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663. La muerte de Mola

El 3 de junio de 1937 fallecía Emilio Mola, el general encargado de organizar y coordinar el golpe militar en julio de 1936 contra el legítimo gobierno republicano.


Fallecía junto a cuatro militares más -el capitán Chamorro, el sargento Barreda, el teniente coronel Pozas y el comandante de Estado Mayor Senac- al estrellarse el Airspeed AS-6 Envoy en que viajaba, en un solitario cerro en las proximidades de Alcocero, Burgos, más tarde Alcocero de Mola. El avión había pertenecido al Ejército Republicano hasta que la deserción del piloto Fernando Rein Loring lo entrega a manos franquistas, convirtiéndose desde aquel momento en el avión que utilizaría siempre el general Mola para sus desplazamientos.

Fueron muchas las teorías vertidas sobre el accidente, entre ellas el sabotaje.

Son públicas las discrepancias entre Franco y Mola, sobre todo desde que el primero es nombrado Generalísimo en octubre de 1936. También es conocido el enfrentamiento de ambos generales por el bombardeo de Guernica que Mola nunca apoyó y por la forma en que el más tarde dictador gestionó la Guerra.

Trascribimos a continuación unos párrafos extraídos del libro “Serrano Suñer, conciencia y poder” de su biógrafo Ignacio Merino, que sin duda aportan luz sobre la relación de Franco y Mola.


 *


«A esas alturas, el único desafió a su autoridad era el general Mola. Muerto Sanjurjo en los primeros días de la guerra, fusilado Goded y recluido Queipo de Llano en su feudo sevillano, solo quedaba la sombra amenazante del Director, que aunque acató con nobleza la entronización de Franco, no veía con buenos ojos la excesiva concentración de poderes.

-Me alegro de tu nombramiento como generalísimo, jefe del estado y de ese partido tuyo, pero las labores de gobierno y de retaguardia exigen mayor dedicación, mi general.

Franco callaba molesto, y luego se desquitaba con su cuñado.

-Este Mola es un majadero. Claro, como es socialista, ya se sabe.

Había también diferencias de opinión en cuanto a la conducción de la guerra. A Mola le disgustaba la guerra de desgaste y aniquilación emprendida por Franco y su obsesión por tomar Madrid. Era más partidario de tomar el Norte a base de masivos bombardeos aéreos, pensando que Madrid caería por su propio peso. También quiso, al principio de la guerra, que se respetase el régimen republicano y la bandera tricolor.

A finales de Mayo tuvieron un encuentro en Burgos en el que Mola insinuó cierto reparto de poderes. Franco le atajó hablando de la importancia del liderazgo único y de la misión que la Historia le encomendaba. Al salir del despacho, Emilio Mola se encontró con Serrano Suñer. El general iba hecho una furia.

-¿Qué tal mi general?

-Mal Serrano, mal. El Caudillo ya no escucha. Ese coro de aplaudidores lo tiene cegado, pero yo ya estoy determinado. El próximo día que venga pienso proponerle oficialmente que me deje asumir la jefatura del Gobierno y que se quede con la del Ejercito, el Estado y el Partido. ¿Qué le parece a usted?

-Pues que no lo va a tener fácil.

-Bien, ya hablaremos, ahora tengo que irme. Hasta pronto

No volvieron a verse.»

«El 3 de junio, volando de Vitoria a Burgos, cuando con toda la cuestión iba a plantearle la cuestión a Franco, su aparato se estrelló contra el cerro del Alcocero. Las lenguas desatadas hablaron de sabotaje, el parte oficial lo atribuyó a la niebla y puede que hasta fuera alcanzado por algún caza nacional, pues el general viajaba en un Airspeed Envoy que había pertenecido al ejército republicano y que él confiscó a un desertor que se había pasado al bando nacional.

Serrano guardó las últimas palabras que le escuchó (a Mola) en un cofre sin fondo de lo que pudo ser y no fue, comprendiendo que el último escollo había desaparecido, que ya nada se interpondría a su cuñado. Su baraka no lo abandonaba.

En el cuartel general recibieron la noticia con consternación. Nadie se atrevía a dar la noticia al Caudillo, y tuvo que ser el militar de más edad quien le comunicara la trágica pérdida. El almirante Cervera entró nervioso y emocionado en el despacho de Franco, y ante la mirada de este, empezó a perderse entre circunloquios y lamentos. El Generalísimo, impaciente, corto en seco su agonía.

-Vamos, dígamelo de una vez!

-El… general… Mola ha… perecido en accidente de aviación cuando venía hacia el Cuartel General. Estamos anonadados. No… no sabe cuanto lo lamento, mi general.

Franco hizo un gesto mecánico de recoger un papel. No quería contemplar los ojos húmedos del anciano.

-¡Ah, es eso! Creí que iba usted a decirme que habían hundido el Canarias.

Era demasiado evidente que para él no era una pérdida sino un alivio. Su frialdad ante la noticia traspasó los muros de su despacho y llegó hasta los informes de los embajadores de Inglaterra y Francia. A Vegas Latapié le confió más tarde:

-Mola era un cabezota… Al fin y al cabo no es para tanto, un general que muere en el frente… bueno, pues es casi normal.

Pero quien se había muerto no era solo “un general”, sino la cabeza rectora de aquel Alzamiento, el Director, el hombre que, en definitiva debería haber compartido de alguna forma el poder y la gloria con él.

La memoria de Mola quedó diluida entre la multitud de mártires y caídos. Franco le otorgó el título de duque en 1947, con la tranquilidad de quien corona una cabeza que no puede levantarse y en un gesto inaudito de monarca hacia un vasallo leal. La presidencia del Gobierno, que Mola deseaba en persona distinta a Franco, se unió a los demás cargos que ostentaba el Caudillo y continuó así durante 36 años, hasta que Carrero Blanco -el monago oferente- consiguió, aunque por poco tiempo, el nombramiento.»



2 comentarios:

  1. Leyendo el relato da la impresión de que Mola podía ser una persona recta y honrada. Supongo que tenéis información bastante que atestigua lo contrario, cómo cuando decía que había que hacer el mayor daño posible etc.

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  2. Nosotros hemos trascrito un texto escrito por el biógrafo de Serrano Suñer, el cuñado del dictador, donde se pone de manifiesto la enemistad de los generales Mola y Franco.

    No creo que se encuentre en toda la bibliografía nada que confirme que Mola era una buena persona.

    Una rápida lectura a sus instrucciones reservadas para comprobar que era un asesino.

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