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912. ¡No pasarán! (Octavio Paz)

Octavio Paz
31 de marzo de 1914 - 9 de abril de 1998

Hoy es el centenario de Octavio Paz y queremos recordarle con el poema que escribió apenas dos meses de iniciado el golpe militar franquista, como muestra de apoyo a la República: ¡No pasarán!



Como pájaros ciegos, prisioneros
como temblantes alas detenidas
o cánticos sujetos,
suben amargamente
hasta la luz aguda de los ojos
y el desgarrado gesto de la boca,
los latidos febriles de la sangre,
petrificada ya, e irrevocable:
No pasarán. 

Como la seca espera de un revólver
o el silencio que precede los partos
escuchamos el grito
habita en las entrañas
se detiene en el pulso,
asciende de las velas a las manos :
No pasarán.

Yo veo las manos frutos
y los vientres feraces
oponiendo a las balas
su ternura caliente y su ceguera.

Yo veo los cuellos naves
y los pechos océanos
naciendo de las plazas y los campos
en reflujos de sangre respirada,
en poderosos vahos,
chocando ante las cruces y el destino
en marejadas lentas y terribles:
No pasarán.

Hay una joven mano contraída,
un latir de paloma endurecido
y labios implacables
cerrados a los besos;
un son de muerte invade toda España
y llora en toda España
un llanto interminable.

En Badajoz, los muertos, camaradas,
revueltos en las sombras de sus sollozos,
os gritan que no pasen;
de toda Extremadura,
de las plazas de toros andaluzas
la sangre encadenada,
de Irún, árbol sin brazos,
silencioso, insepulto, calcinado;
de toda España, carne, rama y piedra,
un viento funeral, un largo grito,
os piden que no pasen.

Hay inválidos campos
y cuerpos mutilados;
vidas secas y cenizas dispersas;
cielos duros llorando
los huesos olvidados;
hay un terrible grito en toda España,
un ademán, un puño insobornable,
gritando que no pasen.
No pasarán. No, jamás podrán pasar.

De todas las orillas del planeta,
en todos los idiomas de los hombres,
un tenso cinturón de voluntades
os pide que no pasen.
en todas las ciudades,
coléricos y tiernos,
los hombres gritan, lloran por vosotros.

No pasarán.
amigos, camaradas,
que no roce la muerte en otros labios,
que otros árboles dulces no se sequen,
que otros tiernos latidos no se apaguen,
que no pasen, hermanos.

Detened a la muerte.
a esos muros siniestros, sanguinarios,
oponed otros muros;
reconquistad la vida detenida,
el correr de los ríos paralizados,
el crecer de los campos prisioneros,
reconquistad a España de la muerte.

No pasarán.
¡cómo llena ese grito todo el aire
y lo vuelve una eléctrica muralla!

Detened el terror y las mazmorras,
para que crezca, joven, en España,
la vida verdadera,
la sangre jubilosa,
la ternura feroz del mundo libre.
¡Detened a la muerte, camaradas! 

Octavio Paz (1936)


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