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1331. A la conciencia del mundo





Somos un grupo de intelectuales españoles, lo que vale tanto como decir de españoles consagrados por hábito y profesión a las tareas de la inteligencia, que son faenas de la paz; y sabemos muy bien que nuestra voz carece de timbre marcial, para ser escuchada como voz de combate. Si la guerra en que España vive empeñada desde hace más de siete meses fuera simplemente una guerra, con todos los horrores que la guerra comporta, pero atendida a ese minimum de normas humanitarias, que se llama derecho de gentes, hubiéramos guardado silencio fuera de España. Pero no hemos podido, ni podemos, callarnos; nos obliga a gritar un deber imperioso. Porque la guerra que hacen los rebeldes ha roto todos los diques de la moral, ha abierto todas sus esclusas, y es un torrente de iniquidad que amenaza anegar a España entera.

Recordamos a la conciencia del mundo la sañuda persecución aérea y artillera de que se ha hecho víctima a los no combatientes - ancianos, mujeres y niños - de toda la España leal, a los fugitivos no beligerantes de Málaga, y, en estos últimos días, a todos aquellos que se refugiaron en ciudades abiertas, alejadas de la guerra y consagradas al trabajo, como Valencia y Barcelona.

Por si esta contienda que ensangrienta a España fuera, como alguien sospecha, un anticipo, un «ensayo» de la futura - acaso inevitable - guerra mundial, al mundo entero le conviene saber esto: la guerra tiende a perder toda sombra de dignidad humana, porque empieza a hacerse de una manera fría y sistemática contra los indefensos y los inofensivos. Si este ejemplo cunde, porque no despierta la indignada repulsa del mundo entero, en lo futuro, no sólo combatirán los ejércitos entre sí, sino también, y sobre todo, el elemento armado de cada nación contra la población inerme de la nación adversaria; lo que quiere decir que no son ya los individuos ni los pueblos, sino la especie humana en su totalidad lo que peligra.

Esperamos que la plena conciencia de cuanto decimos, y una experiencia demasiado cercana de los hechos que denunciamos, den a nuestra voz la autenticidad suficiente para ser oída, más allá de nuestras fronteras, por todos los hombres capaces de reflexión a quienes interese el porvenir del mundo. Esta guerra de España - esta guerra en España - puede ser, en efecto, el prólogo sangriento de una guerra mundial de proporciones incalculables. Puede ser, también, si la conciencia universal no se duerme, el momento propicio para atajar con normas de derecho y de justicia la gran catástrofe moral que haría esa guerra inevitable.


Manuel Altolaguirre, Aurelio Arteta, Francisco Ayala, Ricardo Baeza, Jacinto Benavente, José Capuz, Profesor Pedro Carrasco, Roberto Castrovido, Rafael Dieste, Juan José Domenchina, Profesor Arturo Duperier, Fabián Vidal, José Gutiérrez Solana, Rodolfo Halffter, Juan de la Encina, León Felipe, José María López Mezquita, Antonio Machado, Victorio Macho, Doctor Antonio Madinaveitia, Doctor Manuel Márquez, Maestro Eduardo M. Torner, Profesor Enrique Moles, Tomás Navarro Tomás, Ricardo Orueta, José María Ots Capdeguí, Doctor Federico Pascual, Maestro Bartolomé Pérez Casas, Timoteo Pérez Rubio, Profesor Juan Peset, Maestro Gustavo Pittaluga, Emilio Prados, Doctor Miguel Prados, Antonio Porras, Alardo Prats, Doctor José Puche Álvarez, Doctor Gonzalo R. Lafora, Antonio Robles, Cristóbal Ruiz, Doctor José Miguel Sacristán, E. Salazar y Chapela, Arturo Souto, Félix Urabayen, Antonio Zozaya.


Fragua Social, 23 de febrero de 1937, p. 3.




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