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1174. Proclama de Francisco Franco al pueblo madrileño

Milicianos apuntando con sus fusiles hacia las posiciones enemigas en el sector de la Casa de Campo.  Noviembre de 1936




"Madrileños: Madrid va a ser libertado. Tened calma y apartaos de la zona de combate. Conservad a vuestras familias dentro de vuestras casas, que nuestras disciplinadas y nobles tropas las respetarán y sabrán protegerlas.

Nada temais de nosotros, sino de los que os engañan diciendo que maltrataremos mujeres y niños.

¡Milicianos y obreros de Madrid!: Arrojad las armas y libraos de vuestros cañallescos dirigentes, que siempre os engañaron y ahora os abandonan.

Sabemos quienes son los culpables y solamente sobre ellos caerá el peso de la Ley. Un sólo grito ha de uniros. ¡Viva España!

¡Atención madrileños!: Llegadas las fuerzas nacionales a las puertas del corazón de Madrid y revasados los extremos del Sur del Manzanares, al persistir la resistencia se convierte toda la población en un objetivo militar y campo de batalla.

En consecuencia, a partir de ese momento serán bombardeados todos los objetivos de interés militar, sin ninguna clase de limitaciones, recomendándose a todos los elementos civiles no combatientes, en especial mujeres y niños, que se aparten de los lugares de lucha, así como de todos aquellos de concentración de fuerzas o milicias, puestos de mando, centros de transmisiones y de municionamiento, señalandose una zona reservada de especial recomendación, a las mujeres, niños, ancianos, extranjeros y demás elementos no combatientes.

Zona comprendida entre la calle Diego León, el Paseo de la Castellana (en su último trozo), antiguo Hipódromo y Paseo de Ronda.

Entre el Paseo del Hipódromo y la Guindalera, comprendida la plaza y edificios de los ministerios, mientras no sea utilizada esta zona por la defensa como objetivo militar.

En la lucha serán respetados, en todo lo posible, los edificios de las Embajadas y los Hospitales cuya situación sea conocida.

Una vez más se recomienda a los madrileños, para reparar grandes e inevitables estragos, que depongan las armas o lleven la lucha fuera de la población".


Francisco Franco
Salamanca, 7 de noviembre de 1936


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