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1055. Españoles en la Résistance La Resistencia Española en Francia 1939-45







"¡Cuántos caminos mis pies han pisado y mis ojos visto! ¡Qué escenas terribles de la desolación de la muerte he atestiguado en estos años de continua guerra. Las circunstancias adversas nos habían hecho a nosostros, anti-militaristas, los soldados más avezados en la batalla de los ejércitos aliados " (Murillo de la Cruz)


Hay muchos mitos y controversias referentes a la resistencia francesa durante la segunda guerra mundial. La línea "oficial", el punto de vista de los Gaullistas, atribuye gran significación a la difusión por radio de la llamada de Charles de Gaulle el 18 de junio de 1940, animando al pueblo francés a continuar la lucha contra los alemanes. Pero para por lo menos un componente importante del movimiento de la resistencia, la lucha armada contra el fascismo había comenzado no el 18 de junio de 1940 sino el 17 de julio de 1936. Es un hecho poco sabido que más de 60.000 exiliados españoles lucharon junto a la resistencia francesa, además de otros millares que desempeñaron servicios en las fuerzas regulares del ejército libre francés. Este artículo paga tributo a los héroes olvidados de la resistencia española y explora los orígenes y desarrollos más amplios de la resistencia francesa.


Derrota, Exilio e Internamiento. 

Las victorias fascistas en España llevaron a varias oleadas de refugiados a cruzar la frontera francesa. Antes de junio de 1938 unos 40-45.000 refugiados ya la habían cruzado y alarmado al gobierno francés que mandó cerrar la frontera. Sin embargo, con la caída de Cataluña en enero de 1939 una marea humana fluyó hacia el norte. Tras ellos llegó el ejército republicano en retirada cubierto por una retaguardia integrada 26ª división (columna de Durruti) y elementos del ejército del Ebro. La prensa de derechas en Francia llegó casi a la histeria con títulares como, "¿Se reorganizará el ejército del alboroto en Francia?" y "Cerremos nuestras fronteras a las bandas armadas de la F.A.I. y del P.O.U.M.". Sin embargo, con la ciudad de Figueras a punto de caer a los franquistas, las sensibilidades izquierdistas y humanitarias francesas prevalecieron y la frontera se abrió para admitir a centenares de millares de civiles y de combatientes en Francia. 

La población del departamento de Pyrenees-Orientals se vió más que doblada debido a la afluencia de los españoles. Las tropas francesas en el área ya habían recibido refuerzos y aún más refuerzos llegaron según se aproximaba la división 26ª a la frontera. Como uno de sus miembros, Antonio Herrero, recordaba, "...nosotros éramos considerados los más peligrosos de los refugiados". Partes del estado francés temían claramente que los "rojos" y los "anarquistas" trajeran la revolución social a Francia. 

Mientras que los refugiados estaban a salvo ahora del ejército de Franco, de ninguna manera habían conseguido su libertad. En lugar de eso fueron confinados en campos de concentración en las playas de Argeles-sur-mer, St.Cyprien y Barcares, encerrados con estacas y alambre de púas. La policía francesa cazaba a los que escapaban del confinamiento. Dentro de los campos, el abrigo, los suministros y la asistencia médica eran virtualmente inexistentes. Prevalecía la estricta disciplina militar, con frecuentes recuentos, patrullas y constante vigilancia. La distribución de los periódicos de izquierdas fue prohibida (pero no los periódicos de la derecha). Por otra parte, los identificados como "criminales" o "radicales" fueron llevados a campos de prisioneros separados, como la fortaleza de Collioure y el campo Le Vernet. Aquí, mantuvieron a los comunistas y a los anarquistas como presos bajo régimen de trabajo forzado. Los que experimentaron estos campos más adelante recordaban que, aunque no eran lugares de la exterminio de masas, en muchos otros aspectos eran casi tan malos como los campos alemanes de concentración. 

El gobierno francés intentó animar la repatriación, voluntariamente y por amenazas. Pero para diciembre de 1939 todavía había por lo menos 250.000 españoles en los campos. Los trabajos de edificaciones significaron una mejora en las condiciones, aunque la salud, la higiene y los suministros de alimentos seguían siendo pobres. Los españoles se organizaban colectivamente como mejor podían a través de las principales agrupaciones políticas. 


La Guerra Relámpago y la Francia de Vichy. 

