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1220. Venceremos






Las milicias internacionales se ejercitan ante su viaje al frente.
BANG en España

Las Brigadas Internacionales dan la vuelta a la situación.

Un joven derriba dos aviones hostiles

Bang ha enviado una segunda carta desde Albacete. Ha mantenido, entre otras cosas, una entrevista con una brigadista francesa que ha luchado en tres frentes y cuenta que la milicia podría ser mucho más fuerte si hubiese armas para poner en las manos de los voluntarios. No sólo faltan armas, faltan también ambulancias, quirófanos y medicamentos. Pero la orden de cada soldado es: «¡Ils ne passeront pas!» [¡No pasarán!]. Las ganas de vencer son indomables y el comandante de las Brigadas Internacionales ha dado la vuelta a la situación en favor del Gobierno y asegura que van a vencer.

Recuperación fuerte.

Albacete, en diciembre

Hay una lluvia torrencial en Albacete hoy, y la lluvia y la niebla barren también todo Madrid. En otras palabras, hace un tiempo ideal para España. Mis pilotos de avión están sentados en el café del Gran Hotel; dicen que los enemigos están ahora haciendo lo mismo. Hay un chico joven, en la vida civil es piloto comercial, tiene pinta de actor-héroe de película americana romántica de aviones, pero por el momento ya ha derribado dos aviones enemigos. El otro chico de la mesa es un pequeño y divertido muchacho que ha dado algunos problemas a la dirección por su mentalidad francesa, quería llevarse a una chica mexicana en su equipaje la primera vez que fue a Madrid.

Franceses y españoles, todos hablan sobre la Brigada Internacional. Si la Brigada no hubiese llegado se habría perdido la guerra ya, lo dice el chico de la mexicana, con franqueza. Yo quiero ver a la gente que quiere evitar la derrota, y no necesito buscar mucho tiempo para encontrar a los voluntarios. La mayoría están en el frente, pero también hay gente en Albacete, y cada día vienen nuevos. Me muevo a otra mesa y me encuentro entre más voluntarios. Ahora, es un francés-americano, un ex policía que lleva esperando veintidós días para poder ir a Madrid; no tiene armas, ni tampoco está designado a una unidad militar, está enfadado con la falta de organización. Otro es un hombre rubio con bigotes grandes y con aceite de motor hasta en la visera de su gorra, ha viajado desde su floreciente taller de motos en Manchester para luchar con el Gobierno español.

Una francesa corpulenta que ha luchado ya en tres frentes.

El flamante motorista está casado, pero su esposa piensa que se encuentra en Londres, en una concentración de motos. El tercero ha dejado un trabajo como albañil con un sueldo de 1.500 francos al mes en el sur de Francia, tiene el brazo vendado y lo mira con impaciencia. Le pregunto por qué ha venido aquí y su respuesta es muy sencilla: «Para disparar a algunos fachas». Los otros hacen señales con sus cabezas de asentimiento, no hace falta preguntar más sobre el tema.

Algunas horas después les veo desfilar, cientos y cientos de personas marchando para enterrar a su primer compañero muerto, que portan en su cama del hospital. Es un cortejo funerario interminable, de color caqui, los cigarrillos balanceándose en las comisuras de los labios; un lento sepelio, la marcha tiene el balanceo del caminante no del regio militar, se nota desde lejos que no son españoles forzados a hacer una guerra, son personas que quieren luchar. No tienen el aspecto de almas bellas, tienen los rostros de la lucha, dentro de cada hombre hay un destino y una enérgica voluntad, así lo siento yo, por lo menos, desde donde estoy mirando, desde la ventana del edificio de la comisaría de policía, los vemos marchar.


La francesa que ha luchado en tres frentes.

Estoy en la comisaría de policía esperando —«la espera española»— para obtener los papeles necesarios para poder continuar mi viaje a Madrid. El intérprete que va a solicitar mis permisos a la Guardia Civil ha quedado en venir a las 4, y son las 5 y media. Tomo la decisión de volver a las 6, puede ser que el intérprete no tenga nada que hacer a esa hora y se le ocurra venir entonces. Me voy al cuartel de las Brigadas Internacionales, que se encuentra situado en el antiguo barrio de los ricos; hay que iluminar con una linterna el suelo de barro porque la oscuridad de la guerra ha caído de nuevo sobre la ciudad. El vigilante de la puerta es de Alemania del sur y me deja entrar. La sala está llena de jóvenes con y sin armas; en un sofá está sentada una joven corpulenta que lleva pantalones y blusa caqui. Es Christiane Coudet, la francesa que ha luchado en tres frentes, que ha estado en Toledo y que ha recibido dos balas en el hombro en Chapinería. Ahora está esperando para volver al frente.

—Usted me pregunta por qué todas estas personas que están por aquí haraganeando en las esquinas de las calles y apoyados en las paredes no están en los frentes. La respuesta es simple: no tienen armas. Todo falta, armas, ambulancias, quirófanos, medicamentos, tampoco tenemos suficiente algodón. Lo único que no falta son las ganas de ganar. La última palabra que dicen cuando van a luchar es: «Ils ne passeront pas», «No pasarán». La milicia, el brigadista, las mujeres, todos dicen lo mismo. En cada pueblo desde aquí hasta Madrid dicen lo mismo, está escrito en el orden del día de cada soldado: «No pasarán».

La chica desaparece en el despacho del comandante y yo me quedo como una prisionera de guerra. Aparece un enorme hombre gordo, que parece ser la persona con cargo de director, y está muy enfadado. Grita: «¡Qué hace esa persona aquí, llama al guardia, va a ser castigado!, ¡Piensa que esto es un hotel donde se entra cuando se quiere; estos idiotas no entienden que esto es una guerra!». Yo no digo nada, pienso que en el fondo tiene razón. Dos personas calladas están vigilándome mientras él revisa mis papeles; por lo visto están en regla, me llevan al comandante Vidal. El comandante es un hombre moreno que lleva un uniforme azul marino con una gran estrella de plata como única decoración, es un ex periodista francés, inteligente y simpático.


Todos con el mismo corte: anti-fachas.

El comandante Vidal me explica que la Primera Brigada empezó su servicio el 20 de octubre, la Segunda fue creada la primera semana en noviembre, la Tercera está formándose ahora. Las Brigadas tienen todo tipo de armas, pero hasta el momento vienen más voluntarios que material. Pero no nos falta nada, el Gobierno español nos apoya como a todas las brigadas españolas y hemos recibido aportaciones de todas partes. Nos han dicho que la llegada de las Brigadas ha dado la vuelta de la situación en el frente. Sobre eso no puedo decir nada pero si puedo añadir una cosa: ¡Venceremos!

¿Escandinavos? Algunos daneses, eso es todo, que yo sepa. Pero ni suecos ni noruegos. Pero de todas partes vienen voluntarios, socialistas, comunistas, liberales, apolíticos, idealistas, aventureros, todo tipo de hombres, pero, eso sí, todos con el mismo perfil anti-fascista. Hay italianos y alemanes, que han dejado sus países para luchar aquí, y que nunca podrán volver. Hay algunos chinos y también soldados que han viajado desde América. La incorporación de voluntarios es mayor que las bajas, hemos perdido muchos pero no tantos como para que sea catastrófico. Lo más importante de todo es que: VENCEREMOS.


Barbro Alving (Bang)«Venceremos»

Publicado en Dagens Nyheter, 9 de diciembre de 1936 




















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