Lo Último

1118. Mi Rubén.






1942 fue un año de combates épicos. Los soldados soviéticos luchaban y morían, asombrando al mundo, levantando murallas humanas para detener al invasor nazi.

Leningrado, cercado por el enemigo, sitiado por el hambre y por los hielos, resistía de pie. Hombres, mujeres y niños morían todos los días ante la máquina, en las calles heladas, en los hogares convertidos en tumbas.

En Stalingrado, ciudad que como una cinta dilatada se extiende a lo largo del Volga, se libraban batallas cruentísimas que habrían de ser decisivas en aquella guerra sin cuartel.

Y a defender Stalingrado marchó la 35 División de la Guardia, en cuyas filas, con el grado de teniente mayor, formaba mi hijo Rubén. Sin cicatrizar sus heridas se había presentado en Moscú para pedir un puesto de combate en el frente. El 13 de agosto recibí unas líneas suyas:

Querida madre. No te he escrito antes hasta no saber a qué frente me destinarían. Hoy te lo puedo decir. Me encuentro en un lugar conocido, muy entrañable para mí. Es la ciudad donde estudié para aviador... Mi deseo es entrar cuanto antes en fuego. Puedes estar segura de que cumpliré con mi deber de joven comunista y de soldado.

Y yo escribía a Amaya:

Querida: Rubén ya está en el frente. Marchó a Moscú y desde allí al frente, en la 35 División de la Guardia. 

Te abraza
Dolores.

Breve, pero durísima, fue la batalla de Rubén en Stalingrado. Nikita Jruschov, miembro por aquellas fechas del consejo de guerra del frente de Stalingrado, nos comunicó que el 3 de septiembre había caído mi Rubén... Él mismo acababa de perder a un hijo suyo en algún frente. Jruschov informaba:

La compañía de ametralladoras, mandada por Rubén Ibárruri, destrozó las primeras líneas del enemigo... En esta batalla, el teniente mayor de la guardia Rubén Ibárruri cayó mortalmente herido y fue trasladado por sus compañeros al hospital... Pese al esfuerzo de los médicos por salvar la vida del joven español, al amanecer del 3 de septiembre de 1942 Rubén dejó de existir.

Ante la tumba de Rubén los combatientes de la División juraron vengar a su camarada de lucha. Y cumplieron su promesa. La 35 División recorrió un glorioso camino de combate desde Stalingrado hasta Berlín, empuñando la bandera bajo la cual luchó y murió mi Rubén. Esta bandera se conserva hoy en el Museo Central del Ejército soviético, acompañada de documentos, fotografías y objetos personales de mi hijo.

El 23 de septiembre de 1942 recibí la siguiente carta de Dimitrov, fechada en Moscú:

Querida Dolores:

El golpe personal más trágico que la suerte pudiera asestarle es sin duda la muerte de su magnífico hijo.

La muerte de Rubén, admirable joven revolucionario español, criado y educado por usted, es una gran pérdida para todos nosotros, para el Partido Comunista de España y para la Internacional Comunista.

Créame, estamos con el corazón y con el alma a su lado, acompañándola en su dolor. Pero el mejor consuelo para usted y para nosotros está en la conciencia y el orgullo de que Rubén cayó valientemente luchando contra los agresores fascistas alemanes y precisamente en la heroica defensa de la gloriosa ciudad de Stalingrado.

Su hijo-héroe ha sellado con su sangre los lazos de combate entre los pueblos soviético y español anudados durante la guerra antifascista española, cuyo mejor representante es usted, heroica madre de Rubén.

La muerte de Rubén, al igual que la de muchos miles de otros valientes defensores del país del socialismo, nos llama a todos nosotros a una lucha más intensa y sin cuartel contra los bandidos fascistas para su plena derrota.

No dudamos ni un instante que usted, querida Dolores, sabrá transformar su gran dolor en fuente de nuevas fuerzas, energías e implacabilidad hacia el odiado fascismo, para temor del fascismo y para bien del pueblo español y de toda la humanidad progresista.

Le estrecho fuerte, muy fuerte, la mano

J. Dimítrov.

¿Cómo hablar de mi dolor?

Era el dolor, el más hondo de todos los dolores, el de una madre que pierde a su hijo. Y era mi único hijo varón. Ya sólo me quedaba Amaya, de los seis que traje al mundo.

Había caído en Stalingrado, en la batalla decisiva donde fueron derrotadas las hordas hitlerianas, en el Waterloo de la segunda guerra mundial.

Pablo Neruda, en su canto a Stalingrado, supo como nadie fundir a España con Stalingrado:

Y el español recuerda Madrid y dice: hermana,
resiste, capital de la gloria, resiste:
del suelo se alza toda la sangre derramada
de España, y por España se levanta de nuevo,
y el español pregunta junto al muro
de los fusilamientos, si Stalingrado vive:
y hay en la cárcel una cadena de ojos negros
que horadan las paredes con tu nombre
y España se sacude con tu sangre y tus
muertos,
porque tú le tendiste, Stalingrado, el alma
cuando España paría héroes como los tuyos.