Con una guerra europea general asomándose y un enorme campo de habilidades industriales y agrícolas confinado en las playas, a los exiliados españoles se les dió la opción de dejar los campos a partir de abril de 1939. Pero estaba la condición de que tenían que obtener un contrato individual de trabajo con los granjeros/patrones locales o alistarse en "compañías de los trabajadores" (batallones de trabajo), la Legión Extranjera o en el ejército regular francés. Aunque la primera opción era la más deseable, alrededor de 15.000 se unieron a la Legión Extranjera, incluyendo a miembros de la 26ª división (columna Durruti) que se les hizo elegir entre esto y la repatriación forzosa. 

Así muchos exiliados españoles se encontraron aguantando el ataque relámpago de Hitler en 1940. Más de 6.000 murieron en batalla antes del Armisticio y 14.000 fueron cogidos prisioneros. Estos españoles no fueron tratados como prisioneros de guerra sino que fueron enviados a los campos de concentración, sobre todo Mauthausen. De los 12.000 enviados a este lugar de crímenes solamente 2.000 sobrevivieron hasta la liberación. Otros españoles en el ejército francés se encontraron sirviendo en Noruega, como parte de la fuerza expedicionaria a Narvik y a Trondheim. Se distinguieron por su valor, pero a un precio muy elevado. De 1.200 solamente 300 sobrevivieron. 

Después del triunfo militar alemán en París, el 14 de junio de 1940, el país quedó partido en zonas ocupadas y libres. Las últimas, abarcaban Francia central y meridional y la costa mediterránea,estaban gobernadas directamente por el gobierno de Vichy del mariscal Petain. Al principio mucha gente francesa veía a Petain como un salvador nacional, que había rescatado el país de la humillación y la derrota total. Pero el régimen de Vichy no solamente siguió una política de coexistencia y de colaboración con los Nazis sino que tuvo muchas de las características de un estado fascista. La llamada "revolución nacional" de Petain funcionaba bajo el lema "trabajo, familia, patria" y perseguía políticas nacionalistas y autoritarias. 

En agosto de 1940 todas las organizaciones sindicales fueron disueltas en favor de las estructuras corporativas "orgánicas" de los patrones y de los empleados favorecidos por el fascismo. El modelo de estas políticas se podría ver fácilmente en Italia, España (se restablecieron relaciones cordiales con Franco rápidamente) y Portugal y, al igual que en esos países, el apoyo para la revolución nacional llegó sobre todo de las clases altas y medias, de los industriales y los pequeños financieros, los comerciantes locales y propietarios de tierras y de profesiones de alto estatus social. Estos partidarios fueron instalados rápidamente a todos los niveles de la administración. La vida del campesino y de la familia quedó idealizada, al igual que la iglesia católica como modelo de vida moral, de valores comunales y de la obediencia. Se instalaron campos de la juventud y Corps. Y, por supuesto, se elaboraron listas de comunistas, socialistas, etc., para su inmediata detención, y para detener a otros en la primera muestra de amenaza al orden público. 

El régimen de Vichy iba a colaborar activamente eligiendo rehenes y reclutando obreros para los alemanes, arrestando resistentes y deportando judíos. Las SS y la Gestapo contactaron rápidamente con los anti-semitas franceses y los fascistas, recopilando información de judíos e izquierdistas. No se formó ningún partido de estilo fascista, en parte porque Hitler no deseaba crear ninguna base para un renacimiento del nacionalismo francés. Pero los miembros del partido P.P.F. fascista fueron a luchar (y morir) al frente ruso, y también fueron utilizados internamente como unidades paramilitares contra la Resistance. 

Pero la formación más importante iba a ser la Milice, formada en enero de 1943 (de la asociación de los veteranos Legion des Anciens Combattants) por Joseph Darnard, ministro de Vichy a cargo de todas las fuerzas internas de la ley y del orden. La Milice, una vanguardia paramilitar de la "revolución nacional", se convirtió en una fuerza de 150.000 hombres, actuando como auxiliar de las SS y la Gestapo y caracterizada por el fascismo del estilo Vichy. Para 1944 eran la única fuerza francesa en la que los alemanes podían confiar. La mayoría de los sobrevivientes Miliciens fueron ejecutados sumariariamente por la resistencia durante o inmediatamente después de la liberación. Lo merecían. 


