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844. Celestino García Moreno, un héroe




Hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada
Miguel Hernández



María Torres / Enero 2014

Celestino García Moreno, campesino de Morata de Tajuña,  antiguo voluntario del Quinto Regimiento, herido cinco veces en el campo de batalla, cabo de la Sección Especial de Dinamiteros de la 9ª Brigada de la 11 División del Ejército Popular de la República, nunca pudo disfrutar su ascenso a Sargento. Fue fusilado el 14 de junio de 1939, junto a 79 compañeros, en las tapias del Cementerio del Este de Madrid.

Apenas seis meses antes de su muerte había recibido de manos de Juan Negrín la Medalla al Valor, condecoración aprobada por la República por decreto de 23 de enero de 1938 para premiar hechos y servicios verdaderamente extraordinarios.

El cabo de infantería Celestino García Moreno superó todas las hazañas registradas durante la contienda, y lo hizo en los tristes días de la retirada de Cataluña, en Santa Coloma de Queralt, donde la División Littorio, el 17 de enero de 1939 concentró a las mujeres, niños y ancianos, que huían de la invasión franquista y los asesinaron sistemáticamente, disparando sobre ellos con ametralladoras. Fusilaron cerca de doscientas personas. (El Liberal, 18 enero 1939)


En el sector sur del frente catalán de Santa Coloma de Queralt, Celestino García Moreno se enfrentó en un mismo día en dos ocasiones con los tanques italianos. En la primera destrozó un tanque y se apropió de las ametralladoras que portaba. La segunda vez que actuó en esa jornada se opuso con el fuego de sus bombas de mano, agarradas al cinto, al avance de trece tanques enemigos. Inutilizó a dos de ellos e hizo huir a los restantes. Rompió a golpe de piqueta la puerta de uno de los blindados del primer regimiento del “Raggruppamento Carristi” del Ejército italiano haciendo prisioneros a su tripulación compuesta por el Capitán Osvaldo Arpaya, el teniente Mario Ricci, y los sargentos Marino Bolgioni, y Nello Mandiacapra. Los prisioneros declararon en el interrogatorio posterior, recogido en parte por la prensa, que participaban en la Guerra española para impedir la implantación del bolchevismo en España, instaurar el Estado totalitario y asegurar las rutas del Mediterráneo. Además manifestaron su profunda admiración por Musssolini. Uno de ellos, más explícito, llegó a decir: “En mi patria hay Mussolini y nada más que Mussolini. Todo lo demás, incluso lo que rodea a Mussolini, es escoria...” (La Vanguardia, 20 de enero de 1939)

Así lo cuenta Lister en “Memorias de un luchador”:

“Del 15 al 25 de diciembre  de 1938, el VCE se bate desde Montblanch al río Llobregat. Cerca de Santa Coloma de Queralt los italianos atacaban el tercer Bon. De la 9 BM. Delante llevaban 15 tanquetas. En ese momento surge el héroe: se llama Celestino García Moreno. Es un campesino de Morata de Tajuña y cabo de la Sección Especial de la 9ª Brigada de la 11 División. Con el cinto todeado de bombas, salta a la trinchera, se lanza contra los tanques, destroza tres y hace huir a los otros doce, regresando a nuestras líneas con cuatro prisioneros italianos: Osvaldo Arpaia, teniente Mario Ricci y sargentos Narino Rogioni y Nello Mangiacapra, pertenecientes al Reagrupamiento Carristi, agregado a la División Littorio que atacaba el sector”

El cabo García Moreno narró en primera persona su gesta heroica ante la cámara, con absoluta naturalidad y claridad. Se aprecian aún los rastros de las heridas provocadas por el accidente con el explosivo cuando lo recibió Modesto. Lo recoge “España al día” noticiario cinematográfico de Film Popular, productora-distribuidora del PCE-PSUC, creada en 1937, y que realizó una destacada labor informativa y propagandística.

“Llegué y vi trece tanques. ¡La sangre mía estaba hirviendo en el corazón! Con mis cinco bombas me tiro tres tanques y me saco a los italianos, que lloraban lo mismo que las brujas”

“Entonces os dije: ¿Qué, se han perdido en mi país? Y no dicen nada ¿Los ha mandado Mussolini? Nada. ¡Que tenemos que defender a España aquí! Entonces, ¿Se han perdido vosotros? Más vale que no os bombardeéis tantas poblaciones civiles, tantas capitales como Tarragona o Gerona. ¡Sois unos cobardes! Uno echó a llorar y le dí un cigarro. ¡Venga! Vamos pallá que vamos a pasear por Barcelona. ¿Será posible? ¡No llores! Que los muchachos no lloramos porque, ya veis, que cada español vale por quince italianos”





"Camaradas, hay que ser como el camarada Celestino García y tirar muchos tanques y salud y república".