Algunos años después yo escribía a un grupo de jóvenes obreros de la central hidroeléctrica de Krasnoiarsk:

A los trabajadores de la brigada que lleva el nombre de Rubén Ruiz Ibárruri. A todos los trabajadores de la central hidroeléctrica de Krasnoiarsk.

Queridos amigos y camaradas:

Con emoción de madre y de comunista he sabido que en la construcción de la. gran central hidroeléctrica de Krasnoiarsk trabaja una brigada que lleva el nombre de mi hijo Rubén.

Es difícil deciros lo que para mí representa esto. ¡Mi Rubén vive en vuestras ilusiones, en vuestras esperanzas, en vuestro trabajo de héroes, en la difícil construcción de la mayor central hidroeléctrica de la Unión Soviética!

Él estaba acostumbrado al trabajo y a la lucha desde muy niño en España. Nos ayudaba en la difícil vida de una familia obrera. Distribuía la literatura ilegal y la prensa del Partido Comunista. Participaba en las luchas de los obreros parados y asistía a las manifestaciones en las que más de una vez fue vertida la sangre de los trabajadores. Cuando fui detenida, la dirección de nuestro partido envió mis dos hijos a la Unión Soviética para que pudiera dedicarme a la actividad revolucionaria de nuestros partido, en las difíciles condiciones en que vivíamos y luchábamos en España, sin la preocupación de dejar en la calle a mis hijos.

En la Unión Soviética, Rubén trabajó en la fábrica Lijachov y durante la guerra de España volvió para luchar junto a su pueblo en las filas del Ejército Popular.

Al ser derrotada la República española, junto con millares de otros combatientes republicanos fue internado por el gobierno francés en un campo de concentración en Francia, de donde pudo salir para volver a la Unión Soviética a la que Rubén quería como a su segunda patria. Curso una escuela militar, incorporándose al Ejército soviético, en el que luchó desde el primer día contra los agresores hitlerianos, siendo gravemente herido en la defensa de Borísovo, en Bielorrusia, y condecorado por su valor con la orden de la Bandera Roja. Sin estar completamente curado de sus heridas volvió a incorporarse al ejército para caer como un héroe en la defensa de Sralingrado. Postmortem recibió el título de Héroe de la Unión Soviética.

Disculpadme por esta breve biografía de mi Rubén, tan breve como su vida: tenía 22 años. Pero he querido hacerla para que sepáis vosotros, camaradas y amigos de la brigada que lleva su nombre, que Rubén no era un hijo de papá, sino un obrero como vosotros y un joven comunista que luchó en España y que, en defensa del país soviético, dio su juventud y su vida.

¡Gracias, camaradas y amigos de la Brigada Rubén Ruiz Ibárruri!

¡Gracias, trabajadores de Krasnoiarsk, por vuestro abnegado y difícil trabajo!

Os desea nuevos éxitos en vuestro diario laborar y felicidad en la vida, vuestra Dolores Ibárruri.

En la Unión Soviética hay escuelas, clubes de amistad internacional, brigadas de trabajo, que se han dado el nombre de Rubén Ibárruri. Con frecuencia, me escriben y yo les contesto con todo afecto. En sus palabras filiales revive mi Rubén.

En la avenida de los Caídos, en Stalingrado, se eleva un bello y sencillo monumento. Allí reposa mi Rubén, al lado de otros dos jóvenes cuyas vidas segó la agresión hitleriana: el piloto, mayor Kámenshikov y el capitán Fattiajutdinov.

En una interesante carta dirigida a mi hija Amaya, la astrónoma soviética Támara Smirnova, que trabaja en un observatorio de Crimea, revela que a comienzos del año 1983 descubrió varios planetas pequeños y que a uno de ellos lo bautizó con el nombre de Ibárruri, en memoria de Rubén.

A Rubén Ruiz Ibárruri.

Cuando la noche rusa cayó sobre la tierra,
—estepas donde extiende la nieve su destierro—
dijo una voz, frenando el corcel de la guerra:
—Aquel joven teniente español yace muerto...
Vino desde la orilla del Ebro ensangrentado,
con el fusil sediento de venganza y victoria;
toda la boca hecha canción, todo el costado
presintiendo la aurora de la española gloria.
Luchó día tras día, noche tras noche, fijo
su corazón de mozo en la España lejana.
Decían los que le vieron luchar: —Éste es un hijo
de aquel país que cruza, sonriendo, el Jarama.
Y murió...
Combatiendo contra la horda fiera,
desgarró la metralla su corazón profundo.
¡Salud! gritó al caer, y su palabra era
un llamamiento a toda la juventud del mundo.

Arturo Serrano Plaja.


Dolóres Ibárruri
"Memorias de Pasionaria (1939-1977)"
Editotial Planeta, 1984





2 comentarios:

  1. Muchas felicidades por el gran trabajo de este blog. Salud

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  2. Gracias por tus palabras Francisco. Nos encanta encontrarte en este espacio de resistencia.

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