Resistance.

Muchos franceses se dieron cuenta lentamente de la verdadera naturaleza y la ideología de la ocupación Nazi y de sus partidarios de Vichy. Aparte de una manifestación en París, el 11 de noviembre de 1940, y las impresionantes huelgas mineras de inspiración comunista en el noreste en mayo de 1941, hubo muy poca confrontación pública con los alemanes en los primeros 2 años tras la derrota. 

La famosa emisión de radio de De Gaulle iba a ser solamente uno de varios puntos de partida de la resistencia. De hecho, hasta 1942 De Gaulle no iba a ser un personaje importante. Aunque Churchill lo respaldaba, los americanos parecían más interesados en ganarse a los comandantes franceses de Vichy en Argelia. De Gaulle ni siquiera fue informado de los planes aliados para la operación antorcha, el desembarco en Argelia. Tuvo que moverse para consolidar su posición. Para hacer esto aumentó los contactos con la resistencia interna durante 1942 y tuvo que reconocer la diversidad e independencia de los grupos de resistencia y la importancia de los comunistas como hechos consumados. 

El partido comunista francés había quedado fuera de juego por el pacto de la no-agresión entre Hitler y Stalin en agosto de 1939, y después fue declarado ilegal bajo régimen de Vichy. Esto significó que organizativamente desempeñaron un papel menor en los primeros comienzos de la resistencia, aunque los militantes individuales estuvieran implicados desde el principio, como en la huelga minera. Solamente después de la invasión de Rusia fue el P.C. capaz de reagruparse pero rápidamente se convirtió en un jugador primordial en términos políticos, de organización y de táctica en la resistencia. 

En sus primeras raíces la resistencia creció de abajo a arriba. "La primera resistencia fue casi enteramente una cuestión de iniciativas secretas de individuos y de grupos pequeños... ". El primer acto de resistencia era a menudo la pintada, por ejemplo dando la vuelta a la declaración alemana de que matarían a 10 franceses por cada alemán asesinado ("¡un francés asesinado-diez alemanes muertos!")  o simplemente cambiando o quitando postes indicadores para confundir al enemigo. Igualmente importante, una vez que un grupo se formaba, era la producción y la distribución de folletos y de periódicos clandestinos. Esta propaganda creó una actitud de solidaridad que unió los actos individuales de la resistencia. 

Estos pequeños grupos de individuos con similares ideas evolucionaron gradualmente a los actos más amplios de sabotaje y de lucha armada y a redes más difusas que creaba rutas de escape y compartían información de las posiciones alemanas. En el norte sufrieron una represión severa de la Gestapo, pero en el sur los movimientos adquirieron un carácter más expansivo. Esto fue en parte debido a los factores geográficos y en parte debido que la zona no estuvo bajo control directo alemán hasta noviembre de 1942. Sin embargo, había un otro factor vital: los españoles. 

El régimen de Vichy deseaba hacer uso de la inmensa cantidad de mano de obra española disponible en el sur, así que estableció los Travailleurs Etrangers (T.E.), basicamente cuerpos de trabajo forzado. Antes del fin de 1940 más de 220.000 españoles fueron obligados a realizar trabajos para las empresas francesas y alemanas en Francia. Pero para las autoridades de Vichy la historia revolucionaria de la clase obrera española planteaba un problema: el cuerpo de trabajo sería un punto de organización natural para intentar la reconstrucción de su movimiento. Y tuvieron razón, las organizaciones políticas de los exiliados españoles pronto consolidaron su posición dentro del T.E., a pesar de las tentativas de la policía de Vichy de identificar y deportar a comunistas, anarquistas y "anti-nacionales". 

La presencia de este enorme cuerpo de exiliados, muchos de ellos endurecidos combatientes anti-fascistas, no puede ser subestimada. "La resistencia era el estado natural de los exiliados españoles en Francia. Para ellos el dilema francés sobre la lealtad a Petain era inexistente...". Continuaban una guerra que había comenzado detrás de las barricadas en Barcelona, habían combatido ya a tropas alemanas e italianas en su propio país, y ahora debían hacer lo mismo en Francia. Tanto como, o más aún, que los agentes británicos del Special Operations Executive fueron los españoles los que instruyeron a sus camaradas franceses en la lucha armada. 