La hazaña del cabo García Moreno corrió como la pólvora que llevaba en el cinto aquel día de diciembre. Juan Negrín le escribió una carta de felicitación el 15 de enero de 1939: 

“Mi querido amigo:

Me complace testimoniarle mi más efusiva felicitación por su heroísmo al enfrentarse con tres tanques, destrozándoles, y hacer prisioneros a sus tripulantes. Su hazaña robustece mi convicción de que el valor humano, elevado al nivel sublime del sentimiento patriótico, basta para vencer a las máquinas de guerra. Me siento orgulloso de consignar públicamente su ejemplo y de manifestarle la gratitud de la República en tanto le sea concedida la recompensa a que usted se haya hecho acreedor.

Le saluda afectuosamente,
Juan Negrín»

El 17 de enero Celestino fue recibido por el general Modesto, que dejó escrito como se desarrolló el encuentro:

“En este periodo de lucha, los combatientes del Ebro y sus cuadros de mando seguían batiéndose contra el enemigo con la decisión y la adhesión que los caracterizaba, aunque con más dificultades que nunca. Celestino era uno de ellos. Ahora estaba con nosotros. Conversamos con él Francisco Antón, Sánchez Rodríguez, el teniente coronel Goiri, el poeta Pedro Pedro Garfías (…)

-Cuéntanos, camarada sargento Celestino –porque ya eres sargento-  cómo diriges tu escuadra de cazadores de tanques.

- Después de elegir el sitio antes, o cuando aparecen y vemos por donde vienen, avanzamos hacia ellos, escogiendo un sitio como en la caza al acecho. Yo me pongo delante con una bomba en la mano; las demás me las quito (Celestino llevaba cuatro o cinco al cinto) y hacemos el cordón, pasándonos la bomba uno a otro hasta que llega a mí. Tomo la que voy a tirar y le quito el seguro (lo que hizo)

-¡Ten cuidado!

-No pasa nada, se lo pongo.

Y se dispuso a hacerlo, pero no sé porqué se le movió el sifón y comenzó a quemar la pólvora que lleva el fulminante, haciendo su sonido característico.

-¡Cuerpo a tierra! –ordené- ¡¡Desenrosca, Celestino!

-Siiii.

Quitó velozmente el cuerpo superior del artefacto del que arrancó el potente fulminante, y lanzó la bomba corredor adelante, apretando aquel entre sus manos. Yo estaba a su lado siguiendo la operación. La explosión fue ruidosa. Celestino salió con las manos y el bajo vientre acribillados, pero, afortunadamente sin gravedad, por lo abrigado que iba. A mí se me clavaron unas esquirlas en la frente. Pedro Garfías, en la habitación de al lado aparecí con una, por cierto muy escandalosa, clavada en el brazo. Nos miró a todos y salió diciendo: ¡Ahora vuelvo! Veinte minutos después, cuando seguíamos hablando y riendo todos con Celestino, apareció Garfías y leyó un poema de gran belleza dedicado al héroe.

-Ahora te vas a Barcelona, sargento. Van a recibirte Negrín y Rojo. Tienes quince días de permiso para ir a ver a tus padres y a tu novia en Madrid.

Celestino estaba emocionado. Nosotros también. Despedimos al héroe con un fuerte abrazo.


Dos días después fue recibido en Barcelona por el mismísimo presidente de la República. El héroe de Morata de Tajuña detalló al periódico La Vanguardia que el doctor Negrín le abrazó al felicitarle, le presentó a los ministros y les relató su proeza explicándoles como destruir tanques con bombas de mano, siguiendo el ejemplo de Celestino.

Además de la merecida Medalla al valor y del permiso, Juan Negrín le obsequió con un billete de avión que facilitó el traslado de Celestino a Morata de Tajuña: “Más agradezco esto que un millón de pesetas. ¡Poco contentas se van a poner mi mujer y mi vieja! Después de esta visita volveré al frente para seguir luchando”, dijo, pero la realidad es que no pudo regresar al Frente.

El 21 de enero fue homenajeado en su pueblo como un héroe (ABC, 22 de enero de 1939). Celestino disfrutó de su permiso. Pocos días después los franquistas entraron en Barcelona y comenzó la retirada. La 9ª Brigada de la 11 División recibió la orden de defender Gerona el 2 de febrero de 1939, lo que no logró. El día 6, perdió Sarriá de Ter y, dos días más tarde, intentó frenar el avance adversario en la línea del Muga. Al atardecer del 9 de febrero, la 9ª Brigada Mixta cruzaba la frontera por Port Bou.

Tal vez si Celestino no hubiera viajado a su pueblo podría haber traspasado la frontera francesa, pero su trágico destino, como el de tantos otros, fue la muerte.

Detenido al finalizar la Guerra, encarcelado bajo la acusación de incendio y saqueo de la iglesia y ermita de Morata de Tajuña en julio de 1936, según consta en la Causa General (Primera Pieza o Principal de la provincia de Madrid, Legajo 1509, Caja 1, Exp. 2, Folio 97), fue fusilado el 14 de junio de 1939, junto a 79 compañeros, en las tapias del Cementerio del Este de Madrid.

Mataron al héroe, pero no pudieron sepultar su Memoria.




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