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366. ¡Viva la República, que también es de las mujeres!





"No podrá ser fundamento de privilegio jurídico
el nacimiento, la clase social, la riqueza, las ideas
políticas y las creencias religiosas. Se reconoce en
principio la igualdad de derechos de los dos sexos” 
(Art. 23 del Anteproyecto de la Constitución de 1931)
  
"No podrán ser fundamento de privilegio jurídico: la
naturaleza la filiación, el sexo, la clase social, la 
riqueza, las ideas políticas, ni las creencias religiosas”
(Texto enmendado a propuesta de la diputada Clara Campoamor)
  


María Torres / Octubre 2012

El  1 de octubre de 1931 en España, la Constitución de la Segunda República reconocía el sufragio universal concediendo el derecho a voto a las mujeres. Se consagraba la igualdad entre hombres y mujeres y permitía a las mujeres mayores de 23 años participar en las votaciones, no sólo como candidatas sino también como electoras.

Hasta esa fecha la mujer podía ser elegida pero no elegir. El Gobierno republicano había autorizado el 8 de mayo de 1931 que las mujeres y los sacerdotes pudieran presentarse en las candidaturas, pero el voto quedó postergado a una futura discusión en las Cortes.

No fue hasta 1933, dos años después de su aprobación, cuando las españolas ejercieron este derecho y por primera vez en las elecciones celebradas ese año se vieron mujeres depositando el voto frente a las urnas. Seguían siendo de categoría inferior respecto al marido y no tenía personalidad jurídica, pero al menos podían votar.

Tras las elecciones de 1936 y el estallido de la Guerra Civil, llegó la dictadura que ahogó gesto democrático y borró las esperanzas de un cambio para las mujeres hasta el año 1975.

Hoy hace 81 años que Clara Campoamor defendió con un brillante discurso en las Cortes, el derecho de la mujer al voto. A esta ilustre diputada le debemos el reconocimiento a su empeño para que las mujeres pudieran votar. Se enfrentó a los que entonces pensaban que la mujer no estaba preparada o los que temían que su voto estuviese demasiado influenciado por la Iglesia.

Tuvo una opositora de peso, la diputada radical-socialista Victoria Kent, que defendía el aplazamiento del sufragio femenino hasta que las españolas, muchas de ellas ancladas en la sumisión al marido y la obediencia al confesor, estuvieran preparadas. La propuesta de Clara Campoamor triunfó por 161 votos a favor y 121 en contra.

"¡Viva la República de las mujeres!", gritó un diputado despechado cuando las Cortes Constituyentes aprobaron el sufragio femenino. "¡Viva la República, que también es de las mujeres!", le replicó una señora.




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