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1209. Historia de un niño español

Mi padre trabajaba en una barbería que pertenecía a un cura. Despacharon a mi padre y estuvo seis meses parado y siempre buscando trabajo. Nosotros casi no podíamos comer, teníamos que ir a Córdoba, a la capital de mi madre. Mis hermanos y yo estuvimos con mis tíos y con mi abuela. Yo me iba a trabajar con mi tío de panadero y por la tarde no trabajábamos y yo y mi hermano nos íbamos al arroyo Pedroche.

Y a los seis meses de estar allí mi padre encontró trabajo y se fue mi madre y dos hermanos míos a Madrid. Al más pequeño y a la que me sigue los metieron en un colegio de frailes; allí estuve cuatro meses y me fuí a Madrid. Allí mi madre tenía que ir a trabajar. Entraba a las diez de la mañana y salía a las nueve de la noche; y yo tenía que hacer la comida, tenía que lavar cuando se ensuciaba. Para bañarnos íbamos a un estanque.

A mi padre le daban, para siete personas, dos pesetas. Esto no era mucho pero aún, lo poco que le daban duró corto tiempo y lo despidieron. Y nos encontramos sin nada.De la casa nos despacharon. Mi madre tenía que ir a buscar casa y mi padre a buscar trabajo. Estuvimos buscando casa hasta que mi padre la encontró; estaba lejos de la casa en que vivíamos, dos kilómetros, y tuvimos que llevar a mano los muebles. Vivía en la casa una mujer muy buena que nos daba de comer mientras mi madre estaba en el trabajo. Ganaba tres duros al mes. A los siete meses mi padre encontró trabajo; estuvo dos meses, porque la barbería lo quitó. Lo pasamos muy mal. Comíamos lo que había, casi nada.

A los seis meses mi madre y yo y un hermano fuimos a Córdoba. A los ocho meses mi padre encontró trabajo y mi madre y  mi hermana y un hermano,el más pequeño,  se fueron para Madrid y yo y mi hermana nos quedamos allí; en mayo de 1936 nos fuimos para Madrid. Allí estábamos cuando la guerra estalló. Teníamos un cuartito en la calle de Toledo. Mi madre y mi hermana Manuela dormían en una cama al lado de la ventana; en otra cama dormíamos mi hermano Pedro y yo. Los fascistas bombardearon muchas veces y acabamos por acostumbrarnos al cañoneo. El primero de noviembre cayó una bomba ante nuestra casa y la destruyó en parte. Mi madre y mi hermana cayeron a la tierra en la calle y no volví a verlas. Al principio me dijeron que ambas tenían heridas leves, pero más tarde me dijeron que había muerto y Manuela También.

Nos enviaron a un hogar de niños que poco después tuvimos que abandonar. Junto con otros muchos niños madrileños nos llevaron a la provincia de Alicante, a Benisa.

Yo fui a parar a una casa en la que me hacían trabajar duramente.

Los camaradas internacionales constituyeron este hermoso local e ingresé en él. Estoy muy bien, comemos y tenemos toda clase de comodidades. Ahora puedo decir que mi vida ha cambiado por completo; Tengo juguetes, biblioteca, cariño. Salimos a paseo escolar, aprendemos.

Al sentir este cariño por nosotros de los camaradas de las brigadas, me encuentro feliz sintiendo en mi corazón el amor y el cariño hacia estos camaradas que quieren hacernos hombres de mañana.

¡Vivan las Brigadas Internacionales!

¡Salud!

Antonio Pérez


Del libro "Los niños españoles y las Brigadas Internacionales"
Editado por el Comité pro-niños españoles de las Brigadas Internacionales
Marzo 1938



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