Lo Último

541. Carta de Pablo Neruda a Marcos Ana, recién liberado



Ni un muerto, ni mil muertos, ni todos los muertos del mundo me pueden devolver a mí estos trozos de mi  vida  que yo he dejado en los  patios  y  en  las celdas  de  las cárceles.  Lo  único que  me  podría recompensar un poco la vida es ver triunfantes los ideales por los cuales yo he luchado, por los cuales ha luchado toda una generación. (Marcos Ana)



Santiago de Chile, Enero de 1962


Quiero enviarte, Marcos Ana, algunas palabras, y qué poca cosa son, qué débiles las siento cuando se enfrentan a tu largo cautiverio, que poca y pequeña luz para la sombra de España. Desde aquellos días en que perdimos—Los pueblos y los poetas—la guerra, perdimos también todos gran parte de la poesía y muchos perdieron o la vida o la libertad. Así se me murieron muchos poetas y sufrimos también nosotros tormento y muerte. Añadimos una cruz y otra cruz a la necrología de los tiempos y estas cruces las trazamos en nuestro propio pecho para que no pudieran olvidarse. Le reprochamos a todos el olvido que nosotros no aceptamos, nosotros los que continuamos sangrando.

Por eso cuando sales a respirar la pobre libertad española que poco significarían estas pocas palabras si no llevaran en ellas tu propia pasión, la misma lucha tuya, y nuestra común esperanza. Tú eres el rostro que esperábamos, resurrecto, resplandeciente como si en ti volvieran a vivir luchando los que cayeron.

Te recibimos en la ardiente poesía militante que seguirá peleando porque no sólo siente sílabas sino sangre. te abrazamos con infinita ternura y con la viva fraternidad de quienes siempre te esperaron.


Pablo Neruda




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