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883. La odisea de Cristino García Grandas.


Reproducimos uno de los relatos recogido en la obra de Antonio Vilanova, indispensable para conocer lo que fue la odisea de los refugiados españoles y su combatividad durante la segunda guerra mundial, referido a las vicisitudes de uno de los guerrilleros españoles más destacados: Cristino García Grandas.


Cristino García Grandas nació en Sama de Langreo (Asturias) en 1914. Se incorporó a las milicias republicanas en España desde el primer día de la guerra civil cumpliendo audaces incursiones en la zona fascista como dinamitero. Cuando la República perdió el norte de la península, Cristino continuó sus actividades en el XIV Cuerpo de Ejército cuyos componentes actuaban detrás de las líneas enemigas como guerrilleros efectuando sabotajes, trabajos de información y también como vanguardia en los combates nocturnos, como tropas de choque en situaciones difíciles, etc. Constituían una fuerza de élite para cuyas misiones se requerían cualidades excepcionales de valor, audacia y serenidad. Cristino obtuvo en ella el grado de teniente.

Cuando pasó a Francia y se firmó el armisticio, Cristino García comenzó a actuar en la resistencia y en el maquis, en lo que para él no era más que la continuación de sus actividades en España.

Su zona de acción fueron los departamentos de Gard, Lozère, Ardèche y Vaucluse, especialmente en los tres primeros y a través de sus hazañas se convirtió en un héroe legendario.

El origen de sus actividades fue un grupo deportivo que había formado. Los responsables regionales de la Resistencia le propusieron transformar el «Grupo Deportivo Español» en «Grupo de Guerrilleros» y Cristino García aceptó inmediatamente y con él la casi totalidad del grupo.

Y así nació el «Grupo de Guerrilleros de la Lozère» que, en 1942, en unión de los del Gard y del Ardèche constituyeron la 3.ª División del FFI bajo su propio mando.

Su gran experiencia de guerrillero, su firmeza y su capacidad, hicieron de él un jefe prestigioso y respetado. Impulsó los medios de reclutamiento, organizó el entrenamiento de sus hombres, planeó operaciones e intervino activamente en todas ellas.

Como las armas y los pertrechos escaseaban, el maquis las buscaba en los cuartelillos de policía, en los destacamentos alemanes atacados, y para ello comenzaron sus golpes de mano que cada vez fueron adquiriendo mayor importancia. Al propio tiempo intensificaron sus trabajos de sabotaje a todo lo que significara ayuda al esfuerzo de guerra alemán.

Al principio él y sus compañeros se dedicaron a hacer trabajos de sabotaje: derribar postes de conducción de energía eléctrica, descarrilamientos, destrucción de pozos de minas, etc. Sus repetidos ataques hicieron  bajar la producción minera de la zona en un 60 por 100. (...)

Cristino organizó muchos ataques a las fuerzas de ocupación y a sus colaboradores, tales como la emboscada en que cayó, el 13 de julio de 1944, una caravana de tropas alemanas que marchaba entre Priveas y Aulenas.

Con un grupo de 19 guerrilleros españoles, se emboscó en las inmediaciones del Col-de-Eterine tras haber puesto en diferentes puntos de la carretera diversas cargas de explosivo.

Cuando apareció la columna de sesenta camiones cargados de tropas, los guerrilleros, con perfecta disciplina, los dejaron pasar en espera de la señal de Cristino.

Este había dispuesto las cargas separadas unas de otras de forma que, cuando explotaran, alcanzaran la cabeza, el centro y la cola de la columna. Cuando ésta ya había avanzado por el terreno minado, la señal de Cristino con un disparo provocó la explosión simultánea de las tres cargas sembrando la muerte y la confusión a todo lo largo de la columna alemana, contribuyendo a aumentar el desbarajuste las continuas descargas que los españoles tiraban desde sus escondites a ambos lados de la carretera.

A pesar de su inferioridad numérica, los guerrilleros despegaron de sus posiciones sin haber sufrido una sola baja: los alemanes tuvieron 70 muertos e innumerables heridos. (...)