Como Serge Ravanel de la resistencia francesa en el área de Toulouse reconoció: "durante la Guerra de España nuestros camaradas habían adquirido el conocimiento que nosotros no poseíamos; sabían hacer bombas; sabían montar emboscadas; tenían un conocimiento profundo de la técnica de la guerra de guerrillas". Además de esta maestría se decía de los españoles que su valor era sin igual en combate y que no era cuestión hablar de traición o de deserción. 

Dentro de Travailleurs Etrangers el sabotaje a bajo nivel, símbolo universal del desafío de la clase obrera, se convirtió en rápidamente en norma. En un incidente, 50 mecánicos franceses de los que se sospechaba de haber hecho sabotaje fueron sustituidos por españoles. El nivel del averías inexplicables de los vehículos creció según los españoles argumentaban desconocer los rudimentos mecánicos del motor. ¡Los camaradas de AFA estarán satisfechos al saber que The Mechanic tiene tan dignos precursores! Los incidentes tales como este eran parte de un movimiento más amplio y cada vez mayor de sabotaje, un movimiento que progresó rápidamente con la voladura de instalaciones y de ferrocarriles industriales; ataques con granadas contra los desfiles militares alemanes, cantinas y cuarteles, sin mencionar asesinatos individuales. 

En una progresión típica, los anarquistas españoles en el Massif Central organizaron la resistencia en el cuerpo de T.E. que trabajaba en una presa enorme (Barage de la Aigle). De sabotear los caminos y los túneles el grupo creció a ser eventualmente un batallón armado de 150-200 de fuertes resistentes, llamado como la presa. 

Para 1942 la resistencia estaba establecida firmemente y desapareció cualquier ilusión final sobre los Nazis, con las SS controlando París cada vez más; decretos pidiendo trabajadores para las fábricas alemanas; el comienzo de la deportación de judíos a los campos de extrerminio y, en noviembre, la ocupación militar alemana de la zona de Vichy. Estos acontecimientos consolidaron la motivación de resistir y aseguraron un ambiente de protesta y rebelión entre la clase obrera francesa en su totalidad. 

Para fin de año los movimientos de resistencia independientes y locales habían comenzado a coordinarse mejor. Previamente el único movimiento que cubría ambas zonas era el Front National de influencia comunista establecido en mayo de 1941. Su brazo armado era el Francs-Tireurs et Partisans Francais. Otros grupos se combinaron para formar el Mouvements Unis de Las Resistance (M.U.R.), cuyo brazo armado era el Armee Secrete. El M.U.R. reconoció a De Gaulle como líder pero los comunistas conservaron su independencia. Ambos grupos formaban parte del Comite National de la Resistance (CNR). 

Fue con el C.N.R. y el M.U.R. con que De Gaulle pudo consolidar su posición en Francia. Los suministros de armas de Londres y de Argel fueron a los grupos que reconocieron su liderazgo y aceptaban un grado de control táctico del S.O.E británico. A las guerrillas del F.T.P.F. se las dejó que se armaran con las armas capturadas de los alemanes o interceptando los suministros aliados que iban para el Armee Secrete. Junto a diferencias políticas, había diferencia de tácticas. El Armee Secrete mantenía que la resistencia debía sostenerse en la preparación de un desembarco aliado. El FTPF mantenía que había que hacer una campaña inmediata de hostigamiento, sabotaje y emboscadas de tropas alemanas. También deseaban asesinar a oficiales alemanes individuales, una táctica que De Gaulle rechazaba. 

Los españoles, sobre todo activos en el sur y suroeste, se organizaban a sí mismos, aunque algunos individuos lucharon en unidades francesas. Las formaciones españolas fueron reconocidas como parte independiente pero integrante de la resistencia francesa dentro del C.N.R. La principal agrupación era la comunista Unión Nacional Española (U.N.E.) formada en noviembre de 1942. En 1944 su nombre cambió a Agrupacion Guerrillera Española. Una segunda organización, la Alianza Democratica Española, rechazando el control comunista, fue formada por los anarquistas (CNT/FAI); Socialistas (UGT/PSOE); republicanos y nacionalistas de izquierdas de Euzkadi y Catalunya.


Los Maquis. 

