Lo Último

1335. Lamento y esperanza.

Evacuación de Teruel (Fotografía de Luis Ramón Marín)




Soñábamos algunos cuando niños, caídos
En una vasta hora de ocio solitario
Bajo la lámpara, ante las estampas de un libro,
Con la revolución, y vimos su ala fúlgida
Plegar como una mies los cuerpos poderosos.
Jóvenes luego, el sueño quedó lejos
De un mundo donde desorden e injusticia
Oscuramente henchían las ávidas ciudades.
Alzándose hasta el aire absorto de los campos,
Y en la revolución pensábamos: un mar
Cuya ira azul tragase tanta fría miseria.
El sueño es una nube de la que el hombre es viento.
¿Quién podrá al pensamiento separarlo del sueño?
Sabedlo bien, vosotros, los que envidiéis mañana.
En la calma, este soplo de muerte que nos lleva
Pisando entre ruinas un fango con rocío de sangre.
Sometido al destino, solitario, un continente
De mercaderes y de histriones al acecho espera
Que este loco país se levante o se hunda
Para arrancar jirones de su esplendor antiguo.
Le alentó únicamente la gran Rusia dolorida.
Un alma que el dolor ha templado es invencible,
Pero, como el amor, debe el dolor ser mudo;
No lo digáis, sufridlo en esperanza, así ese inmenso pueblo
Lloraba agonizante, presa ya de la muerte,
Y miradlo hoy abierto, rosa eterna en la nieve.


Luis Cernuda
Hora de España, XI
Valencia,  noviembre 1937




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