? ¿Y allí, de qué vivía?

- Trabajando en una masía, en verano guardaba el rebaño de dos caseríos.

- Una vida muy apacible que contrasta con la mala prensa que tiene usted. ¿A qué lo atribuye?

- Mucha de la propaganda, la ha hecho el periodista Enrique Rubio, de El Caso, que estuvo por mi pueblo diciendo que yo era un criminal.

- ¿Y cómo llegan a cogerlo en Andorra?

- Había uno que decía que me debía dinero, 87.000 pesetas...

- Es mucho dinero en aquella época...

- Es que llevaba cinco años trabajando muy... bueno, un poco en el contrabando de tabaco y nylon. Yo había ahorrado algún dinero y, en confianza, lo había dejado en casa de un amigo, pero él se fue y me robó. Después, otro contrabandista que le decían Cisco me debía 12.000 pesetas y, como me había quedado sin dinero, le dije que me pagara, y fue y me denunció al teniente coronel de la Pobla de Segur. La primera vez no le hizo caso, pero la segunda sí, me agarraron cuando iba a salir con el rebaño. Y la policía andorrana me entregó a la Guardia Civil en la frontera, me esposaron y  no pude mover las manos durante tres días, cuando llegué a Lleida.

- Estas precauciones eran para que usted, dicen, había matado veinte y no sé cuantos guardias civiles, siete alcaldes y un ermitaño...

- Todas estas muertes se produjeron cuando yo todavía no había entrado en el maquis, y, parece que eran obra de uno que le decían el Cinctorres, que era de Cinctorres. Todo lo que él hizo me lo cargaron a mí, y yo ni lo conocí, porque entré en guerrilla en 1949, el 7 de febrero, y él ya se había ido a Alemania un año antes en compañía de uno que le decían el Conejito.

- ¿Y por qué cree que se lo cargaron a usted?

- Porque tenían que justificar unos expedientes que tenían abiertos y sacar esto en la prensa. Y me hicieron dos juicios, uno en Tarragona y uno en Valencia.

- ¿Para un mismo delito?

- Sí, y en Valencia me dijeron que sólo me podían juzgar una vez, pero los de Tarragona se ve que tenían celos. Total, me echaron 40 años allí y 30 aquí. Aquí, primero me pusieron la pena de muerte y después me la conmutaron por 30 años.

- Y enseguida, la cárcel.

- Sí, y como mi nombre era Teresa, me llevaron a la cárcel de mujeres. Llegué con barba y me dan una minifalda y ropa de mujer, tan ajustada que no podía ni respirar. Me tuvieron 8 días, pero aislado de las mujeres; recuerdo que me daban la comida por una ventanilla para que no me viera nadie. Me volví a vestir de hombre y fui a pasar revista ante los forenses militares, y me dijeron que hasta se resolviera el caso debía volver a la cárcel de mujeres. Y otra vez a vestirme de mujer, hasta que ya pasé a la cárcel de hombres.

-Y allí, señor Vinuesa, es donde conoció a la Pastora...

- Bueno, yo ya lo conocía antes que él llegara a la cárcel, por el expediente, por las fotos. Y cuando lo traté, supe que era imposible que fuera responsable de todas las acusaciones: no encajaba. Estuve estudiando en un montón de meses; qué hacía, con quien se relacionaba, como dormía y de qué hablaba. Y me convenció que no había matado a nadie. Y como había unas disposiciones según las cuales si la conducta del preso es ejemplar y no ha habido ningún motivo de sanción, a los veinte años de prisión se le conmuta la pena, decidí hacer todos los papeles que se debían hacer.

- Y salió el 22 de septiembre de 1977...

- Sí, y como le faltaban muchas cosas por resolver, me vino a buscar a Santander, donde había pasado los últimos nueve años. Y yo le preparé toda la documentación y las visitas a los forenses para que le declararan hombre en el registro.

Lo conseguimos y los acompañé a la comisaría a hacerle el DNI de hombre, pero no tenía seguridad social ni dinero ni donde ir. A pesar de que había trabajado muchos años en los talleres de la prisión, no le reconocían ningún derecho, y por fin, después de muchos pasos, lo he conseguido y ahora cobra.

- ¿Y no ha vuelto a Vallibona, señor Pla?

- Sí, el pueblo se volcó al poco de llegar. Bajaron de todas las masías, y hubo quien me besó la mano y todo. Claro, no me habían visto nunca de hombre.

- Y usted, señor Vinuesa, ha recogido todo lo que él le ha contado y ha hecho un libro que publicará, me imagino, después del litigio con Manuel Villar Raso...

- Yo, como él no tenía nada y le habían maltratado tanto, quería hacer una reivindicación del personaje y, al mismo tiempo, recoger un dinero para él. Él no podía ser aquel que todos contaban, sobre todo después de descubrir yo sus armas, con las que no podía ser el jefe del 23º Sector, sino un elemento más.

Tras las investigaciones, que me han costado ocho años, otro escritor, Villar Raso, estaba interesado en La Pastora y me propuso la edición del libro. Él agarró mi libro, lo leyó y dijo que ya tendría noticias. Y un día recibí una carta de la editorial de Madrid pidiendo que me presentara junto con La Pastora para presentar el libro de Villar, que había reescrito mi obra de una manera infame y daba una imagen de La Pastora completamente falsa e inmoral.

- ¿Y, cuando es la vista?

- El 27 o 28 de febrero. Después de haber devuelto el caso la Audiencia, ahora con nuevas pruebas y con el reconocimiento de Villar Raso que lo ha copiado.

- Muchas gracias por la conversación, señores Plan y Vinuesa.


Miquel Alberola
Revista El Tiempo, 29 de febrero - 5 de marzo de 1988







2 comentarios:

  1. Qué fuerte... Conocía el personaje por la novela pero no había leído ninguna de sus palabras. Al fascismo político se suma en este caso el fascismo trans, o algo parecido.

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  2. Conocí al personaje por la novela de Alicia Giménez Bartlett, nunca había oído hablar de él o ella y me ha impresionado mucho. Su vida llena de penurias no le impidió llegar a la vejez. En su vida está retratada la España profunda y tenebrosa del franquismo

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