El momento crítico de la extensión de la resistencia vino en 1943 con una afluencia de nuevos reclutas que huían de los trabajos forzados. En junio de 1942 se publicó un decreto que requería trabajadores franceses para las fábricas alemanas. Esto fue ampliado en febrero de 1943 con la creación del Service du Travail Obligatoire (S.T.O.) para cubrir las demandas siempre crecientes exigidas por el ministerio de trabajo alemán. El S.T.O. fue resistido por la evasión individual, las huelgas e incluso por muchedumbres iracundas liberando a trabajadores arrestados de la policía francesa. También fue el ingrediente vital en la formación de grupos armados en el campo: los Maquis. 

Entre abril y diciembre de 1943, 150.000 trabajadores fueron liberados del S.T.O., y para junio de 1944 esta cifra se había inflado a más de 300.000. El movimiento de resistencia animaba la no conformidad y proveía refugio, suministros y armas a los evadidos que llevaban las colinas y el campo. Los Maquis fueron apoyados por la población rural, enajenada por las demandas constantes de productos y de la imposición del S.T.O. a los trabajadores agrícolas. Este crecimiento de la fuerza de la guerrilla en el campo en 1943 inauguró una nueva y más feroz etapa de la lucha armada, en la que el conflicto entre la Milice y el Maquis tomó cada vez más la forma de una guerra civil. 

Mientras que el plan a largo plazo era preparar un insurrección nacional para ayudar al previsto desembarco de los aliados, había desacuerdo sobre cuales eran las mejores tácticas a emplear de mientras. Algunos favorecieron la formación de formaciones grandes, para efectivas insurrecciones locales. Otros mantenían como única táctica viable pequeñas unidades móviles de 20-30 hombres. Esto último era indudablemente la política de la derecha. En tres ocasiones cuando la resistencia en el sur se formó para la guerra convencional, en la Meseta de Glieres; en Vercors y en Mont Mouchet fueron siempre excedidas en número y machacadas por los alemanes. Los españoles participaron en estas acciones, pero habían advertido contra ellas, sabiendo bien desde la guerra contra Franco que tropas ligeramente armadas no podían entrar en la guerra convencional sin ayuda de la armas pesadas, artillería y apoyo aéreo. 

A pesar de estos reveses de la resistencia en los 18 meses antes del Día D infligió un enorme daño en infraestructuras y en inmovilizar tropas alemanas en Francia. La resistencia podía neutralizar más fácilmente ferrocarriles, lugares industriales y centrales eléctricas que la potencia aérea aliada y sus redes de inteligencia, al principio poco utilizadas por los Británicos, fueron de decisiva importancia. Entre junio de 1943 y de mayo de 1944 casi 2.000 locomotoras fueron destruidas. En solo octubre de 1943, se registraron más de 3.000 ataques a los ferrocarriles, 427 resultaron con daños graves, con 132 trenes descarrilados. En el sudoeste ese sabotaje fue tan eficaz que el 6 de junio de 1944 llevó tres días viajar de Paris a Toulouse.

Mientras que las guerrillas eran menos numerosas en el norte, entre abril y septiembre de 1943 se registraron unos 500 ataques de la resistencia, 278 contra ferrocarriles y otras de infraestructuras, matando a 950 alemanes e hiriendo a 1.890. En Normandía y Bretaña, los españoles volaron transformadores eléctricos, una estación de ferrocarril, cambios de agujas y de parte de un campo de aviación. Los combatientes españoles de la resistencia en París asesinaron al General von Schaumberg, comandante del Grand Paris y al General von Ritter que era responsable del reclutamiento de los trabajos forzados.


Libération! 

La eficacia de la campaña del guerrilla iba a hacer comentar a Eisenhower que el esfuerzo de la resistencia sobre el Día D valía el de 15 divisiones regulares completas de un ejército. Asimismo la ayuda del Maquis al 7º ejército americano fue estimada como de 4 o 5 divisiones de tropas regulares. Debe también recordarse que las tropas aliadas nunca entraron en el sur del país. Toda el área al oeste del Ródano y del sur del Loira fue liberada por la insurrección nacional de los Maquis, lo mismo le pasó a Gran Bretaña, excepto por los puertos atlánticos con sus poderosas fortalezas alemanas. 

