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1236. Democracia y mala educación.

Pío Baroja y Nessi
(San Sebastián, 28 de diciembre de 1872 - Madrid, 30 de octubre de 1956)




De chico recuerdo haber visto en mi pueblo un cómico muy malo, bizco por añadidura, que cuando no sabía el papel se quedaba mirando furibundamente al apuntador para dar a entender al público que el de la concha era el culpable de todo, y luego, cuando le parecía larga la pantomima, hacía una graciosa pirueta y sonreía amablemente. Se ganaba una respetable silba, pero al día siguiente, el hombre, impertérrito, repetía la suerte.

Como aquel pobre hombre, nuestros políticos tienen una pirueta para salir del paso y disimular el vacío de sus cerebros, y, sin embargo, se les aplaude. Los reaccionarios, la fe, la patria, las veneradas costumbres; los revolucionarios, la libertad y la democracia.

¡Oh! la democracia. Es la palabra más insulsa que se ha inventado. Es como la pirueta del cómico de mi pueblo; la mayoría, ni sabemos lo que es democracia, ni lo que significa y, sin embargo, nos sugestiona y nos hace efecto.

Como la música cancanesca de Offembach, los aires democráticos nos dan ganas de echar los pies por alto y de amenazar con la punta de la bota la nariz del vecino.

Hay algo que se llama democracia, una especie de benevolencia de unos por otros que es como la expresión del estado actual de la Humanidad, y esa no se puede denigrar; esa democracia es un resultado del progreso.

La otra democracia de la que tengo el honor de hablar mal, es la política, la que tiende al dominio de la masa y que es un absolutismo del número, como el socialismo es un absolutismo del estómago.

He leído, como todo el mundo, algo acerca de la democracia, pero no tengo una idea clara de lo que es; etimológicamente significa gobierno del pueblo, pero yo creo —quizás me engañe que el pueblo no ha mandado nunca ni en los tiempos más revolucionarios y que tampoco mandará en el porvenir.

¿Que tienen representantes o delegados que mandan por él? Riámonos de eso. Es la farsa más estupenda que se ha inventado.

Una de las tendencias que parece envolver la idea democrática y con ella la idea socialista, es la de la equidad y la de la justicia. A cada uno según su capacidad, a cada capacidad según sus obras, ha dicho un socialista, y esta fórmula sería lógica como ninguna, si la naturaleza fuera también equitativa y justa. Pero la naturaleza ha hecho sanos y enfermos, fuertes y débiles, talentudos y bobos; como la sociedad ha hecho ricos y pobres, nobles y plebeyos. Tan respetable y tan execrable es una injusticia como otra. Nacer león o nacer cordero, nacer hombre o perro, son cosas que no se deben a ningún mérito anterior. Un poquillo de substancia gris de más en el cerebro y es uno un genio; un poquillo más de substancia blanca y es uno un idiota. ¿A Qué viene el dar premios a la mayor capacidad si ésta es un hecho casual de la naturaleza, como el ser rico es un hecho casual de la sociedad?

A pesar de esto, para el progreso de la especie, sería mejor abrir el campo a las energías de los fuertes, pero actualmente, al menos, no se ve que la democracia sea como una comadrona de genios; dada la manera de ser comunista de la enseñanza, un hombre de talento no tiene más medios de sobresalir que hace doscientos años; quizás tenga menos, porque el afán del lucro arrastra a las universidades ya las escuelas, un turbión de gente que obstruyen todos los caminos y ahogan con su masa las personalidades, aun las más enérgicas.

Otra de las consecuencias, a mi modo de ver, fatales de la democracia y del socialismo es la de supeditar y subyugar el individuo en beneficio de la sociedad y del Estado.

Además, ha inculcado en todos el ansia del perfeccionamiento social, el anhelo de escalar posiciones y ha hecho que el hombre busque su progreso de fuera, su progreso que se podría decir objetivo, más que el subjetivo o de su ser moral.

De estos deseos, de estas ansias, unidas a la afirmación de la igualdad legal, se ha pasado inconscientemente a la afirmación de la igualdad social. Todos nos creemos socialmente iguales a los superiores y superiores a los inferiores; si hacemos la corte a una duquesa se nos ocurre pensar: en el amor no hay clases; pero si el hijo de la portera quiere flirtear con nuestra hermana, o nuestra hija, ¡oh! entonces hay clases, ya la creo.

Escuchad a esos socialistas y demócratas cuando razonan en el seno de la confianza; todos sus argumentos giran alrededor de su yo como un satélite alrededor de un planeta. ¿Por Qué yo he de estar aquí fastidiado mientras qué?... ¿Por Qué yo que soy?..

Desconfío de los demócratas y socialistas pobres; creo que si fueran ricos no serían demócratas.

Quisiera ver a muchos amigos socialistas en posiciones elevadas, para demostrarles que serían más tiranos, más insoportables, pero mucho más, que los de ahora, si ocupasen sus puestos.

¡El advenedizo! ¡Y, en España, en donde todos nos sentimos dictadores! Hay que ver la soberbia de un tabernero convertido en agente de policía, para comprenderlo. Aquí el guarda de un jardín es tan déspota como un zar; un portero se da más tono que el propietario; un cocinero de casa grande le mira a uno por encima del hombro y, si a mano viene, su señor saluda con finura; al director de un periódico de importancia no se le puede comparar más que con Dios...

¡Un gobierno popular! ¡Sería encantador! sé por experiencia cómo la gastan los demócratas.

Fui una vez a una alcaldía a pedir una cosa justa, y el teniente alcalde, un republicano y furibundo demócrata, después de someterme a un interrogatorio humillante, me mandó a paseo sin oírme. Se va a pagar la contribución o a tomar la cédula; le hacen a uno estar en la escalera; se pierde todo el día, y si se atreve alguien a hacer la más mínima observación al escribiente, le hace esperar hasta el último, si es que no la echan a la calle. Se quiere encontrar un expediente en una oficina: —¿Se puede ver a?.. — se le pregunta al portero, saludándole con finura; y cuando no contesta un bufido, vuelve tranquilamente la espalda sin hacer caso. Está lloviendo y se va ensuciando la escalera... la portera gruñe.

¡Es un encanto!

Será útil para los demócratas y socialistas el dominio del pueblo; pero para los demás, si debemos desear algo, es que manden los aristócratas, porque en el poder tendrán menos impaciencias, menos apetitos y formas más corteses.

La Democracia lleva envuelta en sí misma una ansia de exclusivismo por el cuarto estado, que será con el tiempo para los errantes, los pobres y los que no tienen trabajo, una burguesía tan odiosa como la actual.

La Libertad es muy hermosa y muy grande; en el alma del hombre libre y emancipado hay una Religión, una Patria, un Estado, una Justicia, todo; y esto le basta al hombre libre, que no necesita para nada una protección social, basada en intereses parecidos a los suyos. Por la Libertad están las conciencias; por la Democracia y por el Socialismo los estómagos.


Pío Baroja
(De “El Tablado de Arlequín”, 1903)
Publicado en "Comunistas, judíos y demás ralea", 1938

Capítulo IV




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