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887. Campanades a morts.





María Torres / 3 marzo 2014

La tarde del 3 de marzo de 1976 es una fecha marcada con sangre en la historia de Vitoria-Gasteiz y en la de todo el pueblo español. Cinco trabajadores fueron asesinados y más de cien resultaron heridos. A las cinco de la tarde se celebraba una asamblea de trabajadores en huelga en la iglesia de San Francisco de Asís del barrio de Zaramaga. La policía dejó que se llenara la iglesia con cerca de cinco mil personas para luego ordenar el desalojo, asaltando la misma con gases lacrimógenos. Cuando los trabajadores, medio asfixiados intentaron salir, la policía armada les apaleó y disparó, felicitándose por haber disparado más de mil tiros y "haber contribuido a la mayor paliza de la historia"

Fallecieron Pedro María Martínez Ocio, trabajador de Forjas Alavesas, de 27 años, Francisco Aznar Clemente, operario de panaderías y estudiante, de 17 años, Romualdo Barroso Chaparro, de Agrator, de 19 años, José Castillo, de Basa, una sociedad del Grupo Arregui, de 32 años. Dos meses después moriría Bienvenido Pereda, trabajador de Grupos Diferenciales, con 30 años. 

Nos encontrábamos en la "modélica y pacífica transición". Franco había muerto unos meses antes y el ministro de la Gobernación era Manuel Fraga, quien estaba convencido que la calle era suya. La brutalidad de este acto quedó sin castigo. Los sumarios acabaron admitidos a trámite en la jurisdicción militar que reconoció que los hechos eran constitutivos de delito por homicidio, pero acabó dictando auto de sobreseimiento por falta de motivos para ejecutar la acusación.

La noche de la masacre Lluis Llach compuso la que sería una de las canciones más emblemáticas de la transición: Campanades a morts. Treinta años después, en el 2006, dió un concierto multitudinario en recuerdo a las víctimas del 3 de marzo en el Pabellón Fernando Buesa Arena de Vitoria acompañado por la Orquesta Sinfónica de Gasteiz y el Orfeón Donostiarra. La Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) presentó una querella contra los organizadores del acto por apología del terrorismo.

No olvidamos. No perdonamos.





Campanades a morts.

I

Campanades a morts
fan un crit per la guerra
dels tres fills que han perdut
les tres campanes negres.

I el poble es recull
quan el lament s'acosta,
ja són tres penes més
que hem de dur a la memòria.

Campanades a morts
per les tres boques closes,
ai d'aquell trobador
que oblidés les tres notes!

Qui ha tallat tot l'alè
d'aquests cossos tan joves,
sense cap més tresor
que la raó dels que ploren?

Assassins de raons, de vides,
que mai no tingueu repòs en cap dels vostres dies
i que en la mort us persegueixin les nostres memòries.

Campanades a morts
fan un crit per la guerra
dels tres fills que han perdut
les tres campanes negres.

II

Obriu-me el ventre
pel seu repòs,
dels meus jardins
porteu les millors flors.

Per aquests homes
caveu-me fons,
i en el meu cos
hi graveu el seu nom.

Que cap oratge
desvetllí el son
d'aquells que han mort
sense tenir el cap cot.


III

Disset anys només
i tu tan vell;
gelós de la llum dels seus ulls,
has volgut tancar ses parpelles,
però no podràs, que tots guardem aquesta llum
i els nostres ulls seran llampecs per als teus vespres.

Disset anys només
i tu tan vell;
envejós de tan jove bellesa,
has volgut esquinçar els seus membres,
però no podràs, que del seu cos tenim record
i cada nit aprendrem a estimar-lo.

Disset anys només
i tu tan vell;
impotent per l'amor que ell tenia,
li has donat la mort per companya,
però no podràs, que per allò que ell va estimar,
el nostres cos sempre estarà en primavera.

Disset anys només
i tu tan vell;
envejós de tan jove bellesa,
has volgut esquinçar els seus membres,
però no podràs, que tots guardem aquesta llum
i els nostres ulls seran llampecs per als teus vespres.

IV

La misèria esdevingué poeta
i escrigué en els camps
en forma de trinxeres,
i els homes anaren cap a elles.
Cadascú fou un mot
del victoriós poema. 

































Campanadas a muertos.


I

Campanadas a muerto
lanzan un grito para la guerra
de los tres hijos que han perdido
las tres campanas negras.

Y el pueblo se recoge
cuando se acerca el lamento;
son ya tres penas más
para nuestra memoria.

Campanadas a muerto
por las tres bocas cerradas;
¿ay de aquel trovador
que olvidara las tres notas!

¿Quién segó el aliento
de aquellos cuerpos tan jóvenes
sin otro tesoro
que la razón de los que lloran?

Asesinos de razones y de vidas,
que nunca tengáis reposo a lo largo de vuestros días
y que en la muerte os persigan nuestras memorias.

Campanadas a muerto
lanzan un grito para la guerra
de los tres hijos que han perdido
las tres campanas negras.

II

Abridme el vientre
para su reposo,
de mis jardines
traed las mejores flores.

Para estos hombres
cavadme hondo
y en mi cuerpo
grabad sus nombres.

Que ningún viento
perturbe el sueño
de quienes han muerto
sin humillar la cabeza.

III

Diecisiete años, solo,
y tú tan viejo;
celoso de la luz de sus ojos
has querido cerrar sus párpados
pero no podrás, porque todos guardamos esta luz
y nuestros ojos serán relámpagos para tus noches.

Diecisiete años, solo,
y tú tan viejo;
envidioso de una belleza tan joven
has querido desgarrar sus miembros
pero no podrás, porque recordamos su cuerpo
y cada noche aprenderemos a amarlo.

Diecisiete años, solo,
y tú tan viejo;
impotente para el amor que él tenía
le has dado la muerte por compañera
pero no podrás, porque por todo aquello que él amó
nuestro cuerpo estará siempre en primavera.

Diecisiete años, solo,
y tú tan viejo;
envidioso de una belleza tan joven
has querido desgarrar sus miembros
pero no podrás, porque todos guardamos esta luz
y nuestros ojos serán relámpagos para tus noches.

IV

La miseria se hizo poeta
y escribió en los campos
en  forma de trincheras
y los hombres marcharon hacia ellas.
Cada uno fue una palabra
del victorioso poema.



1 comentario:

  1. Y luego encima el asesino de Fraga tuvo un funeral de honor. Qué asco de país!!

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