En el departamento de L'Ariege el 14 Cuerpo Español de Guerrillas (reformado en abril de 1942) desempeñó un papel determinante en desahuciar a los alemanes. Entre el 6 de junio y agosto de 1944 atacaron los convoyes alemanes y liberaron varias aldeas antes de tomar Foix, el Cuartel General de los Nazis de la zona. Una fuerte columna alemana intentó un contraataque pero fue cogida en una emboscada. A pesar de su superioridad logística fue cogida bajo el fuego de una ametralladora y 1.200 soldados se entregaron. Un papel clave dominante fue desempeñado por un solitario resistente que mantuvo su puesto mientras barría a los alemanes. Un combatiente de la resistencia recuerda a este hombre, "disparando como loco", y agrega, como si fuera una explicación, "... pero él era un español, un guerrillero". Los observadores aliados comentaban que los españoles eran "guerrilleros únicos". 

Otros ejemplos de la contribución española incluyen al batallón anarquista Libertad que liberó Cahors y otras ciudades y la participación de 6.000 guerrilleros españoles en la liberación de Toulouse. Un notable choque ocurrió cuando los alemanes intentaban retirarse del área de Gard, siguiendo la caída de Marsella. Un grupo de 32 españoles y de 4 franceses abordó una columna alemana (que consiste en 1.300 hombres con 60 camiones, 6 tanques y 2 cañones autopropulsados), en la Madeiline, el 22 de agosto de 1944. El Maquis voló los puentes del camino y se colocaron estratégicamente en las colinas circundantes con ametralladoras. La batalla duró desde las 3.00 de la tarde hasta el mediodía del día siguiente. 3 Maquis fueron heridos, 110 alemanes muertos, 200 heridos y el resto entregado. El comandante alemán se suicidó. 

Más de 4.000 españoles participaron en la sublevación de París que comenzó el 21 de agosto de 1944. Las fotografías los muestran armados y agachados tras las barricadas en escenas que uno podría confundir fácilmente con las luchas callejeras de Barcelona en julio de 1936. Poco tiempo antes habían sido utilizados por las tropas regulares de las playas en el desembarco de Normandía. Las primeras unidades en entrar en París y en alcanzar el Hotel de Ville fueron las de la 9ª Compañia de Tanques de la 2ª división armada francesa. Pero puede ser una pista sobre origen de los componentes, los nombres de campos de batalla españoles: "Guadalajara"; "Teruel"; "Madrid" y "Ebro". Allí había muchos españoles, de los cuales había 3.200 que servían en la 2ª división armada. Muchos de éstos eran veteranos de la 26ª división (columna Durruti) que se habían inscrito en el ejército francés desde los campos de prisioneros en 1939 y habían ido a luchar en África del norte. 

El Capitán Raymond Dronne, comandante de la 9ª compañía, recuerda que los anarquistas españoles eran "difíciles y fáciles de mandar". De acuerdo con sus principios libertarios "era necesario que aceptaran por sí mismos la autoridad de sus oficiales, deseaban entender la razón por la que se pedía algo de ellos". Sin embargo, "cuando aceptaban, su confianza era total y completa ". "Eran casi todos anti-militaristas, pero soldados magníficos, valerosos y experimentados. Si habían abrazado nuestra causa espontáneamente y voluntariamente era porque era la causa de la libertad. Eran en verdad combatientes por la libertad ". 

La 9ª compañía destacó prominentemente en el desfile de la victoria a través de París con sus tanques prestos para el combate en el Arc de Triumphe. Continuaron su acción en Mosela y fueron los primeros en entrar en Estrasburgo, apoyados por la infantería americana. Su campaña terminó en Alemania en Berchtesgaden, el 'nido de águila' de Hitler. Habiendo luchado en las calles de Barcelona, a través de los campos de batalla de España, de África del norte y de Francia se alzaron victoriosos en el último refugio de la escoria Nazi.


Epílogo 

La liberación dio un breve período de euforia, con la resistencia llenando el vacío de poder en el sur, tratando con los colaboradores y los remanentes de la Milice; estableciendo comités locales para administrar los recursos y el reestablecimiento de comunidades con una base más igualitaria. Los hombres y las mujeres ordinarios estaban momentáneamente a cargo de su propia historia. Pero esto no iba a durar. De Gaulle y sus aliados no tenía ningún deseo de ver Francia meridional controlada por elementos revolucionarios. El Maquisards representaba una amenaza porque "un ejército de guerrillas es siempre un ejército revolucionario". De Gaulle temía la revolución en Toulouse donde todavía había 6.000 guerrilleros españoles todavía imbuidos con el espíritu revolucionario que habían traído de allende los Pirineos". Para ocuparse de esta explosiva situación a los Maquis les fue ofrecida la opción de desarmarse o de unirse a las fuerzas regulares francesas para el ataque contra las fortalezas alemanas en las costas atlánticas. Esto demostraría a EEUU que había un ejército regular nacional y que no había ninguna necesidad de una ocupación aliada, y también quitaría poder a las bandas armadas mientras que se lo daría a los Gaullistas. Esto fue alcanzado fácilmente porque De Gaulle había cimentado su posición en sectores claves de la resistencia por el control de los suministros de armas. 