La empresa mayor que acometió Cristino García y que ha llegado a ser legendaria en los anales de las acciones de las FFI fue la batalla de La Madeleine, el 25 de agosto de 1944. (...) En aquellos días de mediados de 1944, la consigna era no dejar circular a los alemanes. Había que aislarlos, cercarlos y combatirlos hasta donde los medios de ataque lo permitieran; pero sobre todo impedirles sus movimientos a fin de evitar que las fuerzas nazis acudieran al norte a reforzar las defensas alemanas de Normandía donde desde el 6 de junio se libraban las primeras y decisivas batallas de la invasión. Además, desde agosto, el primer ejército francés desembarcado en Provenza, progresaba hacia Lyon y los Vosgos.

Cristino García decidió dominar la red de comunicaciones del departamento de Gard a fin de taponar esa posible vía de traslado de las fuerzas alemanas y el 22 de agosto de 1944, con otros 31 españoles, formó un grupo al que se unieron otros 4 franceses. Con estos 35 hombres se dirigió a la encrucijada de La Madeleine en pleno corazón de las Cevennes. El plan era suprimir la amenaza que para las comunicaciones del primer ejército francés representaba una columna alemana estacionada en la zona de Anduze, 17 kilómetros al suroeste de Ales.

La lucha comenzó cuando Cristino y sus hombres tuvieron conocimiento de que una columna del ejército alemán procedente de Toulouse remontaba hacia París. Había pasado por Albi y Béziers y por doquier iba sembrando el terror. Su misión: impedir que llegasen a Ales donde la población amedrentada temía la represión.

Al amanecer del día 25 fueron detenidos en la carretera cinco vehículos que tras corta lucha dejaron varios muertos y algunos prisioneros. A mediodía, Cristino hizo saltar el puente sobre ferrocarril de la línea Lézan-Anduze por donde forzosamente tenían que pasar las fuerzas de la Wehrmacht y situó sus fuerzas emboscadas ambos lados de la carretera antes del puente. El lugar ha sido elegido magistralmente y el plan es sencillo y genial. Al entrar las tropas alemanas en la carretera que caracolea entre el bosque y llegar al puente destruido será imposible para ellas seguir avanzando; pero el retroceso será impedido por los guerrilleros emboscados a ambos lados de la carretera a todo lo largo de la columna enemiga.

El sitio es espléndido, maravilloso, la naturaleza lo ha hecho propicio para la emboscada. Cristino se revela, una vez más, estratega consumado. Su dispositivo de fuego es perfecto, barre todos los ángulos. Cristino en persona pone la primera mina. Cada diez metros hay una; una red de cables las une y éstos están dispuestos en tal forma que al estallar las de la cabeza, unas tras otras lo harán las del centro y la retaguardia. Con este dispositivo todo el convoy será destrozado.

El pueblo cercano de Jornac ha sido previamente ocupado y en las copas de los castaños, dominando el paisaje, los vigías observan el movimiento de la columna.

A las dos de la tarde se señalan movimientos de tropas nazis; los guerrilleros emboscados, silenciosos, dejan pasar la caravana de camiones; se trata de sesenta camiones, tres cañones y cinco blindados ligeros: las fuerzas se calculan entre 1200 a 1500 hombres. La columna que viene de Saint-Hyppolite se dirige hacia Anduze o Nîmes.

Los guerrilleros son ¡36! 36 hombres con armamento ligero contra 1500 hombres provistos de cañones y blindados.

De repente, el avance de las tropas alemanas se detiene brutalmente. El puente del ferrocarril por donde tienen que pasar está destruido. A la hora precisa, de vanguardia a retaguardia, las explosiones de las minas se suceden; inmediatamente Cristino da la orden de fuego y las armas de los guerrilleros barren la carretera y los alemanes, sorprendidos, no aciertan a tomar posiciones y a responder a las balas que les caen del monte, sin que sepan de dónde, porque los guerrilleros después de cada ráfaga de metralleta se desplazan continuamente dando al enemigo la sensación de ser un nutrido ejército.

