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696. La guerra de las sirvientas


Fotografía del  Archivo Histórico Municipal de Cazalla de la Sierra




1. Jornada de siete horas.
2. La jornada empezará a las nueve de la mañana.
3. Queda terminantemente prohibido que las mozas sirvientas se queden por la noche a dormir en casa de los patronos.
4. Quedan obligados los patronos a aumentar en un 50% a las criadas que tengan que pernoctar en casa del patrono y que esto sea por convenio entre patronos y obreras.
5. En caso de accidente, el patrono vendrá a pagar el jornal íntegro mientras dure la lesión.
6. En caso de incapacidad permanente, la accidentada percibirá un tanto por ciento comparado al jornal que ganaba en el momento de accidentarse.
7. Los patronos vienen obligados a darles a las mujeres que tengan a su servicio el domingo como día de descanso.
8. Para las limpiezas generales los patronos están obligados a buscar una mujer que las realice.
9. Las mozas sirvientas quedan exentas de acarrear aguas.
10. Queda determinado que ninguna moza sirvienta lavará ropa alguna en las siete horas de su jornada.
11. Para lavar la ropa los patrones han de contratar otras mujeres que se llaman lavanderas.
12. Precios generales: cocineras 40 pesetas/mes. Cuerpo de casa: 35 pesetas/mes. Niñeras 30 pesetas/mes. Lavanderas 0,75 pesetas/ hora. Limpiadoras: 0,75 pesetas/hora.


Estas fueron las reivindicaciones, punto por punto, que un grupo de mujeres de Cazalla de la Sierra (Sevilla) llevaron por escrito al Ayuntamiento el 28 de mayo de 1936. Pertenecían al Sindicato de Empleadas del Servicio Doméstico de la CNT. Las peticiones fueron aprobadas en asamblea por las afiliadas y simpatizantes del sindicato. Tras dos reuniones frustradas con los patrones, que no asistieron, iniciaron una huelga. Las mujeres lideraron las manifestaciones por las calles del pueblo, organizaron piquetes para impedir la entrada de otras criadas en los domicilios y presentaron denuncias contra las patronas que habían coaccionado a sus sirvientas para que no se sumaran a la huelga. Lo cuenta Antonio Jiménez Cubero en Cazalla de la Sierra: Crónica de la infamia franquista.

“Por lo que sabemos, si no todas las propuestas, varios puntos de las mismas -descanso dominical, tareas a realizar, aumento de salarios- sí tuvieron efecto en el corto periodo que transcurrió entre la huelga y el Golpe del 18 de Julio”, explica Jiménez. Dos meses después, cuando el pueblo fue tomado por las tropas sublevadas, todas esas mejoras se fueron al cubo de la basura y las mujeres comenzaron a recibir su castigo por tamaño atrevimiento.

Las vocales Josefa Centeno, Carmen Moreno y Josefa Pérez fueron ejecutadas.  Dolores Acosta y Carmen Benítez, también vocales del sindicato, fueron condenadas a 12 años de prisión. El mismo castigo recibió Luisa Calvo Vera, secretaria general, que falleció al salir de la prisión. La segunda secretaria, Carmen Danta, también fue asesinada. Manuela Gallego y Carmen Lora, ambas vocales, fueron condenadas a 30 y 9 años de prisión respectivamente. Y la tesorera, Manuela Romero, fue depurada con la pérdida del empleo después del asesinato de su marido.

De las más de 200 mujeres represaliadas por el franquismo en Cazalla casi un 72% habían estado afiliadas a la CNT, según el estudio. Entre el 12 de agosto de 1936 y 1950, en este pueblo de la Sierra Norte de Sevilla fueron asesinadas 49 mujeres -la mayor tenía 66 años y la menor acababa de cumplir 19 años-. 102 fueron encarceladas. Ocho tuvieron que exiliarse. Nueve fueron depuradas con pérdida de empleo. Y 30 están desaparecidas. En estas cifras, añade Jiménez Cubero, no están incluidas aquellas otras mujeres que fueron rapadas y fueron obligadas a ingerir aceite de ricino.


CONCIENCIA SOCIAL.

Toda la conciencia social que habían tomado estas mujeres con la llegada de la II República, explica Jiménez Cubero, fue aniquilada. Durante los años republicanos, la participación de las mujeres en las elecciones fue superior a la de los hombres. Organizaban mítines, protestas y huelgas. No sólo las empleadas del hogar. Las lavanderas, las aguadoras y las silleras también protagonizaron actos reivindicativos.

En este último gremio, las mujeres representaban el 66%, según la investigación de Jiménez Cubero. “Era una labor que hacían mayoritariamente en su domicilio y trabajando por su cuenta. La Guardia Civil las hostigó en muchos casos de manera violenta y continua, impidiéndoles incluso salir de sus casas bajo amenazas de multas y detenciones”, afirma el investigador. Las mujeres que desarrollaban tareas agrícolas también lucharon duramente para equiparar sus salarios a los de los hombres.





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