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1219. Homenaje a Pablo de la Torriente.

Recordamos a Pablo de la Torriente Brau en el aniversario de su nacimiento con un texto de Víctor Casaus.


Pablo de la Torriente era uno de los mejores hombres de El Campesino. Cuando estalló la sublevación antiespañola Torriente estaba en América. Durante varios años había tomado parte activa en todos los movimientos revolucionarios de Cuba. La juventud cubana antimperialista tenía en Torriente uno de los militantes más valiosos y útiles para la emancipación de su país.

Allí era un escritor de prestigio naciente. Había sufrido más de una vez la vida atormentada de los presidios dictatoriales de Machado, y salió de las celdas con un libro sincero y agrio que los editores capitalistas no se atrevieron a publicar.

Enviado por El Machete, órgano del Partido Comunista Mexicano, vino Torriente a España para mandar desde aquí sus trabajos literarios sobre la Guerra Civil Española. Pero ya en España, no se limitó a esta labor. Su temperamento de luchador juvenil y apasionado le exigía un trabajo más duro donde emplear la energía y tesón de su juventud combativa. Entonces se unió a El Campesino para ser su comisario político y el de sus hombres. Los soldados de El Campesino vieron más de una vez a Torriente fijo en su puesto durante los momentos más encarnizados de la pelea, ayudando con su ejemplo a resistir el empuje enemigo. Eran los días dramáticos en que el peligro sobre Madrid aumentaba por instantes. Torriente iba entre los milicianos con su alegría sana atravesada entre la boca.

Era el comisario que necesitaban los luchadores para conservar sus puestos sin vacilar, sin  dejarse ganar por titubeos. Últimamente había estado con su batallón descansando unos días, y  cuando de nuevo fueron llamados a las trincheras lo vi marchar más alegre que nunca a  enfrentarse con la barbarie. Recuerdo que de madrugada, cuando todos dormíamos, él fue el  primero en levantarse y llamarme para la marcha, contento de contarse entre los que la causa del  pueblo requería para su defensa. El mismo día que se reintegró al frente cayó sobre la tierra, con  el plomo encolerizado de la muerte dentro del cuerpo. Al lado de él cayó también un pionero  huérfano que había recogido. Una mañana me hablaba este pionero de no apartarse jamás de Torriente. Ahora, cuando las balas enemigas le han dado muerte, dos balas silbaron con una  diferencia de minutos para abrir dos hoyos mortales en el pecho tierno del pionero.

Esto es lo que puedo decir como amigo y camarada que fui de Torriente. Lo demás, lo más  recio y eterno, eso lo está gritando él desde la tierra que ha regado. Alguien me ha dicho que  Torriente dejó allá en su Cuba natal una mujer compañera de su vida. Cuando la noticia de la  muerte cruce con alas negras el mar para clavarse sobre esta mujer y sobre todos los  antifascistas cubanos, ella se preguntará ahogada de dolor cómo pueden caer hombres como el  suyo, que tan generosamente llevó siempre su vida y su obra.

Tres días antes de que muriera vine con él a Madrid. En el camino conversamos acerca de su patria, otra vez amenazada por el fascismo. Me habló, emocionado por el recuerdo, de volver a  Cuba cuando la guerra en España estuviera ganada, para continuar en su patria la lucha.

Nada de esto es ya posible, porque la muerte lo ha dejado clavado contra la tierra española que él vino a  defender para así gritar a través de las bocas rojas de sus heridas la verdad y la libertad humanas  que el pueblo español está conquistando.

Después de permanecer durante tres días su cadáver entre dos fuegos, se consiguió rescatarlo y se le enterró en el Cementerio de Chamartín, Fue para pocos días, porque un grupo de  antifascistas cubanos vino para llevarse el cadáver del inolvidable Torriente a descansar en la  tierra mexicana. A estas horas los restos de nuestro compañero van cruzando el mar hacia las  costas que lo vieron venir y que ahora lo ven volver cubierto de gloria.1


Víctor Casaus. 
Vengo de América. Pablo de la Torriente. 
Apuntes y crónicas de España. 
La Habana, Editorial 
Pablo de la Torriente, 1993, pp.29-32.


1 De acuerdo con el testimonio de Zoe de la Torriente Brau, luego del entierro en Chamartín, «Embalsamado y en caja de bronce, es trasladado a principios de 1937 [...] a la ciudad de Barcelona. Esperando ser trasladado a México, se le hacen guardias de honor en el Club Cubano Julio Antonio Mella en la Ciudad Condal. Pero el traslado no es posible y se depositan sus restos en el nicho No. 3772 del Cementerio de Montjuich, en Barcelona. Terminada la guerra, vencido el pago de los derechos del nicho, en septiembre de 1939, fueron trasladados sus restos mortales, junto a los de otros que también murieron peleando por la libertad, a una fosa próxima al nicho [...].» Véase: Zoe de la Torriente Brau. Pablo de la Torriente Brau. La Habana, Comisión de Extensión Universitaria, 1972, p. 22. (N. de S. G.) 





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