Cuando mayor es el desconcierto de los soldados alemanes, un guerrillero se encarama sobre el terraplén de la vía y a voz en grito les invita a rendirse. «Estáis cercados por fuerzas muy superiores en número a las vuestras, ¡rendíos!».

Su silueta se destaca netamente en plena luz. Ante tanta audacia los alemanes permanecen un instante mudos de estupor. «Hacedle prisionero», grita el oficial alemán.

Un puñado de nazis se dirige hacia el arriesgado español disponiéndose a cogerle, muerto o vivo; las balas silbaban en torno suyo, pero éste no pensó siquiera en hurtarles el cuerpo. Aprovechándose de su situación elevada, coge entre sus manos firmes la metralleta y dispara con furia, haciendo una verdadera carnicería entre los que se adelantaban para capturarle.

La batalla continúa. Son las siete de la tarde. El desconcierto de los alemanes es total. La caravana cogida en la trampa es incapaz de maniobrar y el suelo está sembrado de muertos y heridos con uniforme verdegrís. Los jefes alemanes se deciden por fin a parlamentar.

Cristino ordena alto el fuego y se recibe a varios oficiales alemanes como parlamentarios, quienes al conocer la clase de fuerzas a las que se han estado enfrentando se encolerizan y dicen con altivez «Nos negamos a rendirnos a "terroristas"; solamente nos rendiremos ante oficiales del ejército regular». Finalmente se llega a un acuerdo. Se decreta por ambas partes una tregua de dos horas y dos oficiales alemanes son conducidos hasta Anduze para negociar con los jefes españoles en presencia del jefe de la gendarmería del lugar, única fuerza regular existente en los alrededores. Los alemanes se comprometen durante ese tiempo a no entablar ninguna acción contra los guerrilleros.

En Anduze la discusión se agria. La posición de los guerrilleros españoles es neta: los alemanes deben rendirse sin condiciones. El jefe de la gendarmería aprueba la proposición pero los alemanes se resisten a aceptar tan estrepitosa derrota. Antes de terminar las discusiones y faltando a su palabra las fuerzas de la Wehrmacht rompen la tregua abriendo fuego con sus armas automáticas, morteros y antitanques.

Mientras tanto el mando general del departamento había sido prevenido y envió 70 combatientes franceses de las FTPF como refuerzos. Además, dos avionetas al servicio de la Resistencia bombardearon con proyectiles ligeros los camiones, incendiaron varios y consiguieron poner una "oruga" fuera de servicio.

A las siete y media los alemanes intentaron salir del cerco guerrillero, pero vieron rechazados todos sus ataques para salir de aquella trampa en que estaban metidos. A las ocho menos diez, las fuerzas de la Wehrmacht enarbolan la bandera blanca. Suprema mezquindad: aprovechando la suspensión del fuego intentaron traicioneramente otro ataque. Esta actitud colmó la indignación de los guerrilleros e inmediatamente respondieron al fuego sembrando la desmoralización total de las fuerzas alemanas.

A las ocho de la noche algunos nazis solamente continúan la batalla; la mayor parte levantan trapos blancos, pañuelos, banderas de rendición. La orgullosa Wehrmacht se rinde. A las ocho y diez minutos la batalla ha terminado.

El balance es extraordinario y dramático. Los alemanes han tenido más de cien muertos, innumerables heridos y se les hace mil cien prisioneros. Y su jefe el teniente general Konrad Nietzsche, que mandaba la columna, se suicida desesperado por no soportar la idea de ver capitular a 1500 soldados alemanes ante un puñado minúsculo de guerrilleros.