En total 25.000 españoles habían muerto en los campos o luchando en unidades armadas. Con la rendición alemana en 1945 los españoles creyeron, comprensiblemente, que los aliados volverían su atención a Franco y que, sin ayuda alemana e italiana, lo machacarían rápidamente. De hecho muchos habían estado luchando antes de volver a España para acabar los asuntos sin terminar. La actividad de la guerrilla anti-fascista había continuado en España durante toda la guerra. Mientras tanto, los exiliados en Argelia y Francia se habían estado preparando para la vuelta, almacenando las armas "prestadas" de los depósitos americanos. Asimismo, según la 2ª división armada francesa avanzaba por el norte de París, seis miembros de la columna de Durruti, que habían estado con la resistencia en París, se unieron a su 9ª compañía secretamente. Mientras que combatían con sus viejos compañeros cogían armas y municiones de los campos de batalla. Éstas fueron almacenadas y llevadas después a España. 

1945 vio a Franco muy solo, condenado por Gran Bretaña, Rusia y los E.E.U.U. y excluido de las Naciones Unidas. El gobierno laborista británico, antes de su elección en 1945, había prometido una resolución rápida a la cuestión española. Pero la historia probó tristemente que no se podía confiar en los Británicos. El gobierno laborista, a pesar de sus promesas, usó tácticas en las Naciones Unidas para retrasar una acción eficaz, argumentando que era puramente una cuestión interna del pueblo español y que no tenían ningún deseo "de permitir o animar la guerra civil en ese país". El bloqueo económico y el aislamiento internacional habrían acabado con Franco en meses, pero Gran Bretaña y los E.E.U.U. no iban a apoyar esto; a pesar de las protestas de otros países que favorecían, en caso de necesidad, la intervención armada. Para los Británicos y los americanos, como en 1936-1939, el problema verdadero no era Franco sino la posibilidad de una revolución "roja" de la clase obrera española. Esta actitud se concretó mientras la guerra fría se hacía una realidad. Así tuvo lugar una rehabilitación gradual de Franco, terminando con el reconocimiento y la completa incorporación a las Naciones Unidas en 1955. La España fascista tomó su lugar en la mesa del no tan nuevo orden mundial. 

Incluso en 1945, mientras algunos continuaban creyendo que la diplomacia restablecería el gobierno republicano, muchos militantes optaron por renovar la lucha armada. Entre 1944 y 1950 aproximadamente 15.000 guerrilleros lucharon en España, poniendo a la mitad del país en estado de guerra. Pero, a pesar de las huelgas en Barcelona y Vizcaya, implicando a más de 250.000 personas, la población en su totalidad, cansada por la guerra y la represión, no estaba preparada para levantarse, ni había puesto su fe en la diplomacia de "las democracias occidentales". Las guerrillas quedaron luchando solas y inadecuadamente armadas contra el impresionante aparato policial y militar de Franco, que siempre estuvo bien provisto de información de los movimientos de la guerrilla al otro lado de la frontera francesa. Era una lucha desigual. Como Juan Molina se lamentaba: "las prisiones consumieron a una generación de combatientes, derrotada esta vez irremediablemente. Toda fuerza en la vida tiene sus límites y este límite fue excedido con creces por la Resistence, en resistencia casi inhumana. Pero tenía que sucumbir ". 

Estos militantes de clase obrera, que llevaban armas desde hacía diez o incluso veinte años contra el fascismo y el capitalismo, merecen muchísimo más que la simple memoria, aunque incluso eso se les ha negado. La lucha por la cual dieron sus vidas no ha terminado, recae en nosotros continuar esa lucha y mantener viva la llama de su resistencia. 


A.F.A. from 'Fighting Talk' 





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