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574. Sacerdotes al servicio de la II República: El presbítero Juan García Morales.


Hugo Moreno López (Presbítero Juan García Morales)





Hugo Moreno López nació en Almería en 1883 en el seno de una familia muy humilde. Tras un paso brillante por el Seminario y Diócesis de Almería, donde ganó con el diario Bonifacio. Hombre de sentido común el premió al mejor semanario católico popular de España. En este medio, así como otros artículos suyos aparecidos en El Eco Social, afloró pronto una fuerte conciencia de defensa de las clases más desfavorecidas. En 1917, y con el beneplácito del obispado, se trasladó a Madrid, donde inició una próspera carrera cultural y literaria en medios muy próximos al modernismo, en los que divulgó con todas sus fuerzas las biografías de los grandes predicadores del Siglo de Oro. En 1927 se produjo un punto de ruptura vital en su trayectoria personal, pues el obispado de Madrid le negó las licencias ministeriales para poder residir en la capital. Este hecho le llevó a presentarse, a partir de 1931, como un sacerdote sumamente crítico (adoptando el pseudónimo de JUAN GARCÍA MORALES) con la jerarquía eclesiástica y con las derechas, a las que culpaba de los males del país, tal y como se refleja en los cientos de artículos que escribió en el diario Heraldo de Madrid a lo largo de la Segunda República:

«Las derechas no han hecho nada en beneficio del pueblo… Las clases altas y pudientes, amigas de la Monarquía, ¿han administrado Justicia... ¿Qué le importaba al cardenal… que el obrero del campo o de las minas se muriera de hambre?... Estos curas y frailes de hoy, sin alma, sin corazón, sin sentimientos cristianos, van a la política, pero no a Cristo... Las derechas representan el capital, son los grandes banqueros… son aquella raza de víboras, aquellos fariseos que llevaban la ley escrita en las orlas de sus vestidos y chupaban la sangre del pobre, comiendo y viviendo a su costa…. En contraposición, siempre han existido izquierdas en nuestra patria, porque siempre ha habido oposición a la intransigencia, al fanatismo, a la injusticia… Las izquierdas representan al ejército de oprimidos y vejados por el capital, a la muchedumbre que durante siglos y años ha sido esclava de los poderosos y ha sufrido la tortura del martirio en el campo, en las minas, en los talleres y en la fábrica».(HERALDO DE MADRID, 14 de abril de 1931).

Sus obras: El Cristo Rojo; Hipócritas, Farsantes y Fariseos; Tres años de luchas (a favor de los más humildes) o Atisbos son un claro reflejo de este catolicismo social de signo anticlerical. Durante la Guerra Civil dio varios discursos radiofónicos de gran trascendencia criticando el apoyo de la Iglesia española al bando franquista:

"El Padre Santo de Roma no sabe que el catolicismo en España ha sido una falsedad, una mentira; que curas y frailes, en vez de evangelizar al pueblo, se dedicaban a hacerle zalemas y a rascarle las orejas a los opulentos. Su Santidad no sabe que los prelados españoles no hicieron caso de las famosas encíclicas de los Papas: “Rerum Novarum” y “Quadragesimo Anno”; que los obispos estaban  arrodillados a los pies del capital; que en las iglesias había un lujo exorbitante y ridículo, cuando el pueblo se moría de hambre"

Además de participar en diferentes obras de propaganda destinada a captar el apoyo de los católicos europeos más críticos con lo que estaba acaeciendo en España:

«Los clérigos, que debían dar ejemplo de sumisión y respeto a los Poderes constituidos, son los primeros que se alzan, gritan y vociferan… En el momento que el sacerdote convierte la cátedra del Espíritu Santo en un tinglado de feria para despotricar en nombre de Dios contra la República y sus gobernantes, el sacerdote pierde autoridad. Ya no es el padre de almas, el ungido del señor, el predicador evangélico; es el demonio vestido de sotana, que siembra el odio y la enemistad entre los hombres» (España Heroica, Montevideo, 1936).

En  1939, junto a otros miles republicanos, se vio obligado a exiliarse en Francia, donde estuvo desempeñado en diferentes Colonias Infantiles de la zona de Lyon. Durante el régimen de Vichy, fue recluido en el campo de prisionero de Gurs, de donde fue liberado por mediación del Gobierno mexicano. Después de varios años de penurias y olvido, murió en el mayor de los anonimatos en 1943 en Lyon.


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Nota: El texto y la imagen que lo acompañan nos los ha hecho llegar el Dr. Antonio César Moreno Cantano de la Universidad de Alcalá.

Está coordinando, junto al catedrático D. Feliciano Montero García y la investigadora Marisa Tezanos, una obra sobre el clero que defendió los principios democráticos durante la Segunda República y la Guerra Civil, enfrentándose a la jerarquía eclesiástica y al golpe de Estado del 36. 




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