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1270. María Moliner en el recuerdo.

"El problema de la lectura en los medios rurales ha merecido en España una atención preferente por parte de los gobiernos de la República". 


Bibliotecas rurales y redes de bibliotecas en España.

(...) En cuanto a nuestros proyectos, aparte los mencionados de las bibliotecas de Cataluña, he de hablar del de organización de una red de bibliotecas en la región de Valencia a base de las bibliotecas de Misiones ya existentes (unas 115) y las que se instalen en lo sucesivo. 

Justamente el tono humano que impregna toda la obra de Misiones y la influencia del factor personal que caracteriza sus actuaciones se acordarían perfectamente con un sistema en que las bibliotecas constituyesen estaciones de un servicio ramificado coordinado con una inspección en tal forma que paralelamente a la transmisión de libros se hiciese llegar, por contacto personal hasta los encargados de administrarlos en los más pequeños y apartados lugares, el espíritu de Misiones. En un sistema tal de biblioteca distributiva, las ventajas de orden administrativo derivadas de la centralización y unificación de los servicios son las que primero saltan a la vista; pero tal vez no sean tan importantes en el fondo como las que, en el orden espiritual, produce la vigilancia permanente y personal (no sólo por correspondencia)  que ejerce el bibliotecario de la central sobre los de las sucursales, de modo que la vida en éstas se halla continuamente agitada y su rendimiento mantenido en tensión por su forzada comunicación con la biblioteca central.

Un ensayo de tal organización va a llevarse a cabo en la región de Valencia. Reformas que ha sido preciso realizar en el local elegido para biblioteca central han impedido que esta organización esté en pleno funcionamiento en la época del Congreso; por lo cual no podemos dar cuenta de experiencia alguna, sino sólo adelantar a grandes rasgos lo que ha de ser. Quedará establecida en la ciudad de Valencia una biblioteca que tendrá el carácter de Escuela de bibliotecarios rurales, con biblioteca infantil y una sección especial de obras de Pedagogía; esta biblioteca funcionará, a la vez, como Biblioteca Central con respecto a las otras de Misiones existentes en la región. Debe notarse que, casi sin excepción, los encargados de las bibliotecas de Misiones en los pueblos son los maestros. No se ha apreciado hasta ahora que los cambios de maestros influyan siempre en la marcha de la biblioteca. Pero algún caso observado da fundamento a la presunción, ya de por sí muy lógica, de que, al ausentarse del pueblo, por un traslado, el maestro que recibió la biblioteca y que quedó impresionado por el espíritu de la misión que acompañó a la entrega, sobrevenga en la mayoría de los casos un descenso en el interés por ella, ya que, en términos generales, es difícil que el ocupante de un cargo cualquiera pueda transmitir como herencia al que le sucede en él sus propios entusiasmos e ilusiones.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que los maestros se ocupan de la Biblioteca de Misiones sin retribución alguna. Es un servicio que han de prestar voluntariamente y que de ninguna manera se les puede exigir como tarea obligada, añadiéndola a las, en ocasiones, excesivamente prolongadas, de su magisterio. Hay, por tanto, que procurar que, por la preparación del maestro y por su disposición de ánimo, la atención de la biblioteca le resulte no sólo una tarea fácil, sino, además, una ocasión de goce espiritual por el provecho que para él mismo resulta de tener a su disposición lecturas variadas y por la satisfacción que le produzca la obra realizada.

Por todo esto la Biblioteca Escuela de Valencia, en combinación con la Escuela Normal de Maestros, constituirá un campo de prácticas para los alumnos de la Normal, más aun que para enseñarles la técnica bibliotecaria, aunque desde luego la aprenderán, para que adquieran el gusto de tratar con libros y con lectores. A este fin ayudará poderosamente el que en cada viaje de inspección acompañen a la bibliotecaria inspectora uno o varios alumnos, que tendrán, así, ocasión de apreciar lo que una biblioteca significa y puede rendir en un medio campesino. Concebidas así, las visitas de inspección serán verdaderas misiones del tipo de las que constituyen la obra propia del Patronato, pero con fines circunscritos al uso y aprovechamiento de las bibliotecas. Y, ciertamente, tal carácter encaja perfectamente en lo que en cualquier caso debe ser una visita de inspección, pues es indudable que el bibliotecario inspector de bibliotecas rurales tiene algo de misionero dispuesto a ir de pueblo en pueblo haciendo comulgar en su fe a sus corresponsales bibliotecarios.

Dado el espíritu que, en general, puede apreciarse hoy entre nuestros jóvenes estudiantes de maestro, llenos de ansia por la elevación de su misión y preocupados por realizar una obra social en los pueblos miserables en donde probablemente han de comenzar su función, el terreno está muy bien preparado. Por lo menos, este convencimiento he adquirido en mis cambios de impresiones con la gente joven con quien he tenido ocasión de hablar, encontrándoles magníficamente dispuestos para comenzar la obra. He recibido ya ofrecimientos diversos para contribuir, según las aptitudes de cada cual, a los trabajos ordinarios y extraordinarios de la biblioteca, y, entre ellos, el de un joven maestro, a la vez artista, para decorar el local.

Con estos precedentes comenzaremos nuestra labor, con tanta modestia como las circunstancias impongan, tan pronto como tengamos nuestro local dispuesto.


María Moliner
II Congreso Internacional de Bibliotecas y Bibliografía
Madrid, 21 de mayo de 1935


Nuestro recuerdo a María Moliner en el aniversario de su muerte, el 22 de enero de 1981.



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