El combate es un florón de gloria para Cristino García y sus hombres pero, desgraciadamente, ellos también pagan un precio por su valentía y su arrojo. Cuando se visita el cementerio de La Madeleine, en Albi, se ven en un rincón 34 tumbas uniformes donde reposan guerrilleros caídos en la célebre batalla. Y junto a las lápidas con nombres franceses hay otras muchas con castizos nombres españoles: Agustín García, sargento José Fernández, sargento Francisco Perera, sargento Ramón Porta, Martínez y tantos otros.

Y en el pueblo de La Madeleine, en septiembre de 1946, se pusieron dos placas de mármol. En una dice «Honneur à Cristino García, chef de maquis». Y en la otra: «Batalla de La Madeleine. 25 de agosto de 1944. Aquí los FFI del Gard, uno contra ciento, hicieron capitular a una fuerte columna alemana».

Terminada la guerra en Francia, Cristino García declinó los ofrecimientos franceses de nacionalidad, reconocimiento de grado, medallas y honores. Liberada Francia de los alemanes, su objetivo era liberar a España de Franco. Se integró en las unidades que invadieron el Valle de Arán. Combatió en las montañas contra las Divisiones del general Yagüe, pero en el curso de una operación cayó en manos de la policía con algunos de sus compañeros. El 22 de febrero de 1946 Cristino García Grandas y sus compañeros fueron juzgados por un consejo de guerra, condenados y ejecutados en la prisión madrileña de Carabanchel. De nada sirvió que la Asamblea Francesa y el Gobierno francés protestaran oficialmente y pidieran el indulto al dictador español. Trágico final para estos héroes de la Resistencia francesa contra el nazismo.

Aquel mismo año 1946, el 25 de octubre, la IX Región militar francesa, expedía la Orden general número 25 que dice: Estado mayor. El general de la División Olleris, comandante de la IX Región Militar cita a título póstumo:

A la Orden de Ejército.Cristino García, teniente coronel.
Resistente desde la primera hora, dotado de un alto espíritu de organización y de combate. Ha tenido bajo su mando las brigadas españolas de los departamentos de Lozère, Ardèche y Gard. Por sus repetidos ataques en la zona minera ha impedido el trabajo durante varios meses. Organizador del asalto a la cárcel de Nîmes que liberó los presos políticos. Bajo sus órdenes se ha librado combate al enemigo en La Madeleine (Gard) y en Pescrimet, haciendo en conjunto, a pesar de la desproporción de fuerzas y de material, 1300 prisioneros a los alemanes y 600 muertos en el curso de los encuentros ordenados y dirigidos por este jefe de élite.
Esta citación lleva el distintivo de la atribución de la Cruz de Guerra con estrella de plata dorada.
Marsella, 25 de octubre de 1946

En agosto de 1946 fue puesto a una calle de Saint Denis (París) el nombre de Cristino García. Y el 15 de marzo de 1947, en el Velódromo de Invierno de París, el ministro francés de la Guerra otorgó al teniente coronel Cristino García Grandas a título póstumo la más alta condecoración francesa.


Félix Santos
Españoles en la liberación de Francia: 1939-1943
Capítulo II



















3 comentarios:

  1. El Naranjero de Buenaventura3 de diciembre de 2014, 12:38

    En primer lugar, agradeceros el gran trabajo que realizais con este proyecto para mantener la llama de la memoria de nuestros padres, abuelos y familiares de sangre, o como en mí caso, espirituales.
    En referencia a esta entrada sobre Cristino García, subrayar también la gran importancia que tuvo su nombre en el panorama guerrillero antifranquista. Tanto es así que una de los grupos guerrilleros que aparecieron en esta lucha en Cantabria adquirió el nombre de Brigada Cristino, liderada por Martín Santos "el Gitano" y que se movía entre Torrelavega y Campoo.

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  2. Gracias por tus palabras Naranjero.
    Conocemos la figura de Cristino en la guerrilla y nos gustaría, algún día, escribir sobre él.

    Salud!

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  3. hombre de gran valor...tanto,que la pasionaria y carrillo,le mandaron matar de vuelta a españa
    a unos compañeros del pc y se nego....cosas oscuras de las limpiezas del partido y que a veces ocultan

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